La Pe

Por Pinter y su premio, porque no fue un pobre pintor portugués, porque produjo poesía y psico-dramas pudiendo pintar paisajes, pernoctar y pulular en provincias prusianas, ser paloma en un pantanal, este pequeño proemio donde la “pe” es paradigma. No pretendo parlar del pinteresque ni de las painful plays de Pinter, su propuesta se perpetúa en París y en Putaendo, en países prefabricados y pueblos paupérrimos. Proseguiré, pues, por el periplo de Pedro, una petra philosophalum que perpetró el paseo pubiano en mi persona. Pienso en su pedazo poseyendo mi párvula petitpois, y qué pedazo, un picoroco palaciego que se paraba presto, previniendo, penetrando, peristáltico y periscopio, perrito pertinaz que persiguió mis piernas, prefiguró su proyectil pale pink y en el punteo presuroso produjo primaveras punzantes. ¿Por qué prefirió partir? ¿Por puto?, ¿por mis prietos pelos?, ¿para pringar en prados más perfectos? Su príapo poderoso podrá parapetarse en cualquier puerto, mas yo, previsora, paseé las pestañas por mi primo y sus pantalones sin pretina, pelo púa, pediculosis y piercings hasta en las papilas, y la pololita se fue a las pailas. Prima, propuso, pa' qué pololear, podríamos patiperrear. Pronto partimos a Perú que es precioso, parafraseamos a Pablo y no pintamos paredes. Me lo puso piano piano y el pajarito piccolino piaba en mis presidios prefoliados. Prensé el prematuro pistilo y el primo parecía pregustar mi prepotencia porque los párpados pregonaron y los pies pelearon por puro placer. Mi propósito principal fue ser su prelada; el pendejo prendió y se le pasó la presbicie punk. Su patria fui yo, pospuse la pornografía para postularlo a paco, pero el potrillo pateó y profirió pelotudeces. Pucha, primo, no puedes ser pordiosero, piafé, perderás en el póker, patinarás en las porquerizas; puta oh, polvoreó, 'toy pa'l pico. Peliaguda protesta. El primito se pegó un porrazo pueril y eso que es la prez de su patota. Pidió una pasantía por mis polleras y como un pollo en plenilunio ploró sus penas. Púsele una pomada y el perla pretendió mis pechos. Ponlos aquí en mi pera, piérdelos en la popa, polemizó, y yo, perra pérfida, le planté mis posaderas sin portaligas para precipitar la potestad de mis pedos. Esta práctica fue precisa. El púber preconcibió su primitiva pose y pronto fue un profesional de la profilaxis. Perfecto. El primo progresaba, de primate a prohombre, de perno a provecto. Fue psicólogo, presidente de los pobres, prestidigitador, portavoz de los presidiarios, palafrenero popular; por fin un Pinter, un Pérez Prado, menos que Picasso pero parecido a Poe, protagonista en los poemarios de Paz, proyecto de Puig, prosista y principal de la patafísica. Procedió como un prócer y fue premiado. Pero la Pelá pregonó sus puterías y le propinó palos. Pobre primo, partió al pudridero y mis postigos permanecen con pestillo. Para él este potpourrí póstumo, mientras preservo su preciado prepucio.
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"La Pe" pertenece al volumen Ojo Travieso (Santiago:Mosquito, 2007).

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