Horas


Me levanto a las 6 AM. Recojo el condón usado, lo llevo al baño y lo lanzo al W.C. que tiene mi orina de las 4 AM. Miro por la ventana.

A las 6:30, preparo el desayuno. ¿Panqueques o huevos revueltos? ¿Café o té? Miro por la ventana.

A las 7, miro por la ventana: hay que barrer el patio. Busco la escoba. Del baño me gritan que no queda papel higiénico. Escoba. Rollo de papel. Fregadero con tres platos bajos, dos hondos, cinco tenedores, tres cuchillos, tres vasos, dos huesos de pollo en forma de horquilla, y una arveja aplastada.

A las 8, hay seis toallas mojadas, tres arriba de las camas y tres en el suelo. Miro por la ventana. Está nublado.

A las 8:05, tocan el timbre. Dos mujeres de aspecto bondadoso. Testigos de Jehová. Desde la puerta apenas entreabierta les digo que soy el diablo y que se vayan. Las mujeres sonríen. Oigo el timbre de la casa vecina. Improperios. Hastíos. Un portazo.

A las 9 en punto, me meto a la ducha. Al fin, el agua y yo. Solas. Se acaba el gas. El agua, como es natural, sale gélida. Tengo acondicionador Pantene Rizos Definidos en toda mi cabeza. Un par de gritos y ya. Suena el teléfono. No contesto.

A las 9:20, me preparo un café bien cargado, sin azúcar, en el tazón de 350 cc. El pelo mojado enfría mi cuello. Se me eriza la piel. Un pezón se erecta. Miro por la ventana. Diviso el zapato izquierdo perdido, hundido en el barro. Bebo el café. Pienso. Anoto en un papel cualquiera: Hoy te voy a escribir. Arrugo el papel. Prendo un cigarrillo. Boto el papel. Hoy te voy a escribir. Será una historia de silencios masticables.

A las 10, lloro. No hay más café en el tazón de 350 cc, ni en la cafetera ni en ningún otro lado. Anoto en un papel cualquiera: café. Miro la despensa. Café, arroz, aceite, anchoas, conserva de tomate, harina.
Voy al espejo. No hay rastros de llanto. Distribuyo el tapa ojeras color skin. El pelo está muy ondulado, pero con frizz.

A las 12, de vuelta del supermercado.

A las 13:15, almuerzo.

A las 15, clases particulares. (¿Piano?, ¿violín?, ¿lenguaje y comunicación?).

Entre 16:45 y 18:30, escritorio. Corrijo algunos trabajos. Pienso. Hoy te voy a escribir. Será una historia de silencios masticables. Escribo. Borro “masticables”. Pienso. Fumo. Suena el teléfono. Es madre. No contesto. Insiste tres veces seguidas. Contesto. 50 minutos de conversación, mientras miro por la ventana.

A las 19, taller de escritura avanzada. Escucho los relatos y luego me escucho a mí misma criticando. Estructura, tempo, tono, personajes, acción, lenguaje. (Mis textos tienen más lenguaje que historia, quieren ser narrativa, pero son poesía. A veces, mis personajes son sólo fantasmas. No hay carne ni hueso en mi escritura. No hay nada. Palabras, palabras. En suma, mierda connotada). Ellos, los talleristas, escriben bien. Cuando tengo el látigo en la mano, desaparecen.

A las 22, vuelvo al escritorio. Un café gigante para despertar, en el tazón de 500 cc., que sólo vive en mi imaginación.

Escribo. Me siento mejor. Será una historia de silencios masticables. Sí, masticables. ¿Por qué no? Silencios que sean comidos; que broten las cuerdas vocales. Decir. Confesar. Infinitivos poderosos, permanentes. Escribir. Hoy te voy a escribir. Hoy, ahora mismo. Había una vez y comieron perdices degolladas; huesos en forma de horquilla. Clic. Seré feliz. Clic. La puta que te parió. Clic. Me balanceo en mi propia imagen. La fastidiosa manera que tengo de quererte. Como el zapato hundido en el barro. Miserablemente ridículo.

A las 24, borro todo lo escrito. Recomienzo. Será una historia.

¿Qué historia puedo escribir que escape del lugar común, de lo dicho mil veces? ¿Podré decir que a las seis de la mañana no boto el condón al W.C porque simplemente no existe? ¿Seré capaz de confesar que no hay toallas mojadas en el suelo y que trabajo de 9 a 7 como secretaria? ¿Que sé usar excell? ¿Que vuelvo a casa y nadie me recibe con un plato humeante de sopa? ¿Que vivo en un apartamento de un ambiente? ¿Que me gustaría tirar con el vecino del 5D, un recién separado, un viudo, un solterón? ¿Que me emborracho con vodka, mientras espío por la ventana? ¿Que me masturbo encerrada en el baño, como si alguien fuera a oír mis gemidos?

¿Dónde está la historia? Díganmelo ustedes. ¿Cuál será la historia digna de ser escrita y recordada?:

1) Clitemnestra esperó que Agamenón se saciara del agua y de las pompas de jabón para asestarle el hachazo en la cara. Marguerite Yourcenar da cuenta de esta pasión.

2)Virginia Woolf escribió una nota, y luego caminó hasta llegar al río. “Así que voy a hacer lo que creo mejor”.

3)La secretaria Lucila Godoy Pérez canta “Secretaria, secretaria, la que escribe, escucha y calla”. En el velador de su dormitorio hay un despertador, un diario de vida con candado, y una pistola Baby Browning.

Miro el reloj. Llevo treinta minutos sentada aquí, en este sofá raído. Más rato estaré acostada en mi cama de sábanas heladas. Techo. Despertador. Mañana.

Horas.

8 Comentarios:

siempreconhistorias miércoles, julio 22, 2009  

Todas las vidas, por motivos distintos encuentran quien las recuerde. No todas las palabras lo merecen. Las tuyas sí. Las tuyas, bellas exactas palabras, quedarán.
Te adoro.
Canariza

sergio astorga miércoles, julio 22, 2009  

La intertextualidad no se lleva con los silencios masticables, me gustaría acertar.
La puñalada feliz es, esa la de las horas duales, la del éxtasis y hartazgo.
Porque sólo quiero comentar y sentirme acompañado.
Porque tu paciencia es mucha y mi insolencia toda.
Porque en esas horas están mis horas y me llevo la puñalada feliz en mi costado.
Un abrazo en alta hora.
Sergio Astorga

antonio jueves, julio 23, 2009  

Es interesante tu blog.
Un insecto puede resutar maravilloso contado con destreza.
vuelvo

Fabio Farias martes, julio 28, 2009  

Lilian,

Muito bom, como sempre.
o ciclo de um dia que vira literatura, e a literatura que busca o ciclo de um dia.
E as horas que se tornam cinzas no tempo.
Abs.

Ramón Gil martes, julio 28, 2009  

Estoy masticando el silencio y me queda un amargo sabor (ahora lo pienso y no sé si es amargo, da igual)

Me gusta tu blog
Un saludo

Ricardo Miranda miércoles, julio 29, 2009  

Los lugares comunes no existen,
por que escribir es siempre como una primera vez.
Incierto.

Besos, ¿mañana vas a lo de cardemil?

ojala nos veamos allá.

Te adoro Lili :)

Abol miércoles, julio 29, 2009  

Gracias a todos/as por los comentarios.
Abraxotl,
L.

George miércoles, julio 29, 2009  

qué te puedo decir... nada.

saludos, nada más.

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