Palabras para "K"



Por L.

Doy gracias a la Editorial Ceibo por hacer posible este libro y a mis presentadores, Diego Muñoz Valenzuela y Martín Hopenhayn. Doy gracias, también a todos los amigos y amigas que hoy están aquí, acompañándome.

En el libro de Martín Hopenhayn, ¿Por qué Kafka? Poder, mala conciencia y literatura, hay una cita que quiero destacar: “Toda obra de arte es una caricatura: exagera ciertas facciones de su objeto para vulnerarlo y trascenderlo en una instancia única; se lo lleva a un nivel de expresividad que el objeto se resiste a alcanzar por sí mismo.”

El libro “K” posee una unidad temática en torno a la figura y escritos de Franz Kafka. De modo ficticio e intertextual, los textos recrean algunas obras del escritor checo, como “La Metamorfosis”, “El Castillo”; los cuentos “Un artista del trapecio”, “Un artista del hambre”, “El Puente”; diarios, cartas, etc.

Los textos profundizan en el acto escritural en sí mismo, el escritor enfrentado a su obra, la disyuntiva del ser y el hacer, el autor y el personaje inmersos en el motivo literario del “Doble” o Doppelgänger. La mayoría de los textos, por lo tanto, se adscriben a un tono existencial y metaliterario. Algunos de ellos se configuran como brevísimas piezas teatrales para realzar la capacidad dialógica de los personajes.

Al escribir "K" me subí al trapecio. No fue fácil su escritura; cada palabra significó una caída, un tropiezo, o vivir, como aquel artista, en la redecilla de los equipajes del tren de la literatura. Los textos se resistieron, o fue Kafka el huraño, el que no quiso ser reelaborado. Traté de acercarme desde el microcuento o microrrelato; no sé si lo logré. Comencé a trabajar más el lenguaje que la historia; había más lírica que narrativa. Yo misma me vi inmersa en el embudo, en el vórtice, donde la expresión “género literario” se me escapaba de las manos. K huía y no podía detenerlo. Es lo que es y debo aceptarlo.

Kafka se me apareció en los sueños. A veces, reía; y otras, era el monstruoso insecto que acicalaba mis pestañas con sus patas. En la vigilia, mi mano escribía, libre ya de esas imágenes y sumergida en otras más pantanosas.

“Toda obra de arte es una caricatura”. Gregorio Samsa es un insecto que ha trascendido en el espacio y en el tiempo; se ha vuelto libre de tanto pensarlo e imaginarlo. Todos somos Kafka. Todos podemos volar.

El último sueño fue que el propio K me entregaba las invitaciones para la presentación del libro: una canasta de pajaritos de papel, unos origamis blancos que yo debía entregar a quien pasara por la calle. En ellos no había nada impreso, por supuesto.

El Dr. Franz Kafka cambió mi mundo y la idea que tenía de la literatura.

Gracias.
14 de mayo de 2014.

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