El cuerpo de Inés: identidad y memoria
El título de la novela alude a una rumba afro-caribeña: “Ay mama Inés too lo negro tomamos café”, aparentemente inconexo con la historia de la entrada de Valdivia a Chile, su posterior asentamiento en el paradisiaco valle del Mapocho y fundación de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, junto a su compañera de armas y amante, Inés de Suárez. Sin embargo, en el artículo de Lucía Invernizzi [4] queda claro que el autor pretende reunir a esas dos Inés, la caribeña y la española, y a otras que también pueblan la Latinoamerica mestiza. Guzmán escribe “desde la conciencia de una diferencia mestiza” y reivindica a Inés de Suárez como personaje histórico, la corporiza, mostrando diferentes ángulos y dotándola con un monólogo bellísimo e iluminador que nos muestra no sólo a una Inés moribunda y nostálgica, sino a una mujer con plena conciencia que el sueño utópico que tuvo junto a Valdivia se ha convertido en diferencia mestiza. La tierra es bella, pero a la vez horrible, espantosa: “…tus sueños pusieron en movimiento una realidad que no tenía nada que ver con tus sueños y que fue la que produjo este país atroz, pero bellísimo”. (259) .
“…Ya tienen hijos grandes los niños que nacieron en esos bellísimos primeros meses; y son distintos; tienen más posibilidades que los indios; tienen futuro; muy astutos; muy inteligentes, tanto como los indios, pero muy desenvueltos, hasta la desvergüenza, la mayoría; eso tampoco podíamos preverlo; hasta se ven diferentes; son otros que los indios y otros que los peninsulares; ahora, de sólo salir a la calle, ves tres clases de hombres, cuatro más bien; estamos nosotros, están los indios puros, están los mestizos y están unos pocos negros; en los años que vengan, estas castas se seguirán mezclando entre ellas y producirán algo; en eso, en suma, se nos convirtió el sueño.” (262).
Como dice Invernizzi :
“Guzmán interviene críticamente este discurso, delata sus muchos vacíos, olvidos, omisiones, carencias, incertezas, silencios, sus “ignorancias primarias e incurables” y su mayor ignorancia: la de pretender haberse apropiado del sentido “real” de los acontecimientos que, como señala el narrador-autor, además de ser pretensión imposible, hunde irremediablemente a los personajes en la historia.
Inés es ‘mama’, las indias que tiene a su servicio la llaman “mamitay” ; adopta y cuida de sus indias, trata como hija propia a la hija mestiza de Quiroga, vela y cuida a sus animales; en la guerra da comida y cura las heridas. Organiza el mundo cotidiano de esta “entrada” sangrienta. Es servicial y tierna con Valdivia y calla cuando es menester hacerlo, porque ella sabe que no hace la historia, la historia la hace ‘su’ Pedro; es mama pero nunca madre y siempre amante y no esposa. Inés percibe la diferencia hasta el final de sus días, cuando ya han pasado muchos años de la muerte de Valdivia y ella sigue amándolo. Inés está detrás de la figura épica y trágica del conquistador, es sombra a pesar de la luz que brota de la narración de Guzmán.
Recuerde el alma dormida
Lo que Martínez denomina ‘encuentro’ es choque frontal y dominio de una cultura sobre otra. Santiago del Nuevo Extremo, cuadriculada como ciudad, se protege de la periferia india y apestada, legalizando las escrituras, creando interdictos, imponiendo utopías en el topos indígena. Cuando Doña Marina viene a América, Valdivia organiza la vida de la ‘otra’, la ilegítima Inés. Marido y dinero, prestigio y poder, esas son sus herencias. Como en El entenado, de Juan José Saer, Inés se manifiesta en el panóptico de su palabra y con ella intenta corporalizar su identidad, cayendo en el vacío ontológico. La imagen de América es reescritura que trae el pasado al presente para criticar el aquí y ahora colonizado por el capitalismo neoliberal.
“Desde que la hibridez se convirtiera en materia rentable en discursos que intentan superar y reemplazar la ideología del "melting-pot" y el mestizaje con la del multiculturalismo y la diferencia, la cuestión latinoamericana pasó a integrar el pastiche de la postmodernidad.” (Moraña. 1998.181).
Para Moraña, el binomio subalternidad/hibridez se asocia al de sub-identidad/sub-alteridad. Estas dos parejas de nociones se entrelazan con el concepto de nación como aldea global, desde donde “puede ejercerse la resistencia a nuevas formas de colonización cultural y de hegemonía, […], de marginación, autoritarismo y explotación colonialista…” (Op. Cit. 182).
“ […] Latinoamérica sigue siendo aún, para muchos, un espacio preteórico, virginal, sin Historia (en el sentido hegeliano), lugar de la sub-alteridad que se abre a la voracidad teórica tanto como a la apropiación económica. Sigue siendo vista, en este sentido, como exportadora de materias primas para el conocimiento e importadora de paradigmas manufacturados a sus expensas en los centros que se enriquecen con los productos que colocan en los mismos mercados que los abastecen.” (Op. Cit.182).
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[1] Guzmán, Jorge. Ay mama Inés (Crónica testimonial). 1993. Santiago de Chile, FCE.
[2] “Mientras el testimonio es denunciatorio, la crónica es frecuentemente eulógica. […] Adicionalmente, la obra se autoexime de un elemento crucial tanto de la crónica como del testimonio: la contemporaneidad entre el evento y su escritura. [La novela] experimenta la tensión de existir entre ambos.” Martínez, Renato. “Ay mama Inés, de J. Guzmán: entre la crónica y el testimonio”. 1997 Rev Ch. de Literatura Nº50 U. de Chile. Pg.21-22.
[3] [Las novelas de Walter Scott hasta Vicente F. López se sitúan] “como la expresión de la defensa del progreso ante un pasado feudal o colonial. […] La Nueva Novela Histórica Contemporánea no propone una visión apocalíptica de la historia sino que ésta es percibida como un proceso ininterrumpido de cambio que afecta la vida del individuo de manera que la existencia de éste aparece “históricamente condicionada” (Lukács, 1983:23)”. Pg.159. Cristina Pons.1999. La nueva novela histórica de fin del Siglo XX.
[4] Invernizzi, Lucía. “Ay Mama Inés de Jorge Guzmán”. 1995. Revista Mapocho, Número 37,I semestre.
* Guzmán no narra de qué modo murió Valdivia. Véase al respecto estas dos opiniones citadas por Martín Centeno R:
“…con una cáscara de almeja de mar, que ellos llaman pello en su lengua, le cortaron los lagartos de los brazos desde el codo a la muñeca; teniendo dagas y cuchillos con que podello hacer, no quisieron por dalle mayor martirio, y los comieron asados en su presencia.” (Góngora y Marmolejo.1990:115-116).
Góngora y Marmolejo, Alonso de. Histora de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575). Santiago. Ediciones de la Universidad de Chile,1990.
“(...) tras una corta resistencia, empezó la carnicería y el sálvese quien pueda” (Encina. 1984: 221).
“Su corazón, dividido en pequeños trozos, fue devorado por los caciques vencedores” (Encina. 1984: 221-222.).
Encina, Francisco. 1984. Historia de Chile, Volúmenes 1, 22, 23 y 24. Santiago, Editorial Ercilla.
[5] Moraña, Mabel. “ El boom del subalterno”. 1998. En: Teorías sin disciplina (latinoamericanismo, poscolonialidad y globalización en debate). Edición de Santiago Castro-Gómez y Eduardo Mendieta. México: Miguel Ángel Porrúa. Documento PDF.






















