Animalia


Él era un cordero y me balaba al oído. Yo acariciaba su vellón y daba brincos de felicidad. Pero, yo quería más acción. Lo desollé y le puse una piel de lobo. ¡Aúlla ahora!, le ordené. Maulló apenas, como un gato recién atropellado. Entonces, ¡habla como hombre!, rugí. Y él me miró con ojos mansos. Anochecía en el Gólgota.

5 Comentarios:

sergio astorga sábado, noviembre 19, 2011  

Animalis domesticus sin lugar a dudas. De carácter pusilánime, avergüenza a su creadora. Típico en el Gólgota y en el mundo circunvecino
Pocos cambios a lo largo de su existencia. Nula esperanza.

Abrazo Neanderthal.
Sergio Astorga

Ogui sábado, noviembre 19, 2011  

Un escenario capaz de dar pánico escénico a cualquier cordero... y, si desollado, más gatito faldero que nunca. ¡Me encantó, Lilian!

Jesus Esnaola sábado, noviembre 19, 2011  

El cordero de Dios vino a este mundo a hacer una revolución, pero esta revolución era más silenciosa de lo que muchos esperaban.

Abrazos, Lilian, y gracias por un texto muy sugerente.

Abol miércoles, noviembre 30, 2011  

Gracias, chicos.
Abrazosos,
L.

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