Diálogo de tigres X
A Canariza, por sus regalos de media luna.
El muro es alto, intrincado. La parte superior es de material líquido; la inferior es sólida. También hay espinas y navajas que aparecen y desaparecen. Arriba, nadan las palabras; abajo se estampan todos los recuerdos. Es el muro de la historia, y los tigres deberán saltarlo.
Al fin podremos salir de aquí. Ya estaba aburrida --dice ella.
Al otro lado nos espera la libertad --dice él.
¿Eso significa que no hablaremos más?
Exacto. Volveremos al rugido.
No nos encontraremos con la mano que ahora nos escribe con tanto ahínco.
Y volveremos a estar solos. Cada uno tomará su rumbo.
Seremos tigres.
Tigres de verdad.
Ágiles, las fieras trepan la pared. El tigre salta al otro lado. A la tigresa le cuesta más: está preñada de sueños. Las navajas intentan herirla; las palabras le tienden lazos. Pero ella nunca mira hacia atrás y con su fuerza amarilla vuelve a trepar. En la caída, olvida el amor y el odio, esa sensación asfixiante de ser relatada una y otra vez.
Los ti
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La acuarela se titula “Letra”, y es de Sergio Astorga.
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3 Comentarios:
Saltando sobre muros de historias, sin el olvido deseado en sueños, con la palabra cercana te agradezco, desde todos los latidos, desde cada mitocondria, desde los rugidos que retornan te agradezco. Con los nervios pinzados de rubor te agradezco.
Gracias, Hada Lili.
Infinitos besos.
Qué precioso relato truncado...
Si no supiera que a esos tigres les queda por recorrer -aún- todo lo salvaje (y ello a pesar del lastre en que puede convertirse, a veces, la palabra), me inquietaría ese final tan quebrado... Sólo el dibujo de Sergio resulta tranquilizador...
(Felicidades, Canariza).
Abrazos multiplicados por tres
Se buscarán cuando el celo les recuerde que sus instintos amarillos existieron antes de la pasión humana y la escritura solo masculla, ruge y cuenta lo que quiere que sepamos.
Hasta entonces, en estas huellas afilare las garras de la espera.
Hemos sido tigres por tus sueños.
Por la letra, por tus letras: gracias.
Un abrazo bengalí.
Sergio Astorga
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