Diluvio III
Para que el arca avance más rápido, Noé ha dispuesto dos filas de galeotes. El que marca el ritmo de las bogas es el tigre. Un rugido largo significa apurar el remo. Dos rugidos cortos, apurar más. Los remeros están cansados. Llevan siete días y siete noches sin ingerir alimento. Los elefantes tienen la trompa en carne viva de tanto roce; a los orangutanes se le quemaron las palmas de las manos. Pero no pueden hacer nada, salvo seguir las órdenes del tigre que comienza a equivocar el ritmo. El arca gira sobre sí misma como un trompo.
-¿En qué distantes abismos, en qué cielos/ ardió el fuego de tus ojos? –inquiere Noé con horror.
-¡Pregúntele a Blake, no ve que estoy ocupado! –exclama el felino, dándole un latigazo y mandándolo a remar con los demás esclavos encadenados. Luego, continúa rugiendo sin ton ni son por los siglos de los siglos.





2 Comentarios:
No alcanzo a vislumbrar qué respuesta daría Blake, pero me temo que el tigre continuará rugiendo.
Un fuerte beso, querida.
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