Umbra recta
La historia se demora en aparecer: los personajes – un hombre y una mujer- idean un punto de sueño y ahí, en el aire de nadie, se encuentran. Haces de luz y flechas de sombras animan sus pieles detrás de un ajimez, que es otro sueño dividido en partes iguales por un pilar o mainel. Estaca sin filo, ornamentada: arcus, circus.
El encuentro, es previsible, dura lo que ellos quieren que dure en el reducido espacio que no cuenta con oxígeno, sino con erógeno, más liviano que el helio. Así, él y ella pueden reír y comer de sus propias risas, que son fábulas de nínfulas en ínsulas elfico-goméricas de alta densidad, como la miel, el caucho o el colapez.
Los besos vuelan junto con las babas que tienden puentes entre una y otra boca. Con los dientes no sucede lo mismo: se mantienen en su lugar de mordedura y jugarreta.
«En la umbra recta está mi piel», dice ella. «Por eso te puedo tocar», responde él, acariciando sus hombros con el dedo del medio y los labios del corazón, carnosos al rojo vivo, mientras el tanque –el pequeño circo acuático-, agita sus aguas nostálgicas y adverbiales.
«En la umbra recta…», alcanza a decir ella y no logra dar en el clavo: la aguja del pensamiento ha herido sus palabras; vuelve a la calle ruidosa con la piel entusiasmada, pero triste al fin y al cabo. Recién compra naranjas y tomates y un paquete de cigarrillos sin filtro marca Golpe de suerte. Recién pasa un hombre alto que la mira como si la conociera, pero muy pronto la seguridad entra en sus ojos y sigue de largo, a grandes zancadas. Recién en la esquina, y a punto de doblar, ella se detiene y gira: los faldones de la chaqueta del hombre perpetran una verónica y desaparecen.
La mujer siente en su pecho la estocada. Las naranjas y los tomates ruedan por el suelo, sin proyectar sombra alguna.









3 Comentarios:
La mejor verónica de la historia debió ser la de esos faldones.
De verdad, Lilian, cada día me fascinan más tus palabras.
Un beso.
El año 80 aspiré helio y hablé como Chip y Dale ;-)
¡Qué bellísima crónica de pieles enamoradas y corazones tristes!
Un beso bien gordo y feliz año, Lilian
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