Da série "Noite, o que é?", de Francisco José Viegas



NOITE O QUE É? 1.Muitas vezes penso nisso. Nas horas desencontradas, no ruído do mar, no que tem sentido e no que é só uma aproximação a todos os sentidos que a vida há-de ter. É quando uma imensa harmonia invade as coisas. A minha filha dançou no terreiro, contou ao telefone. Ouço-a no meio do mar.



NOITE, O QUE É? 2.Ouço essa voz escrita, isso basta-me muitas vezes para adormecer. Como o cheiro do café, de facto. O aroma do tabaco. Estar descalço no chão. Nadar. Pão de queijo. Dois livros, ou três. Uma cerveja fora de horas. As estradas que nos esperam, as praias abandonadas, os mapas, a nossa condição. Um dia num país, um dia noutro. Clarões no meio da escuridão.



NOITE, O QUE É? 3.A última cinza do dia, o primeiro amanhecer, uma grande quantidade de árvores, tudo o que — de repente — há de subterrâneo, perfeito. Teria sido isto, exactamente isto, que se ouve a meio da noite? Entretanto faço listas, o mundo organiza-se assim, mais tranquilo; os sonhos são sempre desenhos que se podem tornar mais nítidos, mais próximos, à medida que os dias passam. Quantos dias faltam? O que flutua quando o vento passa?



NOITE, O QUE É? 4.Saudade do cinema, quando os filmes contavam uma história impossível («conta-me uma história»), comer a meio da noite, cozinhar, insónias amáveis, olivais perdidos. De noite espera-se sempre mais. E penso nisso muitas vezes: nas horas desencontradas, no que há-de vir, em ser esperado pela própria noite, que é o lugar em que mais espero.



NOITE, O QUE É? 5.Uma voz. Uma música, o vento desta manhã, a tempestade («a tempestade também és tu dentro do meu coração»), os carros que passam ao longe. Inventa-se uma língua estranha, cativante, a meio da noite — sem mágoas, sem profecias.




NOITE, O QUE É? 6.Um estranho mundo de coincidências e de esperas. Pensamos nas mesmas coisas, nas mesmas palavras, nas mesmas fotografias. Pés a chapinhar na água, a luz dos relâmpagos, passeios sem destino, um sopro, coisas que ficam por dizer, guardadas. E aromas, cheiros: café, bolachas, bolo, um cigarro.



NOITE, O QUE É? 7.A meio da espera, fechar os olhos e não ouvir nada, nada, nem os ruídos da noite. Dessa maneira, as coisas vêem-se muito melhor: um muro, as árvores, a cerveja, o riso, uma casa, um telheiro onde não chove, todas as coisas que não têm nome e são uma vida inteira por acontecer. Fechar a luz. Fechar os olhos.



NOITE, O QUE É? 8.Dizem-se mais coisas. Como é que pôde haver tanto silêncio, antes? A meio da noite não faças muitas perguntas, o mundo muda de lugar com muita facilidade. Um dia estaremos num país; passaremos a fronteira ao entardecer, à procura das estradas. Uma voz. Postais ilustrados. Segredos. Respostas à procura de perguntas. Viver de passagem, a meio da noite, só a meio da noite, o fim do Verão leva tudo, há-de trazer tudo no mesmo instante.



NOITE, O QUE É? 9.Oiço o ruído dos canaviais não muito longe. Pequeno vento a meio da noite, pequeno vento. A única tempestade, ninguém a suspeita. A meio da noite adormece-se a pensar nesse perfume.



NOITE, O QUE É? 10.Sentar-se um homem diante das coisas e parar, para que o resto dance à sua frente como um retrato que traz preso aos olhos. Talvez isso seja o que mais acontece à noite, ou quando há um perfume preso às camisolas, uma variação qualquer naquele vento. Relva, relva verde. Varandas delicadas cheias de sombra. Insónias. São tão simples, os favorecidos do mundo, tão cheios de sorte. Tão cheios de frio, de coisas caladas.

En
Crónicas de Francisco José Viegas

Read more...

Ojepse

Con el verano regresa a mí tu espejito de mano. En él me miro y repito: espejo, misterio de azogue, dime dónde está Sofía. Y el reflejo muestra a una mujer desnuda corriendo por praderas amarillas, perfecta en su soledad de trigo recostado. Ella va trenzada, toda su piel es una trenza y yo la veo desde mi lugar prefabricado. Amarla me hace distinguir unas arrugas que la risa infame ha dejado botadas, unas muecas dentadas y lenguaraces, dos o tres pecas, una nariz que huele el amarillo de su cuerpo. El espejo rueda por mi cama de mentirosa. Preguntarás quién de las dos es más Blanca Nieves, quién dormirá para ser despertada por el beso de un sapo viscoso. O recordarás que alguna vez fuimos Cenicientas y que fui la que primero trapeó con labios amables tus lindas sandalias rojas. Pero con ellas no podías dejar de bailar y yo hice de leñadora sólo para cortar de un hachazo esos pies danzarines. Alguien tenía que hacerlo. Sabrás que no hubo ningún lobo merodeando por tus retazos de ficción; sus colmillos los llevo yo, a modo de collar hechicero. Sólo recreo por un espejo a la bestia de corazón nostálgico que corre por esas praderas singulares. No quisiera decírtelo, pero lo digo: abro la boca enorme y produzco unos sonidos palatales y fricativos. Le hablo a un espejo y permito que la saliva se descuelgue por mi cuello. La saliva sabe su camino, conoce el recoveco de los ojos que no son ojos, pero que igualmente miran en silencio. Ojepse, ojepse, ¿dónde está? No reconozco la voz que otros me han dado, como un regalo para una muda. Ojepse, ojepse…, serás amado por la Sofía pecho de paloma, praderosa y trilla trigueña, la que arranca por la barranca y destroza su propia imagen. ¿A quién le hablo, a quién le escribo, a quiénes le inserto un haz de luz molestosa por el juego especular? En fin, sólo quiero saber cómo estás, si lloras asiéndote de tu pequeño mundo sabanesco. Serás el piano y una octava, Sofía, y yo seré tu admiradora secreta; seguiré con la pelvis el movimiento de tus caderas lustrosas, vigilaré tu boca reseca de tanto amar, y seré la gota de agua que alimente tu deseo. Por mientras puedes correr por las praderas amarillas, así tendré la certeza de que la imaginación produce un dolor aquí, Sofía, en el centro de mi mujer espejeada. Para el susto somos dos; para el amor no hay nadie. La palabra se queda en casa y aprende a ser dicha sin interrupciones; la palabra ama más que el mismo amor, y esto es una diversión y un final dichoso, con perdices y fueron muy, sin pesares ni embargos. Los aunque fueron soplados por el viento, y basta una historia huérfana para sanarme de esta compulsión tan abnegada que es escribirle a un personaje que yo misma he inventado, desprendiéndome así de las retinas amarillentas que desenfocan a la mujer amada, aquella piel sin punto aparte y reflejada, como el ojepse y yo.


Read more...

Sarah Vaughan: Don't blame me

Read more...

Silvio Rodríguez /Por quien merece amor

Read more...

Mujer frente al espejo

El ojo le dijo a la boca: Mírame.

La boca respondió: Bésame.

El ojo lloró.

La boca se tiñó los labios de sangre.

El espejo reventó en mil pedazos.
.

Read more...

La única película que no hemos visto


Y aquí estamos entumidos
como a la salida del cine
en invierno
entumidos y tan solos
dando manotazos al mundo
pálidos y ojerosos
arropados en sábanas deslucidas
de tanto lavado.

Así nos encuentran los días y
noches
incapaces de decir basta
entregados a la disciplina
diaria
al cotidiano devenir de la
muerte
asidos al rebaño a regañadientes
disconformes
frustrados
desolados
soldados de plástico barato
envueltos en pilchas de liquidación
amargados
¡reconoced!
no somos más que marionetas
agujereadas por balines
aburguesados
actuando una mala obra
para la eterna taquilla de siempre.


Cecilia Palma (Santiago-Chile)

Read more...

Otros humos






Hombre solo fumando
Jean François Lyotard dice que la era postmoderna se define por la crisis de los metarrelatos, es decir, se pierde el gran héroe y los grandes periplos. Otro teórico francés, Gilles Lipovetsky, habla de la era del vacío, donde la angustia metafísica se trastoca por una total indiferencia. Es el vacío por exceso o sobre consumo, hombres y mujeres reflejándonos en los espejos de Narciso, obcecados por el ombliguismo. Pero mi ombligo me dice otra cosa, pide a gritos que lo amen, y vive escondido en un cuerpo que se hidrata en la ilusoria fuente de la eterna juventud.
Recuerdo a un hombre solo fumando en el Central Park de Manhattan. Había decidido pasar la tarde en el parque recostada en el pasto, leer The New Yorker, dormitar y mirar a esos miles de seres diferentes que hacen lo mismo que uno. Al hombre lo habitaba una soledad tan indecentemente perfecta que me enamoré al instante, característica muy posmo, por lo demás. Ya no pude leer o dormir o solazarme con los muchachos de torsos desnudos y brillantes deslizándose en patines. El hombre fumaba apoyado en el tronco de un árbol, quizás dispuesto a terminar con su vida, como en el cuento de Jack London. No estaba triste, estaba solo y su dignidad al tomar el cigarrillo y acercarlo a su boca me enloqueció. Era un cuadro que pronto se nublaría, una visión fugaz que no podría retener salvo en la memoria del deseo. Mirarlo se convirtió en mi actividad primordial, en proyecto sin agenda ni futuro. Sus ojos eran amarillos; lo descubrí porque en un momento - segundos quizás- clavó su mirada en mí como un dardo de feliz veneno áureo. Imaginé al hombre tendido a mi lado, su mano en mi pierna, abriendo lentamente sus ojos de tigre para amarme y caracolear su lengua en mi ombligo, yendo por camino conocido hacia el pubis anhelante. Imaginé unos años buenos junto a él, una hija, un columpio, un yogurt vencido en el refrigerador, un calcetín huacho en el canasto de la ropa limpia. Pero el tiempo es inmisericorde - ya lo sabemos- y cuando dejé de ensoñar él ya no estaba, el único marco era el gran arce cuyas hojas se mecían con una normalidad insoportable. Corrí hacia el lugar para ver si había dejado alguna huella, un trozo de su sombra, una miga de soledad, y no encontré nada, sólo árbol y viento, más allá mujer e iguana, saxofonista imitando a Coltrane, nigerianos comiendo pastrami. Nada, hasta que vi la colilla aplastada en el suelo. La recogí y me la guardé en el bolsillo. Ya en casa la busqué inútilmente, y los bolsillos de mi chaqueta estaban llenos de un polvo amarillento, una especie de polen fragante.
El hombre solo fumando Marlboro es la historia más pequeña y alérgica que he vivido hasta ahora, sin héroes de ninguna clase, sin espadas clavadas en la arena esperando el instante de ser desclavadas y blandidas en el aire acerado de Coney Island o Ground Zero.

Read more...

Cuarteto Latinoamericano de Saxofones

Charagua/Víctor Jara.

Cuarteto Latinoamericano de Saxofones.
Saxo Tenor: Raúl López.
Saxo Soprano: Alejandro Vásquez.
Saxo Barítono: Jaime Atenas.
Saxo Alto: Ricardo Álvarez, compañero de la Pau y papá de León y Sofía.

Read more...

Vivir su vida / Aguas de Marzo

Extraña mezcla

Read more...

Jugarse la muerte


Cuando eligieron al presidente Salvador Allende usaba pantalón "pata de elefante" y poleras bordadas a mano. Para el fatídico día once, andaba en bicicleta por el barrio y vi pasar los Hawker Hunter rumbo a Tomás Moro. Era sólo una adolescente enamorada de un vecino de veinte. Ese día no lo encontré en su casa. Luego, con estado de sitio, no pude volver a la calle. Mi vecino no regresó nunca más. Aún tengo en mi piel memoriona sus ojos aceitunados. Una soledad sin nombre me conmueve, me hiere los pies a cada paso, recordándolo.
Años más tarde usaba poncho y calcetines chilotes. Iba al Pedagógico, me enamoré de un dirigente. Cuando hacíamos punto en alguna calle del centro fingíamos ser pololos. A pesar del miedo, la pasábamos el descueve – expresión de esa época- y nos besábamos hasta que nuestras rodillas tiritaban. Hordas de pacos pasaban a nuestro lado lumeando a nuestros compañeros o empapándolos con el agua sucia del lanzaguas. Luego conocimos la fragilidad de ser amantes, nos jugamos la muerte mientras afuera llovía y alguien silbaba con fondo de extractores de aire.
Es cierto que olvidamos las palabras, no era necesario hablar para tocar te amo, para acariciar te deseo, para rasguñar tú - mi egoísmo más acérrimo. Y el tiempo estuvo en contra. A las siete, dijimos, a las cuatro, a las once, había que programar hasta los más mínimos segundos, el momento de llegada y el de partida, como si fuera una carrera de relojes y no dos cuerpos entrelazados en la obscena postura del miedo.
Ambos esperamos que uno de los dos llamara, recordando cómo huele la piel después del amor, cómo es un beso hecho de lágrimas, reviviendo el placer de las caricias imperfectas y el horror del adiós en las calles grises.
Y no nos llamamos, no nos buscamos, supimos que era mejor no perturbar la paz del desencuentro y preferir la lucha noble. Quisimos renunciar al amor bravo, al amor que duele, sobre todo en esos momentos en que yo escribía y él miraba a través del velo de la cortina si venían a buscarlo.
En silencio nos extrañamos, buscamos la fotografía que nunca existió, la carta destruida, los panfletos, algo que nos recordara que los amantes eran nosotros mismos y no los otros que creímos ser. En silencio, dejamos que la tarde nos fuera adormeciendo, no supimos cuándo nos convertimos en fantasmas. Así, fuimos más bellos y más fuertes; por la inocencia, nada más que por eso.
Rodeados de múltiples sueños continuamos amando, sin darnos cuenta de que lo amado ya no estaba, que otros ojos retuvieron el desencanto de la lejanía. Continuamos deseando, utilizando espejos, máscaras, toda una escenografía bien diseñada para ocultar aquella terrible manera de no estar. De él guardo un botón de ojales rotos.

Read more...
Page copy protected against web site content infringement by Copyscape CÍTAME

OJÍMETRO

http://www.wikio.es
Blogalaxia
eXTReMe Tracker
Creative Commons License Free Web Counters
Ranking de blogs

Map IP Address
Powered byIP2Location.com

  © Blogger template Webnolia by Ourblogtemplates.com 2009

Back to TOP