Bluf

Yo te voy a contar algo, le dice Fábola a Tigre. Acércate más, quiero sentir tu oreja peluda. No me mires con esos ojos, olfateando mis intenciones. Cuidado con esos colmillos, me partirías en dos, y será mejor que repliegues tus garras. Pero, ¡qué arisco eres, Tigre! Sólo te voy a relatar una historia con esta voz que el tiempo ha amansado. Escucha bien:

Por los caminos que aún no lo son, van el hombre y la mujer persiguiendo palabras. Ella, las quiere todas; él, sólo algunas; las justas y necesarias para emprender el viaje de regreso. Pero ambos deben cruzar el umbral de la zarzamora y beber la pócima de los significados múltilples, roja por fuera, negra por dentro, con el dejo de amargura que toda búsqueda supone. 
Las palabras no aparecen, por más que ella las vea en cuatro dimensiones y a él le brote la sangre rasguñada en calidad de vino de mucho cuerpo.
No desesperan. Saben que las palabras precisan una boca que las diga. A veces son tímidas y se convierten en globos que explotan cuando menos se espera. Ella, de fino oído Lynx caracal, salta con los primeros reventones. Y busca y rebusca entre la hojarasca; inventa el camino para hallarlas. El hombre, en cambio, ya tiene a una en su mano derecha, que está empuñada, lógicamente. También hay cuatro pequeñas en sus bolsillos, gritando de pavor ante tanta oscuridad.
La mujer ha cazado a la más grande y mantiene silencio. Es de pronunciación imposible y muerde fuerte. A pesar del huracán de dientes, la guarda en medio de sus pechos, hasta que se le pase la rabieta.
¿Qué tienes ahí? –pregunta él, con un saco de palabras al hombro.
-¿Yo? Nada -responde ella.
Entonces, el hombre escudriña en el escote y sólo ve un par de pechos albos, como lunas de Federico, y una hormiga despistada.
-Volvamos mañana –dice ella con lágrimas en sus ojos. Hoy no tuve suerte.
-Mira, ya tenemos un camino que recorrer de ida y de vuelta. 
En sus ojos están clavadas las lunas, perfumadas de misteriosa atracción.
-No me había percatado –contesta la mujer ataviada de sueños y magias, segura de que ya no hará falta cruzar los dedos ni tener un as en la manga.

Fin.  ¿Te gustó? ¿Tigre?
Tigre finge dormir. Por primera vez, venció su desconfianza y colocó su cabeza en el regazo de Fábola, que ríe al pensar que Scherezade tenía razón.

2 Comentarios:

Izaskun,  jueves, mayo 27, 2010  

¡Toda la razón! Feliz risa,Fábola sobre la que el tigre descansa.
Un beso,

sergio astorga viernes, mayo 28, 2010  

La magia de los escotes tienen a las mas fieras palabras acalambradas.
Si tiene razón Scherezade todos fingimos.

Un abrazo blanco.
Sergio Astorga

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