Los antiguos ritos de la comedia (I)

Por Wylie Sypher



En realidad, para interpretar las complicaciones y contradicciones de la comedia, tenemos que volver nuestra mirada al pasado remoto, hasta Aristóteles y los griegos; porque los significados de la comedia se originan en la antigüedad tribal, y tanto Bergson como Meredith refinan este pasado de la comedia hasta hacerlo casi irreconocible; pasado que, curiosamente, reaparece otra vez en James, Kafka y “nosotros los modernos.”

 La noción de que existe afinidad entre la tragedia y la comedia no les resultaría extraña a los griegos: sabemos que no a Sócrates, porque lo que sucede en El simposio, un diálogo muy dramático en el que Platón reúne en la discusión al comediógrafo Aristófanes, al tragediógrafo Agatón, y junto con ellos a Sócrates cara-de-sátiro, ese payaso filosófico, una figura que se instala en el centro mismo de los problemas más relevantes de la comedia. 
En el curso de este largo diálogo nocturno el aspecto de Sócrates es descrito por Alcibíades como “exactamente igual a las máscaras de Sileno.” Se vuelve hacia Sócrates y pregunta: “No negarás que tu rostro se parece al de un sátiro. Y el parecido también abarca otros aspectos. Por ejemplo, eres un matón.” Pese a lo cual, Sócrates avergüenza al escandaloso Alcibíades por sus fechorías. Alcibíades se queja: “La humanidad no significa nada para él; se lo pasa toda la vida burlándose de ella y escarneciéndola.” Este Sócrates, que parece la caricatura de un hombre, es la persona que, sola, es capaz de hacer que los atenienses se preocupen de sus almas; sus palabras “asombran y se apoderan del alma de todos los hombres.” Platón cuenta que al amanecer sólo Aristófanes y Agatón permanecen despiertos para escuchar a Sócrates que insiste en que cualquiera que pueda escribir tragedia puede escribir también comedia, porque la técnica (tekhné) para escribir comedia es la misma que para escribir tragedia. Seguramente Sócrates, comediante y mártir (1), ridiculizador y moralista, era la persona más apropiada para sostener esta idea, que ha alcanzado renovada resonancia ahora que los antropólogos sociales han descubierto lo que Aristóteles ya sabía –que la comedia es el rito original; un rito transformado en arte. Según la expresión de F. M. Cornford, la comedia es “un escenario para el sacrificio y la fiesta.”(2) Aristóteles insinuó lo mismo en la Poética al afirmar que en los comienzos tanto la tragedia como la comedia fueron improvisaciones, una surgiendo de los ditirambos y la otra de los cantos fálicos “aún en uso en rituales de muchas de nuestras ciudades.” Luego de que estas improvisaciones hubieron evolucionado por diferentes caminos, cada una encontró su “forma natural,”representando los autores cómicos a los hombres “peores de lo que son”, los autores trágicos a los “mejores;” lo cómico es una versión de lo ridículo –que a su vez es una versión de lo feo que no produce dolor ni es destructiva. La comedia, agrega, no tiene historia; esto es, pasó desapercibida durante largo tiempo, aunque tenía “formas” (schemata) definidas ya en los poetas primitivos. 

Aristóteles piensa que la tragedia alcanzó su “magnitud”después de pasar su etapa “satírica,” para adquirir el “carácter majestuoso” en una “fase tardía”de su historia. A partir de allí la tragedia imitó “acciones nobles” de “personajes nobles,”mientras que la comedia se ocupó de “acciones de carácter bajo realizadas por personas vulgares.” Dice también que la comedia surgió como una transformación de las primitivas “invectivas” en una “dramatización de lo ridículo.” En los dramas satíricos de los inicios, la poesía se adaptó a la danza. Por críptico que pueda ser el comentario de Aristóteles, está claro que rastrea los orígenes del drama hasta una suerte de rito de la fertilidad –dionisiaco o fálico-: el “sacrificio y fiesta” primitivo mencionado por Cornford. Hoy se acepta que el arte nació a partir de ritos y que las mismas máscaras cómica y trágica son símbolos arquetípicos de personajes de una “semántica del ritual” tribal. Más atrás de la tragedia y la comedia existe un ceremonial prehistórico de muerte-y-resurrección, el rito del asesinato del año viejo (del rey viejo) y el recibimiento de la nueva estación (la resurrección o iniciación del rey adolescente). Asociado al asesinato del rey viejo y al acto de devorar su cuerpo sacrificado, estaba el antiguo rito de expurgar a la tribu mediante la expulsión del chivo expiatorio sobre cuya cabeza se amontonaban los pecados cometidos durante el año que se iba. Frazer describe lo que sucedía durante esta “expulsión pública de los males”en la estación en que ocurría la “ofrenda de las primicias:”


...la época del año en que la ceremonia tiene lugar coincide habitualmente con un marcado cambio estacional... precede o sucede a la expulsión pública periódica de los demonios un período de licencia general, durante el cual se suspenden las restricciones sociales, y todas las ofensas, salvo las más graves, están permitidas y quedan en la impunidad. (La rama dorada)



El chivo expiatorio de esa purgación o catarsis pública era a menudo el hombre o el animal divino, que hacía el papel de víctima a la que se transferían los pecados y desgracias de los fieles. En algún momento el carácter divino del chivo expiatorio se olvidó; como señala Frazer, llegó a ser una víctima común y corriente, un infeliz que quizás era un criminal convicto, además del culpable ritual. Este antiguo rito de muerte-y-resurrección, entonces, parece tener un doble significado: la muerte del dios o rey para salvarlo a él y a la tribu de la infertilidad de la vejez, y la expulsión de los males (o demonios) en medio del regocijo de un pueblo redimido por el sacrificio del héroe-víctima.


De este sacrificio-y-fiesta rudimentario evolucionaron la poesía cómica y la trágica, utilizando como trama una fórmula “canónica” más antigua que ambas, un drama tradicional (folk) elemental del que derivaron, por oscuros caminos, la acción (mito) del teatro ateniense. En su forma típica, la arcaica ceremonia de la fertilidad –que incluye la muerte o sacrificio de un dios-héroe (el año viejo), el renacimiento de un dios-héroe (el año nuevo), y la purgación del mal mediante la expulsión de un chivo expiatorio (que puede ser dios o demonio, héroe o villano)- requiere una competencia o agon entre el rey viejo y el nuevo, el asesinato de un dios o rey, una fiesta y un matrimonio para conmemorar la iniciación, reencarnación o resurrección del dios asesinado, y una procesión triunfal final o komos, con cantos de extático júbilo. Tras el ceremonial de la boda se esconde probablemente el mito de la unión primigenia entre la madre-tierra y el padre-cielo. A continuación de esta revelación de los misterios de la vida, venía la proclamación y ascenso de este rey-dios: hay una “apoteosis”, epifanía, o manifestación del joven dios-héroe (una teofanía).


Los ritos pueden adoptar la forma de una iniciación o prueba de la fuerza del héroe o de su fertilidad, tal vez bajo la forma de un “interrogatorio” o catecismo, después del cual le sobreviene un “descubrimiento” o reconocimiento –una anagnórisis o nuevo conocimiento. O si no, el sacrificio podría ser interrumpido por un intruso inoportuno (un alazon) que presencia los ritos secretos; es un profanador de los misterios, un extraño (“alien”). Este personaje debe ser puesto en fuga o desconcertado en una “lucha” que también puede ocurrir bajo la forma de un catecismo, en el que él no conoce las respuestas correctas. En cualquier caso hay un debate, una competencia dialéctica, que se conserva en Las nubes de Aristófanes, por ejemplo, como una discusión entre el “Argumento Justo” y el “Argumento Injusto.” Podemos nuevamente ver que la acción cómica es doble, puesto que es a un tiempo un debate racional y una orgía fálica. Lógica y pasión aparecen así unidas en la fórmula cómica original.


Notas


1.- Guiño hacia la famosa y extensísima biografía de Jean Genet escrita por Sartre: Saint Genet, comedien et martyr, publicada en 1952. (N. del T.)
2.- Me apoyo para toda mi discusión de este rito y toda mi exposición de las inconsistentes teorías necesarias para explicar la comedia en Francis M. Cornford: The origin of Atttic Comedy, 1914. La interpretación de Cornford me parece la única capaz de hacer comprensibles las incompatibilidades en la comedia sin exponernos a la acusación de voluntarismo ilógico. Esta incompatibilidades de la comedia se tratan eficazmente también en Johan Huiziga: Homo Ludens y en Élie Aubouin: Technique et psychologie du comique. Véase también Northrop Frye: “The Argument of Comedy”, en English Institute Essays, 1948.



Continuará

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