El canon literario

Por Lilian Elphick


Traicionando nuestro texto. Desafíos feministas al canon literario. Lillian Robinson.[1]

Robinson parte de la premisa de que el canon literario es básicamente masculino y falocéntrico, donde la mujer escritora (se refiere principalmente a escritoras inglesas y norteamericanas) ha sido sistemáticamente excluida u olvidada, y en cuyo imaginario se puede detectar su ‘pasividad’ y ‘victimización’. Como contradice Robinson, la mujer no es “imagen”, es un agente activo.

“Desde hace más de una década, las estudiosas feministas han llamado la atención sobre el abandono, en apariencia sistemático, de la experiencia de las mujeres en el canon literario, abandono que se manifiesta en la lectura distorsionada de las pocas escritoras reconocidas y en la exclusión de las otras.” (Ibíd:117).

Parte de la crítica feminista ha hecho esfuerzos para incorporar “las obras de mujeres al canon establecido. […] Consiste el caso en demostrar que a una autora ya reconocida le ha sido negado su lugar legítimo, es de presumir que debido al poco valor que por lo común se concede a los sujetos femeninos y a sus esfuerzos.” Sin embargo, para la autora, “este acercamiento no cuestiona la noción misma del canon.” (Ibíd:122).
Robinson evidencia el surgimiento de “un contra-canon femenino formado por integrantes que eran en gran parte inasequibles hace tan sólo una docena de años” (Ibíd:123), como alternativa a la tradición masculina hegemónica, y que vendría a desmentir la idea de que “no ha habido mucha literatura seria escrita por mujeres.” (Ibíd: 124). (Mi cursiva).
Se puede hacer una analogía entre lo “serio” y lo “no-serio” con la literatura y la sub- literatura o literatura popular. Véase al respecto la opinión de I. Even-Zohar. (1).
Siguiendo con este punto, Robinson precisa que el feminismo erudito se ha preocupado de analizar y revisar textos ‘menores’ escritos por mujeres, v.g., “cartas, diarios, periódicos, autobiografías, historias orales y poesía privada, […] como prueba de la conciencia de las mujeres y de su expresión.” (Ibíd:135). La crítica feminista, agrega la autora, reconoce que “las condiciones que dieron a muchas mujeres el ímpetu de escribir son precisamente las mismas que no hicieron posible que su cultura las definiera como escritoras.” (Ibíd:135).
Es importante para la autora la visibilidad y reconocimiento de una tradición femenina y confrontar “‘el’ canon, examinándolo como una fuente de ideas, temas, motivos y mitos sobre ambos sexos.” Los estudios feministas, señala, “no sólo pueden plantearse mediante el valor manifiesto de la obras de las mujeres”, sino que también abocarse al estudio y análisis de problemas “tales como la eterna verdad de los criterios heredados de grandeza o incluso calidad.” (Ibíd:137).
*
Desde una mirada latinoamericana, Darcie Doll Castillo[2], propone una diferencia entre tradición y genealogía en la escritura de mujeres, prefiriendo este último concepto (extraído de Foucault (2)):

[…] “un primer paso es el trabajo por construir un corpus que recupere las escrituras de mujeres, - que es también construir un canon -, y establecer genealogías de mujeres escritoras.”

Otros pasos son:
“Reconstruir un mapa mucho más complejo que lo que podría significar un listado de obras y autoras. Además de establecer filiaciones y afinidades entre textos, se trata de re-visar, volver a mirar, bajo otro foco, las relaciones en varios sentidos, establecidas por la actividad escrituraria de las mujeres, incluyendo sus lecturas, sus interrelaciones en general.”
Abandonar la idea de tradición entendida como un conjunto de obras canonizadas es un paso previo para abocarnos a la construcción de “genealogías” de la escritura de mujeres y de mujeres que escriben.” ( Doll Castillo.2002:86-87).

Retomando el aspecto de la invisibilidad de la mujer dentro de la cultura latinoamericana y también de la cultura letrada, asociada al término ‘tradición’, Valdés[3] señala que ésta proviene de la época colonial:
[…] “El ‘poder oculto’ de las mujeres latinoamericanas tuvo justamente esa característica: la de ser un contra-poder.
Las culturas latinoamericanas comparten con algunas de sus culturas de origen una visión del mundo cuyos rasgos comienzan a configurarse desde el período colonial en el discurso escrito. En esa época, “la antítesis se utilizaba como un modo significativo de conceptualización y de conocimiento”. Los valores de la cultura eran masculinos, caballerescos y cristianos, y desde ellos se definían por oposición todos los “otros”, sobre todo los amerindios. “El paradigma de las características femeninas se empleaba con mucha frecuencia para representar lo culturalmente deficiente”: la vulnerabilidad, “la torpeza femínea” de los nativos americanos, la falta de desarrollo de las facultades racionales, la entrega a la emoción y la inclinación sensual, todo lo cual justificaba la constante necesidad de supervisión y de instrucción por parte de sus conquistadores. Al escribir, “el sujeto colonial americano borraba los retratos ajenos que lo identificaban con la naturaleza, la pasión, lo femenino, lo doméstico, lo rústico y lo pagano, para identificarse con los valores contrarios: la cultura, la razón, lo varonil, lo público, lo cortesano o caballeresco, lo cristiano.” La enumeración es elocuente para ubicar el lugar simbólico desde el cual comienza a construirse en la región del discurso de la cultura letrada sobre el sujeto mujer, desde la perspectiva de “lo otro” y lo inferior.” (Valdés.1991:18-19).

Robinson cita a Hawthorne, cuyo verso también es elocuente: “la multitud de mujeres que garabatean” , y en esta ‘multitud’ se encuentran Virginia Woolf, las Brontë, Jane Austen, y las sureñas Gabriela Mistral, María Luisa Bombal, Marta Brunet, Alfonsina Storni, las Ocampo, por nombras a algunas ‘garabateadoras’. La letra con sangre entra, no sólo para las escrituras de mujeres. Es impensable seguir denominándolas ‘minorías’, así como a los textos producidos por nativos (as) de la tierra, sean éstos (as) negros (as), amarillos (as) o de cualquier color y con una determinada preferencia sexual.

Las obras del Amo: sobre la formación del canon y la tradición afroamericana. Henry Gates, Jr. [4]

El debate continúa con Gates, que analiza el estado pasado y actual de la literatura afro-norteamericana en los Estados Unidos y su inserción en los programas de literatura en universidades y otras instituciones. Para él es imposible abrir el canon para la literatura afro-norteamericana desde el punto de vista de Bennet y A. Bloom, propiciadores de “la estética de antes de la guerra, cuando los hombres eran hombres, y los hombres eran blancos, cuando los críticos eran hombres blancos y cuando las mujeres y las personas de color no tenían voz, eran sirvientes y trabajadores que preparaban té y llenaban las copas de brandy en las dependencias de los clubes de la gente de orden.” (Ibíd:161-162).

Ante el retorno de lo que Gates llama “lo reprimido”, su desafío es el de redefinir el canon y crear nuevos programas literarios. Como la crítica feminista que abordó ‘géneros menores’, ya sea la carta, la autobiografía y otros, Gates cita a Calverton como el primero en tratar de formar un canon de la literatura negra, incluyendo el dialecto negro y otras formas como los spirituals, blues y canciones de trabajo que constituyen “cada uno un género de la literatura negra.” (Ibíd:172).
Gates afirma que “la mayoría de compiladores de antologías negras han tratado de incluir todos los autores y textos (especialmente extractos) que han podido, con el fin de preservar y “resucitar” la tradición" (Ibíd:177), en contraposición a la idea de un canon jerárquico y patriarcal.
Sin embargo, Gates acota que “nuestros ensayos de definición de un canon de la literatura negra americana [ se diría ‘norteamericana’ para diferenciarla de otras literaturas ‘americanas’, como la centro y sur-americanas, por ejemplo] […], han sido con frecuencia desacreditados por racistas, separatistas, nacionalistas o ‘esencialistas’”. (Ibíd:183). (3)
Citando a Hortense Spillers, Gates ve la necesidad de que el hombre afro-nortemericano recupere a su mujer interior: “que el discurso del amo pase por una voz con la cadencia y el timbre de la voz de la Madre Negra”. (Ibíd:185) y , finalmente , centra su programa en “ reformar el núcleo del plan de estudios, dar cuenta de la elocuencia comparable de las tradiciones africana, asiática y de Europa del Este”, para educar a los estudiantes “a través de una noción verdaderamente humana de “ las humanidades ”, y no, como preferirían Bennet y Bloom, como centinelas del último baluarte fronterizo de la cultura masculina blanca occidental, los Guardianes de las Obras Maestras.” (Ibíd:187).

Los cánones y (más allá de) las fronteras culturales (o ¿de quién es el canon del que hablamos? Walter Mignolo.[5]

Mignolo escribe su ensayo como latinoamericano y profesor de literatura latinoamericana en los Estados Unidos y establece que :
“Una de las funciones principales de la formación del canon (literario o no) es asegurar la estabilidad y adaptabilidad de una determinada comunidad de creyentes” que, relacionándose con una tradición, “se adapta al presente y se proyecta al futuro.”(Ibíd:237).
“Mediante la formación del canon una comunidad define y legitima su propio territorio, creando y reforzando o cambiando una tradición.” (Ibíd:252).
“El canon hispanoamericano se construyó sobre la base de un lenguaje “estándar” y de un conjunto de criterios estéticos implícitos en los conceptos de “poesía” y “literatura” del colonizador.” (Ibíd:268)

La distinción y tensión entre cánones vocacionales (personales) y cánones epistémicos (académicos) se ilustra con la situación del canon latinoamericano, bajo las preguntas de ¿quién investiga y enseña, dónde y para quién?, y ¿cómo se forman y transforman los cánones, qué esconde el canon, etc.?, respectivamente.

“En Latinoamérica, […] la formación oficial del canon se basó en la lengua y en los valores de las culturas colonizadoras más importantes (española y portuguesa) y ocupó el lugar del canon silenciado (pero no suprimido) de las culturas amerindias. [El relato testimonial de Rigoberta Menchú y el Popol Vuh maya-quiché] atestiguan la formación del canon en las comunidades amerindias, ejemplifican la formación de un canon más allá de las fronteras y revelan la gran lejanía entre culturas “centrales”, que han desarrollado un discurso académico sobre el canon, y culturas “periféricas”, para las que el canon es un elemento de cohesión y no de debate académico.” (Ibíd:241).

Basándose en dos ejemplos (Historia de la literatura hispanoamericana de Anderson Imbert e Historia de la literatura náhuatl de Angel María Garibay ), Mignolo propone una hermenéutica diatópica ( que vaya más allá de las fronteras lingüísticas y culturales) que permita “disociar el sujeto vocacional del epistémico y […] entender que “nuestro” canon vocacional (como sujeto vocacional) no debería ser la medida de todos los cánones (literarios) como nos invitan a creer […] las historias de la literatura. (Ibíd: 243).
El concepto de literatura como “un mecanismo autoorganizado”(definición de Lotman)“debería ayudarnos, dice Mignolo, a concebir la literatura como una práctica discursiva regional y la formación y transformación del canon como un subsistema dentro del sistema. […] Esta distinción permite describir personas y comunidades que han interiorizado el concepto de literatura vocacionalmente en tanto que participaban en un sistema de interacciones que ellos mismos aceptan como literarias.” (Ibíd:246).
Con respecto a la enseñanza, Mignolo señala que “la necesidad de incluir la literatura no occidental, del tercer mundo, de mujeres, etc., en el canon refleja […] la existencia de un grupo de investigadores que sienten, a nivel vocacional, que el canon debería transformarse para representar a una población plural como la americana.” (Ibíd:261).
Personalmente, según Mignolo, el Popol Vuh, como ejemplo de literatura no occidental y periférica, “no tiene, para un estudioso de la literatura latinoamericana, los mismos valores canónicos que tiene para la comunidad quiché. Mientras que, [para el primero], representa un conjunto de valores relacionados con la identidad latinoamericana, los valores de tal estudioso serían ajenos a la comunidad quiché para la que el Popol Vuh representa, precisamente, una forma de conservar sus propias tradiciones segregadas de las del mundo hispanohablante.” (Ibíd:265).
Enseñar el Popol Vuh es, para Mignolo, descolonizar la literatura latinoamericana.

*

En su ensayo sobre el canon chileno y/o hispanoamericano, Iván Carrasco9 sostiene que el canon puede definirse como una estructura mutable, histórica y plural:

“Una postura […] contemporánea consiste en considerar el canon no como una unidad o estructura inmutable, sino histórica, plural, según factores individuales, culturales, políticos o ideológicos, conformada por heterogeneidades, complejidades y contradicciones y, por ello, algo inseparable de nuestro trabajo de creación, crítica e investigación literarias, del que formamos parte y que contribuimos a conformar, ratificar o modificar. Desde la perspectiva del canon como un sistema variable, que se puede aceptar, rechazar o alterar pero en ningún caso ignorar, perceptible o concebible en distintos niveles de abstracción, podemos hablar de un canon literario chileno y/o hispanoamericano.” (Carrasco.2002:9)

Como Mignolo, para Carrasco es importante nombrar las escrituras testimoniales en tanto textos que realmente han descolonizado y re-definido el canon.

“El estudio de las transformaciones recientes del canon de la literatura hispanoamericana ha sido realizado fundamentalmente en relación con el discurso narrativo, considerando que a mediados de los 70 se inicia un abandono parcial de algunas claves escriturales del llamado "boom" latinoamericano. La introducción de nuevas formas de realismo frente a las complejidades metaliterarias o fantásticas (Rama 1982), el auge del testimonio, la nueva novela histórica, la literatura feminista, la disminución del interés por el problema de la identidad americana, la aceptación acrítica de modelos provenientes de la globalización y del neoliberalismo, entre otros aspectos, han sido vistos como parte de este proceso de transformación. Pero ha sido la introducción de formas testimoniales "no literarias" o ensayísticas (Miguel Barnet, Rigoberta Menchú, Oscar Lewis, Gustavo Gutiérrez) lo que ha permitido hablar de descolonización y redefinición del canon literario, en el sentido de que a él se ha incorporado la voz del "otro" (Beverly y Achugar 1992) a través del testimonio, las historias de vida, las biografías y autobiografías. Se puede, así, hablar de un eclecticismo radical que vuelve difusa o no significativa la procedencia de los discursos para ser considerados como literarios (Pastor 1988) ”. (Ibíd. 12-13).

La inestabilidad, interdisciplinariedad e interculturalidad –como fenómenos contemporáneos- son aspectos relevantes para el estudio y re-definición de este canon. Advierte también una subversión de los géneros (indeterminación genérica o mutación disciplinaria, como el autor la denomina), dando origen a textos como las non fiction novels de T. Capote, G. García Márquez y Patricia Verdugo, por ejemplo; y un hibridismo cultural, ejemplificado con la poesía etnocultural.

[…] “A fines del siglo XX han aparecido espacios de inestabilidad, crisis y modificación del canon, generados principalmente por procesos de interdisciplinariedad e interculturalidad característicos de la discursividad contemporánea. Los espacios de inestabilidad e indeterminación literaria de índole genérica y textual están dominados por dos fenómenos singulares, y relativamente originales: la mutación disciplinaria y el hibridismo cultural.” (Ibíd:14).
*
Finalmente, como ejemplo de mutación genérica, se puede citar al micro-cuento, mini-cuento, cuento ultracorto, o cualquiera de sus múltiples denominaciones. Este género - aún marginal- se relaciona con la poesía en prosa, el haikú, la viñeta, el chiste, y otras formas menores o simples (André Jolles), aunque, al decir de J.A. Epple10, “no es simplemente una afición secundaria, apta para la nota humorística, el ingenio verbal o la relación anecdótica.” (Epple.1990:12).
Precisamente, la relevancia del micro-cuento se ha gestado en las antologías de Epple, en los trabajos de Lauro Zavala (México), y en los de Francisca Noguerol (España), por citar a algunos (as).


Notas
1.- “En el (poli)sistema, la canonicidad se manifiesta con mayor concreción en el repertorio. Mientras que el repertorio puede estar canonizado o no, el sistema al que pertenece un repertorio puede ser central o periférico. Naturalmente, cuando un sistema central es sede de repertorios canonizados, puede hablarse abreviadamente de sistemas canonizados frente a sistemas no-canonizados, a pesar de la imprecisión que ello introduce en nuestra terminología. El repertorio se concibe aquí, como el agregado de leyes y elementos (ya sean los modelos aislados, ligados o totales) que rigen la producción de textos. Mientras que algunas de estas leyes y elementos parecen ser universalmente válidos desde las primeras literaturas del mundo, es claro que gran cantidad de leyes y elementos están sujetos a condiciones cambiantes en diferentes períodos y culturas. Este sector local y temporal del repertorio es la fuente de las luchas en el sistema literario (o en cualquier otro sistema semiótico). Pero no hay nada en el repertorio mismo capaz de determinar qué sección de él puede ser (o volverse) canonizada o no, del mismo modo que las distinciones entre "estándar", "elevado", "vulgar" o "argot" en la lengua no están determinadas por el repertorio lingüístico mismo, sino por el sistema lingüístico, esto es, el agregado de factores que operan en sociedad implicados en la producción y consumo de enunciados lingüísticos. Así pues, son estas relaciones sistémicas lo que determina el status de ciertas unidades (propiedades, rasgos) en una lengua dada. La selección de un cierto agregado de rasgos para el consumo de un cierto grupo de status es, por tanto, externa al agregado mismo. De modo semejante, el status de cualquier repertorio literario está determinado por las relaciones que existen en el (poli)sistema. Obviamente, un repertorio canonizado es apoyado por elites conservadoras o innovadoras y, consecuentemente, está limitado por las pautas culturales que rigen el comportamiento de aquéllas. Si la elite reclama sofisticación y excentricidad (o lo contrario, esto es, “sencillez” y conformismo) para satisfacer su gusto y controlar el centro del sistema cultural, el repertorio canonizado se adherirá a estos rasgos tan firmemente como le sea posible”.

Itamar Even –Zohar. Teoría del Polisistema.
En:http://www.tau.ac.il/~itamarez/works/papers/trabajos/psth_s.htm

2.- Para Foulcault el concepto de genealogía significa “un acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las minorías locales que permita la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese saber en las tácticas actuales. […] Se trata de hacer entrar en juego los saberes locales, discontinuos, descalificados, deslegitimizados, contra la instancia teórica unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre del conocimiento verdadero y de los derechos de una ciencia que está regentada por unos pocos…”

Citado por Darcie Doll Castillo.
“Escritura/Literatura de Mujeres: Crítica Feminista, Canon y Genealogías ”. 2002. Revista Universum Nº 17. Universidad de Talca.

3.- “La llamada literature of abolition no era estudiada en el pasado ya que los textos de la esclavitud y la abolición eran percibidos por los críticos como textos culturales y políticos y, por lo tanto, exentos de legitimidad literaria.”

Gisela Heffes. "Gabriel García Márquez y la crítica, o la construcción de un clásico". Yale University. Artículo encontrado en:
http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v12/heffes.html#1
Revista Ciberletras Nº12/Enero 2005.


[1] En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. Madrid:Arco/ Libros, 1998.
[2] Doll Castillo, Darcie. “Escritura/Literatura de Mujeres: Crítica Feminista, Canon y Genealogías”. 2002. Revista Universum Nº 17. Universidad de Talca.
[3] Valdés, Adriana. Mujeres, cultura y desarrollo (Perspectivas desde América Latina). 1991. Serie Mujer y Desarrollo, División de Desarrollo , Unidad Mujer y Desarrollo, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Naciones Unidas. Santiago de Chile.

[4] En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. Madrid:Arco/ Libros, 1998.
[5] En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. Madrid:Arco/ Libros, 1998.
9 Carrasco, Iván. “Interdisciplinariedad, interculturalidad y canon en la poesía chilena e hispanoamericana actual”. Estudios Filológicos 37 (2002): 199-210.
10 Epple, Juan Armando. Brevísima Relación. Antología del micro-cuento hispanoamericano. 1990. Santiago , Mosquito Eds.

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