Lo que el viento no se llevó


Érase una vez una historia de amor tan dulce que las palabras se derretían ante los ojos de las lectoras ávidas de libaciones y ovulaciones. Y como el verbo inicial lo indica, la historia ya está sepultada bajo duras capas de pasado esplendor. Dato importante: fui yo la protagonista; el príncipe, un ser hermoso, diplomático y viajero, propuso que nos reuniéramos en un lugar lejano del bullicio y de los celos. Podría ser una isla griega donde la salvia crece agreste y las puestas de sol son las más bellas del planeta. El príncipe decidió que nuestro amor se sellaría en Xiros, una de las islas más pequeñas del archipiélago de las Cyclades. Allí te esperaré, amada, mi…, y ya no supo qué decir porque la emoción embargaba su epiglotis.


Qué me han dicho. Abrí los cajones y lancé ropa a la cama: solera para la playa, shorts para el paseo cerro arriba, para la noche nada, sólo un simple collar de perlas y perfume detrás de las orejas e inicio del pecho. Además jugué con toda la lencería que poseo. El sostén negro se veía mejor que el rojo, muy de perra necesitada. El negro, en cambio, hacía elegantes mis tetas, que se erguían misteriosas como dos magias. Tanto me miré en el espejo ensayando los posibles bailes que terminé mojando un dedo con mi saliva y acaricié esos pezones que pronto brotaron al contacto tibio de la soledad.



Llegué a Atenas muy cansada. Busqué un hotel para pasar la noche y pregunté por el horario de los barcos que salían a Xiros. Esa isla no existe, madame, dijo el gerente, pero puede ir a Ios, le va a encantar y podrá practicar katharsis. Pero yo estaba dispuesta a llegar a Xiros, existiera o no. Cerré los ojos y me dije: Esto no me puede pasar a mí. Salí a la calle y un hombre buen mozo, que se presentó como Marini, me ofreció llevarme a la isla en un bote. Será un viaje largo, agregó pausadamente. Y extraño; va a sentir que traspasa un límite, un vidrio, una ventana. Marini estaba más loco que una cabra, pero igual le coqueteé todo el viaje, cruzando y descruzando mis piernas estilo Sharon Stone. Al fin llegamos. Marini se despidió con la mano y apenas pisé la arena traspasé el umbral. El príncipe conversaba con unos pescadores que comían kalamari y bebían ouzo. Corrimos a encontrarnos.


Nos abrazamos y su beso fue miel para mis labios sedientos y partidos. Lo que empezó como una suave brisa pronto se convirtió en vendaval. Me llegó arena a los ojos y cuando terminaba de sobármelos, él ya no estaba. A lo lejos divisé a Marini haciéndome señas para que volviera con él antes de que el umbral se cerrara. Supo consolarme arriba del bote, justo a mediodía. ¿Creerás que fui un personaje de cuento?, comentó Marini, señalando un avión que caía al mar irremediablemente.


***
N. de la A.: "Lo que el viento no se llevó" está basado y es un homenaje al cuento "La isla a mediodía", de Julio Cortázar.



4 Comentarios:

Robert Mallishios domingo, junio 08, 2008  
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Carmen López Iglesias PATENTE (Soplo y Caen Todas las Mascaritas) lunes, junio 09, 2008  

Lilian me perdonarás por haber utilizado de pretexto para mi propia palabra estas precisas preciosas tuyas, final de las mismas. Lo hice en otro de los tantos blogs por los que me desperdigo llamado "Sexo del alma"

Dédalus lunes, junio 09, 2008  

Eres una deliciosa fuente de pura magia y lo que cuentas discurre, según te leo, como un cauce de imágenes agradables y cantarinas que me mueve a soñar ese sueño de amor dulce y, como poco, a sonreír...
Por eso regreso cada tanto, y todo lo que escribes lo leo. Pero para comentar no tengo el tiempo que preciso, de modo que abro una ventanita y te dejo la huella. Como hoy: Casi siempre cuatro palabras y un beso.

Buenas noches, sultana.

Abol lunes, junio 09, 2008  

Carmen, ocupa lo que quieras, para eso está el Ojo. Abrazos.
Mr. Stephen, I put the rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another and then I asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would I yes to say yes
Molly in the sky with diamonds.

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