Cita a ciegas
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| Robert Mapplethorpe, 1988. |
Dragona tiene una cita a ciegas y se embellece. No se pinta los labios porque no tiene. Pero, los párpados brillan de tornasoles y negro delineado. Perfume detrás de las enormes orejas; vestido rojo muy ajustado a las escamas. Las alas ni se notan. Sale, feliz.
En la calle hay revuelta; los gases lacrimógenos la fuerzan a huir del punto de encuentro. Cuando todo está tranquilo, la echan por peligrosa.
Ella espera el bus de vuelta a casa. A dos metros, un hombre y su perro lazarillo.
-Hace frío –dice él.
-Mucho –responde ella, a punto de llorar.
-Qué voz más hermosa –suspira el hombre.
Dragona se ruboriza y reprime una bocanada de fuego. El perro ladra. Shtt, ordena él.
Luego, conversan de otras cosas; el bus no pasa nunca. Él la invita a tomar café. Ella acepta.









9 Comentarios:
Moraleja: no salir sin antes perfumarse.
Me encantó Lilian!
Saludos!
Lilian, me gusta la idea. Sobre todo porque no importan los sentidos o el tiempo, el amor siempre será una "cita a ciegas". Siempre aparecerá un detalle desconocido.
Saludos.
Me gustan muchísimo estos microcuentos.
Creoq ue voy a dejar de ver los noticieros, abandonaré el periódico, ningunearé los ensayos y me vnedré por aquí a buscar inspiración. Sufro una sobredósis de realidad....
El micro, bellísimo. Tanto como la foto.
Besos
Lo sublime alimentándose de lo sencillo. Y lo eterno alimentándose de lo casual. Gracias por este relato,
PABLO GONZ
habrá que fijarse en los paraderos.
Con el primer suspiro salta la liebre.
La represión puede esperar.
Dos de azúcar para avivar el fuego.
Abrazo a ciegas.
Sergio Astorga
Muchas gracias, amig@s, por los comentarios.
Besos,
L.
Otro micro relato intenso y hermoso.
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