Directo desde San Sebastián

Escribo desde un aparato infinitamente chico, sin acentos ni ennes. De existir, existen, pero eso de andar pulsando la opcion e + la letra... A ver, déjenme tratar. Sí, se puede; el resto es flojera.
Les decía que el tarro es pequeño y la conexión muy lenta; olvidémosnos de la banda ancha.
Recién leía un comentario de Mega (G., de Sueños en la memoria) para mi cuento Por qué no nos conocimos antes...? Se refiere a dos figuras: el tempus fugit y el carpe diem. Aquí en San Sebastian se vive el tiempo de un modo muy particular, mejor dicho, no se vive. El tiempo no existe; no ando preocupada de la hora y de todos esos hábitos burgueses del horario de almuerzo, de comida, de playa, del aperitivo. Todos esos engranajes alimenticios y de diversión pasan al olvido. Cuando tengo hambre, como; si los ojos se me cierran leyendo Las travesuras de la niña mala, duermo. A veces me gusta mirar a las codornices (andan en grupos de a 20)comer los damascos que yo no coseché y que ahora están tirados en la tierra. Subo la vista y hay un halcón parado en la punta de un pino. Abajo, las hormigas caminan impasibles. Son miles.
En las playas de Cartagena también hay miles de personas. La población aumenta en un 4000% en esta época de días largos. El alcalde, Don Osvaldo Cartagena, reclama por la tonelada de basura diaria que dejan los veraneantes del balneario más popular de Chile. Coloque más basureros, Don Osvaldo, más contenedores; un basurero cada diez metros en la playa misma, Señor Cartagena. Y aproveche de instalar definitivamente el sistema de alcantarillado porque aquí, en San Sebastián, los pozos están que revientan. El de mi casa, sin ir más lejos, es del año 1960. Ayer no más llamé a Los Pepes para que me limpiaran la fosa... Mejor no sigo, el tema hiede.
Tempus fugit. No. Carpe diem. Sí. Muchos puntos seguidos, qué le vamos a hacer.
Mañana vuelvo a Santiago; el día miércoles vuelo a Iquique. Ya les contaré. 
 
La codorniz codicia
  
estos damascos.
  
El eucaliptus busca el sol
  
y el W.C. florido se burla de él.
  
El cerebro de la hortensia no piensa mucho.
  
Sólo estas azucenas brotaron en el tierral.
  
El rocío de los días ha envejecido a la luna.
  
Sueño de otra luna de verano.
 
 
Agua y araucarias.
  
En el naranjo me siento
 
 
Y por aquí vuelvo a casa
                                                       a comer esta paella de mariscos...

2 Comentarios:

sergio astorga martes, febrero 10, 2009  

Lilian, la bienvenida con palabras no es tan suculenta como ésta pella cuya imágen me provoca deseos de rapto.
Como naranjo en flor ya te esperábamos.
Un rocío para un abrazo.
Sergio Astorga

Fernando Valls jueves, febrero 12, 2009  

Qué buena pinta tiene la paella...
Saludos, Lilian.

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