Verdadera historia del deseo
Todo comenzó con el blanco de esta página, destinada a olvidar al lector y sus comportamientos erráticos. Que sí, que no, que sí. Pronto, la página fue acariciada por una escritura y ya no tuvo el color del silencio, que es un cliché por donde se lo mire. Hubo gritos y risas entre la undécima y la vigesimonovena letra del alfabeto. Verbigracia: Jadeos y zambullidas. Algo se filtraba en las palabras: al tacto era aceitoso; olía a puerto seguro. Quizás fui yo, de mano insistente, de ojo terco, y las caderas que ni te cuento. Quizás fuiste tú el que invocó al deseo, como si llamaras al mar, el mismo que rompe en tus historias una y otra vez, erosionándolas.
Ah, (también, uf ) el deseo. Va más allá de la piel; puede ser una lejanía, tú lo sabes. Y se instala en el momento menos indicado: cuando huelo la albahaca fresca y me enamoro de la muerte, que está ahí observándome, tan sola ella…, sin nadie que le toque el hueso púbico.
Debo decir dos cosas: tengo los dientes sucios y me gusta el desorden de la frase, el momento único cuando tuerzo los labios y fabrico una imagen.
¿Te gustaría una anécdota? Aquí no la encontrarás.
¿Buscas una armonía? Anda a otro lado.
¿Necesitas una narración verdadera? Golpea la puerta del fondo.
Largo, como cola de tigre es el deseo. Irás detrás de él, te lo aseguro. Con la lengua afuera y el corazón afilado.
***
Foto: Birte Ragland.









2 Comentarios:
Querida Lilian, me cautivó la imagen hasta el punto de paralizar el instinto lector. Después la voluntad se impuso y me atraparon tus palabras. Como se espera de mí quedo rendida ante ese "tengo los dientes sucios y me gusta el desorden de la frase".
Un beso grandote. Avísame cuando puedas enviar los libros para hacerte el ingreso.
Rebeso.
¡Qué maravilla! esta narración me ha cautivado.
Es tremendamente bella, sensual, inquietante y desconcertante.
Un placer leerla.
Un saludo.
Publicar un comentario