Microcuentos latinoamericanos

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Breves apuntes sobre el origen del microcuento

Por Lilian Elphick

El teórico argentino David Lagmanovich [1] sitúa el origen del microcuento en el modernismo hispanoamericano, con los autores Rubén Darío, el mexicano Julio Torri y Leopoldo Lugones.

“Ya Rubén Darío, figura clave del Modernismo, experimenta con formas análogas a las que hoy englobamos en esta categoría (microrrelato). Ante todo, con los doce “cuadros” en prosa que, bajo el título general de “En Chile”, aparecen en una revista de Valparaíso en 1887 y se incorporan a Azul..., de 1888 (Darío 1950: 40-50).

(…) Esta intención de reescritura reaparece, en forma mucho más perfilada, en un escritor de orígenes modernistas, el mexicano Julio Torri (1889-1969). Su primer libro, Ensayos y poemas, traduce desde el título el ademán cauteloso de quien está a punto de pisar territorios insuficientemente definidos (Torri 1917). Conviene aclarar que no hay allí “poemas”, en el sentido de composiciones en verso; todos los textos del volumen están en prosa. Unos tienen claro carácter ensayístico; en otros, la condición poemática sólo puede defenderse en relación con el “poema en prosa”, con notable aproximación a lo que hoy llamamos microrrelato.

(…) En tercer lugar, quisiera referirme a otro modernista, el argentino Leopoldo Lugones (1874-1938) como autor de cuentos brevísimos o microrrelatos. Éstos se encuentran en Filosofícula, conjunto de breves narraciones o apólogos que, según la advertencia preliminar “es modesto y ligero; lo cual, a despecho de las graves palabras, no le impide ser filosófico” (Lugones 1924: 7). (Lagmanovich.1996: 3-5).

También hay que citar Cuentos breves y extraordinarios [2], antología hecha por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (Primera edición:1953), que incluye textos de la literatura universal y de algunos autores latinoamericanos, como Alfonso Reyes y escritores de la zona de La Plata (B. Suárez Lynch (1891), Luis L. Antuñano (1911), Clemente Sosa (1913), Aguirre Acevedo (1927), Santiago Dabove (1946), etc. En la edición actual, revisada y aumentada, se incluye a Marco Denevi (1970).

En la Nota Preliminar, escrita el 29 de julio de 1953, los compiladores señalan:

“Hemos interrogado (…) textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves.
Lo esencial de lo narrativo está, nos atrevemos a pensar, en estas piezas (…). ” (Borges y Bioy. 1993:7).

El microcuento poseería características estructurales propias, según el ensayo de David Lagmanovich “Hacia una teoría del microrrelato hispanoamericano”:

“El microrrelato no puede entenderse sino dentro de un proceso de evolución del género “cuento” que, como ya dije, para nuestra literatura comienza en el Modernismo. Esto no quiere decir que cuentos y microcuentos sean la misma cosa. Surgen como parte del impulso creador de nuestros escritores; pero, mientras que el cuento es ya una forma establecida desde el siglo XIX y tiene, como diría Horacio Quiroga, su propia retórica, el microrrelato va encontrando la suya a medida que sus autores prueban diversas vías de enfoque. Las minificciones son parte del continuo narrativo, que contiene también ciclos novelísticos, novelas individuales, nouvelles y cuentos: pero —repito— no son la misma cosa cuentos y microcuentos, de la misma manera que la novela y la nouvelle (como lo advirtió Goethe en sus conversaciones con Eckermann) tampoco son la misma cosa.” (Lagmanovich.1996:23).

Por su parte, Lauro Zavala
[3]considera el microcuento como el género del tercer milenio: “(…) género proteico, ubicuo y sugerente, que a la vez se encuentra en los márgenes y en el centro de la escritura contemporánea”. (Zavala.2000:1). 


[1] Lagmanovich, David. "Hacia una teoría del microrrelato hispanoamericano". En: http://www.cidi.oas.org/promdispa.asp Revista Interamericana de Bibliografía. 1996 1-2. 

[2] Borges, J.L. y Bioy Casares, A. Cuentos breves y extraordinarios. Madrid : Losada, 1993.

[3] Zavala, Lauro. “Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, Diversidad, Complicidad, Fractalidad, Fugacidad, Virtualidad”. En: El cuento en red. Nº1. Primavera 2000. En: http://www.cuentoenred.xoc.uam.mx

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De muestra, varios botones:

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René Avilés Fabila (México)

Oriundo de Hamelín, soy flautista y alquilo mis servicios: puedo sacar las ratas de una ciudad o, si se prefiere, a los niños de un país sobrepoblado. 

La guardadora de secretos 
Norma Aleandro (Argentina)

Llenaba de secretos sus enormes orejas por el puro placer de recontarlos de noche y jurarse, solemnemente, con peligro de muerte, el solo pensamiento de difundirlos.
Esta costumbre incentivaba en otros la costumbre antigua de contar secretos peligrosos que dejaban sin aliento al mismo diablo. Prometía olvidarlos, no sólo oírlos; pero no es verdad eso primero que acabó de decir. No podía olvidar, porque en el recuerdo de tenerlos para no decirlos consistía su secreto juego.
Un día de lluvia dejó de tender su cama a la mañana, para oír un misterioso asunto de unos amores a bordo de un crucero que navegaba con viento de través y sin sextante, y que acabó naufragando por ojo en la bajada del río Orinoco. Y de resultas de este acontecimiento, como vinieron unos a traspasar una herencia de cafetales y monedas de oro a manos no legalmente apropiadas.
Otro día de junio del año del Señor, teniendo ya dispuesta el agua de la tina, no llegó a bañarse, por atender el relato de una vieja leprosa y perfumada que narraba, silbando las vocales, como una delincuente de robos y muertes de arma blanca, con nombre falso, había jurado falsamente, sobre una falsa Biblia, un verdadero puesto de mando en el gobierno.
Y así fue abandonando lo que llamaba tonterías, como peinarse, sacarse el camisón, abrir los postigos, cocinarse y barrer el suelo, salir y ver el sol, por oír los secretos que tan celosamente sabía guardar, pero que no olvidaba.
Llegó a tener ochenta y nueve mil, y la mirada ciega de los santones, y de los simples, y de los guardadores de secretos.

Norma Aleandro, Poemas y cuentos de Atenázor (Bs As: Edit. Sudamericana, 1985) En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).
 

Fábula del tiempo
Lilian Elphick (Chile)

Fábola y Tigre han decidido tomarse un tiempo. Él es el primero en beberlo. Ella tiene un poco de miedo, pero Tigre la incita a coger la copita y tragarse el líquido de una sola vez.
-Amargo
-Más bien ácido.
-Como el limón.
- Pero con un toque de cicuta.
- Oh, sí.
Y así hablan hasta que el tiempo surte efecto. Los devora de inmediato, sin el trivial acto de canibalismo.
Fábola y Tigre se miran. Son un par de desconocidos en la enormidad de las praderas amarillas.

Lilian Elphick. Diálogo de tigres (Microrrelatos, Mosquito Comunicaciones, Santiago de Chile, 2011).


El niño que gritaba: ¡Ahí viene el lobo!
 Guillermo Cabrera Infante (Cuba)

Un niño gritaba siempre “¡Ahí viene el lobo! ¡Ahí viene el lobo!” a su familia. Como vivían en la ciudad no debían temer al lobo, que no habita en climas tropicales. Asombrado por el a todas luces infundado temor al lobo, pregunté a un fugitivo retardado que apenas podía correr con sus muletas tullidas por el reuma. Sin dejar de mirar atrás y correr adelante, el inválido me explicó que el niño no gritaba ahí viene el lobo sino ahí viene Lobo, que era el dueño de casa de inquilinato, quintopatio o conventillo donde vivían todos sin (poder o sin querer) pagar la renta. Los que huían no huían del lobo, sino del cobro –o más bien, huían del pago.
Moraleja: El niño, de haber estado mejor educado, bien podría haber gritado “Ahí viene el Sr. Lobo”! y se habría ahorrado uno todas esas preguntas y respuestas y la fábula de paso.

Guillermo Cabrera Infante, Ejercicios de esti(l)o, (Barcelona: Seix Barral, 1976). En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).

Río de los sueños
Gustavo Sainz (México)

Yo, por ejemplo, misántropo, hosco, jorobado, pudrible, inocuo exhibicionista, inmodesto, siempre desabrido o descortés o gris o tímido según lo torpe de la metáfora, a veces erotómano, y por si fuera poco, mexicano, duermo poco y mal desde hace muchos meses, en posiciones fetales, bajo gruesas cobijas, sábanas blancas o listadas, una manta eléctrica o al aire libre, según el clima, pero eso sí, ferozmente abrazado a mi esposa, a flote sobre el río de los sueños.

En Edmundo Valadés, El libro de la imaginación (México: FCE, 1976. En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).

Los descubridores
Humberto Mata (Venezuela)

Cierta vez- de eso hace ahora mucho tiempo- fuimos visitados por gruesos hombres que desembarcaron en viejísimos barcos. Para aquella ocasión todo el pueblo se congregó en las inmediaciones de la playa. Los grandes hombres traían abrigos y uno de ellos, el más grande de todos, comía y bebía mientras los demás dirigían las pequeñas embarcaciones que los traerían a la playa. Una vez en tierra –ya todo el pueblo había llegado-, los grandes hombres quedaron perplejos y no supieron qué hacer durante varios minutos. Luego, cuando el que comía finalizó la presa, un hombre flaco, con grandes cachos en la cabeza, habló de esta manera a sus compañeros: Volvamos. Acto seguido todos los hombres subieron a sus embarcaciones y desaparecieron para siempre.
Desde entonces se celebra en nuestro pueblo –todos los años en una fecha determinada- el desembarco de los grandes hombres. Estas celebraciones tienen como objeto dar reconocimiento a los descubridores.

Humberto Mata, Imágenes y conductos (Caracas:Monte Ávila, 1970. En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).

 

La trama
Jorge Luis Borges (Argentina)

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de una estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Junio Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Jorge Luis Borges, El hacedor (1960). En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).

La carta
José Luis González

San Juan, Puerto Rico
8 de marzo de 1947

Querida vieja:
Como yo le desia antes de venirme, aquí las cosas me van vién. Desde que llegué enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso vivo como don Pepe el administradol de la central allá.
La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues quiero buscarla en una de las tiendas mejores. Dígale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene de ella.
Boy a ver si me saco un retrato un día de estos para mandálselo a uste.
El otro día vi a Felo el hijo de la comai María. El esta trabajando pero gana menos que yo.
Bueno recueldese de escrivirme y contarme todo lo que pasa por alla.
Su ijo que la quiere y le pide la bendisión.
Juan

Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel ajado y lleno de borrones y se lo guardó en el bolsillo de la camisa. Caminó hasta la estación de correos más próxima, y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Dobló la mano izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha con la palma hacia arriba.
Cuando reunió los cuatro centavos necesarios, compró el sobre y los sellos y despachó la carta.

José Luis González, La galería (México: Biblioteca Era, 1982. En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).

El eclipse
Augusto Monterroso (Guatemala)


Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

En: Brevísima Relación. Antología del microcuento hispanoamericano. Santiago: Mosquito, 1990).

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Apuntes sobre "Warma Kuyay", de José María Arguedas

Por Lilian Elphick

El cuento "Warma Kuyay" ("Amor de niño") muestra un triángulo amoroso, representado por Justina, Ernesto y el Kutu. Justina es el fundamento del mundo andino, ella es EL MUNDO, el lugar de yuxtaposición de ideales de dos culturas; también es la superrealidad, de acuerdo a la teoría del profesor Manuel Jofré. Ernesto es el niño 'blanco', y Kutu, es el hombre, el indio, ambos personajes enfrentados al binomio amor-odio. El triángulo es roto por el elemento disruptor que destruye la armonía en la sierra: El patrón, el explotador, Froilán. La violación de la indiecita Justina viene a significar la violación de un pacto y de una cultura.

Véase el siguiente diálogo:

"-¡Don Froylán! ¡Es malo! Los que tienen haciendas son malos; hacen llorar a los indios como tú; se llevan las vaquitas de los otros, o las matan de hambre en su corral. ¡Kutu, don Froylán es peor que toro bravo! Mátale no más, Kutucha, aunque sea con galga, en el barranco de Capitana.
-¡Endio no puede, niño! ¡Endio no puede!
¡Era cobarde! Tumbaba a los padrillos cerriles, hacía temblar a los potros, rajaba a látigos el lomo de los aradores, hondeaba desde lejos a las vaquitas de los otros cholos cuando entraban a los potreros de mi tío, pero era cobarde. ¡Indio perdido!
Le miré de cerca: su nariz aplastada, sus ojos casi oblicuos, sus labios delgados, ennegrecidos por la coca. ¡A éste le quiere! Y ella era bonita: su cara rosada estaba siempre limpia, sus ojos negros quemaban; no era como las otras cholas, sus pestañas eran largas, su boca llamaba al amor y no me dejaba dormir. A los catorce años yo la quería; sus pechos parecían limones grandes, y me desesperaban. Pero ella era de Kutu, desde tiempo; de este cholo con cara de sapo. Pensaba en eso y mi pena se parecía mucho a la muerte. ¿Y ahora? Con Froylán la había forzado.
-¡Mentira, Kutu! ¡Ella misma, seguro, ella misma!
Un chorro de lágrimas salió de mis ojos. Otra vez el corazón me sacudía, como si tuviera más fuerza que todo mi cuerpo.
-¡Kutu! Mejor la mataremos los dos a ella ¿quieres?
El indio se asustó. Me agarró la frente: estaba húmeda de sudor.
-¡Verdad! Así quieren los mistis.
-¡Llévame donde Justina, Kutu! Eres mujer, no sirves para ella. ¡Déjala!
-Como no, niño, para ti voy a dejar, para ti solito. Mira, en Waylara se está apagando la luna.
Los cerros ennegrecieron rápidamente, las estrellitas saltaron de todas partes del cielo; el viento silbaba en la oscuridad, golpeándose sobre los duraznales y eucaliptos de la huerta; más abajo, en el fondo de la quebrada, el río grande cantaba con su voz áspera."

Ninguno de los dos puede hacer nada para reestablecer la armonía quebrada por el ataque de Don Froilán. El Kutu no puede generar una rebelión abierta; Ernesto, por niño, tampoco. El Kutu, entonces, se desquita dando de latigazos a los animales del patrón, los medios de producción:

"Pero el novillero se agachaba no más, humilde, y se iba al Wiltron, a los alfalfales, a la huerta de los becerros, y se vengaba en el cuerpo de los animales de don Froylán. Al principio yo le acompañaba. En las noches entrábamos, ocultándonos, al corral; escogíamos los becerros más finos, los más delicados; Kutu se escupía en las manos, empuñaba duro el zurriago, y les rajaba el lomo a los torillitos. Uno, dos, tres... cien zurriagazos; las crías se torcían en el suelo, se tumbaban de espalda, lloraban. Y el indio seguía, encorvado, feroz. ¿Y yo? Me sentaba en un rincón y gozaba. Yo gozaba."

Como en muchos otros cuentos y novelas latinoamericanos, el tópico del Viaje, del movimiento, se instaura en este texto de Arguedas. El Kutu se va hacia el interior, donde los blancos aún no llegan. Ernesto va al exterior, donde hay arena (la costa), puerto. Después de la salida de Viseca, viene el sentimiento de orfandad. Antes, el niño Ernesto sintió la marginalidad, estar fuera del Wiltron, del círculo. Lo que rompe el warma kuyay, el amor de niño, es el sentimiento de no pertenencia.

En suma, este cuento condensa las disyuntivas fundamentales para lo americano:

1.-Lo interior-lo exterior.

2.- Procesos de aculturación y de reacción a la aculturación.

3.- El relato es un híbrido. El triángulo amoroso es un híbrido.

4.- Existe un examen político.

5.- Formación social andina: espacio primigenio de la quebrada vs la costa, espacio por donde ingresan los conquistadores.

6.- Se trata de un texto contrahegemónico.

7.- Perspectiva histórica.

***
"Warma Kuyay" en:
Arguedas, José María. Agua. Lima: Compañía de Impresores y Publicidad, 1935.

También en:

Latchman, Ricardo. Antología del cuento hispanoamericano. Santiago: Zig-Zag, segunda edición, 1962.
Arguedas, José María. Amor Mundo. Montevideo: Arca, 1967.

Véase:
Amor, odio y marginalidad en "Warma Kuyai", de J.M. Arguedas.

***
José María Arguedas (Perú, 1911-1969)
Escritor y antropólogo peruano. Su labor como novelista, como traductor y difusor de la literatura quechua, y como antropólogo y etnólogo, hacen de él una de las figuras claves entre quienes han tratado, en el siglo XX, de incorporar la cultura indígena a la gran corriente de la literatura peruana escrita en español desde sus centros urbanos. En ese proceso sigue y supera a su compatriota Ciro Alegría. La cuestión fundamental que plantean estas obras, pero en especial la de Arguedas, es la de un país dividido en dos culturas —la andina de origen quechua, la urbana de raíces europeas— que deben integrarse en una relación armónica de carácter mestizo. Los grandes dilemas, angustias y esperanzas que ese proyecto plantea son el núcleo de su visión. Nacido en Andahuaylas, en el corazón de la zona andina más pobre y olvidada del país, estuvo en contacto desde la cuna con los ambientes y personajes que incorporaría a su obra. La muerte de su madre y las frecuentes ausencias de su padre abogado, le obligaron a buscar refugio entre los siervos campesinos de la zona, cuya lengua, creencias y valores adquirió como suyos. Como estudiante universitario en San Marcos, empezó su difícil tarea de adaptarse a la vida en Lima sin renunciar a su tradición indígena, viviendo en carne propia la experiencia de todo trasplantado andino que debe aculturarse y asimilarse a otro ritmo de vida. En los tres cuentos de la primera edición de Agua (1935), en su primera novela Yawar fiesta (1941) y en la recopilación de Diamantes y pedernales (1954), se aprecia el esfuerzo del autor por ofrecer una versión lo más auténtica posible de la vida andina desde un ángulo interiorizado y sin los convencionalismos de la anterior literatura indigenista de denuncia. En esas obras Arguedas reivindica la validez del modo de ser del indio, sin caer en un racismo al revés. Relacionar ese esfuerzo con los planteamientos marxistas de José Carlos Mariátegui y con la novelística políticamente comprometida de Ciro Alegría ofrece interesantes paralelos y divergencias. La obra madura de Arguedas comprende al menos tres novelas: Los ríos profundos (1956), Todas las sangres (1964) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971); la última es la novela-diario truncada por su muerte. De todas ellas, la obra que expresa con mayor lirismo y hondura el mundo mítico de los indígenas, su cósmica unidad con la naturaleza y la persistencia de sus tradiciones mágicas, es Los ríos profundos. Su mérito es presentar todos los matices de un Perú andino en intenso proceso de mestizaje. En Todas las sangres, ese gran mural que presenta las principales fuerzas que luchan entre sí, pugnando por sobrevivir o imponerse, recoge el relato de la destrucción de un universo, y los primeros balbuceos de la construcción de otro nuevo. Otros relatos como El sexto (1961), La agonía de Rasu Ñiti (1962) y Amor mundo (1967) complementan esa visión. El proceso de adaptación a la vida en Lima nunca fue del todo completado por Arguedas, cuyos traumas acarreados desde la infancia lo debilitaron psíquicamente para culminar la lucha que se había propuesto, no sólo en el plano cultural sino también en el político. Esto y la aguda crisis nacional que el país empezó a sufrir a partir de 1968, lo empujaron al suicidio, que no hizo sino convertirlo en una figura mítica para muchos intelectuales y movimientos empeñados en la misma tarea política.

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Ojo Travieso en librerías

Para todos/as los/as que gusten de leer historias mínimas, relámpagos y extrañezas enanas, a partir del día lunes 28 de mayo, Ojo Travieso estará en la librería Feria Chilena del Libro, de Santiago (varias sucursales).
Pronto les tendré noticias del lanzamiento, para que celebremos la fiesta del Ojo en grande.
Atte,
La autora.

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Dos poemas




Como Hungarian Cafe (en algún laberinto oscuro del Ojo), estos poemas fueron escritos cuando tenía 20 años. Y qué más puedo agregar. Las imágenes entraban por mi retina y salían convertidas en palabras. En esa época escribía a mano o a máquina (manual) y corregía los errores con una pasta blanca llamada Liquid paper. Sobra decir que Manhattan alteró totalmente mi vida. Pero estaba dividida. Tenía un pie en Chile, y otro en la 'fuckin' city'. Poco a poco fui mordiendo la Gran Manzana, totalmente consciente de sus efectos alucinantes. Y escribí mirando por la ventana; cómo escribí, a pesar de los balazos en la calle, de las ambulancias y del camión de la basura; a pesar de la vieja loca que juntaba latas, de las millones de cucarachas, del restaurant chino Moon Palace y del West End para escuchar el mejor jazz del mundo, lugares tentadores y seductores que lograban sacarme de mi (in) quietud de lápiz y papel.


Maravedí

Cuando el sol se pone
cuando
los vidrios de Harlem
quieren
reflejar lo anaranjado
pero
ya no pueden
Cuando el sol se entrega
y hay ciertas manos atadas
el hombre que barre la noche
cantaba
por un maravedí


Monografía de la suicida

Yo, siempre yo,
me decido a caminar
por las calles de Manhattan,
embadurnada de sangre y desechada
por los turbulentos aires,
hacia los recovecos del subway
de Manhattan, sombrío,
inmensamente repleto de gente
o de sombras con sombreros,
y sucumbo a la epidemia de la vida
enloqueciendo y delirando.
Yo, la última piedra
clavada en el estómago,
decúbito dorsal
acuchillada,
vacilando entre ríos y edificios.
Yo, la que corre
Perseguida por la luna,
agotada, transpirada,
oyendo los ladridos de la luna.
Manhattan me recibe con su oscuridad
de útero enfermo
y caigo envuelta por el túnel de los gritos,
porque soy sólo un grito,
el aullido visceral y dispuesto a rasgarse
en el espacio;
y cuando no quede más que ese silencio común
los envoltorios de maní correrán a juntarse
con las hojas más podridas del mundo,
y de esa génesis emergerán mis ojos
borrados por la historia y por los minutos
que conté cuando me ahogaba con el viento,
emergerán como del agua viscosa y placentaria,
a ver, a ver a través del cuadro del pintor
puntillista,
a adivinar la luz benefactora de la nueva mañana,
del nuevo día de todos los días,
a sentir mis miembros erguirse,
porque ya comienza el sol a destellar en los vidrios,
porque hay actividad en los hombres y mujeres
de este paraíso.
Y así me levanto del fango de Manhattan
y camino a mi casa
a darme un baño.


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“Maravedí” y "Monografía de la suicida" pertenecen al conjunto de poemas inédito New York, N.Y. 10025, 1980.

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Chile en breve: muestra de microcuentos

PÍA BARROS

Golpe
Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe? Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio. El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

Conjuros en voz alta
(A Paqui)
Prepara al amante y lo extiende como otra sábana más para acogerla. Desnuda ya, toma el libro y en voz alta desgrana uno a uno los poemas. Las letras le alertan la piel hasta que los pezones se le encabritan.

Se anexan los cuerpos y el sudor y los jadeos y él, trémulo, cree entrar en ella, pero son las palabras las que la convulsan y la estallan.

Ella abre la boca, vampiresca, para el beso feroz y final.

Él aún no lo sabe, pero desde ahora jamás comprenderá tanto desgarro habitándolo cuando cabalgue otros cuerpos intentando repetirla.

Es que ella es portadora y lo ha contagiado: jamás podrá curarse del virus de la poesía.

Ropa Usada I
(A Ana Madre)
Un hombre entra a la tienda. La chaqueta de cuero, gastada, sucia, atrapa su mirada de inmediato. La dependienta musita un precio ridículo, como si quisiera regalársela. Sólo porque tiene un orificio justo en el corazón. Sólo porque tras el cuero, el chiporro blanco tiene una mancha rojiza que ningún detergente ha podido sacar. El hombre sale feliz a la calle.

A pocos pasos, unos enmascarados disparan desde un callejón. Una bala hace un giro en ciento ochenta grados de su destino original. Se diría que la bala tiene memoria. Se desvía y avanza, gozosa, hasta la chaqueta. Ingresa, conocedora, en el orificio. El hombre congela la sonrisa ante el impacto.
La dependienta, corre a desvestirlo y a colgar nuevamente la chaqueta en el perchero.

Lima sus uñas distraída, aguardando.

Ropa Usada VIII
(A Paty Salgado y Damián)
La anciana le pide a la muchacha que le envuelva ese conjunto de bebé. Ella deja la lima a un lado y no quiere entristecerla, diciéndole que en esa tienda, no se hacen paquetes de regalo. Rebusca, hasta dar con un envoltorio viejo de navidad y lo va estirando, para que el atuendo se vea como un regalo recién hecho.
La anciana le pide que dentro ponga el sobre.

La muchacha demora, se inclina y oculta tras el mostrador, lo abre y comienza la lectura: “Y hubo explosiones y tierra y fuego y el estallido abisal del universo. Entonces vino la vida y la sobrevivencia y el instinto. Un dibujo en la pared, hoguera y una voz que nombró “fuego” y dijo “niño” y dijo “ciervo” y dijo “palabras”.
Y entonces, sólo entonces, las cosas fueron. Necesitaron de una voz y una fonética para existir y hacer la historia.

Si te nombran, en este instante, Damián, eres un sueño que se proyecta, la pintura en el muro, la belleza feroz de la vida.

Nombrar ahora para que a tu vez, en un futuro, hagas existir las cosas a tu alrededor.
Tú serás el deseo que viene con el siglo. Llegas a nombrar la vida.

Has arribado.
Nombras.
El milagro es posible ante tu voz que ensaya el infinito.

La muchacha se pone de pie y mira a la anciana. A quien se lo dará, pregunta temblorosa.
Ya no puedo dárselo, fue hace mucho tiempo. El ya creció y se dedicó a otras cosas, nunca supo que venía para nombrar. No lo hice y la vida se fue desdibujando en la ventana, ¿comprende? Nadie la nombró.

La muchacha solloza junto a la mujer vieja. Sienten que el dolor de lo que no se hizo, les clava todas tristezas a la piel.

*** Pía Barros (1956) ha publicado los volúmenes de cuentos Miedos Transitorios, A horcajadas, Signos bajo la piel, Ropa usada, y Los que sobran; y las novelas El tono menor del deseo y Lo que ya nos encontró. Aparece en una treintena de antologías en Chile y en el extranjero. Ha dictado clases en universidades de Estados Unidos y Alemania. Entre otras distinciones ha obtenido el Premio Gabriela Mistral, el Premio Televisión Nacional, y las Becas de la Fundación Andes y el Consejo Nacional del Libro. Socia Fundadora de Letras de Chile.


CRISTIAN COTTET
Del libro Has recuperado nada

Con todo el amor
Cuando el indio se vio por vez primera en el espejo que le tendió el soldado español, no comprendió los rostros llorando y el poblado en llamas que se proyectaban tras su cuerpo moribundo. Quiso botarlo, pero era tarde para hipocresías.


***Cristian Cottet (Santiago, 1955) es poeta, antropólogo y editor. Ha publicado los textos de poesía: Amor y rebeldía, Urbanidades, Épica inconclusa, Proclama, Has recuperado nada, entre otros. Es director de Mosquito Editores.


LILIAN ELPHICK
Del libro Ojo Travieso
Y no pensar en nada
A la rru rru nena no te duermas nunca, no pegues pestaña ni labios, quédate despierta mirándome, recuerda el color del odio que te tengo, recuerda que tus ojos son mis ojos, que has heredado la misma confusión inútil, la esperanza de un tal vez mañana. A la rru rru, me canto otras canciones antiguas de radio chicharra, meciéndote en mis brazos las palabras que él dijo antes de irse, mucho antes, cuando el amor podía ser deletreado, cuando galopaba mi noche entera, besando la orilla del abismo, ayudándome a recobrar el aliento del deseo. No hay palabra que pueda definir el antes, nunca entenderás que la tristeza eres tú misma. A la rru rru muerte, viniste a nacer porque no hubo más remedio, por un simple asunto de gravedad caíste entre mis piernas y no lloraste, no lo harás, como si supieras que las lágrimas no solucionan nada, aunque te remezca y pellizque tus manos no lo harás; lo sé porque te miro y una voz monótona responde por ti, un mamamamamá de muñeca a pilas, la que permanecerá conmigo, sin molestar ni siquiera un segundo, sin cagar todo el día o gemir de hambre, de frío, de poco cariño.

***Lilian Elphick (Santiago, 1959). Cuentista, editora de Letras de Chile y directora de talleres literarios. Ha publicado La última canción de Maggie Alcázar, El otro afuera y Ojo Travieso.


ASTRID FUGELLIE
De la antología Cien microcuentos chilenos. Santiago: Cuarto Propio, 2002.

Raulina Yagán Yagán
Raulina Yagán Yagán, la última yámana de Tekenica y de Ukika, poblados de nutrias y sembraderos vecinos a la crueldad de las redes y el mar, murió un diez y siete de abril de mil novecientos ochenta y siete.
Raulina Yagán Yagán no dejó más descendencia que algún tejido a telar, que la infeliz hubo de hacer para sobrevivir porque el mímino empleo repelió su oficio de entrelazadora de canastos y canoas en miniatura.
Y así, Raulina Yagán Yagán, la última yámana de Tekenica y de Ukika, subió a los cielos donde Pedro, en nombre de Dios Padre Todo Poderoso, la recibió:
-¿Tu nombre?
-Raulina Yagán Yagán, repuso la indígena con la cabeza gacha, y luego agregó, Annu lalayala...
-¿Qué dice? -la interrogó el blanco Santo.
-¡Los he dejado! ¡Ya los he dejado! ¿Dónde puedo encontrar a mi padre dios yámana?
-¿Tu dios padre yámana?, ¿te refieres al dios padre de los yaganes? -insistió algo desconcertado el bueno de Pedro.
-¡Sí!, sí, sí -se esperanzó Raulina Yagán Yagán.
-Murió, Raulina, tu padre murió el diez y siete de abril de mil novecientos ochenta y siete, en la tarde.


***Astrid Fugellie (Punta Arenas, 1949) ha publicado, entre otros libros: Poemas (1966); Siete poemas (1969); Una casa en la lluvia (1975); Quién es quién en las letras chilenas (1982); Las jornadas del silencio (1984); A manos del año (1987); Los círculos (1988); Dioses del sueño (1991); Llaves para una maga (1999). Es además Educadora de Párvulos.

OMAR LARA
De la antología Cien microcuentos chilenos.

Toque de queda
-Quédate, le dije.
Y la toqué.


***Omar Lara (1941) es poeta, traductor, editor y profesor universitario. Graduado en Filología en la Facultad de Lenguas Romances y Clásicas de la Universidad de Bucarest. Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Argumento del día; Los Enemigos; Serpientes; El viajero imperfecto; Fugar con juego; Jugada Maestra y Bienvenidas calles del Perú. Ha traducido varios poetas de lengua castellana al idioma rumano y varios poetas de la lengua rumana al castellano. Ha ganado, entre otros, los premios Casa de las Américas (Poesía, 1975); y el Premio Internacional Fernando Rielo (Traducción).

ANTONIO MONTERO ABT
De la antología Cien microcuentos chilenos.

En nombre del pueblo
El patriarca ordenó:
-¡Que los fusilen a todos en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron a los hombres.
Entonces las mujeres gritaron:
-¡Eran nuestros hombres y nuestros hijos ésos que fusilaste!
Y el patriarca ordenó:
- ¡Que las fusilen a todas en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron a las mujeres.
El pueblo entero gritó entonces:
-¡Eran nuestras madres y nuestras mujeres y nuestras hermanas ésas que fusilaste!
El patriarca ordenó:
-¡Que fusilen al pueblo en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron al pueblo. Pero como los soldados también eran pueblo se fusilaron entre ellos.
Entonces el patriarca se retiró a escribir sus memorias a la solitaria e inexpugnable fortaleza. Pero también contrató los servicios de un extranjero erudito y muy famoso para que narrara la epopeya del pueblo. En nombre del pueblo.


*** Antonio Montero (Valdivia, 1921) ha publicado las novelas Asunto de Familia, Tres Réquiem para Carmela, Triángulo para una sola Cuerda, y los volúmenes de cuentos Nos vemos en Santiago, No morir, El Círculo Dramático, Baracaldo o el Tercer Pabellón. Entre otras distinciones, ha obtenido el Premio Municipal de Santiago en 1979 y 1982.Sus cuentos han sido incluidos en antologías en Chile y en el extranjero. Ha cultivado la ciencia ficción tanto en cuento como en novela.


DIEGO MUÑOZ VALENZUELA
Del libro
Ángeles y Verdugos

Orden
Es de noche. El hombre toma un taxi. Viaja. El taxista asalta al hombre. Le quita dinero y documentos. El hombre queda abandonado en una esquina. Vienen asaltantes, cuchillo en mano. Lo despojan de sus vestimentas. Huyen. El hombre, desnudo, va en procura de auxilio. Detiene un coche policial. Lo golpean. Es arrestado por no portar identificación. Sospechan delincuencia sexual. Lo encierran en la celda de los sodomitas. Es violado. Grita. Los guardias no vienen. Al día siguiente lo trasladan a enfermería. El médico ordena cambiarlo de celda. Lo dan de alta. Es trasladado a la sección de presos políticos. Después de algunos días lo interrogan. Nada le creen, pues no posee documentos. Nadie sabe o recuerda a quienes lo detuvieron. Lo torturan. Exigen entregue el nombre de sus contactos. El hombre cuenta su historia. Todos ríen. Es incomunicado. Permanece en la celda solitaria por varios meses. Cuando se acuerdan de él, está flaquísimo y loco. Lo envían al Manicomio. Grita que lo dejen en paz. Muere.

***Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, 1956) ha publicado los volúmenes de cuentos Nada ha terminado, Lugares secretos, Ángeles y verdugos, y Déjalo ser, y las novelas Todo el amor en sus ojos y Flores para un cyborg, ambas reeditadas recientemente. Ha sido incluido en antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, italiano, croata e inglés. Distinguido en diversos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. Presidente de Letras de Chile entre 2000 y 2003.


CARLOS OLIVÁREZ
De la antología Cien microcuentos chilenos.

Rotativo
Antes de revisar la maleta desconectó la alarma electrónica. Volvió a subir al auto y puso la llave en el contacto. No tenía ninguna razón para disimular el tic que le hacía palpitar el ojo izquierdo. Giró la llave y como todos los días no hubo ninguna explosión.


***Autor de los libros de cuentos Concentración de bicicletas y Combustión interna, y de las antologías Los veteranos del setenta y Nueva York 11. Obtuvo el Premio Paula (1969) y Premio Chile Francia (1985). Director de la Revista de Libros del desaparecido diario La Época. Sus cuentos figuran en diversas antologías dentro y fuera de Chile.

JOSÉ LEANDRO URBINA
De la antología Cien microcuentos chilenos.

Padre nuestro que estás en los cielos
Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza...
-¿Dónde está tu padre? -preguntó.
-Está en el cielo -susurró él.
-¿Cómo? ¿Ha muerto? -preguntó asombrado el capitán.
-No -dijo el niño-. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros.
El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.

***José Leandro Urbina nació en Santiago de Chile. Estudiante de literatura se exilió en 1974 en Argentina. Desde 1977 reside en Canadá. Ha enseñado en Canadá y Estados Unidos, trabajando como traductor, guionista y periodista. Además de los cuentos reunidos en Las malas juntas, ha publicado la novela Cobro revertido, finalista del Premio Planeta Argentino y ganadora del Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile en 1993.


MARGARITA NIEMEYER

La travesía
Morena y baja. Sumisa. Apenas un relámpago en los ojos cuando se le tiró encima desde el mismo caballo. Que los otros recogieran víveres, el tenía más hambre de mujer que de comida. Y siempre habría algo después en la ruca, cuando sus tripas pegadas le avisaran la razón por la que estaba allí.
Ahora, satisfecho, podía regodearse con los senos oscuros, con esa carne generosa que se le entregaba para montarla una y otra vez en medio de oleadas de olor a hembra que le sacarían por fin de las narices el hedor de los muertos y borrarían con sus gemidos el alarido de los buitres que los habían acompañado en horrendo cortejo a lo largo de ese camino interminable.
Apoderarse de Chili- mientras penetraba nuevamente a la mujer. Volver a Sierra Brava, yo, Juan González; volver rico y joven, hacerme de las tierras que son mías, buscar una mujer digna de mí, una heredad, vivir. El no era como el Tuerto, que con todo lo admirable que era como jefe, estaba condenado a permanecer para siempre en esas tierras inhóspitas, juntando la riqueza de la Nueva Toledo para un hijo mestizo porque el manchego no era nadie en la Patria, apenas si un indiano más, iletrado e ilegítimo, incapaz de lucir otro apellido que el de su tierra de origen.
A mí no me pasará así- mordiendo ferozmente las nalgas firmes, apretando los brazos tostados y fuertes, buscando, buscándola en un dolor insaciable, buscando también ese oro esquivo que corría en dichos de boca en boca, pero que no quería aparecer para que él cumpliera sus sueños y pudiera cargar un barco que lo llevara a España, antes que la locura exuberante de esta tierra nueva lo agarrara a él también y lo transformara en otro Almagro, buscando siempre más y siempre más allá del horizonte.
Para Juan González era la primera aventura. Y la última- gritó a la india en un: ¡Dime Juan! ¡Dime Juan! desesperado, porque hacía meses que no oía su nombre en garganta de mujer.; asustándola en el forcejeo feroz del dónde está el oro, porque a ratos parecía que nunca llegarían, porque tú no entiendes mi idioma ni puedes pronunciar mi nombre, porque yo no entiendo tampoco tu cara impávida, porque ahora cuando te deje, desgraciada, tendremos que subir nuevamente la quebrada hacia el desierto y seguir y seguir.


***Margarita Niemeyer nació en Santiago, Chile. Es Licenciada en Literatura en la Universidad de Chile (1986). Su tesis de licenciatura obtuvo el premio Gabriela Mistral otorgado por el Instituto Chileno-Argentino (1989). Durante 1984 y 1985 participó en el taller dirigido por José Donoso. En 1991 publicó el libro de cuentos Mujer frente al espejo y otros límites. Actualmente dirige talleres de creación y lectura.

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Ana Frank: El diario

Tratan de asir mi imagen con ayuda de un espejito de bolsillo

Sábado 20 de junio de 1942

Hace varios días que estoy sin escribir; necesitaba reflexionar, de una vez por todas, sobre lo que significa un Diario. Es para mí una sensación singular la de expresar mis pensamientos, no sólo porque yo no he escrito nunca todavía, sino porque me parece que, más tarde, ni yo ni ningún otro se interesaría por las confidencias de una escolar de trece años. En fin, eso carece de importancia. Tengo ganas de escribir y aún más de sondear mi corazón sobre toda clase de cosas.

"El papel es más paciente que los hombres". Este dicho acudió a mi espíritu un día de ligera melancolía en que estaba aburriéndome a más no poder, la cabeza apoyada en las manos, demasiado disgustada para decidirme a salir o a quedarme en casa. Sí, en efecto, el papel es paciente, y, como presumo que nadie se preocupará de este cuaderno encartonado dignamente titulado "Diario", no tengo ninguna intención de dejarlo nunca leer, a menos que encuentre en mi vida el Amigo o la Amiga a quien enseñárselo. Heme aquí llegada al punto de partida, a la idea de comenzar un Diario: yo no tengo amiga.

A fin de ser más clara, me explico mejor. Nadie podrá creer que una muchachita de trece años se encuentre sola en el mundo. Desde luego, no es totalmente exacto: tengo padres a quienes quiero mucho y una hermana de dieciséis años; tengo, en suma, una treintena de camaradas y, entre ellos, las llamadas amigas; tengo admiradores en abundancia que me siguen con la mirada, mientras que los que, en clase, están mal situados para verme, tratan de asir mi imagen con ayuda de un espejito de bolsillo. Tengo familia, amables tíos y tías, un hogar agradable. No. No me hace falta nada aparentemente, salvo la Amiga. Con mis camaradas, sólo puedo divertirme y nada más. Nunca llego a hablar con ellos más que de vulgaridades, inclusive con una de mis amigas, porque nos es imposible hacernos más íntimas; ahí está la dificultad. Esa falta de confianza es quizá mi verdadero defecto. De cualquier modo, me encuentro ante un hecho cumplido, y es bastante lastimoso no poder ignorarlo.

De ahí la razón de este Diario. A fin de evocar mejor la imagen que me forjo de una amiga largamente esperada, no quiero limitarme a simples hechos, como tantos hacen, sino que deseo que este Diario personifique a la Amiga. Y esta amiga se llamará Kitty.

Kitty lo ignora aún todo de mí. Necesito, pues, contar brevemente la historia de mi vida. Mi padre tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Francfort del Meno. Y yo el 12 de junio de 1929. Siendo judíos cien por ciento, emigramos a Holanda en 1933, donde mi padre fue nombrado director de la Travies N. V., firma asociada con Kolen & Cía., de Amsterdam. El mismo edificio albergaba a las dos sociedades, de las que mi padre era accionista.

Desde luego, la vida no estaba exenta de emociones para nosotros, pues el resto de nuestra familia se hallaba todavía defendiéndose de las medidas hitleristas contra los judíos. A raíz de las persecuciones de 1938, mis tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a los Estados Unidos. Mi abuelo, entonces de setenta y tres años, se reunió con nosotros. Después de 1940, nuestra buena época iba a terminar rápidamente: ante todo la guerra, la capitulación, y la invasión de los alemanes llevándonos a la miseria. Disposición tras disposición contra los judíos. Los judíos obligados a llevar estrella, a ceder sus bicicletas. Prohibición para los judíos de subir a un tranvía, de conducir un coche. Obligación para los judíos de hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero de "negocio judío", y de quince a diecisiete horas solamente. Prohibición para los judíos de salir después de las ocho de la noche, ni siquiera a sus jardines, o aun de permanecer en casa de sus amigos. Prohibición para los judíos de ejercitarse en todo deporte público: prohibido el acceso a la piscina, a la cancha de tenis y de hockey o a otros lugares de entrenamiento. Prohibición para los judíos de frecuentar a los cristianos. Obligación para los judíos de ir a escuelas judías, y muchas otras restricciones semejantes.

Así seguimos tirando, sin hacer esto, sin hacer aquello. Jopie me dice siempre: "No me atrevo a hacer nada, de miedo a que esté prohibido". Nuestra libertad, pues, está muy restringida; con todo, la vida es aún soportable.

Mi abuela murió en enero de 1942. Nadie sabe cuánto pienso en ella y cuánto la quiero aún.

Yo estaba en la escuela de Montessori desde el jardín de infantes, es decir, desde 1934. En 6º B tuve como maestra a la directora, la señora K. Al terminar el año, fueron adioses desgarradores, lloramos las dos. En 1941, mi hermana Margot y yo entramos en el liceo judío.

Nuestra pequeña familia de cuatro no tiene todavía mucho de qué quejarse, y así llego a la fecha de hoy.

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En: Presencias

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La puta escritura

Decía Simone de Beauvoir que “la gente feliz no tiene historia”; decía Karl Kraus que “mi lenguaje es la prostituta universal a la que convierto en virgen”. Mi escritura es un garabato, por cierto, es la puta escritura que convierto en puta, en guerrillera, en camboyana, como llaman en Chile a las chicas ‘fáciles’, que “van a la guerra” o que “ponen toda la carne en la parrilla.” Camboyana entonces es mi palabra; también tortillera y maraca: asumo y resumo; revierto y subvierto los apodos despectivos, sexistas y racistas.

Yo escribo desde el cuerpo que tengo; cada vez que estampo una palabra devoro mi cuerpo un poco más. Escribir y triturar es lo mismo: los actos de creación son forzosamente un acto de destrucción sin principio ni final. Desgarrar, despostar, descoyuntar mi propio cuerpo en aras del cuerpo de la palabra.

Comer mi cuerpo: mascar, relamer, succionar, arañar. Una actividad pública, exhibicionista, materialista.

Miro desde mi doblez. La mirada cóncava ensimismada en la grieta, doblemente sola.

Soy la buscona y podría deshacer el lenguaje sólo para volver a hacerlo y dejar que las leves brisas de mi oído me soplen las malas costumbres. Pero no seré Penélope ni Diana la cazadora. No seré Emma, la del veneno fácil, ni Virginia con los bolsillos cargados de piedras para después hundirse en un río de aguas claras, ni las hermanas Quispe lanzándose al abismo andino.Tampoco quiero que a mi niña golondrina me la vuelvan para que aletee por los cielos revueltos de las mujercitas.

Sólo soy la buscona de agujas en el pajar de la reflexión, de la inflexión y del arte de la pluma loca.

Escribo con la concha en la mano: bivalva, bivocal y bivulva. Soy privilegiada: no tengo boquita de rosa y mi lengua es una lija y un taladro.



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El cuerpo de Inés: identidad y memoria

Por Lilian Elphick

Ay mama Inés -
Crónica testimonial (1993) de Jorge Guzmán
[1]

El autor
Jorge Guzmán nació en Santiago en 1930. Estudió en el Instituto Nacional. Se recibió de Profesor de Castellano en la Universidad de Chile, 1958. Obtuvo un PhD en Filosofía y Letras en Iowa, 1961, y trabajó durante muchos años en el glorioso y desaparecido Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, el mismo donde Parra hizo clases. Ha publicado Job- Boj (novela, 1967), Diferencias Latinoamericanas (ensayo, 1984), Contra el secreto profesional (ensayo, 1991), La ley del gallinero (novela, 1999). Su cuento El capanga, que refleja la influencia de Horacio Quiroga, ganó el primer premio en el concurso de cuentos de El Mercurio (1956). Fue incluido en El cuento chileno actual (1950-1967), selección y prólogo de Alfonso Calderón, 1969.

El cuerpo de Inés

Ay mama Inés del chileno J. Guzmán, publicada en 1993, describe la entrada de Pedro de Valdivia a Chile, junto a Inés de Suárez. La figura de esta mujer es central en esta novela, aunque la historia pertenezca a Valdivia y se le vaya como arena entre los dedos. Por primera vez, Inés habla y su palabra, cercana a la muerte, es lúcida y se impone, después de años de olvido historiográfico.

Guzmán prepara al lector que leerá esta crónica testimonial [2]bajo la perspectiva del “parece”, “no se sabe” o “es casi seguro”: la historia está llena de vericuetos oficiales y ‘alternativos’, ha aprendido Guzmán, y depende del ojo que la mire. Esta duda, esta inseguridad de los hechos narrados se aparta radicalmente de los parámetros históricos establecidos por Sir Walter Scott en el siglo XIX. [3]

El título de la novela alude a una rumba afro-caribeña: “Ay mama Inés too lo negro tomamos café”, aparentemente inconexo con la historia de la entrada de Valdivia a Chile, su posterior asentamiento en el paradisiaco valle del Mapocho y fundación de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, junto a su compañera de armas y amante, Inés de Suárez. Sin embargo, en el artículo de Lucía Invernizzi
[4] queda claro que el autor pretende reunir a esas dos Inés, la caribeña y la española, y a otras que también pueblan la Latinoamerica mestiza. Guzmán escribe “desde la conciencia de una diferencia mestiza” y reivindica a Inés de Suárez como personaje histórico, la corporiza, mostrando diferentes ángulos y dotándola con un monólogo bellísimo e iluminador que nos muestra no sólo a una Inés moribunda y nostálgica, sino a una mujer con plena conciencia que el sueño utópico que tuvo junto a Valdivia se ha convertido en diferencia mestiza. La tierra es bella, pero a la vez horrible, espantosa: “…tus sueños pusieron en movimiento una realidad que no tenía nada que ver con tus sueños y que fue la que produjo este país atroz, pero bellísimo”. (259) .

El sueño primigenio de Valdivia es fundacional, representa el ánimo de descubrir una nueva tierra, conquistarla, dominar y evangelizar a los indios, crear una ciudad, cuadricular sus calles, formar un cabildo, en nombre de la Corona y del Rey. Chile representa la tierra pura, incontaminada, en oposición al Virreinato del Perú, espacio antiutópico, degradado por la traición, la mentira y la mediocridad. De Hoz y sus secuaces son representantes de este espacio, también el Regidor de la ciudad de Santiago, Don Martín Solier que “había venido al nuevo mundo solamente a buscar riqueza, y riqueza transportable” (140). En cambio, Valdivia se perfila como un héroe épico, posee un proyecto de vida y cree en la posibilidad “de un mundo distinto, otro mundo, aquí, en la tierra” (28). Luego que Gómez de Don Benito le cuenta de las maravillas del valle del Mapocho y hace relación de su impacto arrodillándose y llorando copiosamente, Valdivia “creía posible fundar un reino donde rigiera el bien, en ese mundo de Chile, todavía no inficionado por la borrachera del mal que endemoniaba al virreinato. La imagen de un paraíso terrenal, pero POSIBLE…” (30).

Pero la Inés lúcida se encarga de corroborar que el sueño ya se ha convertido en otra cosa, y aparte de esa “otra cosa”, examina con detención las diferentes monstruosidades que Valdivia y ella misma han ayudado a hacer, como la tortura y mutilación de María Torri por María de Encio Sarmiento, y otros actos lejanos a la ‘civilización’ como cortar las manos a los indios, juntarlas en un canasto, e ir a botarlas al río. Jamás Valdivia iría a pensar que el muchacho que se crió en casa de Inés, el indiecito llamado Felipe, años más tarde lo derrotaría en Tucapel *, en 1556, convirtiéndose en el amestizado Lautaro que, como la secta de los Assassins, vive con el enemigo, aprende sus fortalezas y debilidades, se mimetiza con él hasta dar el golpe mortal.

Lautaro, el huérfano, representa el espíritu guerrero que jamás será dominado. Vive entre españoles, separado de su gente, asimilando sus costumbres, el manejo de las armas, dominando el arte de cabalgar. La orfandad trae sus beneficios y, a la vez, reporta una doble traición, hacia al español y hacia el indio.

Inés, en el delirio de la memoria punceteada por la muerte, recrimina a Valdivia el haber sido derrotado por “…Lautaro, no un indio calato, sino un indio con casaca roja, con gorra y con un clarín colgado al cuello, un indio que montaba a caballo mejor que tú…” (258).

La propia Inés se ha amestizado, aunque no esté conciente de ello. De costurera analfabeta y viuda pasa a ser una soldado más en las huestes de Valdivia, que cabalga a horcajadas, usa el pelo suelto y se lava como las indias. Es la amante, la “doña”, la “manceba”, la que toma el hacha, degüella a siete caciques y después vomita sobre la sangre que cubre el suelo. Es la que aborta al hijo de Valdivia, mientras cura a los heridos, es la que le teme a los truenos y tempestades de esta nueva tierra, y es la que termina abandonada por Valdivia, casada con otro, gobernadora y rica.

Como mujer del jefe, es blanco de las envidias y denigraciones. Romero la trata como “la virago ese”, y en sus planes de asesinar a Valdivia piensa que puede engañarla porque aunque sea astuta, sigue siendo sólo una mujer masculinizada. Pero esta Inés es capaz de sintetizar la problemática americana:

“…Ya tienen hijos grandes los niños que nacieron en esos bellísimos primeros meses; y son distintos; tienen más posibilidades que los indios; tienen futuro; muy astutos; muy inteligentes, tanto como los indios, pero muy desenvueltos, hasta la desvergüenza, la mayoría; eso tampoco podíamos preverlo; hasta se ven diferentes; son otros que los indios y otros que los peninsulares; ahora, de sólo salir a la calle, ves tres clases de hombres, cuatro más bien; estamos nosotros, están los indios puros, están los mestizos y están unos pocos negros; en los años que vengan, estas castas se seguirán mezclando entre ellas y producirán algo; en eso, en suma, se nos convirtió el sueño.” (262).

Como dice Invernizzi :
“Guzmán interviene críticamente este discurso, delata sus muchos vacíos, olvidos, omisiones, carencias, incertezas, silencios, sus “ignorancias primarias e incurables” y su mayor ignorancia: la de pretender haberse apropiado del sentido “real” de los acontecimientos que, como señala el narrador-autor, además de ser pretensión imposible, hunde irremediablemente a los personajes en la historia.

De ese hundimiento los rescata esta “crónica testimonial” que reescribe (…) los enunciados del discurso historiográfico y filtra en ellos y en los vacíos que deja, otros contenidos, otras dimensiones, otros sentidos, los que afloran desde la conciencia, especialmente de la conciencia femenina. Y así, la crónica testimonial de Guzmán incorpora y restituye saberes de humanidad excluidos por el discurso oficial tradicional (…), proponiendo una visión y versión de la historia de la conquista desde (…) este mundo nuestro, mestizo, que reemplaza o debería reemplazar la versión y visión dominantemente ajustada a los códigos y sistemas europeos.” (Invernizzi.1995: 63-64).

Inés es ‘mama’, las indias que tiene a su servicio la llaman “mamitay” ; adopta y cuida de sus indias, trata como hija propia a la hija mestiza de Quiroga, vela y cuida a sus animales; en la guerra da comida y cura las heridas. Organiza el mundo cotidiano de esta “entrada” sangrienta. Es servicial y tierna con Valdivia y calla cuando es menester hacerlo, porque ella sabe que no hace la historia, la historia la hace ‘su’ Pedro; es mama pero nunca madre y siempre amante y no esposa. Inés percibe la diferencia hasta el final de sus días, cuando ya han pasado muchos años de la muerte de Valdivia y ella sigue amándolo. Inés está detrás de la figura épica y trágica del conquistador, es sombra a pesar de la luz que brota de la narración de Guzmán.

Recuerde el alma dormida

En Ay mama Inés, Guzmán saca parcialmente del estereotipo a Inés. ¿Es doña? El mismo autor lo pregunta en el Capítulo I, refiriéndose a otros textos historiográficos que la denigran, omiten u olvidan. ¿Es dueña de sí misma una mujer que se define por lo que no es? Es decir, amante y no esposa, mama, madrastra y no madre, gobernadora por el simple hecho de estar casada con Quiroga, el hombre que le dispuso Valdivia, hacedora de “un mundo espantoso” que generará una raza confusa. El monólogo de Inés se cruza con la fiebre y el delirio. Valdivia, muerto veinte años atrás, es atraído por la voz fantasma de Inés a quien ella le habla. Su identidad se deshace en el intento de rememorización, dejándole al lector retazos, restos, sobras de un personaje ‘apestado’. Uno, por el hecho de ser mujer; y dos, por ser mujer de armas y de sueños.

“La novela de Guzmán ha contribuido a entender que no hay nada más turbio que el paso de los seres humanos por el tiempo. […] Un destino trágico se cierne sobre los personajes, creado por la magnitud del encuentro entre el rico continente americano y el ávido mercantilismo europeo del siglo XVI.” (Martínez.1997:36).

Lo que Martínez denomina ‘encuentro’ es choque frontal y dominio de una cultura sobre otra. Santiago del Nuevo Extremo, cuadriculada como ciudad, se protege de la periferia india y apestada, legalizando las escrituras, creando interdictos, imponiendo utopías en el topos indígena. Cuando Doña Marina viene a América, Valdivia organiza la vida de la ‘otra’, la ilegítima Inés. Marido y dinero, prestigio y poder, esas son sus herencias. Como en El entenado, de Juan José Saer, Inés se manifiesta en el panóptico de su palabra y con ella intenta corporalizar su identidad, cayendo en el vacío ontológico. La imagen de América es reescritura que trae el pasado al presente para criticar el aquí y ahora colonizado por el capitalismo neoliberal.

Tanto el entenado como Inés son personajes marginales, lo mismo sucede con Juanillo de Maluco. La novela de los descubridores. Al respecto, Mabel Moraña en su ensayo “El boom del subalterno” [5]señala:

“Mientras los sectores marginados y explotados pierden voz y representatividad política, afluye el rostro multifacético del indio, la mujer, el campesino, el "lumpen", el vagabundo, el cual entrega en música, videos, testimonios, novelas, etc. una imagen que penetra rápidamente el mercado internacional, dando lugar no sólo a la comercialización de este producto cultural desde los centros internacionales, sino también a su trasiego teórico que intenta totalizar la empiria híbrida latinoamericana con conceptos y principios niveladores y universalizantes.” (Moraña. 1998: 179-180).

“Desde que la hibridez se convirtiera en materia rentable en discursos que intentan superar y reemplazar la ideología del "melting-pot" y el mestizaje con la del multiculturalismo y la diferencia, la cuestión latinoamericana pasó a integrar el pastiche de la postmodernidad.” (Moraña. 1998.181).

Para Moraña, el binomio subalternidad/hibridez se asocia al de sub-identidad/sub-alteridad. Estas dos parejas de nociones se entrelazan con el concepto de nación como aldea global, desde donde “puede ejercerse la resistencia a nuevas formas de colonización cultural y de hegemonía, […], de marginación, autoritarismo y explotación colonialista…” (Op. Cit. 182).
“ […] Latinoamérica sigue siendo aún, para muchos, un espacio preteórico, virginal, sin Historia (en el sentido hegeliano), lugar de la sub-alteridad que se abre a la voracidad teórica tanto como a la apropiación económica. Sigue siendo vista, en este sentido, como exportadora de materias primas para el conocimiento e importadora de paradigmas manufacturados a sus expensas en los centros que se enriquecen con los productos que colocan en los mismos mercados que los abastecen.” (Op. Cit.182).

***
[1] Guzmán, Jorge. Ay mama Inés (Crónica testimonial). 1993. Santiago de Chile, FCE.
[2] “Mientras el testimonio es denunciatorio, la crónica es frecuentemente eulógica. […] Adicionalmente, la obra se autoexime de un elemento crucial tanto de la crónica como del testimonio: la contemporaneidad entre el evento y su escritura. [La novela] experimenta la tensión de existir entre ambos.” Martínez, Renato. “Ay mama Inés, de J. Guzmán: entre la crónica y el testimonio”. 1997 Rev Ch. de Literatura Nº50 U. de Chile. Pg.21-22.
[3] [Las novelas de Walter Scott hasta Vicente F. López se sitúan] “como la expresión de la defensa del progreso ante un pasado feudal o colonial. […] La Nueva Novela Histórica Contemporánea no propone una visión apocalíptica de la historia sino que ésta es percibida como un proceso ininterrumpido de cambio que afecta la vida del individuo de manera que la existencia de éste aparece “históricamente condicionada” (Lukács, 1983:23)”. Pg.159. Cristina Pons.1999. La nueva novela histórica de fin del Siglo XX.
[4] Invernizzi, Lucía. “Ay Mama Inés de Jorge Guzmán”. 1995. Revista Mapocho, Número 37,I semestre.
* Guzmán no narra de qué modo murió Valdivia. Véase al respecto estas dos opiniones citadas por Martín Centeno R:
“…con una cáscara de almeja de mar, que ellos llaman pello en su lengua, le cortaron los lagartos de los brazos desde el codo a la muñeca; teniendo dagas y cuchillos con que podello hacer, no quisieron por dalle mayor martirio, y los comieron asados en su presencia.” (Góngora y Marmolejo.1990:115-116).
Góngora y Marmolejo, Alonso de. Histora de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575). Santiago. Ediciones de la Universidad de Chile,1990.
“(...) tras una corta resistencia, empezó la carnicería y el sálvese quien pueda” (Encina. 1984: 221).
“Su corazón, dividido en pequeños trozos, fue devorado por los caciques vencedores” (Encina. 1984: 221-222.).
Encina, Francisco. 1984. Historia de Chile, Volúmenes 1, 22, 23 y 24. Santiago, Editorial Ercilla.
[5] Moraña, Mabel. “ El boom del subalterno”. 1998. En: Teorías sin disciplina (latinoamericanismo, poscolonialidad y globalización en debate). Edición de Santiago Castro-Gómez y Eduardo Mendieta. México: Miguel Ángel Porrúa. Documento PDF.

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Apuntes sobre algunos ensayos de Borges

Por Lilian Elphick

La postulación a la realidad”. 1932 (En Discusión)[1]



En este ensayo, Borges postula una realidad para la ficción. Grosso modo, establece dos procederes o arquetipos de escritor: Los escritores clásicos, dice, rehuyen lo expresivo; en cambio, el escritor romántico quiere incesantemente expresar.


Borges determina tres modos que el escritor tiene de mostrar el mundo: 1) Notificación general de los hechos que importan; 2) Imaginar una realidad más compleja que la declarada al lector y referir sus derivaciones y efectos. Como ejemplo, Borges cita Mort d’Arthur de Tennyson; 3) El tercer modo es el más difícil y eficiente de todos, ejerce la invención circunstancial. Este sería el espacio de la imaginación, donde se produce el extrañamiento y la ambigüedad. Ejemplo: El hombre invisible de O. Wells. (Borges.1996:217-221-I).

“El arte narrativo y la magia”. 1932 (En Discusión)



El análisis de los procedimientos de la novela ha conocido escasa publicidad. Esto se debe, según Borges, a la casi inextricable complejidad de los artificios novelescos, que es laborioso desprender de la trama.


La cita a Narrative of A. Gordon Pym de E. A. Poe le sirve a Borges para establecer dos argumentos para este texto: 1)Uno inmediato, de vicisitudes marítimas, y 2) Uno infalible, sigiloso y creciente, que sólo se revela al final. El primer argumento vendría a ser la historia superficial y, el segundo, la historia profunda, “el secreto argumento”. De esto se infiere que, para Borges, el problema central de la novelística es la causalidad.


“Para la novela de caracteres, la novela de continuas vicisitudes, en el relato breve y en la infinita novela espectacular de Hollywood, un orden muy diverso los rige, lúcido y atávico : la primitiva claridad de la magia.”


“La magia es la coronación o pesadilla de lo causal, agrega Borges, no su contradicción.” (Borges. 1996: 226-232-I).


Borges distingue dos procesos causales: 1) El natural, que es el resultado incesante de incontrolables e infinitas operaciones; 2) el mágico, donde profetizan los pormenores, lúcido y limitado.


“En la novela, señala Borges, pienso que la única posible honradez está con el segundo.”

"Magias parciales del Quijote". 1952. (En Otras Inquisiciones)



En este ensayo, Borges señala una característica sobrecogedora de algunas narrativas: el plano de la realidad y el de la ficción se confunden, así como lo objetivo y lo subjetivo, el mundo del lector y el mundo del libro. Ejemplos: Los protagonistas del Quijote son, asimismo, lectores del Quijote; el barbero revisa la biblioteca del Quijote y encuentra La Galatea de Cervantes; Hamlet es espectador de Hamlet. Se trata del mapa dentro del mapa o la literatura dentro de la literatura, donde se genera un espacio laberíntico, irradiante, espejeante.


“Si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores y espectadores, podemos ser ficticios.”, concluye Borges. (Borges.1996:47-II).


Ana María Barrenechea[2] apunta que en este ensayo “está una de las claves de su obra. Acosado por un mundo demasiado real, pero que al mismo tiempo carece de sentido, busca liberarse de su obsesión creando otro mundo de fantasmagorías tan coherente que nos hace dudar, de rechazo, de la misma realidad en que nos apoyábamos.” (Barrenechea.1984:16).

“Nathaniel Hawthorne”. 1952. (En Otras Inquisiciones)



Este escritor nació en Salem en 1804 y murió en New Hampshire en 1864. Se recluye en su casa durante doce años y escribe cuentos. Borges alaba la capacidad imaginativa de Hawthorne y cita el cuento “Wakefield”, incluido en Twice Told Tales, donde se evidencian claramente los temas del sueño, el absurdo y la postergación infinita que Kafka, en el siglo XX, recrea. Sin embargo, Borges alude a un error estético de este autor norteamericano: “En Hawthorne siempre la visión germinal era verdadera; lo eventualmente falso son las moralidades que agregaba en el último párrafo.” (Borges. 1996: 59-II).


Un gran escritor crea a sus precursores. Los crea y de algún modo los justifica”, dice Borges (Op.Cit, 56). A través de la imaginación, del mundo de los sueños. Hawthorne, como Melville y Kafka fueron capaces de imaginar situaciones.

“La Poesía”. 1992. (En Siete Noches- Conferencias )



Aquí Borges plantea la experiencia estética de la literatura: 1) El encuentro del lector (a) con el libro, el descubrimiento del libro; 2) el poeta o escritor concibiendo su obra.


En este segundo estrato de la experiencia escritural, Borges señala:
“Cuando yo escribo algo, tengo la sensación de que ese algo preexiste. Parto de un concepto general; sé más o menos el principio y el fin, y luego voy descubriendo las partes intermedias; pero no tengo la sensación de inventarlas, no tengo la sensación de que dependan de mi arbitrio; las cosas son así. Son así, pero están escondidas y mi deber de poeta es encontrarlas”. (Borges.1992:106).



“El hecho estético es algo tan evidente, tan inmediato, tan indefinible como el amor… Sentimos la poesía como sentimos la cercanía de una mujer, o como sentimos una montaña o una bahía.” (Op. Cit: 107-108).


Es importante, para Borges, definir el hecho estético, la literatura, como una forma de felicidad, tanto para el artista como para el lector (a).



Últimas anotaciones

La experiencia del cuento en Borges
1.- Creación de dos historias, una superficial y otra profunda.

2.- Prima el saber sobre el hacer. El tema epistemológico es primario al tema de la praxis. Los personajes están organizados en torno a un ansia de saber.
3.- La narración es más importante que el contenido, los hechos. El narrador omnisciente o el narrador personaje otorga sentido al texto. Éste no emana del mundo, emana de la intelección de él.
4.- Hay una problemática genérica en los cuentos de Borges: prosa cuentística y prosa ensayística. Se trata de una prosa razonada, entrelazada al mundo de la ficción.
5.- El cuento es una situación. La trama es más visible que los personajes. La situación es parte de la trama.
6.- Imagina una realidad más compleja o superrealidad, donde lo intangible absorbe lo material y lo físico y donde el espacio es un incidente en el tiempo. El espacio es devorado por la presencia del tiempo. Es por esto que para Borges el cuento es un arte temporal.
7.- La causalidad natural es rechazada. La causalidad mágica es aspirada.
8.- Autoreflexión literaria. Borges nos explica qué es la literatura dentro de la literatura.
9.- Emparentada con el punto anterior está la noción del mapa dentro del mapa donde lo real puede ser ficticio y lo ficticio, real, creando un mundo alucinatorio y mágico.




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[1] Borges, Jorge Luis. -Obras Completas. Buenos Aires: Emecé, 1996.
-Siete Noches. Conferencias. México: FCE, 1992.

[2] Barrenechea, Ana María. La expresión de la irrealidad en la obra de Borges. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1984.

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