Gallus gallus, por J. Yanes

En el internado, el día que comíamos carne de gallina era como una fiesta. Corría la noticia por todos lados, y aquellos escuálidos seres, candidatos a tísicos, nos volvíamos locos de contento: “mañana, gallina en pepitoria”, “mañana, gallina en pepitoria”, decíamos los rapaces de ojos acromegálicos y tristes que nunca le vimos la pepitoria a la famosa gallina.

Pero si había gallina eso quería decir que, muy de mañana, el grupo de internos al que le tocaba semana de limpieza en los gallineros, tenían que empezar a degollar las trescientas o cuatrocientas gallinas, para que tuvieran tiempo después los cocineros de prepararlas y darnos de comer a la tropa de mil almas que sobrevivíamos en aquel antro. La organización y rotación de las cuadrillas estaba a cargo de uno que nos daba latín, que llamábamos, el "Cojito" ergo sum, porque era cojo y le gustaba dar la murga con los latinajos.

Trescientas o cuatrocientas hermosas gallinas de color blanco y pico acerado, no se matan así como así. Hay que matarlas de una en una. Y si la cuadrilla es de cuatro, pues ya sabes, tienes que degollar un centenar. El rito inmolatorio era, más o menos, así: Primero se les corta el cogote, para lo cual tienes que cogerlas, con mucha maña, por la cabeza con un movimiento preciso de la mano izquierda –si eres diestro, y al revés si eres zocato-, y de un golpe meterte el cuerpo de la gallina debajo del sobaco izquierdo. Sostenerla firmemente agarrada para que quede inmóvil, tirar del cuello y doblar la muñeca que agarra la cabeza, hacia el suelo. Entonces, con la mano del cuchillo, cortas de un tajo el cogote, de abajo hacia arriba y de dentro hacia afuera. Nunca al revés, que te sajas.

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5 Comentarios:

Jesús,  miércoles, noviembre 07, 2007  

Gran relato. Pero se perdió lo más interesante, que no es matar la gallina sino desplumarla. Es una de las primeras cosas que aprendí de niño: en la división del trabajo, conviene apuntarse a cazar o a cortar cuellos. Es mucho menos aburrido que limpiar, desollar, trocear. Y al final, todos comen lo mismo...

Un gran beso,
Jesús

Ego sum miércoles, noviembre 07, 2007  

Este relato también me recordó mucho mi infancia, cuando en casa se mataban gallinas. Y después de desplumada, pasaban al bicho por el fuego.Ese olor tan característico a pelo quemado aún navega en mi memoria (olfativa).

Ego sum miércoles, noviembre 07, 2007  

Quise decir pluma, no pelo. Y ahora que recuerdo con los interiores y el cogote se hacía una sopa... que yo, por supuesto, odiaba. El olor..., el olor...

Jesús,  viernes, noviembre 09, 2007  

Sí, el olor a pluma quemada es muy particular. Yo también lo tengo grabado, pero me trae buenos recuerdos: el fuego, las viejas sartenes de hierro, esas cosas. A diferencia de la matanza, espectáculo nada nada recomendable para menores de edad...

Besos (todavía griposos)

Ego sum viernes, noviembre 09, 2007  

Exacto. Yo asistí a la matanza de un chancho (cerdo). Tendría unos 6 años. Cerré lo ojos, pero oí los chillidos del animal. Horribles. Luego me ofrecieron la sangre tibia en un tazón de madera. Corrí a perderme...
He aprendido a comer muchas cosas siniestras, pero no puedo tragar callos, tripas en general, morcillas.
En Colombia comí boa y tiburón. Y en Chile todos los mariscos han pasado por mis dientes..., regados con un buen vino.

Comer cresta de gallo con mucho ajo hace bien para la gripe. Dicen.

Cariños.

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