Fábula del dolor

Un pescador encontró las tres palabras en altamar y las usó de carnada.  Estuvo horas meciéndose arriba del bote. Regresó a casa sin pescado fresco para vender, pero con una maleta en donde guardó sus sueños. La mujer del pescador abrió la valija y vio a Fábola mirando su nódulo de Heberden y jugando a ser Cheshire para así aliviar el dolor. ¿Quién es ella?, preguntó la mujer. Nadie, mintió el pescador. Sólo me ha traído mala suerte. La encontré en el mar y ahí regresará. Entonces, él escondió la maleta en el lugar de las redes.

Cada cierto tiempo la visita. Le lastima verla así, acaracolada en su lejanía y el nódulo cada vez más grande. Pero no quiere cambiar el rumbo de sus sueños: la pescadería florece y su hijo ya ha aprendido a echar el anzuelo a las desgracias.

4 Comentarios:

Arruillo jueves, marzo 17, 2011  

Un texto profundo, que hace reflexionar.
Un sitio muy interesante.
Besos

josé manuel ortiz soto lunes, marzo 21, 2011  

Lilian, las desgracias siempre se pescan con mayor facilidad.

Un abrazo.

sergio astorga lunes, marzo 21, 2011  

Este comentario también tiene un nódulo que inflama su articulación y la sonrisa aparece y desaparece gracias al encierro que es metafísico.
Será coincidencia la afirmación “Yo siempre Soy” con las otras tres palabras “Mar en calma”.

Sólo Fábola en su dolor lo sabe.

Abrazo con redes llenas.
Sergio Astorga.

Gemma jueves, marzo 24, 2011  

¿Las redes se enredan en vano? Quiero creer que no siempre es así y que el pescador lo sabe.
Abrazos

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