Carta del Jefe Seattle


Nota

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Washington. A cambio, promete crear una "reservación" para el pueblo indígena. El jefe Seattle responde en 1855.

El Gran Jefe Blanco de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Washington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Imagen: Toknovije, niña hualapai. Foto de Edward Curtis, tomada en 1907.

En: NYPL Digital Gallery (Biblioteca Pública de Nueva York)

Vía: Jorge Letralia

4 Comentarios:

Alejandro Gelaz,  domingo, julio 20, 2008  

Comparando las fotos de la sublime autora del blog y de la niña hualapai, no puedo dejar de encontrar coincidencias. Es el gesto el que encuentro sincrónico. Puede que sea el gesto de conocer profundamente a lo que uno pertenece. Pero cambiando el tema.
Quiero decir que el último exabrupto contra los hualapais es la construcción de la famosa plataforma de cristal en el Cañón del Colorado, para que los turistas flipen y morboseen con el vértigo en su territorio. Ésta nube de vidrio rompe con la tradición, en opinión de muchos de los indios de esta tribu. Hay que tener cuidado pues no sé si sus dioses no se encolerizarán con tal emprendimiento y con los ávidos de sensaciones que por ella se paseen. Poderoso caballero es don dinero. Hubo mucha sangre derramada para que ahora el territorio se convierta en un paquete turístico para experimentar sensaciones de tres al cuarto.

Abol domingo, julio 20, 2008  

Tienes toda la razón. Me prendé de la mirada de la niña hualapai. Qué tristeza más infinita hay en sus ojos. De las muchas fotos que hay en el sitio, la elegí a ella. O ella me eligió a mí.
Para escribir un cuento, o definitivamente para llorar despacio, sin que te escuchen los árboles.
Un abrazo, L.

Frac miércoles, julio 23, 2008  

Preciosa respuesta del jefe Seattle, tan válida hoy como entonces, y aún en el futuro.
En las escuelas deberían enseñar a comprender el significado de estas palabras, sencillas y claras. También, a mirar el paisaje a travñes de los ojos de una niña hualapai y su mirada de pertenencia a lo natural.

Un abrazo y felicitaciones por tus textos. He paseado por tus varios ojos traviesos
.

Abol jueves, julio 24, 2008  

La carta del jefe Seattle es una de lás bellas, en un ámbito que va más allá del ecologismo. Como dices tú, fue escrita pensando en el futuro.
Un abrazo, Frac.

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