En el ojo de la tormenta: "Todo Caliban", de R. Fernández R.

Por Lilian Elphick


Roberto Fernández Retamar dictó una clase magistral ayer 15 de marzo en el Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile . Gracias por tus necesarias palabras, querido Roberto.
El siguiente ensayo fue escrito el año 2006.

Introducción
El propósito de este trabajo es revisar el pensamiento del poeta y teórico cubano Roberto Fernández Retamar , plasmado en el ensayo “Caliban”, publicado por primera vez en 1971 en la revista Casa de las Américas, La Habana, Cuba. A este ensayo siguieron otras reformulaciones del mismo tema o, como el mismo autor señala, “relacionados con el “concepto-metáfora” o el “personaje conceptual” de Caliban” (R.F.R:5) (1). Éstos son: “Caliban revisitado” (Revista Casa de las Américas, 1986); “Caliban en esta hora de nuestra América” (Revista Casa de las Américas, 1991; “Caliban quinientos años más tarde” (Nuevo texto crítico, 1993); “Adiós a Caliban” (Revista Casa de las Américas, 1993).
Se tratará aquí, entonces, de seguir la huella a lo largo de veintidós años de este concepto-metáfora, de ver cómo ha evolucionado la idea de Caliban (sin acento en la “a”, por indicación del autor) en el contexto socio- histórico y político de una Latino América de los años ’70, hasta la época actual, de este Sur separado, “de ese nuevo Sur que hasta hace poco se llamó en buena parte Este.” (p.6).

Entre la “Noticia” que Roberto Fernández Retamar (de ahora en adelante R.F.R.) hace en 1998 y la “Noticia Actualizada” a una nueva edición del 2004 (2), se puede apreciar claramente el interés que ha suscitado el tema. R.F.R incluye una larga lista de autores y obras “que se han valido de Caliban”:


“…Suniti Namjoshi, en «Snapshots of Caliban» (1989); Michelle Cliff en «Caliban’s Daughter: The Tempest and the Teapot» (1991); Kamau Brathwaite, en «Letter Sycorax» (1992); Jimmy Durham, en «Caliban Codex» (c. 1995); Lemuel Johnson, en «Highlife for Caliban» (1995). (Cf. «The Tempest» and Its Travels, ed. por Peter Hulme y William H. Sherman, Londres, 2000, p. 310.) Si así ocurre en el terreno de la ficción, en el de los estudios la persistencia no es menor. Ello se colige de títulos como Shakespeare’s Caliban: A Cultural History (Nueva York, 1991), de Alden T. Vaughan y Virginia Mason Vaughan; el volumen dedicado a Caliban (1992), editado y presentado por Harold Bloom, en la serie Major Literary Characters, de Chelsea House, y la compilación Constellation Caliban. Figurations of a Character (Amsterdam-Atlanta, GA, 1997), editada por Nadia Lie y Theo D’haen. En el prefacio del último de los libros citados, los editores comienzan diciendo que mi ensayo de 1971 «lanzó un llamado a considerar la literatura y la historia no sólo desde el punto de vista de Próspero, sino también del de Caliban»; y después de nombrar obras posteriores, aventuran: «De hecho, toda una nueva disciplina parece haber emergido: la “Calibanología”». Al comentar aquel libro, Francisco Lasarte afirma: «Caliban ha demostrado ser un símbolo duradero y flexible que ha sobrevivido grandes cambios en la realidad política latinoamericana y mundial (y, cabe destacarlo, en aquel centro de la calibanología, el mundo académico universitario, sobre todo en Estados Unidos)». Y también: «Irónicamente [...], le debemos al ensayo “subversivo” de un crítico cubano, de un representante del “Tercer Mundo”, la publicación de textos sobre figuras canónicas de la cultura occidental como Shakespeare mismo, William Wordsworth, Ernest Renan y W. H. Auden» (F.L.: «Caliban Superstar», Estudio analítico del signo lingüístico. Teoría y descripción. Bajo la dirección de Bob de Jonge, Amsterdam-Atlanta, GA, 2000, p. 108).” (R.F.:8).

Como se aprecia, el tema –con todas las variaciones que pueda tener- parece inagotable. Es una obviedad decirlo, pero mientras haya Prósperos seguirán existiendo Calibanes, y esto lo sabe de sobra R.F.R que en “Adiós, Caliban” abre la gran puerta al debate de los estudios culturales latinoamericanos, tanto dentro como fuera del continente, con sus apreciaciones, por ejemplo, sobre el ‘mestizaje cultural’, aspecto que será revisado más adelante. De un modo tan cortazariano, el tema lo eligió a él, así como eligió a Colón, Shakespeare, Montaigne, E. Renan, Rodó, etc.

“…Dado que amo tanto la poesía como deploro lo “poético”, lo realmente valioso es para mí la zona de la realidad iluminada por Caliban, quien durante la segunda mitad de este siglo ha estado encarnando en el mundo de las ideas y en el del arte al colonial trabajador.” (R.F.R:6).

Es necesario preguntarse por qué R.F.R escribe en 1971 su “Caliban”. En primer lugar, se debe precisar que su compatriota José Martí es un componente esencial en sus ensayos. La óptica de Martí es la “de un demócrata revolucionario extremadamente radical, portador de las clases populares, que inaugura una nueva etapa en la historia y en el pensamiento de nuestra América.”(3) En segundo lugar, hay dos sitios desde donde habla R.F.R: 1) Desde el interior mismo de la Revolución Cubana, inserto como un intelectual orgánico (Gramsci (4) o ‘intelectual situado’ (Sartre), en contexto; 2) Desde los movimientos de liberación nacional, anticoloniales y antineocoloniales, que se activan después de la Segunda Guerra Mundial, pero que tienen su ápice en los años ’60. Estos movimientos suponen una mezcla de tercermundismo y marxismo que puso en conflicto al campo socialista liberado por la Unión Soviética.
“Caliban” se escribe en el marco de la coyuntura específica del Caso Padilla de 1971 que genera una crisis en la Revolución Cubana. El Caso Padilla es un síntoma del endurecimiento de las políticas cubanas. R.F.R en “Caliban” revisa y rebasa esta coyuntura particular.
En el Prefacio a la edición estadounidense de “Caliban” (ya traducida al español), Fredric Jameson sostiene que la imagen de R.F.R. es la del intelectual político, el ‘último intelectual’ al modo de Russel Jacoby, imagen fagocitada por el Postmodernismo (léase capitalismo avanzado):

“En el espíritu de Jacoby, pues, podemos reconstruir a partir de estos ensayos de Roberto Fernández Retamar cierta imagen y cierta función del intelectual político que nosotros mismos hemos perdido. Él ofrece el ejemplo de dos clases de identificaciones que solían definir a ciertos intelectuales, incluso en Occidente, pero que hoy parecen decisivamente en decadencia, y no sólo entre nosotros. Poeta y ensayista, combina aún el clásico compromiso supremo del intelectual hacia el lenguaje en todas sus capacidades que ha sido, en el capitalismo tardío, minado de modo sistemático por la especialización y la creciente división social del trabajo (algo que suele deplorarse en concreto como el repliegue de los críticos y teóricos literarios en la universidad).
Mientras tanto, como un «esteta» —si uno puede caracterizar así la gran vocación poética y visionaria del Poeta que sobrevive en la América Latina y en otras pocas tradiciones nacionales—, su compromiso con la política es igualmente absoluto”. (5)


"Caliban" y los siguientes ensayos han de entenderse como proyectos utópicos, sobre todo ahora en que las utopías han desaparecido. Baste recordar las palabras de Gabriel García Márquez en el Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982 (6) que originan un ideario para América Latina: “La interpretación de nuestra realidad- dice Márquez- con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios.” Por lo tanto, la tarea, el proyecto utópico, de los escritores es construir una unidad lingüística donde los aspectos paradojales de la realidad americana queden capturados. Una América repleta de dictadores, pobreza y varios ‘ismos’ que la constituyen como híbrida y en búsqueda desesperada de identidad. Para esta realidad desaforada que incluye ríos gigantescos y calibanes, el Secretario General de la OEI, Francisco Piñón (7), señala que es necesario para Latinoamérica “poner en práctica un mundo de identidades comunicables”. (Piñón.2004).
Parafraseando a Abel Posse (Novela Los perros del paraíso (8)), los perros eran mudos porque no tenían nadie a quien ladrar, no había motivo alguno. Pero la lección aprendida es que esos ‘perros’, que no son sino los quiltros o escuincles que pueblan la América, aún no tienen voz ni voto, siendo que sí existen suficientes motivos para ladrar o morder con rabia. “Gente es sin dios ni ley…”, versificó Ercilla en La Araucana; ahora esa gente no tiene nada que perder porque ya lo perdió todo: sus tierras, sus lagos, sus ríos, el poder de sus sueños y su lenguaje. Un verdadero ‘boom del subalterno’, pero que no explota, sino que implota en miseria y violencia.
R.F.R. con sus Calibanes también construye, a lo largo de los años, una unidad lingüística y metafórica o un mapa cognitivo (9) en permanente revisión y re-creación. Él actúa, escribe y sigue siendo un productor cultural comprometido con nuestra América. El que siga siendo un intelectual a secas o uno ‘orgánico’ no reduce la complejidad de su perfil, es más, es parte de la riqueza de su perfil. (10)
R.F.R. es lo que es gracias a sus debates, críticas y contradicciones, propias de todo buen escritor; más que un combatiente es un “escudero de la imaginación”. (11).


El primer Caliban


Una palabra se come a la otra


El texto es una relectura creativa de otra relectura de un texto base: La Tempestad de W. Shakespeare (1611). También es una relectura del Ariel de J.E. Rodó (1900), que, a su vez, se genera de la lectura de Caliban. Suite de La tempête de Ernst Renan (1878). El ensayo “De los caníbales” de Montaigne (1580), según R.F.R, “fue una de las fuentes directas de la última gran obra de Shakespeare, La Tempestad.” (p.16). Yendo más atrás, es preciso determinar el origen del término ‘caliban’, anagrama shakesperiano de ‘caníbal’, este último término acuñado por Colón en 1492, que pensó que el habitante caribe “no es otra cosa sino la gente del Gran Can” (p.13).

“El caribe, por su parte, dará el caníbal, el antropófago, el hombre bestial situado irremediablemente al margen de la civilización, y a quien es menester combatir a sangre y fuego.” (Ibid: 14).


El texto de Shakespeare cuenta la historia de Próspero, duque de Milán, derrocado y exiliado por su hermano Antonio. Próspero navega sin rumbo, y se instala en una isla del archipiélago de Las Bermudas. Cuando la pieza teatral comienza, Próspero y Miranda, su hija, llevan doce años viviendo allí. Al servicio de Próspero están Ariel (“genio del aire”) y Caliban (“esclavo salvaje y deforme”). Caliban es el hijo de Sicorax, la bruja, antigua dueña de la isla.


José Enrique Rodó concibe a Próspero como el intelectual, el maestro de las jóvenes generaciones latinoamericanas, las que conducirán el destino de América Latina. Ariel representa la encarnación del espíritu de Occidente, es decir, de la cultura europea descendiente de la grecolatina. Caliban es la materia, representa la cultura de los Estados Unidos. Para R.F.R., en contra de la opinión de Rodríguez Monegal, Rodó concibió Ariel “a raíz de la intervención norteamericana en Cuba en 1898, como una respuesta al hecho”. (p.28). Lo que hace R.F.R. en 1971 es resignificar el texto de Rodó; profundizar en las tres figuras y sus funciones; “repensar nuestra historia desde el otro lado” (p.30). Próspero corresponde a la cultura de la dominación, es decir, al imperialismo norteamericano. Ariel es el intelectual latinoamericano y, en general, del ‘Tercer Mundo’, que vive y produce bajo las condiciones del colonialismo y el imperialismo. Caliban representa las masas latinoamericanas explotadas en estas condiciones, herederas de una tradición cultural e intelectual. “No conozco otra metáfora más acertada de nuestra situación cultural, de nuestra realidad”, señala R.F.R, para luego nombrar a más de setenta autores y autoras de nuestra América. “¿Qué es nuestra historia, qué es nuestra cultura, sino la historia, la cultura de Caliban? (pp. 25-26). Y en esta pregunta se encierra el complejo tema de la identidad: “Nos llaman mambí (en Cuba), nos llaman negro para ofendernos; pero nosotros reclamamos como un timbre de gloria el honor de considerarnos descendientes de mambí, descendientes de negro alzado, cimarrón, independentista; y nunca descendientes de esclavista”. (p.29).

¿De qué cultura habla R.F.R en su pregunta? La concepción de cultura sigue siendo la de la producción de las grandes contribuciones del espíritu humano, es decir, de la alta cultura. En su concepción de América Latina no tiene que ver el factor lingüístico. América Latina incluiría la totalidad del Caribe: Haití, Jamaica, Antillas Holandesas, etc., y Brasil.


Martí o la Honda de David (12)


Como ya se señaló, José Martí es el axis mundi en el pensamiento de R.F.R. El artículo “Nuestra América” publicado en el periódico mexicano El Partido Liberal el 30 de enero de 1891, es “el más importante documento publicado en esta América desde finales del siglo pasado hasta la aparición en 1962 de la Segunda declaración de la Habana…”, y agrega el autor cubano que “después de la Revolución Cubana, y gracias a ella, que Martí está siendo “redescubierto y valorado” (p.32). Como asevera R.F.R, “El verdadero hogar de Martí era el futuro.” (p.32). Martí no sólo percibe el advenimiento de la modernidad, sino que fue uno de los primeros intelectuales en darse cuenta de las dimensiones del peligro imperialista de Estados Unidos y de la probabilidad de la miseria en ese mundo moderno. Dicho de otro modo, prevé una modernidad capitalista al mismo tiempo que Karl Marx elaboraba su trabajo.


Para Martí es indispensable estar con los ‘nuestros’; el único modo de resolver los problemas de Latino América es crear lo propio: “La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra” (pp.37-38). La antítesis al pensamiento de Martí es el Facundo de Sarmiento. “No hay batalla entre civilización y barbarie, sino entre falsa erudición y la naturaleza”. (p.38). La fórmula racista civilización-barbarie es para Martí una falsa oposición. Latino América está montada sobre una mentira; bajo la apariencia de la autonomía se esconde una traición, una inautenticidad profunda. (13).
“La supuesta barbarie de nuestros pueblos-acota R.F.R.- ha sido inventada con crudo cinismo por “quienes desean la tierra ajena”; los cuales, con igual desenfado, daban el “nombre vulgar” de “civilización” al “estado actual” del hombre de Europa o de la América europea”. (p.39).


El equipo de Borges


R.F.R pone en la palestra a dos escritores latinoamericanos: Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes. “La obra de Borges-señala el cubano-, escrita en un español que es difícil leer sin admiración, es uno de los escándalos americanos de estos años”. Hay dos Borges a quien admirar y detestar, sobre todo cuando el argentino dice que “Creo que nuestra tradición es la europea”, eco del “Pertenecemos al Imperio Romano” de Sarmiento. Pero en el “Creo” de Borges está la diferencia. Sutil, pero diferencia al fin y al cabo. “La escritura de Borges –asevera R.F.R- sale directamente de su lectura, en un peculiar proceso de fagocitosis que indica con claridad que es un colonial y que representa a una clase que se extingue. Para él la creación cultural por excelencia es una biblioteca; o mejor: un museo, que es el sitio donde se reúnen las creaciones que no son de allí: museo de horrores, de monstruos, de excelencias, de citas o artes folklóricas…” (p.48). Sin embargo, R.F.R olvida que, por ejemplo, tanto Emma Zunz como El Muerto, por ejemplo, muestran a una América convulsionada, híbrida y laberíntica, rebelada de las diferentes entidades opresoras por medio del ejercicio de la violencia.
Como perteneciente a la mafia mexicana y también al bando clasista de Borges, R.F.R sitúa al escritor Carlos Fuentes que “invariablemente toma partido por la civilización y contra la barbarie” (p.51) en su “librito” La nueva novela hispanoamericana y que rompe con Cuba después del Caso Padilla. El método crítico del libro de Fuentes –acusa el cubano- “es una generalización de la práctica literaria contemporánea(…)de otras literaturas, no de la literatura hispanoamericana.” (p.53). Este aspecto será ahondado en Para una teoría de la literatura hispanoamericana (1975) donde reclamará una teoría específica para la literatura hispanoamericana, porque contribuye a la descolonización. Una teoría general es una teoría colonial producida por los países dominantes.


Ha dicho:¡Basta! y ha echado a andar


El resultado de la batalla intelectual acerca de la civilización y la barbarie da como resultado dos genealogías:

1) La cultura de los opresores (Próspero y Ariel) que pretenden “englobarnos en el “mundo libre”, para así legitimar la ideología del colonizador, y 2) La cultura de los oprimidos (Caliban), la cultura de la resistencia que ha dicho ¡Basta! y que responde haciendo valer su síntesis mestiza, hija de la Revolución y del socialismo.

R.F.R cita bastantes ejemplos de esta resistencia: Sublevación de Tupac Amaru en 1780; Independencia de Haití en 1810; Revolución Mexicana en 1910; Revolución Cubana en 1959; derrota de EEUU en Playa Girón en 1961; gobierno de Salvador Allende en Chile en 1970.


“Nuestra cultura es –y sólo puede ser- hija de la revolución, de nuestro multisecular rechazo a todos los colonialismos; nuestra cultura, al igual que toda cultura, requiere como primera condición nuestra propia existencia. (…) La cultura latinoamericana, pues, ha sido posible, en primer lugar, por cuantos han hecho, por cuantos están haciendo que exista ese pueblo magno” de “nuestra América”. (p.60).

Con respecto al intelectual latinoamericano, R.F.R. acota que “la intelectualidad que se considere revolucionaria debe romper sus vínculos con la clase de origen (con frecuencia, la pequeña burguesía), y también debe romper sus nexos de dependencia con la cultura metropolitana que le enseñó, sin embargo, el lenguaje conceptual y técnico.” (p.63). Siguiendo las huellas de Mariátegui, R.F.R. postula un socialismo ‘propio’ para Latino América, el “socialismo indo-americano”, aunque no olvida la herencia del socialismo europeo.
La reflexión hecha en este ensayo es la de un intelectual que defiende con dientes y uñas la Revolución Cubana; siendo hijo de ella, R.F.R. no escatima en elogios y en incendiados vituperios y críticas. Y una fuerte crítica es la que hace Silvia Spitta a R.F.R que lo acusa de ser el más arielista de los arielistas:


“Retamar, a través del Che, les propone a los intelectuales de su época –asumidos como blancos- de pintarse de negro. Esta lectura resulta chocante después de años de haber asumido –con tantos otros críticos- que Caliban eran Retamar/Fidel/Martí y resulta que una lectura más cuidadosa (y a lo mejor una lectura sólo posible al final de los años noventa), nos demuestra que Retamar (muy a lo Rodó) sigue identificándose con Ariel y el pueblo cubano alzado es negro, mulato y calibanesco.”(Spitta: 279). (14)


Spitta mal interpreta las palabras del Che y, de paso, las de R.F.R.; su lectura postmodernista da por literal la acepción “pintarse de negro” como tomar el betún de los zapatos y untarse la cara para “ser” negro. El mismo Che lo dice claramente: “Hay que bajar al pueblo, hay que vibrar con el pueblo…” (R.F:70). Es decir, hace un llamado a que los intelectuales y los poetas bajen del Olimpo, como versó Nicanor Parra. La sangre “blanca” del Che no regó las avenidas de Buenos Aires, sino que regó la selva boliviana cuando colgaron su cadáver del patín de un helicóptero para trasladarlo a Vallegrande. (15).

Caliban Revisitado

R.F.R. escribe este ensayo quince años después que el primer Caliban y argumenta que éste se escribió en el contexto específico de la reafirmación y revaloración de la Revolución Cubana, después del Caso Padilla, aunque no exclusivamente debido a este hecho, como lo explica más adelante, sino también como una “reinterpretación de nuestro mundo; a la luz exigente de la revolución” (p.83) y un paso natural a seguir después de la escritura de los ensayos “El son del vuelo popular” (1962); “Martí en su (tercer) mundo” (1965) e “Introducción al pensamiento del Che” (1967) . Dados los múltiples comentarios que surgieron en torno al primer Caliban, según el cubano, algunos equivocados, lo han llevado a tener un sentimiento de extrañeza con su propia obra: “ha habido ocasiones en que se ha convertido en un material irreconocible para mí.” (Ibíd:74). Por lo tanto, es necesario para R.F.R. “recordar…cuál fue la circunstancia de su nacimiento.” (p.74).


“Aquel (década del ’70) fue un momento hermoso en que en muchos países la vida intelectual estuvo, al menos en considerable medida, hegemonizada por la izquierda: como en este momento en que escribo está, en no pocos países capitalistas, hegemonizada por la derecha.” (p.75).


Sin embargo, este momento de nueva canción y nuevo cine, de coloquios y becas, se vería empañado tras la carcelación de Herberto Padilla, acusado de “actividades contrarrevolucionarias (no por la redacción o la publicación de poema alguno)” (p.78). Este hecho genera una polémica entre los intelectuales franceses y latinoamericanos, “en una abierta inculpación contra la Revolución Cubana, al dar por sentado “el empleo de métodos represivos” (p.79). Cartas van, artículos vienen (Revista Mundo Nuevo, Revista Marcha). Cortázar- gran amigo de R.F.R.- termina escribiendo que “si algo sirvió en definitiva el caso Padilla, fue para separar el trigo de la paja fuera de Cuba” (p.81). Sin embargo, señala el cubano, la Revista Mundo Nuevo “dejó sembrada en gentes muy variadas la posible desconfiada hacia la revolución latinoamericana, que entonces sólo podía ofrecer el ejemplo victorioso de Cuba.” (p.78).

Este bombardeo de acusaciones y protestas lleva a R.F.R a escribir “Caliban” “en unos cuantos días, casi sin dormir ni comer, mientras me sentía arrinconado por algunos de los hombres que más había apreciado...” (Esta premura) “…es responsable de varios cabos sueltos en el trabajo, que dieron lugar a malentendidos.”(p.85).

Náufrago de su propia tempestad escritural, R.F.R. echa amarras en los ensayos “Nuestra América y Occidente”, “Contra la leyenda negra” y “Algunos usos de civilización y barbarie”.

Con respecto a Borges y Fuentes, citados en este ensayo, el autor “dulcifica” sus antiguas apreciaciones. Borges es “aún superior de lo que me parecía hasta entonces”, y Carlos Fuentes es “uno de los más importantes narradores latinoamericanos de estos años.” (85), aunque acota que su posición política sigue oscilando entre dos aguas.


“Mi aspiración no es, no fue nunca, presentar la América Latina y el Caribe como una comarca cortada del resto del mundo, sino como una parte del mundo…, no como una mera paráfrasis de Occidente” (p.86).

Caliban en esta hora de nuestra América


Hay dos temas importantes relacionados entre sí en este ensayo: 1) El avance del capitalismo y el pendulazo derechista de los países “subdesarrollantes”, en especial, la política invasora e intervencionista de los Estados Unidos en Chile, Granada y Panamá, por citar algunos países; y 2) El modernismo literario, el diálogo entre modernismo y modernidad y el postmodernismo.


Olvidando, aunque no del todo, las contiendas pasadas, R.F.R hace un excelente análisis de la situación socio-política y literaria de Latino América. Como el amontillado, con los años el autor adquiere un temple más grueso y sus palabras tienen el sabor de una crítica más reposada. Se lo paladea sin llegar a asimilarlo con aquel personaje emparedado de E. A. Poe que, en su desesperación final, grita un “Por el amor de Dios, Montresor” inaudible ya. Nemo me impune lacessit reza la divisa del escudo de armas familiar del ofendido. Nadie me ofende impunemente. Éste podría ser el lema latinoamericano, pero no lo es. La venganza metafórica de R.F.R. es seguir escribiendo acerca de Caliban, transformado ya no en un monstruo tuerto y sin lenguaje propio, ya no en el que maldice en el mismo idioma de su opresor-enseñador, ya no en el Caliban nuevo, el hombre nuevo, sino que en uno derrocado y fragmentado por la circunstancia capitalista.

¿Podrá Caliban soñar otro mundo? ¿Tendrá R.F.R. que construir otra imagen de lo que es y será Latino América?


“Nos encontramos en un mundo unipolar, donde los Estados Unidos (…) son más arrogantes y agresivos que nunca. (…) Las consecuencias de ese cuadro para la América Latina y el Caribe disgregados son sin duda alarmantes. (…) La contradicción entre los países subdesarrollantes y los países subdesarrollados (expresión acuñada por los técnicos de las Naciones Unidas entre 1944 y 1945) por aquellos no sólo ha conservado sino que ha acrecentado su vigencia, y es hoy la contradicción principal de la humanidad.” (pp. 92-95).


Con respecto al diálogo entre modernismo y modernidad, R.F.R revisa a tres autores: Rafael Gutiérrez Girardot, Iván A. Schulman y Ángel Rama. Siguiendo dos citas de Rama, R.F.R. concluye que “lo que se ha dado por llamar modernidad en relación con nuestra América es el resultado de un proceso de modernización del capitalismo dependiente en la zona. (…) La modernidad a la cual se abría entonces nuestra América era una dolorosa realidad: entre 1880 y 1920 nuestros países son uncidos como tierras de explotación, al mercado del capitalismo monopolista.” (p.100).

En cuanto al postmodernismo, R.F.R. cita, entre otros, a Jameson y Lyotard, el cual anuncia que “saber es poder” y ‘el fin de los metarrelatos’, que dan paso a la multiplicación de las verdades parciales concretadas en mínimos discursos validados sólo parcialmente y por un tiempo finito. Ante este panorama y siguiendo, como siempre, el legado de Martí, R.F.R hace un llamado a la integración de América Latina, respetando a “las diferencias que son riquezas”. La proclama utópica –muy similar a las de Marcuse, Jameson, Eagleton (16), etc.- contempla “una etapa realmente ecuménica, generosa y fraterna, dentro de la cual se hará viable el complejo “fenómeno humano” también en el continente que honrarán tantos hombres y mujeres “desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl” hasta estos días arduos en que sería indigno arriar la esperanza.” (p.112)

El que R.F.R. hable de ‘diferencias’ y, al fin, incluya a las mujeres como parte del “fenómeno humano”, indica una evolución en su pensamiento.

Caliban quinientos años más tarde o las oleadas de sudacas


Sólo dos años de diferencia hay entre este ensayo y el anterior, dos años en que R.F.R. ya no vislumbra un futuro esplendor para Latino América y el resto del mundo. Sida, hambre, drogas, guerra, son los cuatro jinetes que aniquilan la vida, sobre todo la de esas “oleadas de sudacas (que) avanzan como marea de lava hirviente”. (p.137). También podría incluirse las oleadas de inmigrantes que recorren las calles de Londres, París o Berlin.
El propósito del ensayo, como señala R.F.R, es “hablar desde Caliban, no siempre sobre él. Esto es lo que el ojo de Caliban ve, lo que la voz de Caliban dice quinientos años más tarde. Después de todo, es la mirada y no el objeto mirado lo que implica genuinidad.” (p.116). Y esta mirada se fija en la palabra o en el conjunto de palabras que, desde 1492, vienen formando el aparato ideológico del capitalismo: Descubrimiento, Occidente, Tercer Mundo, países subdesarrollados, en vías de desarrollo.


“El término “civilización” –señala R.F.R.-, creado a mediados del siglo XVIII, implicó que el verdadero ser humano vive en la ciudad (del lat. cives), mientras que quien prácticamente no es humano vive en la selva y es un salvaje (del lat. silva provienen el ital. “selvaggio”, el fr.”sauvage”, el esp. “salvaje”, el ing. “savage”). La presunta civilización designó el estado que tenía entonces Occidente, y fue considerada la forma única de vida realmente humana, arrojando a las comunidades del resto del planeta (…) a la condición de salvajes o bárbaros…” (p.123).
Con respecto a la oposición civilización/barbarie, siempre presente en los ensayos de R.F.R, y el análisis de los países latinoamericanos le sirven “para afirmar que la contradicción entre unos países y otros…no sólo ha conservado sino acrecentado su vigencia, y es hoy la contradicción principal de la Humanidad.” (p.127).


El concepto acuñado por el autor en 1968: “países subdesarrollantes” da a entender la visión calibanesca de que esos países se desarrollan gracias a que subdesarrollan a otros países. La terminología del desarrollo y sus variables ‘sub’ o ‘en vías de’ son un modo más aséptico de nombrar a países colonizadores y países colonizados-atrasados o neocolonias. Para el autor, ésta es la terminología de Próspero y hay que objetarla: “hablar de nuestra era neocolonial llamándola poscolonial (al confundirse rasgos políticos más bien superficiales con profundas y decisivas estructuras socioeconómicas) implica la aceptación, acaso involuntaria, de otra de las resonantes falsedades de Próspero.” (p.134).

Para Zulma Palermo (17) “tales falsedades no harían sino prolongar las situaciones del colonialismo ya conocidas pero recubiertas hoy con nuevos ropajes surgidos de las tecnologías de punta…” (Palermo: 186).

En las páginas finales, la preocupación de R.F.R. es por el futuro, no sólo de Latino América, sino del mundo entero. Su proyecto utópico rebasa el latinoamericanismo y postula una cultura de humanidad, posoccidental, sin Norte ni Sur. “La imaginación es más importante que el saber”, recalca, citando a Albert Einstein. Imaginación, creación, y confianza como fuerzas vitales “para entrar sin temor en la amenazada casa del futuro.” (p.141).
Adiós Caliban y la historia se nos llueve

1993. ¿Vendrán nuevos Calibanes a repetirnos la desgastada historia de un continente solo? ¿Tendrá Roberto Fernández Retamar otra ocasión de no saber quién es el que escribe, si Caliban o él, o los dos?


“En cierta forma discuto conmigo, con el que fui, con el que me hicieron” (p.156), confiesa al borde del cierre de su último ensayo que, aparte de los agradecimientos y el reconocimiento de que las mujeres existen, expande e insta a los futuros /as teóricos /as a revisar, criticar, explorar los complejos temas del mestizaje y la diferencia étnica y sexual. Para R.F.R. su concepción de mestizaje es cultural más que étnica, basada principalmente en los postulados martianos de “Nuestra América”: “No hay odio de razas, porque no hay razas”. “En ese antirracismo martiano (…) se afinca su concepción del mestizaje. (…) El mestizaje es en Martí popular, auténtico, antirracista; y en las oligarquías y sus voceros, tramposo, señorial, otra manifestación (astuta) del racismo”. (p.151). La “transculturación” (proveniente del trabajo de su compatriota Ortiz-1940, y que posteriormente utiliza Rama en Transculturación narrativa en América Latina-1982), según el autor, “sólo se logra a plenitud cuando se ha extinguido la explotación, condición, por otra parte, necesaria pero no suficiente (…) y condición que requiere faenas de varia naturaleza realizadas en común por los distintos conglomerados que habitan en un país: lo que puede llamarse una transculturación política.” (p.153).


Hay varios aspectos importantes que Amaryll Chanadi (18) resalta de este ensayo:

1) “[…]La diversidad, en este ensayo,[…] implica una concepción teleológica del ser humano”; 2) [En “Adiós a Caliban” hay] “una actitud crítica hacia la noción de Caliban como símbolo de una América Latina “auténtica” (e indiferenciada)”; 3) “Deconstrucción del binarismo simplista entre Caliban y Próspero” al explicitar que no pueden homologarse las “sobrevivencias africanas idiomáticas […] con las de los indios”; 4) Rechazo de la concepción idealista del mestizaje y problematización de la homogeneización; 5) Rechazo a “la proletarización de los indígenas y afroamericanos”; 6) “Critica […] el no reconocimiento de los idiomas indígenas en un monolingüismo español o portugués, denunciando a los países latinoamericanos por “imponer a sangre y fuego otra civilización” […]” ; 7) “[…] Completa aquí el paradigma iluminista de los derechos humanos con una plegaria por la heterogeneidad y la diferencia. […] Fernández Retamar demuestra una concepción de la diferencia muy distinta de la que manifestaba en Caliban.” (Chanadi:248-250).


Un punto que R.F.R. omite u olvida en todos sus ensayos acerca de Caliban es que- y aquí se cita a Eisler- el capitalismo en “su énfasis respecto a la adquisición individual, la competitividad y la codicia (la motivación de la ganancia), su sentido jerárquico inherente (la estructura de clases) y su continua confianza en la violencia, […] sigue siendo fundamentalmente androcrático.” (Eisler:184). (19).
La historia se nos llueve porque Latino América no tiene un techo identitario que la cobije de las diversas teorías de la hibridez, la heterogeneidad, lo trans y metacultural. Un continente-problema con miles de piezas que no calzan en el puzzle de los estudios culturales latinoamericanos, ya sean los del Norte o los del Sur.


Conclusiones


No hay conclusión para Latino América en los ensayos revisados; el continente permanece abierto a la palabra escrita y a la oral, precaria e insegura, en términos de Ángel Rama (p.43) (20). La América inconclusa, en permanente rebelión, va gesticulando sus máscaras culturales, entremezclándose, anudándose y desanudándose en multiplicidades literarias.
Adriana Valdés (21) sostiene que “el tema de la dimensión cultural de lo latinoamericano se sitúa de lleno en la descripción de lo contemporáneo en una dimensión de futuro que no es la del deseo. […] En el contexto del Tercer Mundo “lo específicamente latinoamericano [es] hoy un rasgo cultural: una experiencia de quinientos años en la incursión constante de lo extranjero y de lo nuevo, lo que ha producido una historia llena de claves respecto de temas que, como el mestizaje, la hibridez, el sincretismo, la transculturación, trascienden hoy la problemática latinoamericana para adquirir nueva vigencia cultural en un mundo que crecientemente se internacionaliza.” (Valdés.1991:10).

Los cinco ensayos de R.F.R. son y serán importantes referencias para los estudios sobre literatura, cultura e identidad latinoamericanas. “La metáfora no se ha desgastado, señala Amaryll Chanadi (22), e innumerables trabajos siguen apareciendo sobre ella en diferentes países. (…) Su significación para América Latina mantiene su vigencia a causa de la situación desastrosa del continente dentro de la economía mundial, tema que vuelve con frecuencia en los trabajos de Fernández Retamar.” (p.252).

En la entrevista que le hiciera Magda Resik (23) a R.F.R. en 2005, él insiste en la existencia de un mundo metropolitano y un mundo colonizado, la brecha Norte-Sur sigue abriéndose con más fuerza ahora. El binomio metrópoli-colonia o civilización-barbarie, también puede ser entendido como división ciudad-campo.

Para Silvia Spitta (24), ésta se constituye como figura central del pensamiento latinoamericano:


“A diferencia de Europa y Estados Unidos donde (…) se ha constituido la identidad occidental al privilegiar el tiempo ya la historia (entendidos como lo vivo, lo fluido, lo ontológico) por sobre el espacio (lo muerto, lo inerte), América Latina ha seguido un proceso diametralmente opuesto. La ciudad, lo urbano, la división campo-ciudad, ha dominado el pensamiento latinoamericano desde la Conquista hasta nuestros días.”


Existe una gran variedad de textos literarios latinoamericanos que han adoptado este tópico con recurrencia, mitificando o deconstruyendo uno u otro espacio. Es decir, se trata de tópico canonizado. Esto también significa una lucha entre lo escrito y lo oral, el centro y la periferia, la exclusión y la inclusión, lo público y lo privado.

Escribir América nunca ha sido ni será una tarea fácil. Sin embargo, lo han hecho R.F.R., Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Elena Garro y tantos /as otros /as escritores /as que han deconstruido la canonizada lógica occidental.


Cualquier canon, sostiene Mignolo (25), depende de la comunidad. En el caso de la gran comunidad de escritores /as, pensadores /as, intelectuales y académicos /as, a ellos /as les corresponde revalorar y resemantizar las “oscilaciones pendulares del mundo de la cultura” (Valdés: 9) de este continente estriado, antes de que la puerta se abra al olvido.

NOTAS
[1] Fernández Retamar, Roberto. Todo Caliban. Concepción: Atenea. 1998.


2Fernández Retamar, Roberto. Todo Caliban. Buenos Aires: CLACSO.2004.


3 Fernández Retamar, R. “América Latina y el trasfondo de Occidente”. En: América Latina y sus ideas.1986. Siglo XXI : México. Prólogo de L. Zea. Pg.319.


4 El intelectual latinoamericano tradicional- en el sentido de Gramsci- tiene que practicar un doble ejercicio de liberación de su persona y de su conciencia: 1) Liberación de clase; 2) Romper con su dependencia de la cultura metropolitana. Ese intelectual que libera su conciencia puede convertirse en un ‘intelectual orgánico’. Tendrá que aprender a vivir con los éxitos y fracasos de la construcción socialista.


5 Prefacio a Caliban and Other Essays, traducido por Edward Baker y publicado en Minneapolis por University of Minnesota Press, 1989. Documento PDF. Pg.13. En:
www.clacso.org

6 García Márquez, Gabriel. La soledad de América Latina. Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982. En www.ciudadseva.com

7 Piñón, Francisco. 1 al 4 de junio de 2004. Diversidad Cultural: Los desafíos del desarrollo en América Latina. Terceros Encuentros Internacionales de las Organizaciones Profesionales de la Cultura. Seúl, República de Corea. En:
www.oei.es

8 Posse, Abel. Los perros del paraíso. 2003. Barcelona : Random House Mondadori.

9 Jameson describe la finalidad de su teoría hermenéutica en términos de una cartografía (mapas cognitivos) que se propone situar al sujeto en la realidad social problemática en la que vivimos. Para esto retoma el concepto brechtiano de "arte pedagógico", de modo tal que el trazado de mapas cognitivos le proporcione "al sujeto individual un nuevo y más elevado sentido del lugar que ocupa en el sistema global". En: El Postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. 1991. España: Paidós.

10Ver Postscriptum de Mabel Moraña. En: Roberto Fernández Retamar y los estudios latinoamericanos. 2000. Elzbieta Sklodowska y Ben A.Heller Eds. Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Universidad de Pittsburg.

11“Modesto escudero de la imaginación”. Entrevista a Roberto Fernández Retamar hecha por Esteban Navarro. En: Revista Simpson siete, Vol 4, Segundo semestre, 1993.


12 El programa martiano será “impedir a tiempo con la Independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América (…), impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que nos desprecia. (…) Viví en el monstruo y le conozco las entrañas: y mi honda es la de David”. En Fernández Retamar, R. “América Latina y el trasfondo de Occidente”. Pg.317.


13 Aunque vaya por otro camino, esta imagen recuerda la superposición de culturas que Martin Lienhard tan bien ejemplifica con la pirámide mexicana y una iglesia católica montada arriba de ella. Esta quimera, que para Lienhard, es algo monstruoso (siguiendo las apreciaciones de Eisenstein), compuesta de elementos diversos, heterogéneos, para R.F.R sería un imbunche, un monstruo sin posibilidad de comunicación alguna, ya que sus orificios naturales han sido cosidos. Martin Lienhard. “De mestizajes, heterogeneidades, hibridismos y otras quimeras” En: Asedios a la heterogeneidad cultural. Libro de homenaje a Antonio Cornejo Polar. 1996. EEUU: Asociación Internacional de Peruanistas.


14 Spitta, Silvia. “Desdoblamientos calibanescos: Hacia lo complejo”. En: En: Roberto Fernández Retamar y los estudios latinoamericanos. 2000. Elzbieta Sklodowska y Ben A.Heller Eds. Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Universidad de Pittsburg.


15 Estos datos han sido extraídos del ensayo “Los libros: compañeros inseparables de un condotiero del Siglo XX” del escritor boliviano Carlos Soria-Galvarro. En: Al Sur de la Palabra. IV Encuentro de escritores por el fomento del libro y la lectura. 2005. Edición General: Lilian Elphick. Corporación Letras de Chile. Santiago:Mosquito.


16 Eagleton, Terry. The ideology of the aesthetic. 1990. USA: Blackwell.


17 Palermo, Zulma. “De apropiaciones y desplazamientos: el proyecto teórico de Roberto Fernández Retamar”. En: Roberto Fernández Retamar y los estudios latinoamericanos.


18 Chanadi, Amaryll. “El discurso calibanesco y la conceptualización de la diferencia.” En: Roberto Fernández Retamar y los estudios latinoamericanos.

19 Eisler, Riane. El cáliz y la espada. 2005. Santiago:Cuatro Vientos.

20 Rama, Ángel. La ciudad letrada. 2004. Santiago:Tajamar.

21 Valdés, Adriana. Mujeres, cultura y desarrollo (Perspectivas desde América Latina.) . Serie Mujer y Desarrollo, División de Desarrollo , Unidad Mujer y Desarrollo, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Naciones Unidas, Marzo de 1991, Santiago de Chile.

22Chanadi, Amaryll. “El discurso calibanesco y la conceptualización de la diferencia.” En: Roberto Fernández Retamar y los estudios latinoamericanos.


23 Diálogo platónico con Roberto Fernández Retamar. Entrevista hecha por Magda Resik A. En:
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=2695

24Spitta, Silvia. Prefacio: Más allá de la ciudad letrada. Darmouth Collage. En: www.pitt.edu

25Mignolo, Walter. “Los cánones y (más allá de) las fronteras culturales (o ¿de quién es el canon del que hablamos?” En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. 1998. Madrid: Arco/ Libros.

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