Cielo azul con tramontana

 Ella está en el baño. De la ducha sale un hilo de agua. Y ella se lava el pelo en el lavamanos, incómoda. Es una montaña de pelo negro con briznas rojizas en contraste con el enlozado blanco. El agua corre y ella enjuaga y estruja y vuelve a masajear.
Él se levanta, recoje las horquillas y se las guarda en el bolsillo del pantalón, antes de salir calladamente. Sí. Porque ya es de día y hay que partir. Siempre hay que partir. Es la noche el espacio vedado. La noche de ellos es un misterio. Ella sabe que cuando salga con la toalla enrollada en la cabeza, él no estará, ni las horquillas que se ha llevado de prenda, para poder verla otra vez. Entonces, ella sonríe, y hace un poco de frío porque está desnuda y con el pelo mojado que ahora cae en ondas compactas por sus hombros. Abre cajones, del suelo recoje una falda y una blusa con botones de concheperla. Se viste. El pelo está un poco más seco. Se alcanzan a ver las briznas rojizas a contraluz cuando se acerca a la ventana y mira.
El cielo está azul y corre viento; en cambio, los ojos de ella se han puesto verdes. El viento es frío y eleva periódicos abandonados, hace crujir canaletas y  persianas, silba por los intersticios de la madera, comba árboles.
Un hombre camina con las solapas de la chaqueta subidas. A ella le gustaría librarlo del vendaval, invitarlo a pasar; ¿por qué no?, ¿por qué no acariciar a un hombre que camina contra el viento? Pero el dormitorio está desordenado, y su pelo se rebela en bucles que caen por su cara. Busca las horquillas que están arriba de la cama deshecha, y se las coloca con furia, con rabia, para abrir la puerta y salir, negándose a llorar, apretando los dientes, deseando que el viento le indique dónde está ese hombre, cuál es su casa y su estrella, dónde comienzan sus palabras y dónde terminan.
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5 Comentarios:

siempreconhistorias miércoles, abril 01, 2009  

Escribir tan bien ese llanto contenido en mandíbulas apretadas debe estar prohibido por alguna ley. Adoro tus abismos, maestra.
Bellísimo.
Un beso.
canariza

Mega miércoles, abril 01, 2009  

Me ha parecido identificar dos secciones: el después y el antes. Esas horquillas de la segunda parte me indicaron que podía tratarse de un flash-back. Como si la feroz tramuntana (por cierto, ¿en Chile tenéis tramuntana?) hubiera desordenado la secuencia temporal. Tiene gracia usar flash-backs en microrrelatos. Buen micro. A mí también me gustan esos abismos tan fructíferos.

Abrazoso

sergio astorga miércoles, abril 01, 2009  

Lilian, despúes del comentario de dos expertas que me anteseden, trataré de no meter desorden.
Coincido con Mega, en los tiempos temporales, no estoy seguro, es parte del abarrote, si no es un flash hacia el furuto,y no sea la horquilla el inicio del pasado, sino el inicio de un futuro.
Otro apunte, me gusta mucho el ritmo, tengo siempre la sensación de que el agua corre, fría, imparable, por el cuerpo,por la habitación, por el hoy o el futuro?.
Un abrazo con brújula.
Sergio Astorga

Abol jueves, abril 02, 2009  

Creo, mega y Sergio,que en la rabia, en la impotencia de ella está la clave del texto. Izaskun se fijó en el detalle.
Un abrazoso a los tres.

Alejandro Ramírez jueves, abril 02, 2009  

Hola, apenas me acerco a tu blog.

Es muy bello el relato: descriptivo, sencillo, íntimo. Diría que sólo una sensibilidad femenina podría hacer algo así.

Un saludo,

http://cuentominicuento.blogspot.com/

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