Humberstone: el viento lleva tu nombre

La oficina salitrera Humberstone está ubicada a 48 kms. de Iquique, Chile. Cuando entro a este lugar poblado de fantasmas me da la sensación de ser un personaje de los cuentos de Rulfo, un fantasma más, claro está. Llegué a Humberstone porque me dijeron que aquí había muerto mi  padre. El sol implacable, los cielos limpios y azulísimos, la arena masticando lentamente las edificaciones que siguen en pie, azotadas por el viento. Las habitaciones vacías me reciben y, a pesar del calor de las dos de la tarde, un escalofrío va y viene por mi espalda. Puertas, ventanas, rejas de madera, árboles secos, una gran piscina herrumbrada, con sus tablones de salto. Puedo oír el grito del agua al ser abrazada por los bañistas, pero muy pronto sobreviene el silencio y el ulular del desierto más árido del mundo.
Camino con la seguridad de que me voy a derretir en cualquier instante. Me transpiran las manos cuando saco foto tras foto, ansiosa de plasmar emociones centenarias en un segundo. Recuerdo al empampado Riquelme que se bajó del tren, en la Estación Los vientos, y se perdió en la pampa, para siempre. Encontraron sus huesos 43 años después, intactos. El zapato aún sujetaba el sombrero que en algún momento se voló de la cabeza de su dueño.
Pero aquí no hay empampados, sólo los fantasmas me secretean por dónde debo ir, a cuál casa debo entrar para vigilar el sueño de los hombres, mujeres y niños que a aquí vivieron y murieron.
Esta ciudad llamada Humberstone está viva en su desolación. Los  ripios atesoran el secreto, las maquinarias rojizas de abandono, los bancos de la escuela, el afiche de Gone with the wind en la pared del teatro. Pero el viento no se llevó la memoria de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. Los muertos tienen nombre.
Vuelvo con el corazón hecho un nudo de pañuelo. Más adelante me espera un gran tornado de arena y el geoglifo del Cerro Unita: el gigante de Atacama, de 86 mts. de alto. Hasta este hombre llora la sangre de los caídos en el norte de Chile.
                                                           


 
 
 

 

4 Comentarios:

Dédalus jueves, febrero 26, 2009  

Hace tiempo que no veía una película tan bien narrada. ¡Y además con imágenes!
Genial, sultana. Muy en forma, muy en tu onda.

Un abrazo que se te cuele como una de tus hierofanías.

sergio astorga jueves, febrero 26, 2009  

Lilian, se siente la tierra ajada y el recuerdo vivo, se empalman las imágenes como mubes densas de nombres que estan escritos, esperando que les hablen.
Cómo se parecen los recuerdos en nuestra América, en el dolor, en la sequía y en esa agua salada de la explotación.
La emulsión de Scott, los cigarros, las peliculas y las tumbas, los muertos estan en todos nuestros huesos.
Conmovedora visita.
Me excedí disculpa.
ergio Astorga

siempreconhistorias jueves, febrero 26, 2009  

Suena bonito lo de hierofanía. Se me vino la vida encima recordando aquella cantata y admirando tus imágenes narradas, Lilian.
Gracias.
Un beso.

Enrique Páez domingo, marzo 01, 2009  

Me pareció escuchar a Pedro Páramo cantando una canción de Violeta mientras te leía. Un abrazo desde Canarias

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