Veintisiete huesos dentro de mí, un revolotear de uñas y cutículas, tu dedo índice sermoneándome mientras se deshace, el anular perdido para siempre. No estoy arrepentida, la boca está bien puesta, aunque tenga la lengua un poco ahorcada y la mandíbula como la de una boa. Quizás deba ir al dentista. Tu sangre tiñó mis muelas y se está coagulando en mis encías. Arg. Y a la jueza le diré la verdad y nada más que la verdad: que tenías la mano dura.
¡Qué bestialidad! ¿Y qué mano fue, distra o sinistra? ¿Y llegaste a deglutirlas? ¿Y los 27 huesos triturados se recomprondadn en tu interior? Tal vez seas desde ahora escritora de tres manos, querida domadora. Me siento hoy tan tan sola y te leo y mastico y no me arrpiento. Un puñado de besos.
4 Comentarios:
¡Qué bestialidad! ¿Y qué mano fue, distra o sinistra? ¿Y llegaste a deglutirlas? ¿Y los 27 huesos triturados se recomprondadn en tu interior? Tal vez seas desde ahora escritora de tres manos, querida domadora.
Me siento hoy tan tan sola y te leo y mastico y no me arrpiento.
Un puñado de besos.
Besos de nieve para ti, Canariza. No estás sola.
Tus apetitos saben a libertad y no me arrepiento de decirlo, aunque sea en legítima defensa.
Abrazo mano a mano.
Sergio Astorga
*No están solas, comparten soledades que no es lo mismo.
Qué magnífico micro.
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