Así habló el Ojo

Juan Bautista: No quiero más nombres, no me rebautices que estoy lejos de ser un enfant terrible, porque no soy enfant ni terrible; infernal sí, a veces. No soy icononauta, pero me gusta navegar de placer en placer. La escritura es uno de ellos. Y también un dolor enorme. Tú que escribes sabrás cómo ese dolor se aposenta en tus manos, y es el alacrán que siempre quisimos tener en un jarro de vidrio para abrirle la tapa a medianoche.

Debes conocer el cuento del alacrán y el sapo. El alacrán le pide al sapo que lo cruce a la otra orilla del río, lago, laguna, lo que sea. El sapo, nervioso, contesta que tiene miedo, que él lo morderá. No, replica el alacrán, te prometo que no lo haré. Entonces, confiado, el sapo cruza el río. En la parte más profunda, el alacrán clava su punzón venenoso en la espalda del sapo. Antes que los dos se hundan, el alacrán dice: Está en mi naturaleza.

Está en mi naturaleza escribir y aguijonearme a mí misma. Vaya a saber por qué elegí ser escritora cuando podría haber sido cantante de jazz. Pero escribo y no puedo arrancar del destino que yo misma me impuse: pulsión, obsesión, descentramiento. Porque no quiero estar al centro, siempre querría estar colgando del abismo, o en el hueco existencial que Cortázar llamó el intersticio, la zona “entre”. Un atopos. Y a veces voy de compras al mercado y los pimentones rojos, naranjos y amarillos me encantan y compro muchos para hacer una peperonatta, con ajo y aceite de oliva. Porque no se trata de ser LA ESCRITORA, sino la escribiente, la que juega, la que muere el día menos pensado. Y el mundo sigue girando en su rueda oxidada.

No, Juan, no creo en lo políticamente correcto, te lo dice alguien que es incorrecta, que a los trece años expulsaron del colegio, y a los veinte, de la universidad. Y ahora, me expulso de mi propia vida: escribiendo. La narradora de Ojo Travieso no soy yo, es un personaje que inventé. No hay que confundir autora con narradora. Y quien escribe estas líneas es la narradora y la autora, que por un momento se han unido para hacer más fáciles las cosas.

Y yendo a los halagos déjame decirte que Máquina de coser palabras es una bitácora fuerte, no se la lleva el viento. Cada texto que hay ahí me hace ir más profundo a la extrañeza, a la sorpresa, a la emoción. La verdadera realidad, que es libre, con un ojo diseccionado.

“El saber -como expresó Foucault- no ha sido hecho para comprender, ha sido hecho para hacer tajos.”

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