Diálogo de tigres VII
Caen los primeros copos de nieve. Los tigres tienen frío, y lo salvaje ya no está con ellos. El amarillo de sus ojos se ha cegado de tanta soledad. Sólo el olfato los guía a un precario refugio entre varios árboles caídos.
Quedémonos quietos.
Como estatuas milenarias.
Como un recuerdo sin nombre.
A eso le llaman 'amor'.
Pero es un olvido, un dejar irse...
El eco de una palabra.
El final de una historia.
Te doy mis colmillos.
Y yo, mi mirada.
Aquí está mi fiereza.
Estos son mis sueños.
Así, los tigres duermen, y el hielo los cubre.
Ahora, nadie podrá escribirlos en los abanicos que se abren y que se cierran.









3 comentarios:
Después de lo que se han dado, querida-admirada escritora, mejor será que ningún abanico los mueva.
Un fuerte beso.
Acallar la fiera, los instintos, que nada pierde la coqueteria del abanico.
Dormir el sueño intranquilio de la bestia, que sea mi destino Sultana, si asi lo quieres.
Sólo te pido quitar este colmillo de mi pecho.
Abrazo entre sueños.
Sergio Astorga
Pero esos abanicos estarán faltos de fiereza...
Besos (estupenda la serie entera)
Publicar un comentario en la entrada