Amor con hache


Un artículo de Gonzalo Garcés, en el suplemento Hartes y Letras de “El Mercurio”, señala que Julio Cortázar hizo una literatura de lentejuelas: amor con hache pero nada de amor; hombres nuevos comprometidos con la revolución, la causa justa , Cuba, mayo del ’68. Mucho brillo y pocas nueces, excesivos recortes de diarios para Manuel. Al parecer, Garcés no sabe ver bajo el agua; es decir, es incapaz de hacer lecturas profundas. Cortázar planteó su literatura como búsqueda y como juego, infinitamente más allá del horroroso título de “literatura comprometida”, y dentro de esa búsqueda está el amor, con o sin hache, aunque yo lo prefiero con, y otras pasiones “umanas”. Todo es amor en Julio: sus cronopios, la Maga, Johnny ingresando en el tiempo elástico, Marini muriendo en una isla a mediodía, las mancuspias. Cada vez que releo esas narraciones, siento que Cortázar me ama a través de la muerte y de las otras orillas que él supo cruzar. No se trata del sentimiento bobalicón, se trata de una zona íntima donde todas las comunicaciones son posibles. A veces, él se apodera de mis sueños, entra en mi piel, acaricia todos los bordes de mi boca y arrulla mis cejas con un cuello de gatito negro. Escribe, me dice, nunca dejes de escribir; vive, nunca dejes de vivir. Y me lo dice él, que no está del lado de acá, pero que igual está. Y todo es como un koan zen que acabo de entender, no con el cerebro y sus sesos retorcidos, sino con las vísceras y el sexo. Él y yo estamos comprometidos desde hace tiempo, su mano gigante luce el anillo de las palabras; mi ojo enamorado perpetúa ese anillo (¿de Moebius?) y va por las calles buscando a otros Julios, camina por Irene Morales e ingresa a una casa llamada Las tuberías del infierno, un sitio poblado de deliciosos fantasmas que hacen el amor y asustan a la vez a creyentes como yo.
Entonces, la legaña y las baldosas heladas del baño. La cama es un nido de perros, él quizá ya partió a meterse en la piel de otra, a contarle un cuento de puentes y piedras y plumas. La va a enamorar, de seguro; es un palabrero repleto de haches, un engrupidor, un cuentero. Y ella caerá en el abismo de los párpados, será lo que yo no fui, cayendo, siempre cayendo, mientras yo me levanto y enjabono todas las huellas que él dejó en la sombra de mi sonrisa. En cuatro patas, de rodillas, hecha un ovillo me deshago de Julio. El crimen es perfecto; pasional, dirán después los periódicos. Tenían un “engagément”.
Así es la vida. Así es la muerte. Y yo escribiré la historia, creyéndome L. escribiré de un tal Cortázar en el ayer mañanero, en el hoy que abandono para escribir y vivir, sobre todo “hamar” como una loca y no sentir esos celos tontos que a veces me atacan.

1 Comentarios:

Angelita martes, febrero 06, 2007  

Muy sensible poste..pero es verdad que,con una Rose siempre sigue un trono..por cierto este es la Vida....si le guste, puede visitar algunas veces a Mi Blog también y compartir sus opiniones, espero que lo guste.

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