Nadar a oscuras, de Beatriz García-Huidobro

La memoria es el texto inevitable
Por Javier Edwards R.

La última novela de Beatriz García-Huidobro, Nadar a oscuras, se abre con un poema de Kavafis, "La Ciudad", que marca la impronta de este un texto en el que cada frase arrastra un universo de significados capaces de conducir al lector a las zonas más recónditas de los signos que definen lo humano. "Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares. La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo y en las mismas casas encanecerás", escribe el poeta griego y es, también, de lo que habla esta novela, de lo que somos, lo que nos identifica y construye. Es un texto que, bien leído, debiera producir una intensa inquietud, de esas que llevan a pensar al lector sobre el propio yo y sus circunstancias, sobre la consecuencia de los actos y los hechos, del cómo cada cosa se suma y se instala en la vida, sin vuelta, sin remedio.

Esta es la historia de dos mujeres: Bruna y Adela, la niña y la vieja, presente y pasado, también dos memorias que se encuentran y conjugan en una ciudad chilena, en algún lugar cuya ubicación geográfica es insinuada, aunque se deja claramente establecido que ha cambiado, sufriendo el deterioro de un progreso enrarecido, contaminado. Pero, Nadar a oscuras también es la historia de lo femenino, de la forma en que se instala como testigo, como narrador e intérprete de la realidad, entendida ésta como la ocurrencia del hecho individual o colectivo, existencial o esencial. La vida y la muerte, en las dos puntas de lo posible; la iniciación sexual y el envejecimiento; el progreso económico y la destrucción del entorno; la esperanza y su inexorable estrellarse contra la realidad, son algunos de los elementos que se agitan al interior de este relato.

La escritura de Beatriz García-Huidobro, en este y otros de sus relatos, puede no resultar cómoda a quienes van en pos de textos amables y divertidos, lecturas fáciles para vacaciones. Aquí uno se topa con esa literatura que hace del lenguaje un campo de batalla, en la que se usa la estructura del relato y la combinatoria de mensaje y silencio, como el espacio en el que narrador y lector se encuentran en una exploración de significados posibles, con la obligación de pensar lo que subyace, lo que duele, lo que no funciona o lo hace de un modo distinto. Se trata de nadar a oscuras -como lo anuncia el título-, de pasar la prueba, aunque cueste, porque al otro lado al menos queda la sensación de haber entendido, si no todo, algo más, lo que tenemos enfrente de los ojos.

Rigor, exigencia, pero también belleza de lenguaje. García-Huidobro construye imágenes potentes: "La vieja dice:-Cierro los ojos y veo a mis muertos. Son jóvenes y hermosos y no saben que van a morir". Imposible no pensar en todas las aristas de ese cerrar de ojos que rememora desenmascarando la ingenuidad que se descubre cuando ya es tarde: algo que pasa a los individuos y a las sociedades, a las personas y los países, a las familias y las ciudades.

Breve e intenso este libro de Beatriz García-Huidobro, a quien, junto a escritoras de la talla de Diamela Eltit, Lina Meruane o Lilian Elphick, debemos agradecer el constituir nuestra más potente vanguardia narrativa femenina y escribir desde la inteligencia que indaga, explora y anticipa.

NADAR A OSCURAS
Beatriz García-Huidobro
Lom, Santiago, 2007, 116 páginas, $4.900.
NOVELA

En:
Revista de Libros de El Mercurio

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