Cortadores del azar: Carpentier-Cortázar

Vuelta a lo mismo:
Los pasos perdidos, La isla a mediodía, y las puertas cerradas

Por Lilian Elphick


And did they get you trade your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees? Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change? And did you exchange
a walk on part in the war for a lead- role in a cage
?

Wish you were here. Pink Floyd


Desde el punto de vista de la teoría de la superrealidad [1], Los pasos perdidos[2] muestra dos espacios: el mundo moderno, la metrópoli inauténtica y mecanizada, la realidad degradada; y el mundo premoderno, el centro de América, auténtico, donde se reúnen muchos tiempos, fundacional, primigenio, la superrealidad.

  La novela plantea la pérdida de esta última instancia en cuanto el sujeto fracasa y no se puede constituir en héroe. Esta negación de la heroicidad implica la destrucción de la superrealidad. La aparición del avión y posteriores hechos implica el advenimiento de la Ironización: el héroe no resiste la tentación de volver a su tiempo, al espacio moderno. El personaje está degradado, contaminado no sólo por la metrópoli, sino por las abundantes citas a obras musicales y literarias que rondan su cabeza, obnubilándolo. También por su origen burgués, su machismo y tendencia homofóbica ( Mouche y la canadiense; Mouche y Rosario). Él no logra la unión con Rosario, la mujer pachamama ni con la superrealidad americana. Él sólo llega al umbral del mundo superreal y su estadía es fugaz y carece de sentido. Por lo tanto, según el esquema de Campbell (sintetizado en este glob), el mito de la formación del héroe no se realiza, él no logra poseer los dos mundos. El viaje no se genera como posibilidad de cambio, desde un inicio ha sido mal concebido. Es por esto que la puerta de la selva, el acceso a lo originario, se cierra para él.

Para el personaje, la superrealidad es temporal, está después de transitar reversamente todos los tiempos. El espacio americano supone un mito, y en la novela la Historia vence a lo superreal. La derrota del héroe significa que la historia incluye al mito, al contrario, por ejemplo, de la narrativa de García Márquez donde el mito es más grande que la Historia: todo el espacio americano ha sido invadido por la superrealidad.

En “La isla a mediodía”[3] el acceso a lo superreal también es fugaz, de corta permanencia. Como el personaje de Los pasos perdidos, Marini originalmente plantea su viaje por motivos que no suponen un deseo de cambio. Uno, va en busca de unos instrumentos musicales indígenas acompañado de su amante; el otro, desea ir de vacaciones. Luego, el proyecto inicial cambia, pero los dos personajes no pueden liberarse del lastre de la cultura. Como Circe, la metrópoli los seduce para que vuelvan. En ambas narraciones el avión significa la aparición de la realidad degradada. Las puertas se cierran, el mundo superreal se clausura para los citadinos. Sin embargo, el cuento de Cortázar muestra una lucha, metaforizada en el choque del hombre nuevo con el hombre viejo. La fusión de los dos Marini en la muerte produce una ambigüedad, un sentimiento de extrañeza. El sujeto ingresa a otra realidad. En este cuento, como también en “El Perseguidor”, la muerte es la ‘otra orilla’, no significa la nada occidental, al contrario, es una zona intersticial, puede emparentarse con el vacío zen, o el concepto chora, en Julia Kristeva (1974) y Derrida (1990).

En el proceso de contar la historia, Los pasos perdidos ofrece una variedad de sujetos narradores que a medida que la novela avanza van autoanulándose. El tema del doble se manifiesta en el sólo hecho de la existencia de un narrador-protagonista. En el caso de “La isla…”, la tercera persona poco a poco va cediendo la palabra al protagonista, así la narración adquiere características de monólogo. La narración, luego fragmenta los tiempos y duplica al narrador y al protagonista, tendencia muy recurrente en la cuentística cortazariana.

Ambos personajes se constituyen como a horse with no name (canción del grupo America, que también dice que in the desert you can’t remember your name…). Al menos está Rocín (antes) en el desierto florido de las letras hispanas.

******************************
[1] “La noción de superrealidad, al oponerse en el texto, a la realidad que la rodea (que se puede denominar realidad cotidiana), establece las normas del esquema de preferencias del periodo surrealista (1935-1980) de la literatura hispanoamericana. […]
La superrealidad aparece dentro de la estructura de la obra literaria hispanoamericana contemporánea como unidad lingüística que por sí misma se aísla – por oposición y diferencia, generalmente – del contexto intratextual que la rodea. Su participación es siempre estructural, es decir, está ubicada o en el nivel de la expresión, narración o discurso, o en el nivel de lo expresado, el mundo o la historia, o ya sea de ambos.
[La superrealidad] es caracterizable en general como el deber ser de la realidad o como su verdad última. Se evidencia de una diversidad de maneras, tales como sueño, locura, utopía, delirio, etc), permitiendo la definición de la superrealidad como un lugar de síntesis, anulación o contradicción, o como espacio de felicidad, de lo irracional o del saber. […]
La presencia de la superrealidad permite la realización de dos fenómenos característicos de la literatura contemporánea. El primero de ellos consiste en una ampliación de los niveles de realidad., más allá de una imagen causalista, mecánica y cientificista de la realidad, y esta ampliación se manifiesta mediante yuxtaposiciones temporales, quiebres de la identidad, aperturas de espacios mágicos, etc. Segundo, la superrealidad permite la constitución de conciencias, lenguajes, modos narrativos muy variados que configuran perspectivas míticas, poéticas, oníricas, existenciales, patológicas, sociales, etc.
[…] Siendo la superrealidad un estrato del texto, tiende a contener en su interior todos los estratos del mundo (espacio, acontecimiento, personaje).” (Jofré.1990:52-53). 

Jofré, Manuel. “Teoría y práctica de la superrealidad en la literatura latinoamericana contemporánea: Borges, Cortázar y Neruda”. 1990. Revista Logos Nº 2, Universidad de La Serena.


[2] Carpentier, Alejo. Los pasos perdidos. Viaje a la semilla. 1997. Santiago de Chile, Andrés Bello.


[3] Cortázar, Julio. “ La isla a mediodía”. En: Cuentos Completos. 1996. Buenos Aires, Alfaguara.





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