Verdadera historia de la infamia

Que el lector no piense en Borges, el ciego, porque de universalidades tengo bastante. Que no piense que esta es una historia triste porque no es triste, sino un puñado de hechos no concatenados entre sí. Que el lector lea en voz alta estas palabras, sin titubear, señalando las pausas, acechando el silencio, porque ayer hablaba de una escritura que duele más que la infamia de no escribir, y sentarse a ver pasar la tarde; el gesto del viento. Vaguedades. Imprecisiones. La vergüenza del ayer. Los cielos demasiado azules; casi una mentira bondadosa. Que el lector, entonces, me tome la mano para hurgar juntos en los basureros del olvido, porque quizás allí duerma esta historia sin principio ni final, donde hay personajes que eligen la palabra equivocada, el mal aliento, la tríada del insomnio.

La infamia es tan particular; es así como cada lector se convierte en uno solo para decir que la muerte le ronda los ojos. O en las bacanales de la desolación, cuando el amor se pierde en una estación de trenes en medio de un humo de guerra. O un libro. O en la carta recibida y que no se puede contestar; leídas y releídas, las palabras pierden su norte; se extravían en la duda, que es una montaña de alfileres. Ahí está la infamia.

Decir más es imposible. Porque una palabra más es una explosión más, una mujer sin nombre, el hambre desdentada apoderándose del mendrugo.


                                                                                           A  I.


7 Comentarios:

sergio astorga lunes, octubre 19, 2009  

Que no se piense que el lector pueda agregar palabras. De él es el silencio, la lectura en voz alta no merma, ni ilumina su tarde, porque siempre hay otro lector en otro Borges que espera el tren en estaciones equivocadas.

Perder el nombre pero nunca el sexo, es tal vez la misma infamia.

Tomo tu mano para olvidar con otro aliento.

Un abrazo sin historia.
Sergio Astorga

siempreconhistorias martes, octubre 20, 2009  

Si ella es Sofía y hay girasoles la imagen queda para la historia, y sigue la infamia.
Un abrazo sin palabras.

Abol miércoles, octubre 21, 2009  

Me pillaste, Canariza. (Tu carta de ayer hizo que los pájaros volaran en mi corazón roto).

La gente feliz no tiene historia, Acuarelista. Eso lo dijo la francesa Simone.

Abrazobrr.

Yo mismo viernes, octubre 23, 2009  

tantas cosas profundas escritas...y yo lo único que puedo decirte es que mientras leía y miraba tu foto, sólo pensaba en sexo.

Abol viernes, octubre 23, 2009  

Es normal,Yo mismo;siempre queremos ser otros.
Gracias por la visita.

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