Pandora
La caja es de madera de pino sin barnizar, como un ataúd en el muro de los lamentos. Es ahí donde habito. Me he acostumbrado a las rendijas por donde entra luz, a las astillas que me recuerdan que estoy viva, al silencio de la noche y a la algarabía del día. Hasta ahora, nadie ha tratado de forzar la cerradura de la caja, es tan inofensivo su rentangular deseo. A veces, alguien la levanta pero teme males y desgracias, y la deja en el suelo como una piedra o una carta rota en varios pedazos. Ya no me molestan los viajes de la caja. Soy errante y callo. Me llevan en manos especialistas, y luego de un rato concluyen: no hay bomba. Vuelvo al bosque o a un tarro de basura. El mundo olvida rápido; pasará poco tiempo y la caja no estará en sus sueños, ni siquiera en los míos.
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4 Comentarios:
Maravilloso, excelso, extraordinario, magnífico...
¡Qué mundo el tuyo, caja del alma, sin Pandora abriendo tus entrañas!
Reverencias, Lilian.
Tu canariza
Caja de resonancia, latido, torax de memoria.
El círculo es completo, sin hendiruras. Cóncavo.
Estoy postrado.
Sergio Astorga
Queridos amigos: Pandora es la tristeza que viene o sobreviene después de escribir tonteras como la de Helga Tito y su pandilla de descerebrados.
Besos, L.
El mundo olvida rápido; piensa y gira rápido; come, bebe y duerme y tiembla rápido; pero siempre habrá, en alguna parte, ojos que quieren mirar y ver sin prisas,
o esto es lo que quiero pensar ahora.
Magnífico relato; y agudo tu ojo travieso.
Un saludo cordial, me encanta leer tus textos.
Matilde
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