El microcuento:un profundo abismo

A María Isabel, Paqui, Luisa, Sandra, Aleja, Sonia, Pía, Gabriela, Susana, y a todas las cuenteras y cuenteros que creen en la magia de la palabra.
***
Mi próximo libro de microcuentos se titulará Abismos habituales, y allí hay varios textos que se cuestionan acerca de la escritura y de la lectura. Como dice Luisa Valenzuela: el escribir no es exorcismo o catarsis, es más bien una confrontación con los abismos.[1] Un texto brevísimo debe ser un abismo, un despeñadero iluminado por la palabra, un golpe tremendo para el lector, más fuerte que el famoso knock-out de Cortázar cuando se refería al cuento. Y ese abismo que es el microrrelato debe ser ancho y profundo, para que el lector o lectora introduzca sus manos, su cabeza, y toque, mire y huela otras historias que nacen, quiebran su cáscara y se abren como puertas mágicas. Historias que hablan de una historia: los relatos enmarcados que se agarran la cola, al modo de los elefantes. O historias que no dicen nada de tan clásicas que son: Ella fue al edificio de correos a dejarle una carta. Ella escupió tinta. Ella creyó que… O historias donde la venganza se traduce en otros relatos, de otras personas, donde suceden hechos similares. O historias de la espera donde uno de los dos se entrega amordazado al misterio de nunca saber.

Lo que quiero decir con estos ejemplos es que una de las características del microcuento es la intertextualidad, el hecho de reelaborar una historia a través de la sátira, la parodia, la alusión o la ironía. Este montaje implica, claro está, una trasgresión, y significa aumentar el caudal imaginativo de la historia original. Por ejemplo, en el “Decálogo del escritor” de Monterroso, incluido en su libro Lo demás es silencio (1978), se reconoce la referencia metatextual del Decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga (1925), y la referencia architextual de los doce mandamientos de la Ley de Dios.
[2] A toda esta fábrica de intertextualidades se suman “Los diez mandamientos del escritor”, microcuento del uruguayo Fernando Aínsa.[3]

Personalmente, algunos de mis textos aluden al Quijote, Chuang Tzu, historias bíblicas, mitológicas y, por supuesto, a Monterroso, gran cultor del microcuento. Sin ir más lejos, El dinosaurio ha suscitado innumerables versiones, desatando así una fiebre dinosáurica en todos los rincones del planeta. Es una reacción en cadena literaria, comunicativa y muy lúdica. Recuerdo el Congreso en Puerto Montt, del año 2005, donde varios de nosotros nos enviábamos nuevas historias del dinosaurio a través de los mensajes de texto de los teléfonos celulares.

Entrar en los terrenos del microcuento es hundirse en arenas movedizas de varios espesores, porque si definir el género cuento ha generado infinitos ensayos y acaloradas discusiones, el microcuento ostenta una hibridez tal, que hace tambalear cualquier posible definición. Se lo emparenta con el haikú, con la poesía, y con varias de las llamadas formas simples (el caso, el chiste, el cuento de hadas). Creo que aún no hay consenso de si el microcuento es un género independiente o es un subgénero del cuento. Lo cierto es que esta breve narrativa crece y se expande, nos seduce con sus cantos de sirena y nos atrapa como una araña con su presa. Y a pesar de su calidad marginal- frente a los géneros mayores canonizados-, se auto-sostiene.

A mí me fascina esta pequeñez porque significa un desafío. Dicen que el perfume bueno viene en envase chico, pero el veneno también. Y esta fascinación radica también en el horror de no saber elegir la justa palabra, el preciso título, a resbalarse en los barriales de la repetición, de la cacofonía, y a terminar envenenada por el exceso.

No me preocupa el número de palabras, pero sí sé que escribir un microcuento puede compararse al trabajo de un relojero: cada pieza debe estar bien montada para que el reloj funcione. Sin embargo, el minirrelato, al contrario de lo que cualquiera espera de un reloj, va contra el tiempo, ésa es su misión. El tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. No puedo hacer otra cosa que citar parte de las Instrucciones para dar cuerda al reloj, de Cortázar, un microcuento por donde lo miren.

Y de los relojes pasamos a una montaña de hielo. Hemingway habló de la teoría del iceberg, donde lo más importante nunca se cuenta y donde también se generan dos o más historias. Pues bien, la omisión es ultra necesaria para el microcuento, porque de ella estallarán otros significados. El siguiente texto de Hemingway: For sale: baby shoes never worn (Vendo: zapatos de bebé, sin usar), provoca en el lector una serie de preguntas. La segunda historia, la más profunda, la arma el lector, la que está oculta en su propio abismo.

Para finalizar, quiero decir que yo también me tenté con la utilización de los anuncios clasificados, adecuándolos al sistema literario, y subvirtiéndolos. Es así como escribí el texto “Viaje”: Por viaje, regalo mi silencio y una maleta casi nueva. Y “Aviso de extravío”:
“Así que voy a hacer lo que creo mejor…”
Nota de Virginia Woolf


He perdido mi imagen, la palabra, ese amor feble y fugaz; he perdido lo que nunca perdí: la sombra y la luz. También se han extraviado algunos granos de arena que guardaba en mis zapatos.
A quien los encuentre, por favor, no los devuelva.


***
Poética leída en el contexto del Encuentro de Minificción “Sea breve, por favor”; 1-4 de agosto del 2007.

[1] Valenzuela, Luisa. Peligrosas palabras. Temas Grupo Editorial: Buenos Aires, 2001.
[2] Datos extraídos del ensayo de Fernando Golvano, “Menos es más (Notas sobre la poética de Monterroso)”. En: Escritos disconformes. Nuevos modelos de lecturas. 2004. Francisca Noguerol Editora. Ediciones de la Universidad de Salamanca.
[3] Los diez mandamientos del escritor:
1.-Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas.
2.- No mencionarás el nombre de Borges en vano.
3.- Seis días descansarás y uno escribirás.
4.- Te inventarás tu propia filiación literaria.
5.- Si cometes parricidio generacional, será con pudor y disimulo.
6.- No seducirás a la poetisa en busca de prólogo.
7.- No robarás las metáforas del poeta inédito.
8.- No llamarás palimpsesto intertextual a la simple copia banal.
9.- No desearás el éxito de ventas del prójimo escritor.
10.- No eliminarás las comillas de las citas ajenas.

4 Comentarios:

Demian miércoles, agosto 08, 2007  

Ahora ultimo amigos mios se me acercan y me pregunta: ¿que es micro-cuento neto, eso que tu escribes?

y yo les digo; es el big-bang; una explosión, una lectura, un golpe, una destrucción de vitrinas, algo tan rapido y fuerte que no puedes censurar, solo sentir.

Vamos es algo así como tirarse al abismo y ver.

:) te mandare todas mis cosiacas para que publiques; estoy participando en santiago 100 palabras, ojala pase algo interesante.

Besos

Lili miércoles, agosto 08, 2007  

Es cierto, Neto, el microcuento es como el big bang de las narrativas. Vamos muy bien, y debes perseverar, siempre perseverar el verso perverso.
Besos breves; versos bravos,
L.

Camilo,  martes, agosto 21, 2007  

El genero de microcuentos es tan poco conocido como apacionante. No solo por la complejidad de construir ideas en solo seis palabras, sino ademas porque permite al lector ejercitar esa descuidada capacidad, la imaginacion. Los invito a ver un blog exclusivamente dedicado a los microcuentos de 6 palabras. www.sigoesperandolallegadadelidiota.blogspot.com

Lili jueves, agosto 23, 2007  

Gracias por el dato, Camilo. Visitaré el sitio.
Saludos, L.

Publicar un comentario

Page copy protected against web site content infringement by Copyscape CÍTAME

OJÍMETRO

http://www.wikio.es
Blogalaxia
eXTReMe Tracker
Creative Commons License Free Web Counters
Ranking de blogs

Map IP Address
Powered byIP2Location.com

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP