Graznidos V

Señora Julie Löwy
Calle U Radnice, 5
Praga

Querida madre:

¿Puedes decir que albergaste a un grajo por nueve meses? ¿Puedes dar fe que era una criatura pequeña, que cabía en la palma de la mano y que, a veces, graznaba de hambre y sueño?

Nunca me diste una jaula que me protegiera en las noches sin luna. Duérmete, ordenabas, y yo era sólo ojos en un mar de sábanas.

Me visitaban otros grajos que me dictaban historias. Así aprendí que mi fragilidad era parte del juego, que tendría un caballito y, dentro de él, un escarabajo.

Siempre me sentí solo, a pesar de tu mano mojada yendo y viniendo por mi pelo rebelde.

No me atrevo a leer tus cosas, me dijiste mientras encendías la hornilla.

Nadie leyó mis cosas. Debes saberlo. A los nazis les resulté judío; y a los comunistas, demasiado alejado de la esencia del pueblo, que necesitaba de una narrativa constructiva.

Pero, no quería la fama. Eras tú la que se miraba al espejo. Y cuando yo lo hacía te veía a ti. Siempre te vi hasta en los rincones más insospechados de mi febril imaginación.

Quizás la bañera llena de agua hubiera sido el mejor remedio al niño frágil, pero sano. Me hubieras pasado la esponja por la espalda y de pronto…

Nunca fui sano, madre. El que escribe renuncia a su cuerpo. No importa el engranaje físico, sino dos o tres palabras que se convierten en cien o en mil.

Aprende la lección del no debes ser alguien en la vida, sobre todo si estamos en una orilla tan difusa.

No me sermonees más.

Te quiere,

tu hijo Franz

Julie Löwy



1 Comentarios:

sergio astorga lunes, enero 28, 2013  

Hay caricias que nacieron rancias, sabes.
Otras nunca llegan a tu cuerpo.
No voy a comentar más.
Abrazos.

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