Lincéame

Lenguaje bitacoral

He meditado acerca del propósito de las bitácoras y el infinito léxico cibernético que se ha generado, creando un nuevo e híbrido lenguaje. Pulse, pinche, clique, cliquee el siguiente link o enlace. L
inkéame, mientras tanto el programa Word va cambiando estas palabras que no reconoce: linkéame por lincéame. Es más linda la palabra lincéame, que tiene que ver con linces y otros grandes gatos eróticos, provistos con zarpas que desgarran hasta el alma y otras partes ‘pudendas’ del cuerpo.

La palabra mouse o ratón es horrible: clica con el botón secundario del ratón. Draguea con el maus, copia, e inserta el botón en tu blog. Y es preferible no seguir: en la noche tendré pesadillas con un mouse alien, cuya saliva es como el ácido sulfúrico y penetra, penetra, penetra.

Las bitácoras rebosan de “barbarismos”. El más delicioso es el cambio de la q por la k: te dije ke te fueras de mi bitákora; también están las abreviaciones: salu2 o slds. Ésta última propicia un mundo avocálico. En general, se trata de una velocidad esquizofrénica de las comunicaciones, donde el post es cada vez más corto e iterativo. A nadie le interesa las grandes parrafadas ni un concienzudo análisis. Las bitácoras no fueron hechas para las notas al pie de página ni para bibliografías citadas y consultadas. La cita, la alusión, brillan por su ausencia, y la información se traspasa de un lado a otro, sin autoría, y con posibilidad de cambio y recambio gracias al cortipega o cutpaste.

Resumen: El Autor ha muerto, como Dios, Marx, y otras entelequias.

El blog o bitácora es un modo de aullar: Akí stoy, y mi vida es única e indivisible. Sin embargo, la blogósfera conforma un gigantesco y deforme diario de vida, donde el yo es idéntico a los otros yoes. Por mucha diferenciación que haya, es inevitable tropezar con los tópicos que más inquietan a la humanidad: el amor, la muerte, el poder. Aunque en las bitácoras la temática redunda en el amor y sus variaciones. La pulsión sexual (cuerpos) atrae más que un estudio sobre ontogénesis. Pulsión de la imagen duplicada, sin referente inicial, que tiende al pastiche y al plurisignificado.

El ojo va a la imagen más que a la letra: es más fácil. Los escolares ya no leen Ana Karenina para realizar la tarea que les pide el profesor; ven Ana Karenina, mientras oyen música en sus mp3. Pero como decía mi abuela: “antes se llena el ojo que el cuajo”.

Pornografía internetaria

No seamos cínic@s: tod@s hemos visto pornografía en internet. La web nos atrapa en su tela pegajosa e idiotizante, navegamos en los sargazos del semen y otros fluidos, ahogándonos con tanta boca abierta, la de las chicas que se tragan el falo monstruoso 12 inches and more; la nuestra, babosa, que intenta el sortilegio de los espejos mientras el sistema computacional cae irremisiblemente. Esta araña calentona devora machos y hembras por igual, teje su red ilimitada y mastica lentamente y con fruición la materia gris de sus víctimas. En los porno-chats es indispensable tener webcam. Yo quise chatear sin el aparatito y fui expulsada de la sala (virtual, se entiende).

Lamentablemente, el hard-core porno en internet ya no es tan duro; al contrario, es blando y barroco. No hay sorpresa en ese carnaval de cuerpos lubricados, pronto nos acostumbramos a esas imágenes, abrimos página tras página buscando otros cuerpos, otros placeres, perdiéndonos en el laberinto mentiroso de tetas, culos y lenguas de vaca.

Este voyeurismo se convierte en tristeza. Frente a la pantalla nos tocamos y no encontramos nada, nuestros órganos son pequeñas protuberancias, tan distintos a esos otros órganos hiperdesarrollados, siliconeados y encerrados en la cárcel fotográfica o del dvd. Nos tocamos, digo, gimiendo un ay bajito para que no se escuche, rápido para que no nos vea nadie. Pero nuestro reflejo queda en la pantalla del computador, enlazado a todas las imágenes explosivas, delirantes y repetidas. Queda como un enlace más del anti erotismo. Vínculo de la ausencia: lloremos a Baudrillard.

Cliché

Todas las mujeres quisiéramos una gran patria que nos dejara mirando al sudeste, todas ensoñamos a Pete el Negro, ese personaje de nuestras revistas de infancia. En la maldad está el placer, en el racismo oculto. Sí, que venga Pete el Negro y nos parta en dos con su verga monumental y negra como la noche, morada de negra, pulsante de venas azules, y gritemos ándale, ándale, ándale, arriando así la fantasía del mástil delincuente. Pero la historieta ya desapareció, junto con Sussy, secretos del corazón y El Pingüino. ¿Dónde están nuestros referentes?, ¿tendremos que conformarnos con el hard-core porno?, ¿seguir zozobrando en ese concierto de orgasmos mudos, por tanto hoyo desencarnado por la misma carne?

Por este y otros motivos, por favor, lincéame.

5 Comentarios:

Anónimo,  martes, junio 26, 2007  

Ay, eres tan sensual que me da casi miedo conocerte. Este artículo está muy bueno, y el de Marcuse, mejor. Pensé que eras feminista, pero en realidad eres fascinante.

L.A.M.

Pentapolina martes, junio 26, 2007  

haha =)
Está bien entrete el artículo, me gustó mucho.
Realmente la web es como una telaraña que te atrapa.

Cariños Lili

Carolina

Lili martes, junio 26, 2007  

Gracias, anónimo y Carolina.
Abrazos, L.

richard_musa,  miércoles, enero 30, 2008  

holas :-) Min nombre es Richard, la pagina está rewalmente fascinantre. :-D

Abol jueves, enero 31, 2008  

Gracias, richard.
Un abrazo, L.

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