Legítima defensa


Veintisiete huesos dentro de mí, un revolotear de uñas y cutículas,  tu dedo índice sermoneándome mientras se deshace, el anular perdido para siempre. No estoy arrepentida, la boca está bien puesta, aunque tenga la lengua un poco ahorcada y la mandíbula como la de una boa. Quizás deba ir al dentista. Tu sangre tiñó mis muelas y se está coagulando en mis encías. Arg. Y a la jueza le diré la verdad y nada más que la verdad: que tenías la mano dura.

4 Comentarios:

siempreconhistorias viernes, julio 23, 2010  

¡Qué bestialidad! ¿Y qué mano fue, distra o sinistra? ¿Y llegaste a deglutirlas? ¿Y los 27 huesos triturados se recomprondadn en tu interior? Tal vez seas desde ahora escritora de tres manos, querida domadora.
Me siento hoy tan tan sola y te leo y mastico y no me arrpiento.
Un puñado de besos.

Abol viernes, julio 23, 2010  

Besos de nieve para ti, Canariza. No estás sola.

sergio astorga sábado, julio 24, 2010  

Tus apetitos saben a libertad y no me arrepiento de decirlo, aunque sea en legítima defensa.

Abrazo mano a mano.
Sergio Astorga

*No están solas, comparten soledades que no es lo mismo.

Elisa lunes, diciembre 27, 2010  

Qué magnífico micro.

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