Il dolce far niente


Hay libros que dejan una huella en los ojos del que lee. Cuando leí Solitario de amor de Cristina Peri Rossi o Las horas de Michael Cunningham el pequeño mundo de mis ojos se partió en varios pedazos, porque leer es disgregarse, someter al ego a una mutilación beneficiosa. Después, el libro queda en un jardín, debajo de la reposera y vuelve a su condición de libro, donde cada hoja aplaude a medida que el viento lo lee.
Aquí hay palabras, qué más podría haber. Quisiera construir una imagen y sólo tengo a mano este triste abecedario, es por esto que pinto mi cuerpo. ¿De qué color quieren las piernas? ¿Azul índigo o amarillo pato? Les doy un brochazo de verde que es mi color favorito. Las rodillas tienen pestañas y cejas y una boca que ríe; los pezones, en cambio, se erectan rápidamente ante el contacto de la pintura, es por esto que dibujo amables caracoles con sus cachos a la luna y así rompo la infancia que hartos lunares me ha dejado. Renazco en mis nuevos colores y mis nuevas huellas blanquecinas van en líneas verticales del pie a la cabeza, pasando por el pubis fantasmado.
Pienso en mis corvas y recuerdo que él (sólo él) escribió sobre unas corvas de muchacha. Ese hombre nunca sabrá que mis corvas envejecerán para amarlo y todo es mancha sobre mancha de timidez y deseo. No dejé mis huellas en él, esas marcas que una buena amante deja: ninguna.
Yo leí sus versos en voz alta y él besó mis omóplatos, justo al centro; sentí sus labios enamorados atrapando sus propias palabras en mi piel ociosa, entregada al amor y a esa pequeñísima muerte que significa estar viva. La boca buscó a la otra boca, y la necesidad halló respuesta. Fue una época de risas donde él siempre estaba adentro mío y yo adentro de él. No queríamos separarnos.
Entonces, pinto el resto de mi cuerpo y la memoria se acaba. No hay más trazos ni caminos. Busco el espejo. Aparece la pintada y una historia se yergue como la montaña rusa en donde siempre quise lanzarme o esos precipicios tentadores que seducen y después matan. La única alternativa es unirme a mi propia imagen, no permanecer en este dolce far niente; los caracoles sacan sus cachos, las rodillas ahora lloran y prometen articularse con suavidad, el pubis vuelve a su negro de rizos. No te vayas, grita mi espacio pintarrajeado; las hojas aplauden invisibles y me llaman desde su verde, porque cada hoja es el árbol completo. Y estoy a punto de hacerlo. Es tan fácil saltar y es tan difícil también mirar para atrás y despedirse de todas esas construcciones. Pero llueve y mi cuerpo vuelve a enamorarse. Vuelo en la lluvia y el reguero de mis estupideces queda abajo, entre una piedra y una maceta de nomeolvides.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Page copy protected against web site content infringement by Copyscape CÍTAME

OJÍMETRO

http://www.wikio.es
Blogalaxia
eXTReMe Tracker
Creative Commons License Free Web Counters
Ranking de blogs

Map IP Address
Powered byIP2Location.com

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP