Hija de Afrodita
Son las cinco de la tarde y camino por
las calles vacías. Pero, ojo, esto es una canción; no hay un yo melancólico que
desea cambiar las cosas, no hay utopía ni axis
mundi, no hay nada. Y desde el vacío me rebelo. Tienes razón, Acuarelista:
no me hallo. Y no es que no pueda ir a la esquina a comprar pan y cigarrillos.
Eso es muy fácil. No es que no logre mirar el cielo y decir: va a llover. No me
hallo en esta detención de valva imperfecta, esta ruina de mis ojos que siguen
viendo las maletas de mi bisabuela en el fragor de la guerra. El dolor
constante y el hambre de aquel de dientes chuecos.
Temblores de labios.
Espadas como labios, decía Aleixandre.
Voy a la bala y a la muerte, como una hija de la tierra.
La nadie.







2 Comentarios:
O cuando el pasado se impone, o se interpone. Y parece que no va a sedimentar jamás. Acaso en el vacío.
Uno se percibe a sí mismo como nadie pese a ser en la vida de los otros una presencia constante y deseada.
Hoy es 14 de octubre; mañana 15-O será un día para la utopía.
Fuerte y suave abrazo para ti
.
Estoy perdido y no se camino me trajo hasta aquí, sí también es una canción y las hijas de Afrodita con el semblante virado al sur saborean los huertos sin verde y el camino es viejo, empedrado de palabras. Las mismas semanas enterradas y tanta vida por los labios. Cuanto hospital es estas horas.
Tienes razón Hija de Afrodita, hallarse es perderse.
Abrazos en tierra.
Sergio Astorga
*esto ya no es un comentario
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