Monstruo VI
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| M.C. Escher |
Todo monstruo es también mago. De tanto aparecer, desaparece. Nadie lo ve ni lo escucha.
Yo, por ejemplo, trato de asustar a las damas, pero ellas abren sus paraguas para protegerse de la lluvia que les acaricia las manos y, luego, moja el ruedo de sus vestidos, tan largos como mi ansia. Y ese mismo temporal, combinado con un viento feroz, da vuelta los paraguas y los raja. Ellas gritan, mientras el armado fastuoso de sus cabelleras se deshace, y les chorrea laca y tintura por la cara; los ojos maquillados son una ruina. Las damas lloran aterradas; sienten que “algo” les sube por las piernas: una rata, una araña, una culebra. Y caen al suelo dando patadas, se revuelcan en el barro, profieren insultos, alborotan sus pechos, se abren al placer de mis babas, de mi torrencial impulso.
Las lluevo una a una, hasta que todos somos un charco evaporándose lenta y definitivamente.









3 Comentarios:
Lo encontré, Lilian.
Un abrazo.
Tantas pisadas, ¿adónde llevarán?
Besos
Lacivo, mira que confundirse con el viento...
Tu magia funciona.
Cuéntame el hechizo.
Abrazo con paraguas en mano.
Sergio Astorga
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