Historia con espinas

astrophytum myriostigma
lophophora williamsii (peyote)
carnegiea gigantea (saguaro)
L.
Ivalú

He esperado muchos, muchos años, para ver el glorioso momento del desenfreno amarillo de los astrophytum y el del lophophora williamsii, cuyas flores duran sólo un día. La mínima flor rosada del lophophora williamsii tiene un olor muy afrodisiaco: huele a sexo femenino. Los astrophytum huelen a sexo masculino. Perfecta relación yin-yang.
La carnegeia gigantea (saguaro) es un bebé aún (diez años) y dudo que en vida pueda verlo florecer. Vive con él una echeveria gris azulada.
Para las que amamos los cactus, vale la pena tener los dedos con espinas encapsuladas dentro de la piel. Odio los guantes de jardinería. Claro que las doscientas especies diferentes de cactus y suculentas que ya tengo se han acostumbrado a mí y no me hacen nada. Me miran a través de sus agujas y dicen algo así como: “ámanos, ámanos”. Quizás es sólo el silbido del viento o las quenas tristes de los cactus de San Pedro que quieren volver al desierto.
Aquellos que piensen que me como los cactus, están en un profundo error. No podría devorar a mis hijos espinudos. La mejor droga es el voyeurismo: no me canso de mirarlos. Tanto los miro que Ivalú, la loba blanca, que también vive en mis lares, se pone celosa y los ataca en plena noche. Desde mi cama oigo sus gemidos lastimeros. Los cactus se han defendido por enésima vez. Entonces, debo levantarme a sacarle las espinas enterradas en su hocico.
Ha llegado el momento de tomar una decisión: la literatura o los cactus. Debo confesar que soy más feliz haciendo injertos y cristaciones .

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La vida escrita

Quien tenga o haya tenido un diario de vida (los hay de muerte) podrá decir con toda certeza que escribir, anotar, plasmar, estampar hechos cotidianos, ya sean verdaderos o falsos, es mejor que andar por ahí quejándose de la falta de una oreja amiga. En el diario de vida lo que se privilegia es el pasado y el futuro condicional. Ejemplo: “Él me amó y fui feliz” o “Si él me amara yo sería feliz”. Los hechos sucedieron en el acto mismo del presente escritural o tienen una posibilidad de ser. Yo tengo un diario de vida adentro del disco duro, en un archivo llamado Kitty, como el de Ana Frank, que murió dejando una vida escrita. En mis tiempos adolescentes tenía uno con tapas moradas, anti Hello Kitty (que es la burla moderna a la instancia de escribir cómo el tiempo se acaba en una guerra atroz), sin candado ni otros refuerzos de privacidad. Mi madre lo leyó hasta la saciedad para cerciorarse si tiraba, militaba en algún partido político, de preferencia de izquierda, o me drogaba. Era el anzuelo que ella mordía porque era incapaz de decirle que en su sillón predilecto me revolcaba con el chico de turno y esos atraques (llamados “de sillón”) eran un atentado contra el tapiz y la esencia misma del mueble que adquiría la apariencia de un nido de lauchas. Proliferaban la saliva, el lápiz labial y el colirio, los pelos y el semen; los esponjosos cojines se reducían a una cosa plana porque los usaba para elevar mis caderas y favorecer el ding dong del juego erótico juvenil. Imagino a mamá leyendo rápidamente esos polvos descritos con un detallismo tan exacerbado, sólo como yo podía hacerlo. Lo que ella jamás vio fue el sillón destruido después de esos ataques de sexo y lujuria. Me las arreglaba para dejar todo como si nada hubiese sucedido.
¿Se fue? Sí, mamá, se fue. ¿Y qué estudiaban tanto? Trigonometría, logaritmos y cómo se templó el acero, mamá. Ah…, debe ser difícil esa materia, mira que estás colorada. ¿Yo? Sí, tú, y además estás sudando a chorros. Es porque estoy nerviosa, mañana es la prueba. ¿Ordenó? Sí, mamá. Pero, déjeme ver…, tiene el chaleco al revés, sáqueselo que es mala suerte, ¿y la blusa?, ¿por qué está sin blusa? Pucha, mamá, tenía calor. ¿Y su compañero se dio cuenta que andaba así? Pa’ na’, vieja, es más volado ése. ¡Ay, es marihuanero! Nooooo, mamá, es volado porque es volado, desconcentrado. ¿Y si es desconcentrado para qué estudia con él? Capaz que le vaya mal en la prueba…,¿qué le pasó en el cuello?, venga, acérquese. Nada, me golpeé con la puerta.
Y así hasta el infinito. Por eso exageraba la escritura, y copiaba párrafos enteros de Fanny Hill en el diario y añadía historias morbosas y truculentas de El monje loco, así mamá sabría que mentía un poco porque Fanny Hill era de ella y lo tenía escondido detrás de una biblia gigante, con ilustraciones a todo color de Jesús en la cruz o resucitando a muertos o resucitando él mismo y ascendiendo a unos cielos celeste kitsch.

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Abismo de tus labios


Navegando por los intrincados laberintos de Internet me encontré con Abismo de tus labios, blog mantenido por Jesús Soler. Seleccioné cuatro textos, de los muchos que hay ahí. Se trata de una escritura fresca y sin ataduras retóricas, que busca la palabra más allá de los archiconocidos clichés del amor y sus variaciones. Van mis felicitaciones al joven escritor y le deseo que persevere en sus escritos.


Prometo que alisaré con mi mano
los rizos de tu pelo negro.
Prometo que mi guitarra sonará para ti
y tú estarás lo suficientemente cerca;
prometo que encenderemos juntos las velas
que alumbran tu noche y mi día.
Prometo que esta vez trataré de hacerlo todo un poquito mejor
o más despacio…
Prometo que te haré sonreír
y que intentaré arrancarte la pena.
Prometo que me acercaré a ti
con verdad, sin miedo,
para regalarte lo que llevo encima:
mi moneda de tres caras
mi espejo cóncavo y con besos
mi mano tendida
mis noches de fiesta
mi punto de vista
mi pluma y mi espada
y todo lo que logre sacar de aquí dentro.


No sé si te sirvió para algo todo lo que te dije
cuando las hojas todavía estaban en los árboles.
Me gustaría pensar que sí; que cuando llegues lejos
(porque vas a llegar)
una parte de lo que seas
haya nacido aquella tarde.
La herida en el costado se me haría más pequeña
al sentir que mi alma tuvo algo que ver
con tu camino.
No es egoísmo, ni dolor,
es enterrar el hacha que yo no agarré.


“Disfrutemos del paisaje”, decías, “no hay prisa por llegar”, y también, “espero que tengas un armario grande, no habría espacio para tantos fantasmas”. Mientras tanto, abrías dos botellines y me pasabas uno con la mano izquierda mientras con la derecha deshacías mil nudos que habíamos dejado olvidados. El sol nos calentaba y entrecerraba tus ojos, como las cortinas de un escenario en el que siempre había actuación. En momentos así echaba en falta una buena respuesta, habitualmente aparecían varias horas después y ya no merecía la pena, nada tenía demasiado sentido. Supongo que es una sensación común, me refiero a que no me arrepiento de ninguno de los caminos escogidos, pero reconozco que habría sido al menos interesante haber tomado un par de decisiones cuando las cosas empezaron a torcerse, y hoy en día ya casi nadie se ata al mástil cuando aparecen las sirenas. Así que a veces cierro los ojos y me traslado a otros lugares, otras situaciones: en un contexto diferente posiblemente compartiríamos frecuencia de resonancia, girando en la misma órbita; ahora nos tenemos que conformar con solsticios y equinoccios, fechas que apuntar y un cajón cargado de recuerdos. Y, sabes, tenías razón, no es lo bastante grande y estás un poco por ahí, debajo de la almohada o en el surco redondo de un vaso de cerveza. Ahora eres más niebla que lluvia, no sé muy bien si es mejor o peor, de todas formas aquí no abundan los días soleados.

parte del agua

A ella le apetece de vez en cuando buscar las orillas, sentirse uno de esos restos del naufragio, cuerpos extraños en tierra firme. Él se asoma buscándola desde cada puente, nunca sabe dónde la va a encontrar. Esta tarde, ella lo espera en el muelle, junto al ayuntamiento, y sonríe cuando lo ve acercándose por la calle Buenos Aires. Durante un momento eterno, que puede ser un minuto o un par de horas, recorren la ciudad de punta a punta, y aunque son parte de ella desde que tienen memoria, son como dos árboles que han dejado crecer sus ramas hasta entrelazarse: es ahora cuando están descubriendo cada calle, cada silueta de luz y sombra en los balcones, a través de un prisma compartido; miran a través de los ojos del otro. Y él no sabe cómo hacer para permanecer un rato más así, dibujándose de una forma nueva en cada paso que dan, ajenos al tráfico y a la lluvia. Sin embargo, tiene la certeza de que mañana sólo debe acercarse a cualquier otro puente, y podrá de nuevo respirar su sonrisa. Así que no siente dolor cuando ella se suelta suavemente de su abrazo, se sumerge en el agua y se aleja, confundiéndose su reflejo con los rayos del sol, que, como él, también parecen querer retenerla en la superficie.

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Intertextualidad, por Carolina González

Se presentan dos autores de contextos diversos pero que tienen algo en común: la intertextualidad entre unos selectos escritos que se irán especificando poco a poco.
El primer autor: Francisco de Quevedo, connotado poeta lírico, escritor político y severo moralista; quien perteneció al período barroco conformando una tendencia estilística de nombre: conceptismo, el cual tenía como base romper el equilibrio de la forma y el contenido haciendo que este se desarrolle a costa de aquella. El ideal de los escritores conceptistas es decir mucho con pocas palabras; éstas significan, a veces, dos o tres cosas a la vez. El resultado suele admirar por la
agudeza del ingenio.
Pese a ser Quevedo un desenamorado y misógino, es considerado uno de los mejores poetas amorosos. Si bien no cantó a mujeres concretas, lo hizo a la honda pasión del amor, a los efectos que esto produce en quién lo siente. Entonces toma este sentimiento del amor como la razón de vida, tomando a la muerte como su contrario, su rival.
El siguiente soneto de corte petrarquista en donde la muerte no vence al amor, quedará evidente en el último terceto.

Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.


La siguiente autora es chilena, Lilian Elphick, quien nace en Santiago en el año 1959. Su obra cuentística ha sido considerada entre múltiples antologías aparecidas en nuestro país y en el extranjero. Además fue distinguida como finalista en el premio Juan Rulfo. Se ha desempeñado como directora de talleres literarios y guionista de televisión. Hasta el año pasado presidía la corporación cultural Letras de Chile.
Esta autora además de crear cuentos, crea microcuentos, los que en nuestro país han tenido un gran auge, ya que se han creado varios concursos en lugares tan cotidianos como en el “Metro” de la capital. Es así que el avance de las tecnologías ha logrado que los microcuentistas chilenos puedan acceder a festivales virtuales sobre este subgénero. Durante el primer festival virtual el año 2004 (
www.letraschile.com), auspiciado por la corporación cultural de Letras, es que las editoriales autorizaron a la publicación de algunos textos y allí en donde se ha encontrado el siguiente microcuento perteneciente a la señora Lilian Elphick.

MAS POLVO ENAMORADO
(Lilian Elphick)

Soñé contigo, Pelá.
Soñé que te hacía
polvo
y que tú me lo agradecías.

Entre ambos textos existe una intertextualidad de tipo continuo, ya que comenzando con el título del microcuento “Mas polvo enamorado”, notamos que guarda similitud con el último terceto del soneto de Quevedo. Entonces esto nos da un sentido de continuidad, y se puede tomar de varias formas: qué ocurrió con ese amor después de la muerte, qué pasa con los amores en la muerte, o qué le pasa a la muerte con el amor, que es lo que resalta mayormente el microcuento y esto también provoca y causa un sentido de continuidad, es decir, es el tratado del microcuento con la muerte. Ocurre que el hablante lírico juega con la muerte quevedesca, esa muerte que separó lo físico pero no el sentimiento, y es así que se demuestra que hasta la muerte es capaz de amar, esta representación de la “Pelá” agradeciendo por un “polvo” demuestra que la muerte también siente y también ama.
Pero agregado a esto, el microcuento tiene un tono burlesco de este amor sublime quevedesco ya que el amor presentado por Elphick es de corte sexual.
En segundo lugar, y lo más interesante del fenómeno intertextual, es que ambos autores juegan con el lenguaje connotativo. En primera instancia, Quevedo asume ese “polvo” enamorado como huesos desechos (cuando los humanos morimos sólo queda el polvo del rastro físico de lo que alguna vez fuimos) y que aún siguen amando. Pero la autora del microcuento, toma también el elemento connotativo sólo que lo aterriza a su sociedad contextual: la chilena. Entonces la palabra “polvo” como la mayoría de los chilenos la utiliza, ella la usará también para nombrar una relación de tipo sexual.
Además la otra connotación de idiosincrasia chilena es la utilización de la palabra “Pelá” aludiendo a la muerte.
Todo esto me lleva a pensar que el microcuento de Elphick es una concreta asimilación de cómo el lector chileno toma lo clásico. Es un elemento casi cultural y masivo el burlarse, el tomar el doble sentido en las apreciaciones y buscarle otras denotaciones a las palabras, es nuestra forma de descansar y relajarnos con respecto a lo clásico, es no tomarse tan en serio lo serio y reír de lo que otros no harían. El chileno es así… serio cuando quiere y burlón todo el tiempo.

En:
Resurrección
***
Nota: Agradezco a Carolina su interesante análisis sobre mi microcuento, incluido en el volumen Ojo Travieso, pronto a ser publicado con el apoyo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Santiago de Chile.

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Cada libro es una imagen de soledad


“Coloca una hoja de papel en blanco ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras.
El cielo es azul, negro, gris y amarillo. El cielo no está allí y es rojo. Todo esto ocurrió ayer, todo esto ocurrió hace cien años. El cielo es blanco, huele a tierra y no está allí. El cielo es blanco como la tierra y huele a ayer.
Todo esto ocurrió mañana, todo esto ocurrió dentro de cien años. El cielo es de color limón, rosa y lavanda. El cielo es la tierra. El cielo es blanco y no está allí.
Se despierta. Va y viene de la mesa a la ventana, se sienta, se pone de pie. Va y viene de la cama a la silla. Se acuesta, mira fijamente el techo. Cierra los ojos, abre los ojos. Va y viene de la mesa a la ventana.

Encuentra otra hoja de papel. La coloca ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras con su pluma:
Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.”


Paul Auster. La invención de la soledad.
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El trabajo de la memoria en esta novela.
La estructura narrativa fragmentada.
La memoria escrita es la cicatriz que todo escritor pretende.
El personaje busca la memoria como si fuera su sombra.
Recordar la propia sangre transgredida.
Padre. Hijo. Miradas oblicuas.
Si encuentras un azar abandonado en la acera, no lo recojas.
Podría ser tu padre, borracho.
La propia memoria siempre es otra memoria.
La capacidad camaleónica de la palabra.
La novela ya no es novela, lo novedoso.
Problemática de una resurrección genérica.
La indecibilidad.
La inconclusividad.
¿Paradoja de la traición?
Paul Auster c’est moi.
La inventada.
El golem que no volverá a ser porque nunca fue.
Aquí está la literatura.
¿Cómo la imaginamos?

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Flavia Radrigán, dramaturga y narradora chilena


Ocho Fragmentos de la obra teatral “Un ser perfectamente ridículo”, de Flavia Radrigán


(FRAGMENTO 1)


Malva : Le hice una pregunta, señor Neruda. (Pausa) “No responde. La mayoría de los recién llegados se transforman rápidamente en estatuas que lloran, o en lobos incendiados por la cola que embisten despavoridos contra las sombras de personas o de palabras que pueblan este crepúsculo interminable. Él no, el señor se permite permanecer impávido frente a la desolación general... Pero no me trago que por ser quien es, su actitud de ausencia sea de origen laberíntico, que esté fuera de nuestra pobre comprensión de inferiores. No sé qué vivirá aún en él, a quiénes verá pasar por sus recuerdos. Solo sé que a mí no, que a mí no. Puedo atestiguar que morí cien veces frente a las puertas de su torre, sin que él se diera cuenta. Hijo de perra.” (Se vuelve hacia él) Le hice una pregunta, señor Neruda.


(FRAGMENTO 2)

Jan : Primero el baldado tendrá que escucharme! (Lee la hoja que ha sacado). “Inscripción numero 450 del 1° de Agosto de 1904, en donde, según sentencia judicial ejecutoriada que se archiva en el legajo de nacimiento del presente año con el número de esta inscripción, se deja constancia que el inscrito como Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, llamárase de ahora en adelante Pablo Neruda”. ¡Con qué derecho! ¡Qué significa esto!

Pablo : Un homenaje.

Jan : (A Malva) ¿Escuchó? ¡Homenaje! ¡Robo, aprovechamiento, muerte civil, plagio, estafa! (Se acerca a él) ¡Si te querías hacer notar por qué no te pusiste Shakespeare, chuchas de tu madre, o Eurípides o Mallarmé o... Tapa de libro o Mantel de Turno, aprovechador de mierda!

Malva : Calma, calma, así no, señor Neruda, así no.

Jan : ¡Me robó lo que era más mío en la tierra, mi nombre, me robó el nombre!


(FRAGMENTO 3)

Un breve, incómodo silencio

Jan : Malva Marina ¡quién pudiera verte
delfín de amor sobre las viejas olas
cuando el vals de tu América destila
veneno de sangre de mortal paloma!
¡Quién pudiera quebrar los pies oscuros
de la noche que ladra por las rocas
y detener al aire inmenso y triste
que lleva dalias y devuelve sombras!

(Los mira) ¿Por qué no reaccionan? Hay que centrar esto. ¡Malva, se lo escribió García Lorca! Recuérdelo.

El elefante blanco está pensando
Si te dará una espada o una rosa;
Java, llamas de acero y mano verde,
El mar de Chile, valses y coronas.
Niñita de Madrid, Malva Marina,
No quiero darte flor ni caracola;
Ramo de sal y amor, celeste lumbre
Pongo pensando en ti sobre tu boca.

Pablo : Escribí a todo lo que debía escribir. Mi verdadero tema fue el amor (Se acerca a ella, le toma las manos) Pero no podía abarcarlo en su totalidad, sólo me dieron una vida, y los enemigos del amor son demasiados.


(FRAGMENTO 4)

Malva :Que no era nada
Que no era nadie
Y que era todo lo que tenía
Dios, haz un pronunciamiento
Da un golpe
Tómate el poder
Pero haz que este hombre se calle
Que me deje hablar
Un pez, un pájaro, un grito
No una niña. Nunca una niña.


(FRAGMENTO 5)

Pablo : (Para sí) “Qué diálogo más banal, más estúpido. Me quieren arrastrar hacia algo obscuro, hacia algo siniestro, y están esperando el momento propicio; es como una enorme ola en suspenso, o como el presentimiento de que escucharemos un extraño crujido en la noche. Pero pierden su tiempo, la gloria que me envuelve es un escudo impenetrable, (Jan encuentra lo que busca, mira a Malva pidiéndole autorización, ésta asiente. Jan tira de la hoja sacándola) aún cuando lograran abrir una brecha, nada obtendrían; lo que prevalecerá por siempre es aquello que levanté sobre la tierra. Hombre providencial, labriego infinito, soy inmune, completamente inmune.”

Jan : ¿Por qué no se extrañó al escuchar mi nombre?

Pablo : ¿Eso es todo lo que quiere saber?

Jan : No.

Pablo : Entonces desnúdese de una buena vez. Terminemos con estas vueltas y revueltas; saltemos adentro, al corazón de su infierno.

Malva : Y del mío.

Pablo : Del nuestro.


(FRAGMENTO 6)

Pablo : Le hice una pregunta, niña, ¿qué significa Locustateología?

Malva : ¿Se burla de mí?

Jan : Yo creo que sí, que sí, que sí.

Pablo : No, desde luego que no. (Pausa breve) Que no, que no.

Malva : Locustateología quiere decir, Teología de las Langostas.

Pablo : ¿De las langostas? ¿Es decir, langostas buscando a Dios?

Malva : Sí. Y no a un Dios langosta. A Dios.

Pablo :¡Vaya, cuanta desesperación por encontrar a un Padre!

Malva : A Dios.

Jan : Fueron temas de Fisicoteologías, señor Basoalto. Estuvieron muy en boga a fines del siglo XVII. Yo sí sé de eso.

Malva :¿De verdad no lo sabía?

Pablo : No, ya se lo dije. Esto me ha sorprendido.

Jan : Fue una verdadera fiebre.

Malva : Ranateología, Petinoteología...

Pablo : ¿Los petisos buscando a Dios?

Jan : Qué vulgaridad, señor, qué vulgaridad.

Malva : No. Los peces. Astroteología, Costoteología...

Pablo : ¿Los que sacan la cuenta sobre el costo de buscar a Dios?

Malva : No, aunque usted siga con su turbia costumbre de rechazar lo que no le sirve para exhibir, debe reconocer que lo feo existe. (Pausa breve) Para su información, "Costoteología" es la teología de las hierbas...

Jan : Y harto que les costó llegar a ella.

Malva : ...Y la Brontoteología que es...

Pablo : Ah, claro, la teología de los brontosaurios.

Malva : No, la de la tormenta.

Pablo : (Harto) ¿Y no hubo nadie que escribiera sobre Mierdateología?

Jan : No, ni tampoco sobre el Dios de los padres abandonadores, así que aproveche de escribirle una oda.

Malva : ¿Hecesteología, quiere decir usted?

Pablo : No, hablo de alhorre, sirle, o deyección, lo que usted conoce probablemente como mierda, excremento, deposición, caca, plasta, boñiga o zurullo. Eso hubiera sido una búsqueda mucho más interesante, cálida, íntima y verdadera.

Malva : Sí, supongo que sí. ¿Pero de qué se extraña? Usted le escribió a los congrios, a las piedras y a las cebollas.


(FRAGMENTO 7)


Pablo : Lo siento, entiendo el lenguaje de los carretoneros pero no lo hablo.

Jan : (A Malva) ¿Escuchó? ¡Me llamó carretonero, sigue menoscabándome, el odamaníaco!

Malva : Usted se expuso.

Jan : ¿Está con él?

Malva : ¡No, no, no, de ninguna manera!

Jan : Sí, está con él. Claro, es su padre.

Malva : Nunca tuve padre, nunca. Alguien se metió con mentiras en lo hondo de mi madre y me arrancó de sus tuétanos, para tirarme a la vida convertida en un engendro destinado sólo a gemir en la oscuridad. Decían que era un gran poeta, un incansable creador de mundos y de belleza. Pero yo sólo recuerdo su ausencia, mundo de horrible y desolada pobreza y los tarareos de una madre desesperada, que sólo tenía su voz para darme de alimento.

Jan : (A Neruda) ¿Escuchó?

Pablo : Sí.

Jan : ¿Y qué tiene que decir?

Pablo : Nada. Podría repetir que uno se pasa la vida aprendiendo a vivir, y que cuando aprende, se muere. Pero no diré nada, creo que ni el desprecio ni el resentimiento bastan para sustentar una conversación.

Malva : Se equivoca, ésta no es una conversación.


(FRAGMENTO OCHO)

Monólogo final de Malva

Malva : Maldito hijo de perra puede morirse si quiere¡
Púdrase!
Reviéntese comiendo y bebiendo.
Siga aprovechándose de los que lo admiran.Todo esto se reduce a su muerte a su olvido.Vuelva a la concha de su madre (ríe).
Estoy conmovida.
La emoción me tiene paralizada.
Estaba muerta antes de nacer. (ríe, entristece).
Cómo puedo enterrarlo
si lo único que deseaba era que llegara, para mirarlo, para escucharlo.
Quería jugar.
Tenía tantas ganas de jugar con él.
Que me defendiera de las burlas, de las preguntas de los otros niños.
Que llegara a buscarme con un dulce con un globo en la mano.
Sólo quería que me escuchara cantar.
Dios,
no sabía qué hacer con esto.
Me negaba a actuar como él lo hizo conmigo.
Porque yo era un ser perfectamente normal,
sabía bailar, leer. Yo sentía.
Por eso estoy aquí.
Por eso he crecido.
Me bautizó Malva Marina para que conociera las virtudes de su signo, de sus océanos y el agua se me metió por la vida,
llenó mi frente de olas y espuma,
los peces me usaron de cebo.Y aún así, sobreviví.
Necesaria e inútil como el sol entre los muertos.
Sin rocío ni flores, envuelta en trozos de recuerdo,
ligera y hermosa como nube de luciérnagas.
Qué feroz la razón.
Sé que no me quiere,que no le importa escucharme.
Que lo encuentra inútil,
que sus amantes y celebraciones llenaron el espacio de mis juegos y mis canciones,
que para mí no habrá respuestas.
Pero aquí estoy.
Ahora puedo hablar, aprendí a hacerlo para que los gritos no me rompieran la piel, para que no me desgarraran el rostro, y no lo voy a dejar de hacer hasta vaciarme, hasta volcarme. Hasta que la niña vea como la mujer que soy, entierra al padre,
cómo lo olvida.
Porque a ese hombre inútil le dolieron mis facciones.
Porque me dejó en el hocico de un perro.
Porque no me alimentó.
Porque no puso flores en mi tumba.
Porque me abandonó hasta en mi muerte.
Gritaré.
Lo haré como un centauro hembra,
un búfalo hidrocefálico,
para los que no hubo odas ni poemas. Preguntaré,
preguntaré al que no me mostró objetos que pudiera relacionar con mi tiempo. Al que me ocultó por dos años en una pieza oscura.
Por vergüenza, por miedo al monstruo que había engendrado.
Porque así lo escribió.
Así lo declaró públicamente:
“Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma”.
Maldito.
Mil veces maldito.
Inconsecuente y fascista.
Hombre al que le dio miedo
que mi saliva corriera por sus libros.
Hijo de la desazón y la ceguera, de ausencias, de mala sangre, hijo del natre. Hijo de perra, de la desdentada, de la afonía, hijo mudo...
La sin caricia está viva,
la hueca de tiempo y sonrisas
ha vuelto con vellos en las piernas y axilas, con largos brazos para adormecer a la niña que fui.
Me había matado, borrado, extirpado, comido como un Cronos a la hora del parto.
Pero los músculos de mi cuello se hicieron firmes como roble viejo, alimentándose de la rabia y el desamparo.
Él comía, él bebía en grandes mesas rodeado de amigos con apellidos que de una u otra forma saldrían en las fotos de su afable colección de personas, él dormía en camas con sábanas, él jugaba, comía, reía y comía, los niños siempre tenemos hambre, queremos un dulce, un pan.
Hijo de perra, grandísimo hijo de perra.
¿Recuerda a mi madre?
¿Pregúnteme por ella?
Usted la usó, usted la necesitó.
Usted la fatalizó.
La grandota holandesa que comía demasiado y que no salía, no compartía, no existía, que deambulaba por la casa a la espera de una atención. Pero usted llevó a su amante a vivir con ella. Para que no se sienta sola, dijo, para que la grandota converse con alguien. Mi madre se puso triste, hijo de alguien.
Después que salía de la cama de su amante se metía con ella,
y María Antonieta bailó al ritmo lacerante de su magnánima verga.
Dos para hacer un hijo, dos para una hija.
Y llegué yo.
El desperdicio.
La que recibiría hiel por alimento.
El water lleno de su propia mierda. La bazofia que reflejaría al maldito que escondía debajo del poncho.
La que nació escoltada por los cuatro jinetes. La que lo haría recitar Farewell, muy bajo, para no despertar los recuerdos que debían dormir.
Hijo de la guadaña, de la navaja, del cuchillo, hijo de alguien...
Hizo que el olvido pintara mi rostro de caracola, de sexo, de mujeres ,
de botellas, de impávidos mascarones .
Hijo de perra, hijo de alguien, hijo ilustre, siempre un ilustre acogido... precisamente eso, nos tiene aquí.
Ya, dije, he vuelto.
He vuelto libre, bella.
No me interesa su paternidad.
Me daría vergüenza.
Repugnancia.
Míreme, véame.
No soy María Celeste.
No soy un mascarón de proa.
Soy Malva Marina.
Soy una mujer bella.
Hermosa.
Soy una mujer hermosa.

***


Palabras al nuevo libro de Flavia

Queridísima amiga:
Recuerdo perfectamente el día en que te conocí, porque no nacieron todas las flores. Nacía una historia que captó mi atención y me atrapó como un insecto en la telaraña de las palabras. Eras tú leyendo un cuento con esa voz tan dispuesta a provocar piel de gallina y erizamientos varios a los oyentes. Eran los tiempos del taller de calle Helsby, gloriosa época donde, aparte de descuartizar nuestros textos, nos zampábamos un cuarto de kilo de salame, y nos alegrábamos con el ron de la dueña de casa, Margarita Niemeyer. Cuando el taller finalizaba, nos íbamos a comer pizza y entre mastique y mastique de doble queso y anillos crujientes de cebolla, conversábamos del espinoso camino de la literatura. No me acuerdo si lloramos por el horror a la página en blanco, la subida de peso o ambas cosas.
Y Flavia Minerva, la de los entintados dedos, cruzó la noche del alma y salió herida de imágenes, sangrante de personajes, equilibrada en su propio equilibrio precario de mujer y no diosa, de escritora y no diva.
Es difícil ser mujer y escritora, ser latinoamericana y vivir en el país más austral del mundo. Más encima ser una dramaturga de apellido Radrigán. Pero Flavia siempre llega a puerto seguro, con sus rulos al viento, sonriente, dispuesta a dar otra batalla. Un libro publicado es una batalla ganada, cada cuento de este libro es una flecha dirigida al centro de nuestra nostalgia o, como decía Cortázar, un knock-out al adormilado lector que recordará con ojos abiertos cómo la realidad se ensancha permitiendo una travesía a otra realidad donde no hay peores ni mejores, ni siempres ni nuncas.
Un buen cuento tiene un sentimiento de extrañeza viviendo en él, una fractura a los mundos posibles, y en cada historia de Los extravíos de su mirada hay un hondo cuestionamiento a la misma existencia que ya está disgregada. Los hombres y mujeres aparecen y desaparecen entre la muerte y la vida. No llegan a puerto, vagan de un lado a otro por ciudades también fracturadas en su carnaval de edificaciones, basura y violencia. Hay amor y odio, pero más que nada una orfandad en estos personajes que ya se han sacado la máscara porque no tienen nada que fingir. Quiero decir que estas historias van más allá de la simulación meramente literaria. Los personajes no protagonizan grandes hechos, sólo viven, desgarrados, tristes, perdidos cada uno en su propio laberinto, caídos, sostenidos por el silencio o el grito. Viven en la historia y se salen de ella.
Leamos:
“…una noche de martes llegó a la gran ciudad, una ciudad agria, metálica, desprovista de lugares donde descansar, donde vivir. Donde todo se había transformado en enormes vigas de acero que jugaban a entrelazarse por encima del humo, las ratas y el barro”. (Fragmento de Por esa noche de martes, Adriano).
O:
“Llegué como héroe de guerra, organizando resistencias, añorando el regreso. Claro, llegué limpio y puro a este destierro que me hizo crecer el pelo y las uñas. Mi aire fresco no pudo con el resentimiento y las tribulaciones ajenas, el peso de este suelo gastado se tragó mis pocos años, los hizo mierda en el gran burdel de Europa”. (Fragmento de Ese mar que tranquilo te baña).

Presentar este libro me llena de emoción y alegría, porque significa presentar la fuerza, el corazón y la rebeldía de Flavia, que porta un lenguaje de búsqueda, profundamente vivo y en constante movimiento, desde donde emerge lo erótico, la denuncia, la marginalidad. Buscar no es un verbo sino un vértigo, decía la poeta Alejandra Pizarnik, y en este libro encontramos no sólo un vértigo sino varios laberintos escriturales que atan y desatan pasiones.
Cuando Rosario Castellanos señala que “no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy/ ni apurar el arsénico de Madame Bovary…”, porque “debe haber otro modo, (…)/Otro modo de ser humano y libre./Otro modo de ser” , pienso en esa búsqueda incesante, pienso en esa queja y también en la fuerza para continuar. Ella nos remite a Sor Juana, “la sola pero no solitaria”, la de una “conciencia lúcida”; a Clarice Lispector, a Elena Poniatowska, a Cristina Peri Rossi, María Luisa Bombal y tantas otras mujeres escritoras cuyos textos lúcidos nos abren puertas con múltiples significados y relaciones.
Flavia, deseo lo mejor para tu libro de cuentos, y lo mejor que le puede pasar a un libro es que sea leído y recordado. Lo he dicho muchas otras veces y aún no me canso: Recordar es volver al corazón.
L. E.
24 de octubre del 2006


Datos de la Autora:
Flavia Radrigán (Santiago, 1964). Narradora y dramaturga. Es autora de las obras dramáticas Díganle que ya no hay nadie, La danza de las bestias, Lo que importa no es el muerto, Un ser perfectamente ridículo y del monólogo Miradas lastimeras no quiero. Ha sido ganadora del Concurso Nacional de Libro y la Lectura en dos oportunidades, en la categoría cuento inédito por su volumen Una risa negra, negra, y en la categoría de dramaturgia inédita por Qué rosa más horrible. Actualmente enseña los cursos «Técnicas dramáticas» e «Introducción a la dramaturgia» en la Universidad de las Américas.
“Un ser perfectamente ridículo” fue estrenada el 24 de julio de 2004 en el Teatro Nacional Chileno, en el contexto del natalicio de Pablo Neruda.
Ha publicado Miradas lastimeras no quiero (teatro), Ciertopez, Santiago, 2006, y Los extravíos de su mirada (Cuentos), Cuarto Propio, Santiago, 2006.

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Eclipse de luna


El primero de los dos eclipses totales de Luna del año 2007, ocurrirá entre la noche del 3 de Marzo y la madrugada del día 4 del mismo mes, y será el único que podrá ser visualizado en todos los continentes de nuestro planeta. Sólo no será visto en parte del Océano Pacífico.

Hora de observación
Este eclipse comenzará en el extremo oeste de Rusia, y terminará en el extremo este de Canadá.
Las efemérides para este eclipse son:
Comienza Eclipse Penumbral: 20:18:11 UT (3 de Marzo)Comienza Eclipse Parcial : 21:30:22 UT (3 de Marzo)Comienza Eclipse Total : 22:44:13 UT (3 de Marzo)Máximo de Eclipse Total : 23:20:56 UT (3 de Marzo)Termina Eclipse Total : 23:57:37 UT (3 de Marzo)Termina Eclipse Parcial : 01:11:28 UT (4 de Marzo)Termina Eclipse Penumbral : 02:23:44 UT (4 de Marzo)(para Chile restar 3 horas).
¿Cómo se verá?
El Máximo del Eclipse total será visto sobre los países africanos de Nigeria y Camerún. A pesar de aquello, el Eclipse Lunar en Chile será Total aunque no en toda su magnitud.La Luna aparecerá eclipsada totalmente en el horizonte (el eclipse total ocurrirá a las 19:44, hora de Chile) y durante gran parte del Eclipse Total, la Luna adquirirá un tono rojizo oscuro, lo cual ocurre por efecto de la atmósfera terrestre.
Acerca de los Eclipses Lunares
Los Eclipses Lunares son fenómenos bastante fáciles y seguros de observar. Para la observación de este evento, puede realizarse directamente, con telescopios o binoculares, o algún otro instrumento parecido; sin la utilización obligatoria de algún filtro especial (en el caso de observarse directamente un Eclipse Solar, se debe utilizar necesariamente algún filtro óptico para evitar daños a los ojos por la luz solar).
Para más información acerca de los Eclipses Lunares puedes visitar la sección Eclipses Lunares.
Referencias:-
NASA - Eclipses During 2007- NASA - Time Zones and Universal Time- Imágenes de la posición de la Luna por hora (NASA)

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Ríos temporales en "El perseguidor" de Julio Cortázar



Por Lilian Elphick



I.- BÚSQUEDA ONTOLÓGICA DE LOS PERSONAJES BRUNO Y JOHNNY EN EL PERSEGUIDOR: LOS RÍOS TEMPORALES


Nadar sin agua


El Perseguidor (Cortázar.1994 (I):225-266) está escrito en primera persona, en tiempo presente, como un diario de vida. Es el personaje Bruno V., crítico de jazz, el encargado de narrar una parte de la vida del saxofonista norteamericano Johnny Carter, contando, además, su propia historia, como biógrafo y amigo personal del músico. Dato clave es la dedicatoria: In memoriam Ch.P., que evidencia que se trata de una biografía ficticia de Charlie Parker “Bird” y un homenaje póstumo a su vida y obra musical. En El Perseguidor, Cortázar - conciencia autorial de su texto- cambia los nombres de los personajes, pero levemente. Así, Johnny Carter es Charlie Parker; Lan es Chan; la marquesa Tica es la baronesa Pannonica de Koenigswarter, Nica; y Bee, la hija muerta, es Pree. (Russell,1972).
Los epígrafes Sé fiel hasta la muerte (Apocalipsis 2,10) y O make me a mask (Dylan Thomas) revelan la doble condición de Johnny: La fidelidad o autenticidad hasta las últimas consecuencias, y la necesidad de enfrentar a la muerte, de cruzar a la otra orilla, con una máscara, que puede ser la del cazador-perseguidor o la del guerrero. Tanto en la vida real como en la ficción, Charlie-Johnny muere riéndose a carcajadas frente a un televisor. La risa actúa como rito fúnebre y como catarsis. Johnny se desprende de su cuerpo enfermo, irreversiblemente dañado, para entrar en la dimensión del Aión: ...toda mi vida he buscado en mi música que esa puerta se abriera al fin. Una nada, una rajita... (p.262). Ingresar a este tiempo eterno y sagrado es abrir la puerta a patadas o a puñetazos como él quería, solo y sin ayuda de ese portero de librea, de ese abridor de puertas a cambio de una propina (p. 264). La muerte física lo libera de las ataduras de la carne y lo zambulle en la búsqueda infinita de una realidad más amplia.
Las experiencias en vida de Johnny asumen la forma del viaje, del laberinto, de la búsqueda de lo subterráneo y del agua (río) como elemento sanador y generador de lucidez. Johnny viaja de los Estados Unidos a París, para regresar nuevamente a su país natal y morir. Sin embargo, los viajes o la compañía de sus músicos y amigos no lo eximen de la soledad. Johnny es capaz de comprender ese sentimiento de soledad. Él es fiel a su destartalado libro de poemas de Dylan Thomas, que siempre está leyendo y releyendo. A Lan le envía desde Roma una postal donde dice: Ando solo en una multitud de amores, verso del poeta galés. La actividad creadora para un músico o un escritor debe ser ejecutada en solitario: el creador en comunión con su obra.
El episodio del metro -laberinto y subterráneo- le permite acceder a ese otro tiempo, donde perder el saxo es lo de menos. La música está dentro de él y puede seguir ejecutándola sin su instrumento: ... sólo en el métro me puedo dar cuenta porque viajar en el métro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro... (p.233).
Estas experiencias en el metro también se pueden asociar al orfismo. Según Graciela Coulson (Coulson.1985:101-113 ):
“...por su música y por sus intuiciones de una eternidad transindividual y a pesar de su violencia y su amargura, se acerca más al orfismo Johnny Carter, especie de Orfeo furioso en el que apuntan ambiguamente rasgos de Prometeo y Sísifo y que alcanza, sin pretenderlo, una relativa grandeza”. Johnny, como lo dice el mismo Bruno ,”tocaba como yo creo que solamente un dios puede tocar un saxo alto, suponiendo que hayan renunciado a las liras y a las flautas.” (Coulson.1985: 111).
La autora compara a Johnny con Cristo:
“Sus iniciales, J.C., ya nos recuerdan que Orfeo había sido una prefiguración de Cristo. Como el Maestro de “Las Ménades”, Johnny es el creador por excelencia que muere por su música y del que todos toman algo...Tal interpretación haría posible confirmar para Johnny un destino semiheroico.” (Coulson. 1985: 111).

Ante esta interpretación, agrego que si Johnny es visto en su esencia mesiánica, Bruno se comporta como su evangelista: Empiezo a parecerme a un evangelista (p.251), aunque luego se contradiga: ¿Qué clase de evangelista soy? En Johnny no hay la menor grandeza...En Johnny hay como el fantasma de otro Johnny que pudo ser, y ese otro Johnny está lleno de grandeza... (p.252).
Después de la muerte de la niña Bee, Johnny y Bruno se encuentran en el Café de Flore. Johnny se arrodilla frente a Bruno y llora por su hija, los ojos húmedos y mansos, la boca incapaz de contener la saliva que le brilla en los labios (p.255). Bruno siente vergüenza por el ‘espectáculo’ de su amigo, los parroquianos miran sorprendidos, aunque el más sorprendido y con sentido de ridículo es Bruno. Exageradamente acota que aquellas personas lo han mirado como miraría la gente que se trepara a un altar y tironeara de Cristo para sacarlo de la cruz. (p.255). Después de salir del Café, Johnny y Bruno caminan por la ciudad: Fumamos Gauloises, nos dejamos ir hacia el río. (p.257). El diálogo que entablan es acerca de la biografía, el libro editado. Para Johnny “faltan cosas”, por ejemplo, el vestido rojo de Lan, imagen esencial en su disco Amorous (Lover Man ). O la visión de las urnas. La cercanía del agua -el río que fluye permanentemente- libera la lucidez intuitiva de Johnny. Él percibe su propia búsqueda a partir de ese vestido rojo, de Bee muerta. Expresa su insatisfacción con la imagen: He querido nadar sin agua , mientras Bruno piensa asuntos prácticos, como que del río sube la humedad y pueden resfriarse.
Nos dice Néstor García Canclini:
“A Johnny le interesa lo de esta tierra, y por eso pocas cosas le molestaron tanto como que Bruno le adjudicara en su libro un acceso a lo divino. “Sobre todo no acepto tu Dios...” No tiene ningún mérito pasar al otro lado porque él te abra la puerta. Desfondarla a patadas, eso sí”. (García Canclini. 1968:44).

Una de las frases más emotivas y lúcidas en El Perseguidor son las que Johnny dice para Bee: ...ella era como una piedrecita blanca en mi mano. Y yo no soy nada más que un pobre caballo amarillo, y nadie, nadie, limpiará las lágrimas de mis ojos. (p.253). Frente a la muerte de su hija, lejos de ella, él no puede hacer nada, se siente impotente y torpe, como un animal. Bee representa la inocencia, lo valorable dentro de las cosas simples (una piedrecita blanca), lo atesorable. Recordemos que la Maga en Rayuela también atesoraba piedritas, plumas y otros objetos recogidos de las calles de París, actividad que H. Oliveira consideraba inútil. Johnny llena sus bolsillos de hojas de árboles. Dentro de su racionalismo, Bruno piensa que estas palabras son falsas, huecas, preparadas, como si Johnny hablara con una máscara. Más tarde, cuando ambos amigos discuten acerca de la biografía, Johnny volverá a este asunto: ...es la diferencia entre que Bee haya muerto y que esté viva. Lo que yo toco es Bee muerta... (p.262). En la madrugada aún oscura (3 am) Johnny acariciará a un gato blanco, quizás sintiendo a Bee, fugada ya, ida de sus brazos. Johnny y Bee solos, como el gato.
La música, como el Aión, representa “la verdad eterna del tiempo: pura forma vacía del tiempo” (Deleuze 1994:173). Es el instante atópico. En palabras de Johnny: ...el jazz no es solamente música, yo no soy solamente Johnny Carter (p.261). Como el jazz, Johnny vive improvisando, no hay premeditación, sólo impulsos. Sus actos ‘anormales’ e ‘irracionales’ como andar a pie desnudo en las sesiones de grabación, emborracharse, perder el saxo en el metro, incendiar el colchón en la pieza de hotel, ser un mono desnudo abrigado con una frazada, en una pieza maloliente; olvidarse de contratos y grabaciones, son sólo su parte humana y falible. La genialidad de su jazz es precisamente la mezcla de estos actos con otros igualmente humanos, como llorar por Bee y expresar este sentimiento en la música, o recordar el vestido rojo de Lan, momentos de su infancia, la madre, los amigos. La música condensa esos instantes en un solo instante. Para Saúl Sosnowski la música le permite a Johnny acceder a una realidad más vasta:
“A través de la música intuye que lo aparencial, lo empírico, el tiempo de relojería, ocultan algo esencial que quizá encierre el sentido de su ser. Esta intuición causa un extrañamiento ante el plano llamado realidad. Con ese sentimiento, Johnny partirá en busca de ese otro estrato que vislumbra a través de las notas del saxofón.Sus improvisaciones musicales son el verbo con el que intenta penetrar la supra-realidad. Él es incapaz de apresar intelectualmente, mediante un conocimiento reductible a ecuaciones lingüísticas, esa otra realidad, ese nivel mítico. Intuye, siente, pero la expresión verbal le es vedada. Cada toma del saxo sería un nuevo intento de penetrar el nivel mítico de la realidad.” “Su música es un corredor entre el nivel empírico humano, que percibe físicamente, y el suprahumano, que siente estéticamente...Al intuir la supra-realidad, Johnny cree que caducan sus determinaciones empíricas como ser humano. Al sentir el tiempo mítico abandona la realidad física que lo circunda y las responsabilidades que ésta le impone.” (Sosnowsky.1972: 434).

‘Nadar sin agua’ es buscar más allá de todo, es el intento de corporizar las imágenes que lo rondan. Y toda búsqueda produce angustia y dolor. Johnny no se emborracha y droga gratuitamente, lo hace para mitigar ese extrañamiento, esa intuición de estar fuera del centro. En este sentido, Johnny se asimila al arquetipo del Loco en las imágenes del Tarot. El Loco es inocente, irracional, como un niño. La mayoría de los diferentes tarots lo muestran vestido de arlequín, con una rosa blanca en la mano, al borde de un precipicio. ‘Nadar sin agua’ es lanzarse a ese abismo.

Las limitaciones de Bruno
Como se señala al principio de este capítulo, Bruno es el narrador-testigo de El Perseguidor. Él se compromete no sólo con la biografía sino consigo mismo como escritor, en su propia narración. Para Bruno existe un proceso de revelación en el acto de escribir, va más allá de lo meramente biografiado. Su discurso no siempre es lógico, está plagado de contradicciones. Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones (p. 229), dice Bruno, con respecto al tiempo que vive Johnny cuando toca música. Sin embargo, Bruno viste capas y capas de condicionamiento cultural. Valora lo que Johnny deshecha: la casa, su mujer, el trabajo, las diversas traducciones y ediciones de su biografía que elevan su prestigio. No transgrede las normas y sí lo hace es por culpa de otros (por ejemplo, su relación extra-marital con Baby Lennox). Mientras Johnny baja, él siempre esta subiendo (sube escaleras de hotel para acceder a Johnny); actúa como proveedor y organizador (da dinero y alcohol a Johnny, provee el nuevo saxo, organiza contratos, conciertos); es el filtro de la conciencia del saxofonista y de su propio relato. Él es la boca y yo la oreja… (p.229), confiesa Bruno, consciente de sus limitaciones, de esa imposibilidad de acceder a la realidad a que accede Johnny. Preocupado de cosas superficiales, como la hora, las responsabilidades laborales y su prestigio como biográfo y crítico de jazz, vive el tiempo cotidiano, pegado a Johnny, sintiéndose como un apéndice o una sanguijuela que se alimenta de los verdaderos triunfos del otro. Pero Bruno no es totalmente un ser racional y aséptico (nombra varias veces la saliva de Johnny, el gris ceniciento de su cara, su cuerpo manchado), él también es un perseguidor, intenta ser auténtico, aunque esté metido en un mundo de apariencias. Bruno es profundamente humano en sus cuestionamientos, inseguridades, en su vanidad y en su afán de gloria. Él también persigue la inmortalidad con el libro escrito y traducido a muchos idiomas. Asimismo Johnny –que aparentemente no persigue nada- es inmortal a través de su música, que no sólo es escuchada, sino grabada. La carne se corrompe, es impermanente, pero el objeto libro y el objeto disco –ahora se habla de CDs- perduran a través del tiempo.
Bruno está empapado, sumergido del tiempo habitual y racional, preocupado de la hora, viviendo y escribiendo ese segmento de vida, ese recorte lleno de cotidianidad "real"; inmerso en Cronos. A Bruno le cuesta cada vez más atraer -como un imán- a Johnny a la realidad. Sin embargo, está consciente que hay algo más allá de esa realidad plana, incolora: A la realidad; apenas lo escribo me da asco (p.248). Envidio a Johnny y al mismo tiempo me da rabia que se esté destruyendo... Envidio todo menos su dolor, pero aun en su dolor tiene que haber atisbos de algo que me es negado. (p.237).
Saúl Sosnoswki acota que Bruno está dentro del marco prefijado por la sociedad y ha aceptado sus criterios básicos burgueses:
“Bruno, al igual que las mujeres y los instrumentalistas que rotan en torno a Johnny, se desplaza en el nivel empírico. La vida de Bruno está circunscrita a las imposiciones de su intelecto, a la crítica, a las ediciones de sus libros, a su mujer. Sabe que Johnny ofrece una nueva alternativa para explicar la realidad, para desmembrar los cimientos de las interpretaciones racionales. Pero esto lo sabe y lo acepta mientras está junto a Johnny. Sus reiterados alejamientos de esa órbita, su rechazo de las intuiciones de Johnny, son el escape de una interpretación existencial ajena a la suya que, de ser aceptada, requeriría cambios en su comodidad burguesa.” (Sosnoswki. 1972:436).

Sin embargo, cuando Bruno se aleja es para escribir y reflexionar sobre Johnny. Apenas se separa de él (escena Johnny-Dédée; visita al hospital), Bruno sale a la calle y busca un Café donde beber un cognac. Siente la necesidad de respirar aire limpio y olvidar las pestilencias y locuras de su amigo, pero lo único que hace es evocarlo, reconocer su propia cobardía y contradecirse:
... Me es más fácil creer que es así, ahora que estoy en un café y a dos horas de mi visita al hospital, que todo lo que escribí más arriba forzándome como un condenado a ser por lo menos un poco decente conmigo mismo (p.249). Su contradicción con Johnny es tan grande que en una misma página se lee lo siguiente: ...un pobre diablo enfermo y vicioso y sin voluntad y lleno de poesía y de talento. Aparentemente. Johnny es como un ángel entre los hombres,[...]es un hombre entre los ángeles, una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros. (p.248 ).

Según García Canclini: “...La admirada nostalgia con que Bruno presenta a Johnny acredita que no es otro el origen de su evocación”. (García Canclini. 1968: 104).
Como Oliveira, Bruno también vive el drama del racionalismo occidental, donde se privilegia la inteligencia y se condena lo sensorial, el goce impulsivo hacia las cosas que solo los niños poseen. Bruno está en constante pugna, se reprime, jamás dará el ‘gran salto hacia lo imprevisible’. Tal tensión de búsqueda está incluso evidenciada en su acto escritural. Él entra y sale de Johnny, lo evoca y lo condena, lo admira y lo denigra. Pero por sobre todas las cosas, está lejos de vivir la realidad que vive Johnny cuando toca música. Al escribir la historia (no la biografía) no logra trascendencia, sino temporalidad. El tiempo se acaba no sólo con la muerte de Johnny y con la conclusión de la biografía (fotos del entierro de Johnny), sino porque Bruno sabe que él está hecho de ese tiempo irreversible y agujereado. Sus ironías reflejan la angustia de estar atado al lastre temporal: por ejemplo, los paréntesis en donde prepara y pide atención al lector para lo que vendrá :
(Atención) (p.258). (Atención, ahora) (p.260), o repite una frase acentuando el verbo saber: No sé por qué (no por qué) (p. 252). La muerte de Johnny es relatada por Baby Lennox en una carta dirigida a Bruno, que éste transcribe y critica irónicamente: -agregaba deliciosamente Baby- , agregaba dulcemente esta querida Baby, esta pobrecita Baby, Eran los detalles que cabía esperar de una persona tan delicada como Baby Lennox (pp. 265-266). Ya se sabe que Bruno ha tenido una aventura con Baby en París, a la cual considera acentuadamente promiscua. Así, la lectura que tenemos de Baby es la de una seductora atrapa-hombres. Hay un tono íntimo en la carta de Baby que Bruno desdeña. Él se autodescribe como el seducido, víctima de las circunstancias, muy típico de una actitud machista. La imagen de las otras mujeres, como Dédée y la marquesa Tica, también está degradada por los comentarios de Bruno. Ellas son las que proveen a Johnny de drogas, sexo y dinero. Son personajes secundarios, muy planos (la que tiene más descripción es Tica, en cuanto mecenas de Johnny), dependientes y que giran en torno a Johnny y a sus circunstancias. Sin embargo, Bruno también hace prácticamente lo mismo: es un proveedor, su fama la logra a través de Johnny. Bruno prefiere que Baby relate la muerte de Johnny, de la cual ni siquiera fue testigo, sino que cuenta lo que le dijeron. Narrada así, su muerte no sólo está exenta de solemnidad, sino que se degrada porque Baby no es una escritora; une detalles poéticos (las últimas palabras de Johnny), con descripciones físicas morbosas (gordura de Johnny). Bruno sí es un escritor -aparte de ser crítico de jazz y biógrafo- y critica el estilo inocente e íntimo de escribir de la joven Baby, usando la ironía de modo tal que la lectura superficial nos muestra una segunda lectura, más profunda. ¿Qué encontramos debajo de estas palabras? La incertidumbre, una de sus mayores limitaciones.
Bruno está entre dos aguas. El biógrafo se ilusiona con la fama que le puede brindar su libro, se ilusiona con sus juegos literarios, por ejemplo, six, sax, sex, que Johnny detesta; pero el narrador tropieza, utiliza esas mismas palabras que Johnny considera engañosas: No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba. (p.247). La historia narrada filtra entonces las propias inseguridades del narrador. Al lado de Johnny se siente la nada misma: Tengo la sensación de que está solo, completamente solo. Me siento como hueco a su lado. Si a Johnny se le ocurriera pasar su mano a través de mí me cortaría como manteca, como humo (p.247). Lo peor es que sin Johnny siente de igual manera. Cuando lo visita en el hospital, no sabe si él duerme o se hace el dormido, es como una muralla inaccesible. Se pregunta: qué es Johnny . (p. 248).

El diario de vida
Paradojalmente, el nombre Bruno significa ‘moreno o quemado’. O negro. Bruno, como narrador, representa la ausencia de color. Metafóricamente, lo que escribe no se ve, es como si su narración tuviera un black-out, un velo. La historia que escribe es sumamente íntima, plagada de contradicciones, imágenes poéticas y digresiones. Se trata de un ‘yo’ tratando de comprenderse a sí mismo y al otro. La estructura narrativa de El Perseguidor es similar a la de un diario de vida: está escrito en presente y los pasos de tiempo están marcados con un doble espacio:
Como es natural mañana escribiré para Jazz Hot una crónica del concierto de esta noche (p.241).
Ahora se ha quedado dormido, o por lo menos ha cerrado los ojos y se hace el dormido. (p.248).
Lo que apunta Genette se puede aplicar perfectamente al cambio de punto de vista de Bruno: Pero es lo de siempre, he salido del hospital y apenas he calzado en la calle, en la hora, en todo lo que tengo que hacer, la tortilla ha girado blandamente en el aire y se ha dado vuelta. Pobre Johnny, tan fuera de la realidad. (Es así, es así. Me es más fácil creer que es así, ahora que estoy en un café y a dos horas de mi visita al hospital, que todo lo que escribí más arriba forzándome como un condenado a ser por lo menos un poco decente conmigo mismo.) (p.249).
También hay abundancia de diálogos, en especial entre Bruno y Johnny, aunque siempre acotados por Bruno (verbos introductorios: ‘dijo que’, ‘pensó que’, etc.). Entre las páginas 253 y 255 la narración presente se intercala con otra, predictiva, como si el narrador se separara para mirar desde arriba lo que vive en su actualidad (omnisciencia juguetona): “pasarán quince días...”, “pasarán por ahí dos chicos del nuevo quinteto de Johnny”, "los chicos no aceptarán una cerveza”, "será divertido observar el doble manejo de Tica y de Baby...” “y yo veré que está llorando”, etc. La narración de Bruno sube y baja, el ritmo varía, hay pausas y silencios, cambian los tiempos verbales. Hay improvisación narrativa. ¿No será que Bruno quiere hacer jazz con la misma historia?
Con respecto a esto, Jesús Gómez M. acota que:
“[...] Podríamos aseverar que (tanto en su manera de tocar como de vivir) en Parker la improvisación es un vuelo osado, un desprendimiento que se distiende e incluso se disloca, pero que no se pierde. En una palabra: digresión. Y ése es el modo como lo asimila Cortázar. La digresión (o anacoluto en terminología técnica) sería, pues, el elemento común entre la estructura de una pieza jazzística y la de un relato como El perseguidor. Desde su primer diálogo con Bruno, Johnny comienza a tejer, sobre un tema base de su discurso, otro que parece alterno pero que de algún modo se integra al anterior. La de Carter es una "digresión con amplificación" como se ejecuta en el jazz, porque aunque se explaya en una dirección imprevista a la secuencia del diálogo, de algún modo la está complementando y enriqueciendo.
En el texto es relativamente fácil localizar estas digresiones porque casi siempre están introducidas por los puntos suspensivos:
Eso lo sentía y cuando se siente... Pero es como en Palm Beach, sobre una ola te cae la segunda, y después otra... Apenas has sentido ya viene lo otro, vienen las palabras... No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba. (p. 51).
No otra cosa sucede en el relato durante el episodio por las calles parisinas.[...] La forma como sobre una tema base el intérprete se aventura buscando las raíces anímicas de su música, es la misma que utiliza Cortázar al poner una y otra vez a su personaje en esa lucha a brazo partido para expresar lo que de otro modo sería absolutamente fallido:
—Para ti, ya sé [...] . Para Art, para Dédée, para Lan... No sabes cómo... Sí, a veces la puerta ha empezado a abrirse... Mira las dos pajas, se han encontrado, están bailando una frente a la otra... Es bonito, eh... Ha empezado a abrirse... El tiempo... (p. 85).

Así toda la conversación con Bruno (quien de igual manera, en varias ocasiones durante sus monólogos, ensaya algunas digresiones en las que también los temas se alternan y sustituyen) es disgregada e improvisada, un demostrar que aquello que no tiene que ver es justamente lo que tiene que ver, pasando de un tema a otro con entera libertad. Una huida hacia todos lados, un estar fuera de ninguna parte...
—El nombre de la estrella es Ajenjo— está diciendo Johnny, y de golpe oigo su otra voz, la voz de cuando está... ¿cómo decir esto, cómo describir a Johnny cuando está de su lado, ya solo otra vez, ya salido? Inquieto, me bajo del pretil, lo miro de cerca. Y el nombre de la estrella es Ajenjo, no hay nada que hacerle.
—El nombre de la estrella es Ajenjo —dice Johnny, hablando para sus dos manos—. Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad. Hace seis meses.
Aunque nadie me vea, aunque nadie lo sepa, me encojo de hombros para las estrellas (el nombre de la estrella es Ajenjo)... (pp. 76-77).”



II.- EL PERSEGUIDOR COMO UNA POÉTICA DE CORTÁZAR

¿Qué persigue el perseguidor?

Después de pasar por casas tomadas, acuarios y sacrificios aztecas, Cortázar desemboca en El Perseguidor de forma tan natural que es una obviedad preguntarse por qué lo escribió. El cuento lo eligió a él, la historia de Charlie Parker lo sedujo. El mismo Cortázar cuenta que después de leer en el diario la noticia de la muerte del gran saxofonista, de inmediato escribió el cuento. Y brotó del escritor un tema que hace años intentaba darle forma, un tema netamente humano donde lo fantástico ya no era necesario, centrado en el sujeto y en su desasosiego metafísico, en su tentativa de comprenderse a sí mismo y a los demás que lo rodean. Búsqueda de ser, deseo de fundirse con la naturaleza y no de exiliarse de ella.
“Hasta ese momento -nos dice Cortázar- me sentía satisfecho con invenciones de tipo fantástico. En todos los cuentos de Bestiario y de Final del juego, el hecho de crear, de imaginar una situación fantástica que se resolviera estéticamente, que produjera un cuento satisfactorio para mí, que siempre he sido exigente en ese terreno, me bastaba. Bestiario es el libro de un hombre que no problematiza más allá de la literatura. Sus relatos son estructuras cerradas, y los cuentos de Final del juego pertenecen al mismo ciclo. Pero cuando escribí El Perseguidor había llegado un momento en que sentí que debía ocuparme de algo que estaba mucho más cerca de mí mismo. En ese cuento dejé de sentirme seguro. Abordé un tema de tipo existencial, de tipo humano, que luego se amplificó en Los Premios y sobre todo en Rayuela [...] En El Perseguidor quise renunciar a toda invención y ponerme dentro de mi propio terreno personal, es decir, mirarme un poco a mí mismo.Y mirarme a mí mismo era mirar al hombre, mirar también a mi prójimo. Yo había mirado muy poco al género humano hasta que escribí El Perseguidor.” (Harss. 1967:273).

Johnny opina que las simples y cotidianas actividades han sido olvidadas por la gente. La gran dificultad no es ser un artista que da lo mejor de sí mismo, hasta el desgarro: Mirar, por ejemplo, comprender a un perro o a un gato. Éstas son las dificultades, las grandes dificultades. (p. 246). Él aspira a esa superrealidad de la que hablaba Cortázar en la Teoría del Túnel, es el poeta- músico - explorador, el que barrena el túnel y logra vencer la superficialidad de la existencia humana. Johnny es persona, no personaje; no habla, sino que vive, es rebelde y lleva su rebeldía hasta el final. Como contraste, existe Bruno, aquel escritor-crítico de jazz sujeto a las convenciones, el que no sueña ni cree en la magia. Bruno, antítesis de Johnny, es representante de lo literario y lo retórico. Cae en el cuestionamiento ontológico que lo lleva a vivir verdaderamente un sentimiento del absurdo. En El Perseguidor no hay héroes, hay seres humanos luchando por ser, por lograr una diferencia. Y si no hay héroes tampoco hay villanos. Cortázar ejemplifica con hombres, no con estereotipos. No es que Johnny sea bueno o mejor que Bruno; ellos son los dos lados de la moneda o las dos caras de Cortázar. Ambos buscan, ambos gozan y sufren, lloran y se ríen: son exacerbadamente humanos.
Dice García Canclini:
“En conexión con esta dialéctica entre la posesión del mundo y la búsqueda de nuestro lugar en él, otro problema, también central en el pensamiento contemporáneo, es propuesto por Cortázar con singular penetración: la relación entre lo racional y lo intuitivo. Uno de los modos en que el hombre cortazariano reconoce sus límites es aceptando los de su razón. El hombre es tan racional como poético; se humaniza al desplegar conjuntamente su inteligencia y su intuición, su capacidad abstractiva y su potencia imaginante. [...] Lo que busca, en definitiva, es un equilibrio creador entre lo racional y lo intuitivo, sin excluir ninguno de los dos términos.” (García Canclini. 1968:103-104).

Aquí reside la diferencia entre El Perseguidor y lo anterior escrito por Cortázar. Esta obra es el delta donde confluyen sus ideas, su modo de aprehender la literatura y su modo de transgredirla. Estructuralmente, quiebra sus propios límites, permitiendo que afloren múltiples significados, esa ‘apertura’ de la cual hablaba Cortázar en sus teorías sobre el cuento. Es un knock-out trágico para quien lo lea porque esas palabras, esas simples palabras, significan más, van más allá de ellas mismas. El Perseguidor es el cuento-poema que gatillará a Rayuela, la novela-poema, el anti-libro, el anti-lenguaje, con dos personajes gemelos a Johnny y Bruno: la Maga y Oliveira. En ambos textos, sin embargo, la inocencia muere tempranamente (Bee y Rocamadour). Los niños se sacrifican por los adultos, permitiendo que éstos ingresen a esa zona de máximo extrañamiento.

III.-EL PERSEGUIDOR Y LAS BABAS DEL DIABLO: LA EXPERIENCIA DE LA ESCRITURA EN BRUNO Y ROBERTO MICHEL

Bruno y Roberto Michel -protagonista de Las Babas del Diablo (Cortázar.1994 (I):214-224)- tienen en común el doble oficio. Ya vimos que Bruno es biógrafo y crítico de jazz. Por su parte, Roberto Michel es fotógrafo y traductor. Además, tiene doble nacionalidad (sus dos nombres lo constatan). La historia en Las Babas del Diablo se narra desde dos puntos de vista entrelazados: el de Roberto Michel narrador-protagonista, y el de un narrador básico omnisciente.
Para Mar Estela Ortega, “el narrador en tercera persona es muy objetivo y serio, es una especie de guiño burlesco que hace Cortázar al narrador omnisciente que cree saberlo todo y resuelve los conflictos sin sufrirlos. En cambio, cuando el fotógrafo habla de sí mismo en primera persona, es más descomplicado y locuaz, y sufre en carne propia los acontecimientos. Ellos se corrigen mutuamente, es decir, Michel se autocorrige, se coarta, se reprocha su propio lenguaje, cree no encontrar muchas veces las palabras perfectas para expresarse.”
Roberto Michel, en mi opinión, es un narrador desdoblado e imita la voz del otro que se sitúa fuera de la historia. Los cinco primeros párrafos se refieren al proceso de creación en sí y la problemática de lo literario. La alusión a las personas gramaticales como formas que no servirán de nada, la analogía entre ‘contar’ y la cámara fotográfica ‘Contax’ (escribir-ver), el deseo de liberarse de la historia (el cuento como alimaña), el por qué y desde dónde contarla, nos sugiere a un Roberto Michel inasible, incorpóreo, pero a la vez cuestionador y real. Él esta vivo y muerto: Yo que estoy muerto (y vivo, no se trata de engañar a nadie...) (p.214). Nuevamente la duplicidad. Como dice Ortega, se autocorrige, cuestiona y contradice constantemente. En este sentido, su experiencia escritural es similar a la de Bruno porque a partir de ella se produce una búsqueda ontológica y una revelación en el proceso de escritura en sí y en la historia narrada. La revelación también se produce en el (la) lector (a) enfrentado a estos dos textos, revolucionarios para la década del ’60.
Roberto Michel: (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) (p.216).
Bruno: A la realidad; apenas lo escribo me da asco (p.248).
Dos narradores inseguros que buscan un ‘sitio’ (en el espacio-tiempo) desde donde escribir y vivir.
Así como Bruno y Johnny salen a caminar en la madrugada hasta llegar al Quai de Conti, Roberto Michel llega al Quai de Bourbon, un 7 de noviembre, con ganas de sacar fotografías (porque éramos fotógrafos, soy fotógrafo). En este espacio, una placita cerca del río, le tomará una foto a un trío de personas: un hombre, una mujer y un muchacho. La fotografía representa una realidad inmóvil, petrificada, en contraste con la realidad variable e inestable que vive el personaje. Lo que él cuenta ya es un recuerdo, ha imaginado y elucubrado una situación con respecto a estas tres personas. El espacio desde donde cuenta (las nubes y palomas) es el único presente que vive y su discurso se genera por esos ‘hilos de la Virgen’ que también son las ‘babas del diablo’, corriente de conciencia desdoblada entre la lucidez y la locura. Roberto Michel opera desde un no-tiempo, o como él mismo lo dice, desde “una nada” (pp.218, 216). Hace alusiones al tiempo cronológico, aparte de las que hace acerca del tiempo climático: La foto había sido tomada, el tiempo había corrido(p..223); nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo (p.216); ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. (p.224).
La fotografía cobra vida y los personajes de la foto ‘actúan’, viven y se mueven. El muchacho huye del payaso enharinado y de la mujer, cuyos ojos son “dos ráfagas de fango verde”. Roberto Michel colapsa o se rigidiza: de mí no quedó nada...( p.222). El mismo sentimiento tiene Bruno cuando está con Johnny: Es nada.
El excelente ensayo de Gabriela Mora señala el carácter antimimético de Las Babas del Diablo, partiendo por el narrador ‘desconfiable’, inseguro; las pistas falsas que deja; el afán de hacer literatura (empleo de metáforas, oximorones) y a la vez, de destruir ese afán; se añaden todas sus contradicciones. Para la autora, “el verdadero enigma a resolver por el lector es Roberto Michel” (Mora. 1993: 212).
Michel es culpable de literatura, de fabricaciones irreales. Nada le gusta más que imaginar excepciones, individuos fuera de la especie, monstruos no siempre repugnantes. (p.220).
Es fácil decirlo, mientras soy todavía la música de Johnny. (p.241).

Como se puede apreciar en estos dos ejemplos, la experiencia escritural de Roberto Michel y Bruno nace de la certeza y de la contradicción. Siendo textos diferentes, en cuanto al tratamiento de lo fantástico en uno y el acercamiento al realismo en otro, se asimilan en cuanto la idea básica de Cortázar de subvertir el modo de escribir y el modo de ‘ver’ la realidad. Ambos cuentos reúnen la poética o programa literario cortazariano. Roberto Michel también persigue y es perseguido por sus obsesiones, es ‘culpable de literatura’ al igual que Bruno. Los monstruos son ellos: imaginan y son imaginados; contemplan y actúan, construyen y destruyen.

IV.-CONCLUSIONES

Encargo
No me des tregua, no me perdones /
nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa /
cruel sea tú que vuelves.
No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, /
no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu /
pelo.
Dalos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y /
escamas.
Grita.
Vomítame arena en la boca, /
rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al /
hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas hasta el hueso.
Arráncame esta cara /
infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero /
nombre.
París, 1951/1952
Algunos pameos y otros prosemas
Julio Cortázar

He querido finalizar este análisis de El Perseguidor con un poema del propio Cortázar, un desesperado encargo a los hombres y a un dios de cartón piedra (‘el pajarito mandón’ de La vuelta al día en ochenta mundos), un grito de alerta que exige vida y movimiento constante con tal de evitar una existencia apagada, informe, inauténtica. Como los personajes de El Perseguidor, el hablante de este poema se sitúa desde el dolor, pero también desde la rebeldía. No busca compasión ni esa anestesia que hunde a la gente en el conformismo. Ante todo, Cortázar es un indagador de realidades, se sumerge en el complejo mar de la existencia humana no como observador, sino como actor comprometido hasta las últimas consecuencias. No siempre encuentra el ‘verdadero nombre’, no siempre la búsqueda tiene resultados inmediatos. Cortázar se duele con sus personajes errantes, enfrentados a su tragedia y comedia diarias.
El Perseguidor es también un llamado de atención sobre la condición humana. Los personajes se aferran con fruición a sus hábitos: dormir, comer, tener sexo, trabajar, crear, morir; y esos hábitos -tan humanos, por lo demás- dejan un gusto amargo en la boca, una extrañeza, una angustia de vida. Es la baba de la cual hablaba Johnny, ingrediente cultural que borra toda huella de lucidez. Aquellos personajes escriben, tocan música, sacan fotografías, y Cortázar no se salva ni es más feliz como creador. La única redención está en la búsqueda. Nadie es feliz por el hecho de buscar al otro. Quizás ahí reside el epicentro de la nostalgia en cuentos como El Perseguidor. Nostalgia es dolor, pero un dolor utópico, entrelazado en la malla del absurdo. La esencia de la búsqueda es la búsqueda misma. Al plantear esta problemática, El Perseguidor nos abre muchas puertas y es nuestro deber mantenerlas abiertas. Johnny representa al Aión; Bruno a Cronos. Ambos representan la libertad ansiada en cuanto a su diversidad de ser. Sin embargo, ellos representan mucho más que lo planteado aquí.
Vivir y escribir para Cortázar es lo mismo. Él logró reunir estas esencias en un texto como El Perseguidor, sin recurrir al dogmatismo ni a la cátedra, sin literaturizar a sus personajes, seres que perfectamente pueden ser definidos como existencialistas. Por sus actos despojados de toda proclama inútil, son capaces de morderse la cola y completar su ciclo.

NOTAS

El jazz
El jazz es un tipo de música difícil de definir, puesto que en la mayor parte de los casos su estudio teórico se ha abordado desde los principios de la música clásica por musicólogos europeos y el jazz se resiste a ser abordado desde fuera de su propio universo. El jazz, como muchas otras artes se explica a sí mismo, y sólo la experiencia de su audición permite comprenderlo.
Orígenes
La música conocida como blues se origina de los cantos espirituales (gospell) y cantos de trabajo de la gente afro-americana en Estados Unidos. Se basa en una estructura armónica de doce compases en la que el cantante se concede un margen melódico y rítmico considerable. La letra se caracteriza por ser cruda y directa dentro de una modalidad triste y autocompasiva, centrada generalmente dentro del tema del amor no correspondido y la privación económica. Los blues son la estructura armónica más básica del jazz.
El ragtime (El gran libro de la música.1990) es un estilo de tocar el piano que se desarrolló a finales del siglo XIX y que desempeñó un papel importante en la evolución del jazz. Se caracteriza por una línea melódica muy sincopada, cuyo énfasis rítmico se sitúa donde normalmente no sería de esperar, tocada contra un compás marcado regularmente con la mano izquierda. El efecto es el de un tiempo ragged (roto), en un intento de copiar la forma rítmica de las canciones de los ministriles de la época.
El jazz surge a comienzos del siglo XX, a partir de una mezcla del ragtime, blues y otros elementos de la música afro-estadounidense (como el canto religioso gospell), con la música tradicional europea. Para quien lo escucha por primera vez, resulta una combinación de ritmos y melodías que siguen una marcación más o menos rígida establecida por instrumentos como la batería y el bajo. Los instrumentos no siguen notas fijas, sino que se dedican a improvisar a partir de determinados acordes. Y así se van turnando: primero el saxofón, luego el bajo, luego la guitarra, etc. La importancia que adquiere la improvisación demanda un gran virtuosismo de parte de los intérpretes solistas.
El bebop o bop es un estilo que se hizo popular a mediados de los años cuarenta. Designa un tipo de jazz que impuso una serie importante de cambios en el sentido rítmico, melódico y formal. Los músicos más importantes del movimiento bebop fueron Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonius Monk, Kenny Clarke, Oscar Pettiford y Bud Powell.

Qué es el jazz
El jazz es improvisación, es invención de una melodía, que puede ser individual o colectiva. En el jazz primitivo, la improvisación se realizaba sobre la base melódica. A partir del swing (período histórico y estilístico del jazz que va desde 1935 hasta 1941), y en el jazz moderno, la ornamentación melódica cede paso a la progresión armónica y los artistas improvisan sobre los acordes de base, dándole a la pieza tocada nuevos contenidos melódicos. El free-jazz rompió con esta atadura formal. Hoy se pueden escuchar citaciones free en improvisaciones de carácter tonal.
Lo que caracteriza al jazz es el swing (que no debe ser confundido con el período swing de las Big Bands). Es un movimiento rítmico-melódico, oscilatorio y de balanceo, de “mecedora”, obtenido mediante el off-beat. Beat significa golpe o acento; off-beat vendría a ser ‘fuera de compás’. Desde el punto de vista musical consiste, generalmente, en hacer caer los acentos melódicos “entre” los acentos del compás. Se trata de un hecho musical y psicológico que logra el efecto deseado solamente cuando es posible transferir, en modo inmediato, tal fenómeno musical al ámbito psicológico. El estado de exaltación producido por el off-beat, debe ser considerado como una liberación psíquica, una conmoción.
En el artículo de Andrés González Riquelme (González R.2003), donde trata el asunto de la música en El Perseguidor “se distinguen los conceptos de “tempo” y “no tempo”. El tiempo pulsado de una música formal y funcional basada en valores, y el tiempo no pulsado para una música flotante”. Con respecto al ritmo off-beat agrega:
”Todo el jazz está atravesado por series continuas de fugas de los tiempos estables y de los acentos (beat), para producir líneas de improvisación dinámicas e irregulares que permiten la proliferación y el enriquecimiento de las líneas melódicas: ”... forma parte del swing la pluralidad de ritmos y la tensión entre ellos; es decir, el desplazamiento de los acentos rítmicos (...) Este desplazamiento se llama en la música europea síncopa. En la música europea síncopa significa un desplazamiento exactamente definido del centro de gravedad del compás; el acento cae precisamente en la mitad de la distancia entre dos golpes. En el jazz, por el contrario, las desviaciones del acento son más libres, flexibles y sutiles: el acento puede caer en cualquier lugar de la distancia entre dos beats (...) Como ese acento se mueve alejándose del beat –y sin embargo lo destaca en la negación– se le llama off-beat.” (Berendt, 1998: 304).

Este es uno de los aspectos más característicos del jazz, y lo que, entre otros elementos, tiene de revolucionario en la música. Este elemento rítmico, el off-beat, asegura una constante fuga del tiempo pulsado (beat), para abrir posibilidades de improvisación con múltiples huidas. Junto con otros elementos, el off-beat permite abrir una línea melódica para introducir en ella muchas variantes, que es lo que suelen hacer los músicos de jazz al interpretar una y otra vez los mismos temas standards: introducir variantes a la línea original de una pieza musical determinada”. (González Riquelme.2003:37-38).
El jazz se caracteriza por una música flotante donde el flujo-tiempo- según González Riquelme, se desterritorializa.
“No se trata de situarse en un territorio determinado, sino pasar entre. Y la manera como un músico de jazz pasa entre, o la manera como produce variaciones continuas, consiste básicamente en desplazamientos rítmicos y microtonales, que permiten a su vez el desprendimiento de nuevas líneas melódicas, aceleraciones o lentitudes, llevando la ejecución musical a un máximo de tensión entre los elementos que la constituyen.” (González Riquelme.2003:39).

Esto ya lo toqué mañana
Charlie Parker nació en 1920 en Kansas City y murió en 1955 (Russel.1989), sin haber cumplido aún los 35 años. El doctor que lo atendió pensó que se trataba de un hombre de unos 50 años mal llevados.
Su último acto vital fue un ataque de risa frente al televisor; eso le produjo un colapso y murió. Estaba pasando unos días de reposo en casa de una amiga rica y blanca, una baronesa llamada Nica, protectora de los músicos negros...”
“A los veinte años ya era un maestro absoluto en su instrumento:el saxofón alto; conocía perfectamente la armonía, que había estudiado por su cuenta, y era dueño y señor de una sonoridad potente, elaborada y definida: su propia voz, a través de la cual expresaría su visión del mundo y nos ayudaría a comprendernos a nosotros mismos un poco más. Era un artista.”
“A mediados de los años cuarenta fue coprotagonista y, finalmente, la figura más destacada del jazz. Nunca antes de él y de la revolución del bebop se habían producido tantas novedades estéticas, profundas, formales en el campo de esta música; nunca volverían a producirse, al menos de tanta entidad y en un período tan corto de tiempo.” (Russel.1989:10-11).


Sus temas más conocidos, entre otros, son Out of Nowhere, Night in Tunisia, Relaxing at Camarillo, recopilados en Charlie Parker on Dial (1945-1947); Now’s the time, Confirmation, I remember you, recopilados en Charlie Parker on Verve (1948-1954; ‘Round Midnight, Anthropology, recopilados en Charlie Parker. Summit Meeting at Birdland (1951-1953).

Como dice Johnny Carter (Charlie Parker Bird ) en El Perseguidor, al tocar jazz cambia de lugar, está “en el ascensor del tiempo”. Su música es una “improvisación llena de huidas”. Con El Perseguidor, Cortázar rinde un homenaje a este gran músico, que vivió intensa y fugazmente, como adentro de un tren en marcha. Años después, Cortázar confesaría: “Yo no quisiera escribir más que takes”. Sin embargo, él ya había escrito su take en El Perseguidor y el take maestro en Rayuela. En estas dos obras literarias ya existe el concepto de improvisación y de riesgo. Cortázar salta al vacío y logra llegar al otro lado.


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