Diez breves puntos sobre el microrrelato

Por Luisa Valenzuela


1 - Los microrrelatos, piezas de algún rompecabezas oculto, se bastan a sí mismas. Ofician de instrumentos de reflexión que, como en la vieja cancioncita infantil, abrirán las puertas para ir a jugar. Son herramientas de precisión, o trampas, para cazar vivo al desconocido ángel o demonio – o mejor demonioángel- que dormita en algún repliegue de nuestra in/conciencia. La muy literaria.
Son el reconocimiento de ese algo que palpita en un recóndito rincón de la mente donde se ha ido formando un semillero de textos. O quizá lo que se ha ido formando es el equivalente a una de esas fosas donde los jardineros echan los restos de comida para fabricar abono: maloliente pudridero donde relegamos ciertas puntuales ideas para que fermenten con el tiempo y se conviertan en fertilizante. De tamaño nutriente nacen a veces, casi por generación espontánea, estas diminutas perlas que a veces son de espanto. “Un cuentista eficaz puede escribir relatos literariamente válidos, pero si alguna vez ha pasado por la experiencia de librarse de un cuento como quien se quita de encima una alimaña, sabrá de la diferencia que hay entre posesión y cocina literaria”, escribió Cortázar, gran maestro, en un ensayo seminal titulado “Del cuento corto y sus alrededores”.
2 - Microrrelato. Es éste un término que prefiero al de microcuento, porque el cuento –por el cual tengo un respeto casi sagrado-- se arma atendiendo leyes secretas, múltiples y variables pero estrictas, que le confieren una identidad insustituible. En cambio la palabra relato me parece más laxa y permisiva, aunque podría tratarse de una connotación personal. Pero de eso está hecho el lenguaje, de connotaciones e interpretaciones: he aquí su riqueza y también su posibilidad de traición. Arma blanca, el lenguaje, nunca inocente como bien señala Juan Goytisolo; razón por la cual quienes escribimos nos complacemos en sacarle el mayor filo posible.
Un microrrelato es algo que se puede sostener en la palma de la mano y tiene vida propia. Vida propia aunque sólo conste de tres líneas, porque gracias a la sabia combinatoria de palabras y las múltiples sugerencias que ésta despierta, en tres líneas pueden abrirse infinidad de mundos superpuestos.
Un cuento puede salvarnos la vida, o al menos hacernos cambiar de punto de vista, cosa que puede llegar a ser una bendición porque sabemos que todo depende del color del cristal, etc. Además, un cuento breve nos permite acceder a una epifanía en los breves minutos de una espera, ya sea del autobús o del verdugo.
Usando el microrrelato de vehículo podemos acercarnos fugazmente a aquello que Paul Ricoeur (Del texto a la acción) llama “el enigma de la creatividad”, y dar un paseo exploratorio por la escritura ficcional, entendiendo, según insiste Ricoeur, que “ficción es fingere, y fingere es hacer. El mundo de la ficción, en fase de suspenso, no es más que el mundo del texto, una proyección del texto como mundo”.

1 Comentarios:

LuchinG jueves, febrero 14, 2008  

http://www.elcuentodelas6palabras.blogspot.com/

Saludos

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