La A


Aleluya, al amanecer me arrojo arriba de Aliro Alemparte, y que el asno arribe y amerite una almohada donde ambicionar mi almeja aleccionada. Abajo, abajo, Aladino, anotaré, que no soy adivina ni alas alambicadas aseguro, pero me abanico el ano cuando, ¡ay!, almorranas.

Ni adiós avisé, abochornada abjuré del árabe y del ajiaco. Ajuereé un affaire y fue alma y alegría la algarabía del alférez alistado en Amberes cuando aterrizó en mi almendrilla antropófaga. Amor - atada quedé por el anzueleado apolítico, pero su aparato fue analítico y astutamente apretó mi atenta y acalorada arañita. Atestiguo acá, donde mi ansia apura, que el alférez ardió de amor y mi armadura de árnica arranóse; el arnés quedó en el armario y me arraigué al -autorizadamente y con aval- auxiliar. Avasállame, avánzame, aureólame, que la aventura se aviva en el ahora; ayer fui una avutarda con avitaminosis en l’axila, una avestruz asimilando una azucena. ¡Azúcar! Azuleja quedé en el ayuntamiento y que me arriesgue a un arrocero si lo que anuncio es arrendado; arrebatada alcancé la arritmia, apaleada aparté al apático abate: apestoso y aparatoso, antipático y añacalero. Añejo y apócrifo quiso ser mi apoderado, pero aplacé sus aplausos. Adriana, Anita, Amelia, aullaba, mientras yo me agenciaba un aperitivo en el alcázar. ¡Apoplejía!, auscultó Allende apostado en la Alameda. ¡Aporía!, aproveché yo aprovisionándome de las arcas. Artimañas de apocalíptica aindiada, anagnórisis de Antonin Artaud. Antiapologética aposenté mi antídoto antihigiénico en la antigualla. Le di un antiemético y en ánsar anodino angostó.

Anoche fue una anomalía. El alférez anudó un anisado en mis ancas. Añadió almíbar y se le antojó apalpar mis aperturas. Aplastóme con su ántrax, apodo del adelantado. Arriba de un árbol se apunó y arbitrariamente me apuntaló. El arcabuzazo archivó una ardillita que quiso ser archiduquesa. Las arcadas se aricaron con arenque. Me armé de arlequines y de aristócratas, también de aritméticos aburridos. Pero la ardilla apuró en animita. Se apeó de la alevosa aya y se apartó de mí. Apasionada avispa que alborotaste mi arrurrú, que el apósito apachurrado se abalance sobre tu abadía. ¡Ay, Averno!, no alojes a esta abanderizada, que yo la afano y le abatojo la ablación. ¿Abogados?, ¿ausentismo? Abrazo el absolutismo del área americana. Abrumada de mí, los abrojos se abonaron en aborto. Aliro, accede, amén de tu aceituna, y acéptame, acéitame, acérame con tu acero, y adáptame la adarga. Acuchíllame, adalid, que adolezco de armonía. Acércate sin ser alcachofa, arrímate a mi astrakán. Allons ‘anfants’ y el asunto andó, ¿o anduvo? Alegrémonos, ¿ah? , que el amor se acaba.

1 Comentarios:

Carolina miércoles, abril 11, 2007  

genial lily!
me encantó, muy original y bien pensado.

Cariños!

Carolina

Publicar un comentario

Page copy protected against web site content infringement by Copyscape CÍTAME

OJÍMETRO

http://www.wikio.es
Blogalaxia
eXTReMe Tracker
Creative Commons License Free Web Counters
Ranking de blogs

Map IP Address
Powered byIP2Location.com

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP