Guatimozín

Guatimozín [1](1846), de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873).

Avellaneda usa los modelos de Walter Scott, Chateaubriand, Larra y Espronceda para escribir Guatimozín, último emperador de México. Sus fuentes son las cartas-relaciones de H. Cortés, Bernal Díaz del Castillo, abate Clavijero y otros. Lo más probable es que la autora haya leído Xicoténcatl (1826) atribuida a José María Heredia, escritor cubano-venezolano. Guatimozín –obra de ficción- se inserta en las preferencias literarias del Siglo XIX: relaciona el discurso histórico y el discurso novelesco donde se recrea el pasado. La historia es fuente de energía dramática para dar vida a la ficción, por esto la literatura se apropia del material histórico creando la Novela Histórica. Es interesante leer en el Apéndice de la novela la nota 1:

“Una novela histórica no es exactamente historia, sino algo parecido a la historia, donde los cambios operados en relación con la realidad son válidos siempre que no desvirtúen lo esencial.” (Avellaneda.1979:443).

La prosa de Avellaneda tiene una estructura episódica; el discurso es altisonante, pomposo, emotivo, sentimental, hiperbólico, propio de la época decimonónica. A pesar de que la autora narra la entrada de Cortés a México, con las fatales consecuencias que todos conocemos, su discurso es armónico, el mundo es explicado por otro dominio conceptual. Cortés viene como ‘embajador’, no como invasor o guerrero; el vocabulario utilizado proviene de la realeza europea: Los indios son príncipes, reyes, monarcas, que viven en la ‘corte’; las uniones entre indios tienen características del matrimonio occidental: los casa un sacerdote, en un templo; es “un feliz himeneo” (p.73). En suma, Avellaneda representa al indio utilizando el modelo burgués europeo.


Esto es fundamental para entender la fractura doble vincular de la novela. La autora rescata las fórmulas utilizadas en las cartas-relaciones, que para dar inteligibilidad a lo nuevo lo comparan con lo europeo u oriental (árabe). Tenochtitlán es semejante a la “antigua reina del Adriático” (Venecia), “…las cúpulas de sus innumerables templos…” (P.48), “los sacerdotes…vestidos con anchas túnicas negras, …airosos mantos, parecidos en la forma a los albornoces morunos.” (p.49). (Mi negrita).

Los retratos de Moctezuma y Cortés están construidos en paralelo y funcionan como un espejo: “La entrevista de Moctezuma con Hernán Cortés fue sostenida bajo un aspecto de perfecta igualdad” (p.49), dice la narradora que posteriormente evaluará lo histórico: “Nos aprovecharemos de él [Moctezuma] para manifestar al lector el origen que suponemos a todas aquellas notables profecías, de las que se muestran maravillados los historiadores españoles, exagerándolas y desfigurándolas a su placer”. (p.55).

El mundo mexicano está estructurado y organizado en torno a la figura de la república, del pueblo y su problemática, la tiranía y la obediencia. La oposición bárbaro-civilizado es ambigua, contradictoria. Moctezuma- bárbaro- es capaz de construir un imperio muy sofisticado [aquí la autora adopta el punto de vista del español]. Su sistema penal castiga delitos como “el robo sin necesidad probada, rebelión o desacato al emperador,…el adulterio, el asesinato y la embriaguez repetida.” (p.93). Este sistema es muy similar al europeo, como lo constata Cortés, aunque no existan leyes escritas.
[2]

La representación de Moctezuma se basa en un cruce de ciertos elementos religiosos, culturales y populares europeos. La inserción de un juglar o bufón (“mi ingenioso loco”. p.71) en la corte que cumple una función oracular se emparenta con el rey Lear de Shakespeare, pero también con Julio César que habiendo entrado victorioso a Roma, coronado de laureles, tiene un vasallo que le va diciendo verdades amargas: “Recuerda que eres mortal”. El loco de Moctezuma le dice. “Principia por vencer tu vanidad”. (p.71).

En la descripción del entorno, las costumbres y fiestas propias del universo indio, Avellaneda utiliza las figuras de la abundancia, lo maravilloso. Amplifica y rellena el tópico de lo inexpresado: “trescientos empleados (p.67), trescientos jóvenes (p.68), trescientos platos (p.69).

Tenochtitlan viene a sintetizar el deseo de la cultura europea de orden, belleza y progreso para sus ciudades: “estatuas de mármol”.…,“el palacio del pontífice, el gran seminario de nobles, un colegio o monasterio de sacerdotes…” (p.66). Las glorias a México y a Moctezuma tienen un carácter cósmico y universal, pero también están revestidas del exabrupto y el alarde, que significan una intención irónica, dada la victoria final del español y la destrucción del mundo mexicano.
En síntesis, Avellaneda reconstruye esta parte de la historia de México apoyándose en el imaginario europeo. Sus métodos de descripción y comparación se inscriben en la recombinación y en el remedo: persisten los elementos de orientalización, ligados al exotismo imperial; el universo político y la instauración del poder son cartesianos; las coloridas descripciones apuntan a la creación de un universo americano y de una identidad, a la búsqueda de un mito y de una utopía. Sin embargo, la autora, a pesar de lo que dice en el Apéndice, desvirtúa lo esencial: la imagen del indio.

[1] Gómez de Avellaneda, Gertrudis. Guatimozín.1979. La Habana,Cuba, Letras Cubanas.
[2] Con respecto a la “ciudad ordenada”, Rama señala que: [La] palabra escrita viviría en América como la única valedera, en oposición a la palabra hablada que pertenecía al reino de lo inseguro y lo precario.” Para Rama la palabra escrita pertenece al discurso ordenado. Ángel Rama. La ciudad letrada. 2004. Santiago de Chile, Tajamar. Pg.43.

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