La A


Aleluya, al amanecer me arrojo arriba de Aliro Alemparte, y que el asno arribe y amerite una almohada donde ambicionar mi almeja aleccionada. Abajo, abajo, Aladino, anotaré, que no soy adivina ni alas alambicadas aseguro, pero me abanico el ano cuando, ¡ay!, almorranas.

Ni adiós avisé, abochornada abjuré del árabe y del ajiaco. Ajuereé un affaire y fue alma y alegría la algarabía del alférez alistado en Amberes cuando aterrizó en mi almendrilla antropófaga. Amor - atada quedé por el anzueleado apolítico, pero su aparato fue analítico y astutamente apretó mi atenta y acalorada arañita. Atestiguo acá, donde mi ansia apura, que el alférez ardió de amor y mi armadura de árnica arranóse; el arnés quedó en el armario y me arraigué al -autorizadamente y con aval- auxiliar. Avasállame, avánzame, aureólame, que la aventura se aviva en el ahora; ayer fui una avutarda con avitaminosis en l’axila, una avestruz asimilando una azucena. ¡Azúcar! Azuleja quedé en el ayuntamiento y que me arriesgue a un arrocero si lo que anuncio es arrendado; arrebatada alcancé la arritmia, apaleada aparté al apático abate: apestoso y aparatoso, antipático y añacalero. Añejo y apócrifo quiso ser mi apoderado, pero aplacé sus aplausos. Adriana, Anita, Amelia, aullaba, mientras yo me agenciaba un aperitivo en el alcázar. ¡Apoplejía!, auscultó Allende apostado en la Alameda. ¡Aporía!, aproveché yo aprovisionándome de las arcas. Artimañas de apocalíptica aindiada, anagnórisis de Antonin Artaud. Antiapologética aposenté mi antídoto antihigiénico en la antigualla. Le di un antiemético y en ánsar anodino angostó.

Anoche fue una anomalía. El alférez anudó un anisado en mis ancas. Añadió almíbar y se le antojó apalpar mis aperturas. Aplastóme con su ántrax, apodo del adelantado. Arriba de un árbol se apunó y arbitrariamente me apuntaló. El arcabuzazo archivó una ardillita que quiso ser archiduquesa. Las arcadas se aricaron con arenque. Me armé de arlequines y de aristócratas, también de aritméticos aburridos. Pero la ardilla apuró en animita. Se apeó de la alevosa aya y se apartó de mí. Apasionada avispa que alborotaste mi arrurrú, que el apósito apachurrado se abalance sobre tu abadía. ¡Ay, Averno!, no alojes a esta abanderizada, que yo la afano y le abatojo la ablación. ¿Abogados?, ¿ausentismo? Abrazo el absolutismo del área americana. Abrumada de mí, los abrojos se abonaron en aborto. Aliro, accede, amén de tu aceituna, y acéptame, acéitame, acérame con tu acero, y adáptame la adarga. Acuchíllame, adalid, que adolezco de armonía. Acércate sin ser alcachofa, arrímate a mi astrakán. Allons ‘anfants’ y el asunto andó, ¿o anduvo? Alegrémonos, ¿ah? , que el amor se acaba.

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Michel Petrucciani / Looking Up

"Un nuevo mundo se levanta sin ninguno de nosotros..."

Enrique Lihn

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Nuevo sitio de Letras de Chile

Letras de Chile, un proyecto cultural

¿Qué es Letras de Chile?

Letras de Chile es una corporación de derecho privado que obtuvo su personalidad jurídica a fines del año 2000, con la finalidad de “contribuir al desarrollo de la cultura nacional, fundamentalmente desde la perspectiva del fomento del libro y la lectura, buscando la integración de los escritores como entes activos al proceso de difusión de la literatura, y desarrollando el trabajo conjunto de agentes culturales relevantes, tales como: profesores, bibliotecarios, periodistas, académicos, investigadores, críticos, editores, libreros y distribuidores”.

La Corporación Letras de Chile está integrada principalmente por escritores, aunque participan en ella también editores, académicos, periodistas y amigos del libro y la lectura. Su directiva la componen los escritores nacionales Diego Muñoz Valenzuela, Max Valdés, Lilian Elphick, Miguel de Loyola y José Osorio. Cuenta además con la participación activa de Ramón Díaz Eterovic, Fernando Jerez Pía Barros, Poli Délano, Darío Oses, Yuri Soria-Galvarro, Elizabeth Subercauseux, Lilian Elphick, Jaime Valdivieso, Franklin Quevedo, Inés Valenzuela, Carolina Rivas, Ramiro Rivas, Antonio Rojas Gómez, Esteban Navarro, Cristián Cottet, Roberto Rivera, Alejandra Basualto, Sonia González Valdenegro, Martín Faunes, Antonio Ostornol, entre muchos otros.

Desde su creación, la Corporación Letras de Chile ha desarrollado una gran cantidad de actividades por el fomento del libro y la lectura y ha logrado ocupar rápidamente un sitial de respeto como agente cultural dentro del ámbito nacional.

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Muerte en el Chaco


A Fernando Jerez quien me regaló el título

Cuatro de la tarde. El mini-bus que nos trasladará a Sáenz Peña espera estacionado afuera del hotel. El chofer fuma un cigarrillo, se ve cansado, ojeroso. Antes de cruzar la calle para comprar agua mineral, le pregunto si la máquina está revisada. Todo perfecto, asegura. Cuando voy por el agua, pienso si no sería mejor comprar un botellón de un litro, pero elijo la chica. Pago. Miro el mini-bus y a los asistentes que poco a poco se van reuniendo, conversan, ríen, miran el brillante cielo azul de Resistencia. Me baja la duda de ir o no ir. Yo voy de colada, sólo para conocer otra ciudad; lo mismo Cristian Cottet. Pero no es momento de reflexiones e ingreso definitivamente en la cruzada. Al lado mío, y mirando siempre por la ventana va Pepe Osorio, que me cuenta de un viaje a Brasil por tierra que hiciera con su familia. Al rato, le narro un viaje desde Puebla a Veracruz en una Volskswagen con cabida para diez personas. Un viaje largísimo donde la vieja Volsks se comportó como una dama de alta alcurnia, salvo a la vuelta en donde murió de un reventón eléctrico generalizado. Y ahí estuvimos botados en una carretera durante muchas horas, donde uno de los mexicanos aseguró que los cuatreros –usó esa palabra- asaltaban a los que se quedaban en panne. Bastara que contara esta historia a Pepe cuando comienzo a oler a bencina. A los minutos, el mini-bus también muere a cincuenta metros de un peaje. Dicho y hecho, me dije, mientras toda la delegación bajaba y el chofer abría el capó para ver qué sucedía. Yo, que siempre he sido mirona, me acerqué y comprobé que por el distribuidor salían borbotones de bencina o nafta, como dicen los argentinos. Esta huevá cagó, pensé.
El día estaba precioso: calor, pajaritos de pecho verde. Se vendía miel y una colección de figuras de arcilla, un poco siniestras: cisnes, sapos, enanos de jardín, ánforas para meter a una persona adentro y unos hongos gigantes de variados colores. A unos cien metros había un quiosco que siempre estuvo cerrado. Desde la casa aledaña y cada cierto tiempo, se abría una cortina y una silueta fisgoneaba.

En la misma zona donde nosotros estábamos, comenzó una avalancha de autos a averiarse, incluyendo una ambulancia. También vimos pasar una camioneta horriblemente chocada arriba de una grúa. Estábamos en una especie de dimensión maligna, entre la fría construcción del peaje, ajeno totalmente a nuestra pequeña tragedia, y aquellas figuras que nos miraban impávidas y colorinches. Con Inés Garland conversamos de tarot. Cristian intervino para explicar su teoría de las rubias, sacándole chispas a sus ojos azules que, como dardos flirteros caían en las ondas áureas de Inés o Ínes, con acento en la “i”. Creo que yo me referí a la carta del tarot Los amantes, donde hay una mujer morena y otra rubia, también un camino a elegir. Inés agregó algo que me sorprendió: “Luisa es vidente”. Miré a Luisa y sí, estaba más claro que el agua que ella es vidente. En un tris, Orlando van Bredam, el maestro de Formosa, y uno de los organizadores hacen autostop y se los lleva un auto blanco, un poco a mal traer. Luisa, con su potente voz, dice con tranquilidad: “Ningún bus se va a detener”. Dicho y hecho. Todo lo que decía Luisa se iba cumpliendo, inexorablemente. Max, en broma, imagina una violenta discusión entre todos nosotros con un final sangriento. “Nos vamos a asesinar”. Esa fue la frase exacta de Max. Cottet, también en broma, espeta: “A la única que vamos a asesinar será a ti, Luisa.” Y Luisa comenzaba a tener frío y a enojarse.
Descubrí que esta escritora argentina cuando se enoja o está bajo stress, se refiere a sí misma en tercera persona. “Luisa se está enojando, Luisa se enojó.” En efecto, ella comenzó a darle duro a Pili, la chica organizadora-pastora. Pili tiritaba de susto con el huracán Futuransky, la que ve el futuro y la que agita el furor.

Y bueno, comimos una tortilla de rescoldo y agua, gracias a la diligencia de Luisa. Personalmente, tuve una acidez estomacal peor que el desastre de Chernobyl. Cottet se encaramó a un árbol, Luisa caminó alejándose de los monstruos de cerámica. Max me miró con esos ojos grandes y dulces y me susurró bajito: “Estoy angustiado”. Yo también, respondí.

Comenzaba a atardecer y el sol era una fastuosa bola anaranjada que bajaba al horizonte con la rapidez de una lagartija asustada. Pensé en el cuento que recién había analizado en el taller de la mañana: A la deriva, de Horacio Quiroga. Ahí también el sol se pone y todo se vuelve oscuro a medida que el veneno de la serpiente (no digo “culebra” porque a Pía Barros le da urticaria y grita: ¡Bicha, bicha!) invade todo el cuerpo del hombre hasta que muere arriba de la canoa, a la deriva, en la parte donde el río Paraná se encajona como un ataúd fluvial.

A instancias mías, Pepe sacó dos fotos de ese atardecer. Son bellas.

Ocho y media de la noche. La discusión eleva sus alas negras mientras aparecen las primeras estrellas y pasan buses repletos de gente. Max estornuda cada tres minutos. Por suerte ha traído consigo un rollo entero de papel higiénico. La congestión avanza porque ya siento el típico ardor a la garganta que anuncia el peor de los resfríos. Mentalmente, mato a los bichos. Belcebú, Belcebú, el diablo eres tú, conjuro, fumando un cigarrillo tras otro, mirando a Cristian y a Inés que ya hablan un lenguaje que sólo ellos entienden. Una nueva Babel en la mitad de la nada. Echo de menos a Miguel, a Virginia Vidal quien me ofreció su mano tibia mientras el avión aterrizaba en Resistencia en medio de unas turbulencias de juguera de cuchillas oxidadas.

No entiendo por qué el chofer recién hace parar a un camionero cuando lo podría haber hecho hace tres horas atrás. Como es usual, el camionero detiene su bestia de 35 metros de largo, arregla el mini-bus en dos segundos y estamos listos para seguir camino a Sáenz Peña. Sin embargo, se trata de un arreglín piñuflo, según el léxico chileno.

Pero no todo es tan sencillo. Luisa, Max y yo queremos volver a Resistencia. Si Luisa se queda, yo me quedo, digo. Lo mismo Max. Somos tres en contra de cuatro entusiastas por el fomento del libro y la lectura. Pili insiste en que debemos conocer su ciudad. No sé en qué momento estamos todos adentro del vehículo y éste, como una tortuga centenaria, emprende el rumbo a no más de 60 kms/hora. Siempre huele a bencina y comienzo a ahogarme, a tener náuseas. Ninguna ventana se abre. Pepe y Max duermen. Inés y yo cantamos bossa-novas. Ella canta porque fue cantante; yo, porque tengo miedo. Una sola chispa y el mini bus se incendia. No hay extinguidor, las ventanas están selladas. Somos un ataúd con ruedas. Moriremos quemados y saldremos en los diarios locales. Pienso en la repatriación de nuestros restos y otras exageraciones. Cottet mira con arrobo a Inés que sigue en su tralalá coqueto y, más que nada, nostálgico por una época juvenil y despeinada.
La ley de Murphy en su eterna maldad logra que el tarro viejo, por segunda vez, fenezca a un costado del camino. Somos afortunados: es solo cruzar la carretera de una vía y hay una gasolinera con su correspondiente local para tomar café y guarecerse del frío pampeano.

El lugar se llama Plaza. Y allí nos dirigimos Luisa, Max y yo. La argentina se comunica con el Hotel Covadonga y cuenta lo sucedido. Hay que dar aviso a Mempo. Nos dicen que vienen dos camionetas a buscarnos, que viene un auto desde Sáenz Peña a socorrernos. Esperamos a Godoy, que es otro chofer que viene de Resistencia, pero que nunca llega. Quizás ha sido abducido en el peaje, por los enanos malditos o los hongos le han dado un callampazo. Nunca llega. Nadie llega. Finalmente se presenta una persona de Sáenz Peña con el auto averiado. También. Y luego llega otro auto. No cabemos todos. Yo quiero volver a Resistencia. Son las nueve. Max ha gastado más de las tres cuartas partes del rollo de papel higiénico. Pepe Osorio, con una tranquilidad muy similar a la de Clint Eastwood, decide seguir a Sáenz Peña, seguir hasta llegar y concluir con lo previsto. Lo mismo Inés y Cristian. Se van. Nosotros nos quedamos con Pili, quien es sacudida cada cinco minutos por la Futoransky furiosa, con dolor de riñones y frío (no lleva chaqueta). Yo huyo al baño y lloro, el llanto se hace incontrolable.
No sé por qué lloro, pero me siento abandonada, sola en esa pampa de los cuentos de Borges, donde muere el que tiene que morir porque siempre estuvo muerto. Entonces, sobreviene la irrealidad, me miro al sucio espejo del baño de la gasolinera y tengo la pintura corrida y estoy pálida, más ficticia que nunca. Mi pie izquierdo se hincha cada vez más. Vuelvo al pequeño y mísero café. Quisiera sacar un puñal y matar a nuestra anti-pastora, propinándole veinte o treinta estocadas. Nada me importa. Pili, cariñosa, me dice “Chinita” y con una insistencia diabólica y enfermiza, proclama que apenas llegue otro auto a rescatarnos, iremos a Sáenz Peña y asunto olvidado. Mientras Luisa y Max gritan que debemos regresar a Resistencia sí o sí y que la lectura se puede ir a la mierda, yo bebo cerveza para anestesiarme y poder aguantar más la situación. Quisiera ser como el poeta Osorio, impertérrito frente a los enojos, las puteadas, las maldiciones. Tranquilo como Ramsés en su sarcófago, sereno como un Buda latinoamericano y comprometido. Cool.
En cambio yo soy una avispa enloquecida que trata de salir y choca y choca contra el vidrio, imaginando la peor de las tragedias, no las grandes tragedias, sino aquellas en las que nadie repara, las anodinas tragedias carreteras de provincia. Costumbres de provincia. Madame Bovary tomando el arsénico que la llevará directamente al vacío. Muriendo como la heroína de folletín que siempre quiso ser y no fue, por la vida que llevó, por el amante imbécil que se consiguió, por otras cosas que no vale la pena mencionar.

Diez pm. Max y yo vamos a la parte trasera de la gasolinera, donde hay un par de camiones estacionados. Fumo. Le cuento que al despedirme en Chile, les dije a mis hijas que si moría en el Chaco, no quería misa ni entierro. Sólo las cenizas al mar en el puerto de San Antonio. Sin flores hediondas ni llanteríos, ni lutos, ni amigos recitando poemas de Teillier. Sólo las cenizas al mar. Y se está cumpliendo, Max, agregué entre sollozos, moriré en el Chaco, a 104 kilómetros de Resistencia, tan lejos y tan cerca. Y no habrá cenizas, sino un cuerpo enterrado y una gran comilona para los gusanos. Max me mira desde su congestión, con sus ojos de oso amable, llenos de agua, y sorbe su gripe sin decir palabra. Es el momento más tenso del viaje. Nos abrazamos, entrecruzamos nuestras manos heladas y pareciera que fuéramos a morir ahí, de verdad. ¿Qué hacemos aquí?, Max, pregunto, ¿qué mierda estamos haciendo aquí? Entonces hablamos de los hijos y la familia, como despidiéndonos o sintiéndonos como esos personajes del cuento Los cautivos de Longjumeau de León Bloy que quieren salir de su pueblo y nunca pueden, siempre les pasa algo. Caminamos hacia el café. La situación no ha variado, está suspendida en el cansancio y el tedio. No recuerdo, pero creo que volvemos con Max al sitio eriazo de la gasolinera. Al rollo de papel higiénico le quedan tres o cuatro metros, no más. Mis pies están congelados. Y hay olor a bencina. Obvio.

Por fin llega Fernando, un chico joven que idealizamos de inmediato colocándole aureolas y canonizándolo. Creemos que sí existe un dios de la pampa y nos ha ayudado. Reímos nuevamente. Luisa habla de encuentros de tercer tipo, de ovnis y de las muchas estrellas que cuelgan del telón negro del cielo. Cuando llevamos unos diez minutos adentro del auto y Luisa da todo tipo de recomendaciones al santo y paciente conductor, Max, con seriedad, me dice al oído: “Se me quedó el papel arriba de la mesa del café”. Me da una pena infinita porque Max tendrá que empezar a sonarse con la manga de su chaqueta; río y lloro (en silencio, por pudor) a la vez y también me cuelgan mocos y las lágrimas salen a chorros. La histeria, como un pulpo de rosadas ventosas, se apodera de nosotros. Le tomo la mano a Max y miro por la ventanilla. Es cierto que hay estrellas y es hora de recordar a Neruda. Con la magia habitual, Luisa recita fragmentos del poema. Baja la velocidad, por favor, le digo a Fernando, que se roncea un poco por la tierra del camino.

Kilómetro 90. Once y media de la noche. Fernando adelanta a los camiones interminablemente largos; le aprieto la mano a Max cada vez que esto sucede. Lo último que falta es que tengamos un choque frontal y tan cerca de Resistencia. Me dan ganas de orinar. Nos detenemos en el peaje, aquel donde nos quedamos tirados por primera vez. Voy al baño, intento robar el papel higiénico pero no puedo sacarlo de su casucha metálica. Opto por enrollar varios metros y guardarlos en la cartera, como el más preciado de los tesoros.

Muy luego avistamos las primeras luces de la ciudad. Hemos llegado a Resistencia. Hablamos de ir a comer, necesitamos una sopa de pollo, caliente, confortante. Entre la despedida a Fernando llena de agradecimientos y nosotros tres sentados en el restorán del frente del Hotel Covadonga (el mismo donde compré el agua mineral de 500 cc) no pasan más de diez minutos. Todo es como debe ser. No hay sopa de pollo ni ninguna otra sopa. Max pide agua hervida, pues yo le he dado un tapsin noche que debe tomarse de inmediato. Max tiene sangre de narices. Luisa y yo nos miramos sin decir nada. Pido ravioles, Luisa pide una tortilla, Max, una ensalada gigante, con cuartos de huevos duros. No tengo hambre. Max y Luisa devoran sus platos. Llega otra escritora argentina cuyo nombre no recuerdo. Luisa cuenta la historia con lujo de detalles. La escritora interrumpe el cuento de Luisa para preguntarme de qué color son mis ojos. La miro y no soy capaz de contestarle.
Comienzan a llegar muchos escritores, entre ellos, los chilenos Diego, Miguel y Fernando. Es sólo que Diego ponga la mano en mi hombro, sin saber nada de lo que nos ha ocurrido, para que yo le relate la experiencia de tercer o cuarto tipo. Insisto en que el grupo se desunió, que unos partieron para Sáenz Peña y otros quedaron en la gasolinera de la muerte y del mate. Es lo que más me da pena: la fragmentación, la discusión, los buenos propósitos. Miguel me toma del brazo para llevarme al hotel, a mi cuarto, a la cama. Él y Max han sido mis escuderos y siempre me protegen y cuidan en los congresos en que hemos estado juntos. Y cuando estoy acostada no puedo dormir, siento que jamás volveré a dormir y que la única muerte, y la más metafórica, está ahí conmigo entre medio de las sábanas de una cama pequeña en el Hotel Covadonga, en Resistencia, Chaco, Argentina.

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La cena


Marjorie escribió la cita en la agenda como el hecho más importante de su vida; la letra clara, bien hecha, incluso bonita: Martes 12. 13 hrs. Da Carla. Abajo, dibujó unas flores y tuvo la cursi tentación de completar el dibujo con un corazón de colegiala. Era segunda vez que Ricardo Andrés la invitaba a un restorán tan fino. Suspiró. Faltaban dos semanas. Pero era mejor tener al tiempo de aliado. Miró su estómago comprimido, lo aflojó y supo de inmediato que debía comenzar una dieta de lechugas y zanahorias. Ya había notado que las mujeres que comían en el restorán de su primera cita eran delgadas, con cinturas de avispa y tacones altos.
Los primeros tres días fueron un martirio. A la sensación permanente de fatiga, se sumó una palidez de muerta y un aliento a conejo que no logró despejar con el enjuague bucal. En la oficina, no quiso contarle a nadie y guardó en un cajón con llave los pequeños bastoncitos de apio y las dos tostadas de pan integral que constituían su almuerzo. Cuando sus compañeras se iban de colación a repletarse con algún completo de mayonesa añeja o algún berlín estilando aceite, ella extraía su frugal almuerzo y masticaba con lentitud, para así engañar al estómago y a ella misma. Claro que la técnica no daba mucho resultado. A la media hora, comenzaba a desfallecer y la palidez de momia no se le iba ni siquiera con una buena empolvada. Para paliar los desagradables efectos de la dieta, Marjorie se daba ánimos escarmenando su pelo rojo en el baño de las secretarias, pensando que era por una buena causa, que llegado el día del encuentro con Ricardo Andrés, todo sería diferente, él la encontraría hermosa, sexy, tan estilizada, como una garza. Después irían a algún lugar discreto, él acariciaría sus brazos, saborearía todos los centímetros de su piel, lamería cada lunar de sus pechos. La colorina volvió a su escritorio y cerró los ojos para ensoñar la situación amatoria con más claridad, hasta que su jefa le dio unas palmaditas en la espalda.
-¡Y a ti qué te pasa!
- No dormí bien, señora Leticia.
- Bueno, con esto te vas a entretener.

Y le pasó un alto de cheques que debía depositar en el banco.

- Perdone, pero estas pegas las hace Juanito.
-¡Ese huevón no vino!
Marjorie recordó su cita y no siguió alegando.
- Está bien, yo lo hago. Señora Leticia, necesito hacerme unos exámenes y voy a tener que faltar un día completo. El 12 de mayo...
- Falta, ya hablaremos.

Tomó los cheques y se dirigió al banco. En el espejo del ascensor miró sus caderas tan anchas y disparatadas, hundió el estómago y terminó por sacarse una pelusilla enredada en las pestañas. Su pelo era lo que más le gustaba: natural, sin un sólo atisbo de tintura, rayo o reflejo. Lo esponjó hasta que quedó de su agrado. Antes de salir, se cerró un ojo.
La diligencia no fue tan espantosa como pensó. El banco estaba casi vacío y en la calle le lanzaron un piropo. Se sintió feliz y no dejó que nada empañara esa felicidad, hasta que llegó a la casa y su madre la recibió con un plato humeante de charquicán.

- Mamá, le dije que estoy a dieta.
- Pero si el charquicán no engorda, niña.
- Sí, engorda. ¿Me compró los dientes de dragón y la alfalfa que le pedí?
- No. Esa es comida para vacas.

Quizás era el momento para mandarse a cambiar y arrendar una pieza cerca del trabajo. Su madre estaba vieja y achacosa, no entendía que una quisiera bajar unos kilos, no entendía nada. No le había contado de su nueva relación con Ricardo Andrés. Mal que mal, era hombre casado. Pero él había dicho que su matrimonio estaba acabado, era sólo un formalismo, y pronto vendría la separación, pronto. El desmembramiento, había dicho con tono enciclopédico. Para qué contarle, ni a sus amigas y compañeras de trabajo les había dicho, si después la pelaban hasta más no poder. No. Ricardo Andrés era parte de su mundo secreto.

- Me gustaría comerte... - le decía siempre. Y ella se dejaba lamer de arriba a abajo, en el apart hotel cuyos pasillos estaban adornados con esos paisajes suizos que tanto le gustaban y que apenas podía disfrutar.
¿Acaso revelaría esas intimidades al grupillo de secretarias ávidas de chismes e historias subidas de tono?

El día 12 de mayo llegó y Marjorie se las arregló para engañar a su jefa y poder faltar todo el día. Había bajado cinco kilos y se veía muy bien con su falda tubo y la chaqueta de torero. Llegó al restorán con diez minutos de adelanto. Estaba nerviosa y prefirió no pedir nada hasta que llegara Ricardo Andrés. Los platos de pasta iban y venían frente a sus narices, pero ella estaba inmune y resistió con valentía el embate de comida. Al fin, Ricardo Andrés apareció y, antes de cualquier saludo, la impetó :

- ¡Qué te hiciste!
- Una cola de caballo.... -dijo Marjorie sin entender, tocándose el pelo.
- No me refiero a eso..., estás flaquísima.
- Gracias.
No, no me agradezcas. Perdóname, pero te ves..., te ves..., horrible.

La pelirroja no soportó el agravio y se puso a lloriquear. Ricardo Andrés no halló qué hacer, hasta que susurró.

- Ya, ya, yo te voy a hacer engordar un poquito más, mi chanchita, vas a ver. Y de inmediato, ordenó: - ¡Prosciutto!
No sólo fue el prosciutto, sino la lasagna, los agnolottis, el pulpo a la romana y el tiramisu que Marjorie tuvo que engullir sin un reclamo. Ricardo Andrés le dio la comida en avioncitos múltiples y la hizo beber muchas copas de vino, hasta que, chorreada de salsa de tomate, salpicada de aceite y medio borracha, tuvo que ir a vomitar al baño.
Después, Ricardo Andrés pidió dos expresos y, en el momento que la pelirroja extraía la sacarina de su cartera, él arreció nuevamente.

- La sacarina es para las anoréxicas, no para ti, amor. Deja eso ya, ven acá. Y le dio un beso de café cargado, un beso que la dejó sin aire, nostálgica, con ganas de seguir el jugueteo, pero después de una agüita de hierbas que le asentara el estómago y, sobre todo, el espíritu.
No hubo jugueteo posterior, pero sí otra cita en el departamento que Ricardo Andrés acababa de comprar. Antes de despedirse, él aconsejó:

-A mí me gustan las gorditas. ¿Podría ser que no adelgazaras?

Marjorie no entendió los requerimientos de Ricardo Andrés. La mayoría de los hombres querían mujeres delgadas. Para gorduras, bastaba con las esposas. Ellos deseaban cuerpos sin adiposidades, sin grasa ni celulitis, piernas duras, pechos erguidos, calugas de músculos en el vientre. Él quería todo lo contrario. No se hacía la idea de comenzar a comer a destajo, repletarse de frituras, jamonada y queso chanco. Su madre fue la que más celebró el retorno del charquicán al sagrado hogar.

- ¿Ves? Si yo sabía que era una rayadura tuya.

A la semana, no sólo había recuperado los cinco kilos, sino que había aumentado dos más. Y, como es típico de hembra, la grasa se había concentrado en las piernas y en el culo. Marjorie tuvo que comprarse unas horribles túnicas hindú y unos pantalones de Aladino porque no soportaba la idea de estar convertida en una ballena.
El día de la próxima cita llegó porque el tiempo es inmisericorde. Cuando Ricardo Andrés abrió la puerta y vio a Marjorie, dio un grito de alegría:

-¡Ahora sí que estás preciosa! Y la llenó de besos y pequeños pellizcos que le subieron el ánimo.

Marjorie se había acostumbrado a comer mucho y encontró que el aperitivo que Ricardo Andrés tenía preparado era bastante pobre.

-¿No tienes nada más contundente, mi amor?
- Primero lo salado y después lo azucarado.

Le hizo rodar unas galletitas mínimas por el escote hasta depositarlas en su boca, previamente húmeda con un vino dulce Late harvest, colocó una aceituna rellena en su boca y la traspasó con delicadeza a la boca de Marjorie, besándola y enredándole la lengua en las encías, en un juego sumamente sensual y embriagador. Le tocó las piernas, mientras arriba ambos masticaban pistachos y castañas de cajú; brindaron innumerables veces con distintos vinos, como si se tratara de una degustación. Y de hecho, lo era.

- Prueba este Miguel Torres del 98.
- Hmm, delicioso.
- Y este Gran Tarapacá Reserva.
- Huele a uvas.
- Obvio, querida. ¿Alguna otra observación?
- Estoy mareada.
- Bueno, quédate tranquila aquí, que yo voy a ir a prender el horno.
- ¡¿Qué preparaste?!
- Surprise, my dear.

Ricardo Andrés dejó a Marjorie recostada en el sillón, adormilada, y fue a la cocina. Se puso un delantal, afiló el cuchillo despostador hasta dejarlo brillante. Lo contempló un momento a trasluz, lo dejó en la mesa y preparó en el mortero una salsa a base de romero, ajos y aceite de oliva. Cuando estuvo lista, fue al refrigerador y extrajo la carne. Con el cuchillo cortó varios filetes que luego embadurnó con la mezcla. Los puso en una fuente y los llevó al horno, por veinte minutos. Volvió al living y despertó a la colorina con unas caricias en los muslos.

- Son una maravilla, perfectos, redondos.
Los mordisqueó hasta dejar aureolas moradas.

- Ah no, no quiero seguir engordando, después me van a salir estrías- dijo Marjorie con voz de sueño.
- Pero si las estrías son tan…, tan..., lindas.
- Está saliendo un olorcito...
- Es primera vez que la preparo, espero que te guste.

Ricardo Andrés dispuso los platos en la mesa del living y trajo una fuente con los filetes y una guarnición de papas duquesa.

- Rosemary’s leg - anunció orgulloso, con un acento británicamente perfecto.
- ¿Cordero? - preguntó Marjorie masticando el primer bocado.
- No.
-¿Vacuno?
- No.
- Está sencillamente delicioso, la carne está blandísima.
- La apaleé bastante -dijo él con la boca llena y muerto de la risa.
- No me digas que nos estamos comiendo a tu señora- contestó Marjorie atragantada por la broma.
- Exactamente. Y después te voy a comer a ti.
- Pero primero me vas a hacer el amor, ¿no es cierto?- La pelirroja dejó los cubiertos a un lado y se acercó a Ricardo Andrés para besarlo. Entre risas y con una botella de vino se fueron al dormitorio.

Marjorie despertó horas después y fue a la cocina a tomar agua. Abrió el refrigerador para picotear algo dulce y vio la gran pierna asada, llena de várices, en un azafate. Un escalofrío recorrió su espalda y las arcadas fueron incontrolables. Ricardo Andrés la miraba desde la puerta. Ninguno de los dos dijo nada. Marjorie sólo vio la gota de su sudor estrellarse en el suelo embaldosado de la cocina.

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El canon literario

Por Lilian Elphick


Traicionando nuestro texto. Desafíos feministas al canon literario. Lillian Robinson.[1]

Robinson parte de la premisa de que el canon literario es básicamente masculino y falocéntrico, donde la mujer escritora (se refiere principalmente a escritoras inglesas y norteamericanas) ha sido sistemáticamente excluida u olvidada, y en cuyo imaginario se puede detectar su ‘pasividad’ y ‘victimización’. Como contradice Robinson, la mujer no es “imagen”, es un agente activo.

“Desde hace más de una década, las estudiosas feministas han llamado la atención sobre el abandono, en apariencia sistemático, de la experiencia de las mujeres en el canon literario, abandono que se manifiesta en la lectura distorsionada de las pocas escritoras reconocidas y en la exclusión de las otras.” (Ibíd:117).

Parte de la crítica feminista ha hecho esfuerzos para incorporar “las obras de mujeres al canon establecido. […] Consiste el caso en demostrar que a una autora ya reconocida le ha sido negado su lugar legítimo, es de presumir que debido al poco valor que por lo común se concede a los sujetos femeninos y a sus esfuerzos.” Sin embargo, para la autora, “este acercamiento no cuestiona la noción misma del canon.” (Ibíd:122).
Robinson evidencia el surgimiento de “un contra-canon femenino formado por integrantes que eran en gran parte inasequibles hace tan sólo una docena de años” (Ibíd:123), como alternativa a la tradición masculina hegemónica, y que vendría a desmentir la idea de que “no ha habido mucha literatura seria escrita por mujeres.” (Ibíd: 124). (Mi cursiva).
Se puede hacer una analogía entre lo “serio” y lo “no-serio” con la literatura y la sub- literatura o literatura popular. Véase al respecto la opinión de I. Even-Zohar. (1).
Siguiendo con este punto, Robinson precisa que el feminismo erudito se ha preocupado de analizar y revisar textos ‘menores’ escritos por mujeres, v.g., “cartas, diarios, periódicos, autobiografías, historias orales y poesía privada, […] como prueba de la conciencia de las mujeres y de su expresión.” (Ibíd:135). La crítica feminista, agrega la autora, reconoce que “las condiciones que dieron a muchas mujeres el ímpetu de escribir son precisamente las mismas que no hicieron posible que su cultura las definiera como escritoras.” (Ibíd:135).
Es importante para la autora la visibilidad y reconocimiento de una tradición femenina y confrontar “‘el’ canon, examinándolo como una fuente de ideas, temas, motivos y mitos sobre ambos sexos.” Los estudios feministas, señala, “no sólo pueden plantearse mediante el valor manifiesto de la obras de las mujeres”, sino que también abocarse al estudio y análisis de problemas “tales como la eterna verdad de los criterios heredados de grandeza o incluso calidad.” (Ibíd:137).
*
Desde una mirada latinoamericana, Darcie Doll Castillo[2], propone una diferencia entre tradición y genealogía en la escritura de mujeres, prefiriendo este último concepto (extraído de Foucault (2)):

[…] “un primer paso es el trabajo por construir un corpus que recupere las escrituras de mujeres, - que es también construir un canon -, y establecer genealogías de mujeres escritoras.”

Otros pasos son:
“Reconstruir un mapa mucho más complejo que lo que podría significar un listado de obras y autoras. Además de establecer filiaciones y afinidades entre textos, se trata de re-visar, volver a mirar, bajo otro foco, las relaciones en varios sentidos, establecidas por la actividad escrituraria de las mujeres, incluyendo sus lecturas, sus interrelaciones en general.”
Abandonar la idea de tradición entendida como un conjunto de obras canonizadas es un paso previo para abocarnos a la construcción de “genealogías” de la escritura de mujeres y de mujeres que escriben.” ( Doll Castillo.2002:86-87).

Retomando el aspecto de la invisibilidad de la mujer dentro de la cultura latinoamericana y también de la cultura letrada, asociada al término ‘tradición’, Valdés[3] señala que ésta proviene de la época colonial:
[…] “El ‘poder oculto’ de las mujeres latinoamericanas tuvo justamente esa característica: la de ser un contra-poder.
Las culturas latinoamericanas comparten con algunas de sus culturas de origen una visión del mundo cuyos rasgos comienzan a configurarse desde el período colonial en el discurso escrito. En esa época, “la antítesis se utilizaba como un modo significativo de conceptualización y de conocimiento”. Los valores de la cultura eran masculinos, caballerescos y cristianos, y desde ellos se definían por oposición todos los “otros”, sobre todo los amerindios. “El paradigma de las características femeninas se empleaba con mucha frecuencia para representar lo culturalmente deficiente”: la vulnerabilidad, “la torpeza femínea” de los nativos americanos, la falta de desarrollo de las facultades racionales, la entrega a la emoción y la inclinación sensual, todo lo cual justificaba la constante necesidad de supervisión y de instrucción por parte de sus conquistadores. Al escribir, “el sujeto colonial americano borraba los retratos ajenos que lo identificaban con la naturaleza, la pasión, lo femenino, lo doméstico, lo rústico y lo pagano, para identificarse con los valores contrarios: la cultura, la razón, lo varonil, lo público, lo cortesano o caballeresco, lo cristiano.” La enumeración es elocuente para ubicar el lugar simbólico desde el cual comienza a construirse en la región del discurso de la cultura letrada sobre el sujeto mujer, desde la perspectiva de “lo otro” y lo inferior.” (Valdés.1991:18-19).

Robinson cita a Hawthorne, cuyo verso también es elocuente: “la multitud de mujeres que garabatean” , y en esta ‘multitud’ se encuentran Virginia Woolf, las Brontë, Jane Austen, y las sureñas Gabriela Mistral, María Luisa Bombal, Marta Brunet, Alfonsina Storni, las Ocampo, por nombras a algunas ‘garabateadoras’. La letra con sangre entra, no sólo para las escrituras de mujeres. Es impensable seguir denominándolas ‘minorías’, así como a los textos producidos por nativos (as) de la tierra, sean éstos (as) negros (as), amarillos (as) o de cualquier color y con una determinada preferencia sexual.

Las obras del Amo: sobre la formación del canon y la tradición afroamericana. Henry Gates, Jr. [4]

El debate continúa con Gates, que analiza el estado pasado y actual de la literatura afro-norteamericana en los Estados Unidos y su inserción en los programas de literatura en universidades y otras instituciones. Para él es imposible abrir el canon para la literatura afro-norteamericana desde el punto de vista de Bennet y A. Bloom, propiciadores de “la estética de antes de la guerra, cuando los hombres eran hombres, y los hombres eran blancos, cuando los críticos eran hombres blancos y cuando las mujeres y las personas de color no tenían voz, eran sirvientes y trabajadores que preparaban té y llenaban las copas de brandy en las dependencias de los clubes de la gente de orden.” (Ibíd:161-162).

Ante el retorno de lo que Gates llama “lo reprimido”, su desafío es el de redefinir el canon y crear nuevos programas literarios. Como la crítica feminista que abordó ‘géneros menores’, ya sea la carta, la autobiografía y otros, Gates cita a Calverton como el primero en tratar de formar un canon de la literatura negra, incluyendo el dialecto negro y otras formas como los spirituals, blues y canciones de trabajo que constituyen “cada uno un género de la literatura negra.” (Ibíd:172).
Gates afirma que “la mayoría de compiladores de antologías negras han tratado de incluir todos los autores y textos (especialmente extractos) que han podido, con el fin de preservar y “resucitar” la tradición" (Ibíd:177), en contraposición a la idea de un canon jerárquico y patriarcal.
Sin embargo, Gates acota que “nuestros ensayos de definición de un canon de la literatura negra americana [ se diría ‘norteamericana’ para diferenciarla de otras literaturas ‘americanas’, como la centro y sur-americanas, por ejemplo] […], han sido con frecuencia desacreditados por racistas, separatistas, nacionalistas o ‘esencialistas’”. (Ibíd:183). (3)
Citando a Hortense Spillers, Gates ve la necesidad de que el hombre afro-nortemericano recupere a su mujer interior: “que el discurso del amo pase por una voz con la cadencia y el timbre de la voz de la Madre Negra”. (Ibíd:185) y , finalmente , centra su programa en “ reformar el núcleo del plan de estudios, dar cuenta de la elocuencia comparable de las tradiciones africana, asiática y de Europa del Este”, para educar a los estudiantes “a través de una noción verdaderamente humana de “ las humanidades ”, y no, como preferirían Bennet y Bloom, como centinelas del último baluarte fronterizo de la cultura masculina blanca occidental, los Guardianes de las Obras Maestras.” (Ibíd:187).

Los cánones y (más allá de) las fronteras culturales (o ¿de quién es el canon del que hablamos? Walter Mignolo.[5]

Mignolo escribe su ensayo como latinoamericano y profesor de literatura latinoamericana en los Estados Unidos y establece que :
“Una de las funciones principales de la formación del canon (literario o no) es asegurar la estabilidad y adaptabilidad de una determinada comunidad de creyentes” que, relacionándose con una tradición, “se adapta al presente y se proyecta al futuro.”(Ibíd:237).
“Mediante la formación del canon una comunidad define y legitima su propio territorio, creando y reforzando o cambiando una tradición.” (Ibíd:252).
“El canon hispanoamericano se construyó sobre la base de un lenguaje “estándar” y de un conjunto de criterios estéticos implícitos en los conceptos de “poesía” y “literatura” del colonizador.” (Ibíd:268)

La distinción y tensión entre cánones vocacionales (personales) y cánones epistémicos (académicos) se ilustra con la situación del canon latinoamericano, bajo las preguntas de ¿quién investiga y enseña, dónde y para quién?, y ¿cómo se forman y transforman los cánones, qué esconde el canon, etc.?, respectivamente.

“En Latinoamérica, […] la formación oficial del canon se basó en la lengua y en los valores de las culturas colonizadoras más importantes (española y portuguesa) y ocupó el lugar del canon silenciado (pero no suprimido) de las culturas amerindias. [El relato testimonial de Rigoberta Menchú y el Popol Vuh maya-quiché] atestiguan la formación del canon en las comunidades amerindias, ejemplifican la formación de un canon más allá de las fronteras y revelan la gran lejanía entre culturas “centrales”, que han desarrollado un discurso académico sobre el canon, y culturas “periféricas”, para las que el canon es un elemento de cohesión y no de debate académico.” (Ibíd:241).

Basándose en dos ejemplos (Historia de la literatura hispanoamericana de Anderson Imbert e Historia de la literatura náhuatl de Angel María Garibay ), Mignolo propone una hermenéutica diatópica ( que vaya más allá de las fronteras lingüísticas y culturales) que permita “disociar el sujeto vocacional del epistémico y […] entender que “nuestro” canon vocacional (como sujeto vocacional) no debería ser la medida de todos los cánones (literarios) como nos invitan a creer […] las historias de la literatura. (Ibíd: 243).
El concepto de literatura como “un mecanismo autoorganizado”(definición de Lotman)“debería ayudarnos, dice Mignolo, a concebir la literatura como una práctica discursiva regional y la formación y transformación del canon como un subsistema dentro del sistema. […] Esta distinción permite describir personas y comunidades que han interiorizado el concepto de literatura vocacionalmente en tanto que participaban en un sistema de interacciones que ellos mismos aceptan como literarias.” (Ibíd:246).
Con respecto a la enseñanza, Mignolo señala que “la necesidad de incluir la literatura no occidental, del tercer mundo, de mujeres, etc., en el canon refleja […] la existencia de un grupo de investigadores que sienten, a nivel vocacional, que el canon debería transformarse para representar a una población plural como la americana.” (Ibíd:261).
Personalmente, según Mignolo, el Popol Vuh, como ejemplo de literatura no occidental y periférica, “no tiene, para un estudioso de la literatura latinoamericana, los mismos valores canónicos que tiene para la comunidad quiché. Mientras que, [para el primero], representa un conjunto de valores relacionados con la identidad latinoamericana, los valores de tal estudioso serían ajenos a la comunidad quiché para la que el Popol Vuh representa, precisamente, una forma de conservar sus propias tradiciones segregadas de las del mundo hispanohablante.” (Ibíd:265).
Enseñar el Popol Vuh es, para Mignolo, descolonizar la literatura latinoamericana.

*

En su ensayo sobre el canon chileno y/o hispanoamericano, Iván Carrasco9 sostiene que el canon puede definirse como una estructura mutable, histórica y plural:

“Una postura […] contemporánea consiste en considerar el canon no como una unidad o estructura inmutable, sino histórica, plural, según factores individuales, culturales, políticos o ideológicos, conformada por heterogeneidades, complejidades y contradicciones y, por ello, algo inseparable de nuestro trabajo de creación, crítica e investigación literarias, del que formamos parte y que contribuimos a conformar, ratificar o modificar. Desde la perspectiva del canon como un sistema variable, que se puede aceptar, rechazar o alterar pero en ningún caso ignorar, perceptible o concebible en distintos niveles de abstracción, podemos hablar de un canon literario chileno y/o hispanoamericano.” (Carrasco.2002:9)

Como Mignolo, para Carrasco es importante nombrar las escrituras testimoniales en tanto textos que realmente han descolonizado y re-definido el canon.

“El estudio de las transformaciones recientes del canon de la literatura hispanoamericana ha sido realizado fundamentalmente en relación con el discurso narrativo, considerando que a mediados de los 70 se inicia un abandono parcial de algunas claves escriturales del llamado "boom" latinoamericano. La introducción de nuevas formas de realismo frente a las complejidades metaliterarias o fantásticas (Rama 1982), el auge del testimonio, la nueva novela histórica, la literatura feminista, la disminución del interés por el problema de la identidad americana, la aceptación acrítica de modelos provenientes de la globalización y del neoliberalismo, entre otros aspectos, han sido vistos como parte de este proceso de transformación. Pero ha sido la introducción de formas testimoniales "no literarias" o ensayísticas (Miguel Barnet, Rigoberta Menchú, Oscar Lewis, Gustavo Gutiérrez) lo que ha permitido hablar de descolonización y redefinición del canon literario, en el sentido de que a él se ha incorporado la voz del "otro" (Beverly y Achugar 1992) a través del testimonio, las historias de vida, las biografías y autobiografías. Se puede, así, hablar de un eclecticismo radical que vuelve difusa o no significativa la procedencia de los discursos para ser considerados como literarios (Pastor 1988) ”. (Ibíd. 12-13).

La inestabilidad, interdisciplinariedad e interculturalidad –como fenómenos contemporáneos- son aspectos relevantes para el estudio y re-definición de este canon. Advierte también una subversión de los géneros (indeterminación genérica o mutación disciplinaria, como el autor la denomina), dando origen a textos como las non fiction novels de T. Capote, G. García Márquez y Patricia Verdugo, por ejemplo; y un hibridismo cultural, ejemplificado con la poesía etnocultural.

[…] “A fines del siglo XX han aparecido espacios de inestabilidad, crisis y modificación del canon, generados principalmente por procesos de interdisciplinariedad e interculturalidad característicos de la discursividad contemporánea. Los espacios de inestabilidad e indeterminación literaria de índole genérica y textual están dominados por dos fenómenos singulares, y relativamente originales: la mutación disciplinaria y el hibridismo cultural.” (Ibíd:14).
*
Finalmente, como ejemplo de mutación genérica, se puede citar al micro-cuento, mini-cuento, cuento ultracorto, o cualquiera de sus múltiples denominaciones. Este género - aún marginal- se relaciona con la poesía en prosa, el haikú, la viñeta, el chiste, y otras formas menores o simples (André Jolles), aunque, al decir de J.A. Epple10, “no es simplemente una afición secundaria, apta para la nota humorística, el ingenio verbal o la relación anecdótica.” (Epple.1990:12).
Precisamente, la relevancia del micro-cuento se ha gestado en las antologías de Epple, en los trabajos de Lauro Zavala (México), y en los de Francisca Noguerol (España), por citar a algunos (as).


Notas
1.- “En el (poli)sistema, la canonicidad se manifiesta con mayor concreción en el repertorio. Mientras que el repertorio puede estar canonizado o no, el sistema al que pertenece un repertorio puede ser central o periférico. Naturalmente, cuando un sistema central es sede de repertorios canonizados, puede hablarse abreviadamente de sistemas canonizados frente a sistemas no-canonizados, a pesar de la imprecisión que ello introduce en nuestra terminología. El repertorio se concibe aquí, como el agregado de leyes y elementos (ya sean los modelos aislados, ligados o totales) que rigen la producción de textos. Mientras que algunas de estas leyes y elementos parecen ser universalmente válidos desde las primeras literaturas del mundo, es claro que gran cantidad de leyes y elementos están sujetos a condiciones cambiantes en diferentes períodos y culturas. Este sector local y temporal del repertorio es la fuente de las luchas en el sistema literario (o en cualquier otro sistema semiótico). Pero no hay nada en el repertorio mismo capaz de determinar qué sección de él puede ser (o volverse) canonizada o no, del mismo modo que las distinciones entre "estándar", "elevado", "vulgar" o "argot" en la lengua no están determinadas por el repertorio lingüístico mismo, sino por el sistema lingüístico, esto es, el agregado de factores que operan en sociedad implicados en la producción y consumo de enunciados lingüísticos. Así pues, son estas relaciones sistémicas lo que determina el status de ciertas unidades (propiedades, rasgos) en una lengua dada. La selección de un cierto agregado de rasgos para el consumo de un cierto grupo de status es, por tanto, externa al agregado mismo. De modo semejante, el status de cualquier repertorio literario está determinado por las relaciones que existen en el (poli)sistema. Obviamente, un repertorio canonizado es apoyado por elites conservadoras o innovadoras y, consecuentemente, está limitado por las pautas culturales que rigen el comportamiento de aquéllas. Si la elite reclama sofisticación y excentricidad (o lo contrario, esto es, “sencillez” y conformismo) para satisfacer su gusto y controlar el centro del sistema cultural, el repertorio canonizado se adherirá a estos rasgos tan firmemente como le sea posible”.

Itamar Even –Zohar. Teoría del Polisistema.
En:http://www.tau.ac.il/~itamarez/works/papers/trabajos/psth_s.htm

2.- Para Foulcault el concepto de genealogía significa “un acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las minorías locales que permita la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese saber en las tácticas actuales. […] Se trata de hacer entrar en juego los saberes locales, discontinuos, descalificados, deslegitimizados, contra la instancia teórica unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre del conocimiento verdadero y de los derechos de una ciencia que está regentada por unos pocos…”

Citado por Darcie Doll Castillo.
“Escritura/Literatura de Mujeres: Crítica Feminista, Canon y Genealogías ”. 2002. Revista Universum Nº 17. Universidad de Talca.

3.- “La llamada literature of abolition no era estudiada en el pasado ya que los textos de la esclavitud y la abolición eran percibidos por los críticos como textos culturales y políticos y, por lo tanto, exentos de legitimidad literaria.”

Gisela Heffes. "Gabriel García Márquez y la crítica, o la construcción de un clásico". Yale University. Artículo encontrado en:
http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v12/heffes.html#1
Revista Ciberletras Nº12/Enero 2005.


[1] En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. Madrid:Arco/ Libros, 1998.
[2] Doll Castillo, Darcie. “Escritura/Literatura de Mujeres: Crítica Feminista, Canon y Genealogías”. 2002. Revista Universum Nº 17. Universidad de Talca.
[3] Valdés, Adriana. Mujeres, cultura y desarrollo (Perspectivas desde América Latina). 1991. Serie Mujer y Desarrollo, División de Desarrollo , Unidad Mujer y Desarrollo, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Naciones Unidas. Santiago de Chile.

[4] En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. Madrid:Arco/ Libros, 1998.
[5] En: Sullà, Enric (Compilador). El canon literario. Madrid:Arco/ Libros, 1998.
9 Carrasco, Iván. “Interdisciplinariedad, interculturalidad y canon en la poesía chilena e hispanoamericana actual”. Estudios Filológicos 37 (2002): 199-210.
10 Epple, Juan Armando. Brevísima Relación. Antología del micro-cuento hispanoamericano. 1990. Santiago , Mosquito Eds.

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Sarabande por los Hermanos Vergara Toledo

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Día del joven combatiente


El 29 de marzo del año 1985, Carabineros asesinó a dos hermanos: Rafael y Eduardo, de 18 y 20 años. El lugar: la calle Miguel de Cervantes con 5 de abril, cerca de la Villa Francia. Desde entonces, este día es recordado año a año en las calles como el Día del joven combatiente, fecha en la cual se conmemora la lucha que costó la vida a los hermanos.


Carta de los Padres de los Hermanos Vergara Toledo, Chile, 29 de marzo del 2007
Por: Luisa Toledo y Manuel Vergara

"Tenemos que aprender a ser generosos, dejar las trabas atrás; ser sencillamente consecuentes con nuestros principios, con nuestro ser; seguir adelante sin mirar atrás, sin mirar lo perdido. Porque más adelante, en un futuro no muy lejano, tendremos la felicidad de estar juntos, de ser uno solo y seremos felices; seremos tan dignos de la felicidad".
(Rafael Vergara, Carta a su familia, 1984).


Querida amiga, Querido amigo,
Un año más ha pasado en nuestra historia como pueblo y ha habido malas y buenas noticias o hechos en esta porción de tiempo. Un año que a nosotros, como familia, nos ha acercado a marzo, la fecha del asesinato de nuestros amados Rafael y Eduardo Vergara Toledo. Reconocemos que estamos un año más cansados, un año más desalentados, un año más tristes que el año anterior, un año más viejos, sin ninguna certeza de ser más sabios. Ha sido un año duro y difícil, y nos imaginamos que para muchos de ustedes también, en lo que respecta a la situación laboral, económica, social; hay muchos amigos y amigas con enfermedades largas y dolorosas y, nosotros, adicionalmente, con la tremenda carga de hacer que el proceso del asesinato de los hijos se mueva algo en los Tribunales de Justicia (¿?). Es cierto que también ha habido momentos alegres, tranquilos, en los que nos hemos sentido de nuevo seres humanos, pero son los menos. Y, por supuesto que a muchos les ha ido bien y nos alegramos, pero esperamos, sinceramente, que eso no les haga olvidar que es la mayoría de nuestro pueblo la que está sufriendo las consecuencias de marginación del sistema económico que nos aplasta.
Compañera, compañero, a pesar de este panorama un poco desesperanzador que acabamos de describir, nos atrevemos a contarte lo que hemos avanzado en el caso del asesinato de nuestros hijos. La verdad ya está establecida por el juez Sergio Muñoz, que confirmó la forma cómo fueron asesinados y quienes son los responsables directos de estos crímenes, cuyos nombres son: Alex Vicent Ambler Hinojosa, Capitán ( R ), Francisco Nelson Toledo Puente, Cabo 1ro ( R ), Marcelo Segundo Muñoz Cifuentes, Sargento 1ro (activo), Jorge Segundo Marín Jiménez, Cabo 2do (Dado de baja). Después de esto el caso pasó a manos del juez Carlos Gajardo, a quien le correspondió encargar reos a estos asesinos, acusándolos de cometer crimen calificado con la agravante de premeditación y alevosía en las personas de Eduardo y Rafael. Estos sujetos estuvieron una semana presos en lugares de la institución de carabineros y dejados en libertad bajo fianza pagando $200.000.- Hasta ahí llegó la primera etapa de este proceso que se alargó desde el año 2003, fecha en que el caso llega a manos del Juez Muñoz, hasta la encargatoria de reo que se dictó en el año 2006.
En diciembre del año pasado fuimos llamados por los abogados que llevan el caso de los niños para informarnos de que ahora entramos en una segunda etapa del proceso que puede durar todo el año 2007 y es la etapa de la sentencia, o sea, cuántos años de cárcel les estaría dando el juez Gajardo a cada uno de los criminales. Y, por otro lado, la posibilidad de una querella civil que tendríamos que entablar nosotros pidiendo el pago por la vida de nuestros hijos en dinero.
Respecto de la sentencia que el juez Gajardo dicte, nosotros como padres es poco lo que podemos hacer, salvo apelar si encontramos que es injusta, a través de nuestros abogados. También pueden apelar los abogados de los criminales y en este tira y afloja puede pasar mucho tiempo. Además, todo esto se agrava, porque los asesinos pueden apelar a una instancia que la ley les otorga que es la prescripción media, lo que significa que si el juez los sentenciara a 5 años de cárcel esta pena se rebajaría a la mitad, o sea, a dos años y medio, esto a manera de ejemplo.
Referente a la querella civil, todos ustedes saben desde siempre que nosotros no vamos a recibir nunca un peso por nuestros hijos, lo que queremos es que se haga justicia. Estamos convencidos que recibir dinero es un tapaboca, una coerción y, además, la preciosa vida de nuestros amados hijos no tiene precio. Nosotros no juzgamos a nadie que haya recibido el dinero, pero tampoco vamos a permitir que se nos juzgue a nosotros de ilusos, de puritanos, de orgullosos. Nada ni nadie nos convencerá de lo contrario. ¡Sólo queremos justicia!
Queremos contarles también que los abogados nos manifestaron su aprobación respecto de esta decisión nuestra y nos aseguraron su apoyo incondicional, lo que les agradecemos de corazón.
Bueno, amigas y amigos, esperamos no haberlos cansado mucho con toda esta información, pero siempre les hemos contado todo lo que pasa con el caso de nuestros hijos y nos parecía correcto que supieran en qué punto se encuentra.
Esperamos que nos puedan acompañar, una vez más, en esta fecha terrible, a pesar de las amenazas que ya han empezado a enviar por los medios de comunicación las autoridades de este gobierno, que para nosotros es el gobierno más cercano a la dictadura en muchos aspectos, pero sobre todo en el uso de la represión de sus policías contra las manifestaciones legítimas del pueblo.
Gracias por su cariño y cercanía.


Luisa Toledo S. Manuel Vergara M.
Santiago, Villa Francia, Marzo 29 de 2007.

Revista Punto Final

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Apuntes sobre "Macario", de Juan Rulfo


MACARIO (HOMBRE AFORTUNADO (OR. GRIEGO)

NARRADOR: MACARIO: INOCENTE, HUÉRFANO, MARGINAL, HAMBRIENTO,CASTIGADO, ALIENADO. AHIJADO, ALLEGADO. PUEDE SER UN ADOLESCENTE U HOMBRE JOVEN.

OTROS PERSONAJES:
FELIPA (OR.GRIEGO, VAR.FELIPE= AMANTE DE LOS CABALLOS) Y LA MADRINA= MUJERES SOLAS, MARGINADAS, ALIENADAS POR LA RELIGIÓN CATÓLICA.

TIPO DE NARRACIÓN
MONÓLOGO INTERIOR: REPETITIVO, ONDULANTE, ARRULLADOR. CUENTA.
1.- ESTÁ ESCRITO EN PRIMERA PERSONA EN TIEMPO PRESENTE.
2.- NO ESTÁ DIRIGIDO A NADIE (PLATICA PARA NO QUEDARSE DORMIDO).
3.- SU PUNTO DE VISTA ES LIMITADO.
4.- DISCURSO BASADO EN ASOCIACIONES DE CONTIGÜIDAD (EXIGEN MENOS ENERGÍA AL CEREBRO).

ESPACIO = ADENTRO - AFUERA, LUZ – OSCURIDAD, CIELO- INFIERNO.

ADENTRO= CASA DE LA MADRINA : EL SUEÑO.

ADENTRO= IGLESIA: –VIOLENCIA -MANOS AMARRADAS=LA PRÉDICA DEL CURA. "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro."

AFUERA= CUARTO DONDE VIVE MACARIO: –OSCURO – SUCIO-REPLETO DE INSECTOS- EL INSOMNIO- SE GOLPEA LA CABEZA PARA OÍR EL TAMBOR QUE VIENE CON LA CHIRIMÍA:FIESTA RELIGIOSA.

AFUERA= CALLE – LUMINOSA - LLUEVEN PIEDRAS-->ENGAÑO.

LEITMOTIV: = EL HAMBRE-->LECTURA SUPERFICIAL
EL MIEDO--> LECTURA PROFUNDA: “REPLETO POR DENTRO DE DEMONIOS.”
BOCA: EXPELE PALABRAS; INGIERE ALIMENTO=HABLA Y COME PARA VIVIR.

ALIMENTOS MARGINALES
FLOR DEL OBELISCO, LECHE DE FELIPA, GRANADAS, ARRAYANES, RANAS, SAPOS, GARBANZO PARA CERDOS, MAIZ PARA CERDOS, LECHE DE CHIVA, SU SANGRE, SOBRAS (MONTONCITOS DE COMIDA QUE HACE LA MADRINA).

MACARIO Y SUS RELACIONES CON EL EXTERIOR

RELACIÓN CON LA IGLESIA ES NEGATIVA: Va a misa y le atan las manos, teme morirse e ir al infierno, cree estar lleno de demonios, le gusta más la chirimía que las palabras del cura, los grillos cantan para anegar los lamentos de las ánimas en pena, él no mata a los grillos, si la madrina no duerme, por su influencia con los santos, lo mandará al infierno, no tendrá la oportunidad de ir al purgatorio y ver allí a sus padres.

RELACIÓN CON LA CALLE ES NEGATIVA: Dicen que está loco, si sale de día lo apedrean, lo llaman a comer y le tiran piedras, dicen que trató de ahorcar a una señora.

FELIPA= SIRVIENTA DE COCINA. SITUACIÓN DE MARGINALIDAD PARECIDA A LA DE MACARIO. SI TIENE LECHE EN SUS PECHOS (CHORROS) ES PORQUE RECIÉN HA PARIDO. ESE HIJO PUEDE SER DE MACARIO.
RELACIÓN DOBLE VINCULAR CON MACARIO.
RELACIÓN DE PODER = SI SE SIGUE GOLPEANDO LA CABEZA IRÁ AL INFIERNO; PIDE A DIOS POR LA MALDAD QUE LLEVA ADENTRO.
RELACIÓN MATERNAL = LO ALIMENTA (MAMAR- EN LA COCINA), ES BUENA CON ÉL, LE DA CALOR.
RELACIÓN ERÓTICA = DUERME CON ÉL Y TIENE SEXO CON ÉL (COSQUILLAS POR TODAS PARTES- GANAS DE ESTAR CON ÉL).

MADRINA= DUEÑA DE CASA ANTI-MADRE (PADRE) FANÁTICA RELIGIOSA.
RELACIÓN DOBLE VINCULAR CON MACARIO .
RELACIÓN DE PODER: NO LE PERMITE DORMIR, NO LO DEJA SALIR A LA CALLE (PROHIBICIÓN), LO ASUSTA CON EL INFIERNO, LO LLEVA A LA IGLESIA Y LE AMARRA LAS MANOS (RESTRICCIÓN), LE DA SOBRAS DE COMIDA, LO HACE VIVIR EN UN GALPÓN, SI LAS RANAS LA DESPIERTAN ÉL IRÁ AL INFIERNO (AMENAZA).
RELACIÓN MATERNAL= LE REGALA UN ESCAPULARIO, LE DA LECHE LOS DOMINGOS, LE PERMITE VIVIR EN EL CUARTO.

Algunas apreciaciones

El cuento nos presenta una imagen de México violenta y devastada; hombres y mujeres marginales y sin futuro. La iglesia aparece como entidad poderosa que rige totalmente la vida de sus fieles, llevándolos al fanatismo extremo y al engaño de una mejor vida en el más allá. (GUERRAS CRISTERAS 1926-1932).
La estructura familiar está degradada y condena a Macario a la imposibilidad del retorno al origen. La nueva tríada delata la transformación negativa de una estructura patriarcal. Felipa, madre sustituta y amante; Madrina sustituye al padre.
Macario es un sobreviviente, un huacho loco que posiblemente engendrará otros huachos locos. Como Felipa y la Madrina, Macario es hijo de la Chingada, una sociedad ‘rajada’, abierta, violada y violadora, donde el tiempo vivido parece eterno, inmóvil, una repetición eterna de lo mismo. Macario es ‘apalcuachado’ por esta sociedad mexicana, que lo enajena, es decir, que lo obliga a estar fuera de sí, ajeno a sí mismo. Expulsado del centro, Macario sólo cuenta con su palabra laberíntica y circular para no sucumbir al terror y a la soledad.

“El mexicano venera al Cristo sangrante y humillado, golpeado por los soldados, condenado por los jueces, porque ve en él la imagen transfigurada de su propio destino. Y esto mismo lo lleva a reconocerse en Cuauhtémoc, el joven Emperador azteca destronado, torturado y asesinado por Cortés.” (Octavio Paz. El laberinto de la soledad. pg.75).

Para Rulfo la esperanza es una huérfana más en el entorno de la sociedad mexicana violentada. Él sufrió en carne propia los coletazos de la Revolución y el fanatismo extremo de la Cristiada:
“Yo tuve una infancia muy dura, muy difícil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino de devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica. Hasta hoy no he encontrado el punto de apoyo que me muestre por qué en esta familia mía sucedieron en esa forma, y tan sistemáticamente, esa serie de asesinatos y de crueldades.
Yo procedo de una región donde se produjo más que una revolución -la Revolución Mexicana, la conocida -, en donde se produjo asimismo la revolución cristera. En ésta los hombres combatieron unos en contra de otros sin tener fe en la causa que estaban peleando. Creían combatir por su fe, por una causa santa, pero en realidad, si se mirara con cuidado cuál era la base de su lucha, se encontraría uno que esos hombres eran los más carentes de cristianismo”.
“[…]Hay que entender la historia para entender este fanatismo de que hemos venido hablando. Yo soy de una zona donde la conquista española fue demasiado ruda. Los conquistadores ahí no dejaron ser viviente. Entraron a saco, destruyeron la población indígena, y se establecieron. Toda la región fue colonizada nuevamente por agricultores españoles. Pero el hecho de haber exterminado a la población indígena les trajo una característica muy especial, esa actitud criolla que hasta cierto punto es reaccionaria, conservadora de sus intereses creados. Son intereses que ellos consideraban inalienables. Era lo que ellos cobraban por haber participado en la conquista y en la población de la región. Entonces los hijos de los pobladores, sus descendientes, siempre se consideraron dueños absolutos. Se oponían a cualquier fuerza que pareciera amenazar su propiedad. De ahí la atmósfera de terquedad, de resentimiento acumulado desde siglos atrás…”
[1]


Los temas de la pobreza, la expoliación de la tierra, el caciquismo, y otros, ya habían sido tocados en novelas como Los de abajo (Cuadros y escenas de la Revolución) de Mariano Azuela (1915, publicada primeramente en folletines semanales); El águila y la serpiente y La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán (1928 y 1929 respectivamente, ambas publicadas en Madrid); El resplandor de Mauricio Magdaleno (1937). En la década siguiente se publican las novelas El luto humano de José Revueltas (1943) y Al filo del agua de Agustín Yáñez (1947). “En una y otra –señala Marta Portal- se abandonan casi totalmente los procedimientos del realismo objetivo, para incorporar técnicas literarias y reflejar la versión interiorizada de los problemas sociales que plantean, proyectando esta más profunda contemplación del hombre a un contexto universal.” (Portal. 1984: 24)
[2]
Junto a Rulfo están Juan José Arreola (Confabulario,1952) y Carlos Fuentes (Los días enmascarados, 1954), cuyas primeras obras –según Portal- “se muestran más vanguardistas, más “escapistas”, o más semejantes a los otros hispanoamericanos coetáneos que Rulfo.” (Portal. 1984: 25).
Es importante citar también a Elena Garro, en cuya novela Los recuerdos del porvenir (1962) se trata el concepto de la culpa femenina en el contexto de la Revolución Mexicana y la guerra cristera.
Rulfo trabaja profundamente la imagen del ser mexicano, tanto en sus cuentos como en Pedro Páramo. No sólo retrata la problemática de la injusticia social, la violencia, la locura, las pulsiones eróticas y tanáticas desde una vertiente puramente criollista, sino que –como señala Portal- “procederá a la simbolización de este tiempo histórico mexicano y a la mitificación de personajes y conductas.” (Portal.1984:26). (2)

“¿Quién ha cargado a la palabra como tú, Juan, de todo el peso de padeceres, de conciencias, de santa lujuria, de hombría, de todo lo que en la criatura humana hay de ceniza, de piedra, de agua, de pudridez violenta por parir y cantar, como tú? ” J.M.Arguedas.
[3]





[1] Joseph Sommers. Entrevista."Los muertos no tienen tiempo ni espacio (un diálogo con Juan Rulfo)"
Publicado originalmente en Siempre! La cultura en México, núm. 1,051 (15-VIII-1973), pp. VI-VII. En:
http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/entrevista.htm
[2] Marta Portal. 1984. Rulfo: dinámica de la violencia. España, Eds.Cultura Hispánica. Instituto de Cooperación Iberoamericana.
[3] Cita encontrada en Presencia de la fiesta en El llano en llamas de Juan Rulfo. Claudia Macías Rodríguez. Universidad de Guadalajara. En http://fuentes.csh.udg.mx/CUCSH/Sincronia/fiesta.htm

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