Dánae

Tengo una cita. Miro por la ventana, esperándolo. No quiso decirme su nombre verdadero. Llámame Zeus, escribió. Y Zeus tarda en llegar. Un momento. Ahí está de espaldas, frente a un árbol. ¿Qué hace? ¡Dioses del Olimpo! Me escondo, ruborizada. Lo mejor es que no me encuentre. Huyo por la puerta trasera y salgo corriendo al patio. Resbalo. Caigo sentada arriba de la poza fétida que él ha dejado. Viene hacia mí. Klimt, para servirla. Sonríe con el pincel en la mano, y comienza a pintar una lluvia dorada.
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3 Comentarios:

J.Yanes jyanes@ull.es martes, junio 10, 2008  

Jo, qué mala suerte. Pero por lo menos te queda el consuelo de haber quedado inmortalizada por don Gustavo. Vente a casa y te tomas un café, café, café. Pocos son los pueblos que se merecen la tragedia, Danae. Besos. JUAN

Abol martes, junio 10, 2008  

Café. Hmmm. Es unos de los aromas que más me gustan. Como siempre, tu texto muy bueno, Karischen von Cofee.
Saludos, Iza. Estoy esperando que tu ballena azul comience a nadar.

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