Día de la madre


Querido diario:

Hoy destapé el WC con soda cáustica; lavé la ropa a mano (máquina descompuesta) y la planché. Preparé niños envueltos para diez familiares que me visitaron; los atendí, oí sus logros, penas, frustraciones; me maldije por no tener diez floreros para los diez ramos de flores. Lavé los platos, serví el postre y el café. Algunos durmieron siesta: los cubrí con una frazada. Más tarde, se fueron dejando una estela de migas, servilletas, restos de niños debajo de las alfombras. Las flores estaban hediondas; el tacho de basura estaba repleto. Tuve que trapear el piso con cloro, mientras el perro se cagaba en la entrada de la casa.

 Estoy cansada. No sobró comida.
 

Ay, ya se me estaba olvidando, ¡qué cabeza!: debo deshacerme del veneno. Y a ti, querido, tendré que quemarte.

2 Comentarios:

sergio astorga martes, octubre 18, 2011  

Querido Ojo, hay días que los días se quedan maternales, donde nacen los cardos y el calor de la hoguera se resbala. Uno se siente en realidad una boca más para el veneno.
Querido Ojo esto pasa y tiene muchos siglos.

Con mi café en la humeante frente te digo: ya fui consumido por el fuego.

Un abrazo desmadrado.
Sergio Astorga

Arruillo miércoles, octubre 19, 2011  

Parece mentira después de tantos años de experiencia acumulada que siga ocurriendo. Tengamos esperanza en que la celebración del Día de la Madre sea por otra cosa.
Muy interesante tu relato.
Besos

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