Fábula blanca
La fábula que no es fábula busca en sus propios pasos el comienzo de la historia. Espesa niebla borra sus huellas; garúa persistente moja su entusiasmo; humo de la escritora la encierra en el cofre lenguaraz; mano traicionera la describe con timbres de agua. Pero fábula conoce su destino y ya sabe el nombre de las piedras. Tropezará con el liso recuerdo; pateará al redondo olvido; cruzará el poroso amor en puntas de pie, con los zapatos en los sobacos y el silencio desabrochado. Pronto divisa el inicio donde todas las palabras se reúnen. Como es natural, a esa hora y con ese frío, ellas duermen. Y no es capaz de despertarlas. Si mira hacia atrás, es muy probable que el tigre la convierta en exfoliante para los talones. Entonces, cierra los ojos y espera que llegue el final.
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15 abril
Foto: Alfred Weissenegger.









3 Comentarios:
Me mató el tropezón en el recuerdo liso, admirada L. Necesaria la fábula exfoliante, como tus palabras. Y el silencio desabrochado. Y.
¡Eres genial!
Beso.
Ecos de Galeano y Samperio me pareció oír a lo lejos. ;-)
No sabes cuánto celebro que fábula conozca su destino y sepa ya el nombre de las piedras.
Un abrazo
Me gustaría un comentario de onomatopeya: Uh Ah Guau Zas, origen sincero de todo no comentario que se justifica por su exaltación. Mas ahora que me encuentro con el hilo fino, puedo darme cuenta que Fábula Blanca, que sabe su destino, llega a la blancura, una especie de nada exfoliante, a través de la espera.
Pum, esto no es un comentario, es una fogosidad.
Abrazo Onomatopéyico.
Sergio Astorga
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