Verdadera historia de la confianza
La confianza, irredargüibles lectores, es un animal de tres patas y cola. A veces dice miau, ¿y tú?; otras, no dice nada, y me voy a detener aquí porque debo recalcar que nada es nada y no debe confundirse con actitudes de silencio, cobardías de culito apretado o bocas cosidas.
La confianza es excéntrica en este espacio de quita y pone. Ustedes ya deben estar dudando de esta historia. Hasta yo dudo si es mejor la cercanía o la lejanía, una conversación tête à tête o una llamada por teléfono, el esquema de Jakobson o los actos de habla de Van Dijk. Excéntrica, sí, y enajenada. No hay mejor paisaje que los abismos para comprender una situación límite. Al ciego se le quita el bastón y se le ordena: ¡Camine! Al pájaro se le cortan las alas y se le susurra (para no asustarlo): Vuele. Con el anzuelo de las palabras, a los peces se los exhorta: ¡Multiplíquense! A los hambrientos del mundo, que siempre han estado unidos en un solo pellejo, se los interpela: Tomad y comed, esto es mi cuerpo.
¿Qué pasa con el ciego, el pajaro, los peces y los hambrientos? ¿Qué sucede con la función fática y el habla intencional?
No hay verdades para la confianza. Créanme. ¿Me escuchan?
***
San Sebastián, 8 de febrero del 2009.
Foto: Vivian Maier.









3 Comentarios:
"No hay mejor paisaje que los abismos para comprender una situación límite". Y ya luego:
"No hay verdades para la confianza".
...Ni verdaderos silencios.
Un beso
Pues si se cree este bicho que va a conseguir aburrirme sin dejarme comentar lo lleva claro. Que digo que oída queda desde la desconfianza y que a mí me puede lo ordinario y esas "cobardías de culito apretado".
Muchos besos, Lilian admirada.
Para que veas: yo tengo el culo apretado de susto. Y no confío ni en mi sombra.
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