Blatta orientalis
Un corrido mexicano me inmortalizó. Su música es
pegajosa, como yo. Pero, hay algo que me inquieta: un hombre escribe de
insectos. Él no me ve cuando paso entre sus zapatos y no sospecha que cuando duerme
yo trepo a la mesa y cabalgo las hojas tatuadas. Leo y leo; no me canso. A veces,
mastico las esquinas. Su sabor es muy similar a la corteza de los árboles. Al
amanecer vuelvo a mi escondrijo y sueño con Gregorio y Grete, con esas vidas
tan trágicas. Sueño con Gabriele, Valerie y Ottilie exterminadas en Auschwitz;
sueño que no puedo comer y que muero en un sanatorio creyéndome un grajo.













1 Comentarios:
El instante diáfano esta colgado con alfileres.
Ya no pueden caminar pero se escuchan sus huellas.
Las visitaciones son innegables.
Resiste.
Has creado lectores que te sacaran los cuervos.
Abrazos desde otro sanatorio.
Sergio Astorga
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