Refugio Nocturno, de Bertold Brecht

Soñé con este poema de Brecht; la última vez que lo leí tenía unos 25 años, pero ayer volvió a mí a través del sueño, y Brecht me decía: escríbeme. Creo profundamente en los círculos (sobre todo los de tiza y caucasianos), por eso hoy, agradecida de este reencuentro, lo escribo:


Me han contado que en Nueva York
en la esquina de la calle 26 con Broadway
se pone cada atardecer un hombre
durante los meses de invierno
y, pidiendo a los que pasan,
consigue un techo para que pase la noche
la gente desamparada que allí se reúne.

Con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.
Pero algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.

No abandones el libro, tú que lo estás leyendo.

Algunos hombres tienen cama por una noche
se les abriga del viento durante toda una noche
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.
Pero con eso no cambia el mundo
no mejoran con eso las relaciones entre los seres humanos
no es ésa la forma de acortar la era de la explotación.


Die Nachtlager (1931)

Ich höre, daß in New York
An der Ecke der 26. Straße und des Broadway
Während der Wintermonate jeden Abend ein Mann steht
Und den Obdachlosen, die sich ansammeln
Durch Bitten an Vorübergehende ein Nachtlager verschafft.

Die Welt wird dadurch nicht anders
Die Beziehungen zwischen den Menschen bessern sich nicht
Das Zeitalter der Ausbeutung wird dadurch nicht verkürzt
Aber einige Männer haben ein Nachtlager
Der Wind wird von ihnen eine Nacht lang abgehalten
Der ihnen zugedachte Schnee fällt auf die Straße.

Leg das Buch nicht nieder, der du das liesest, Mensch.

Einige Menschen haben ein Nachtlager
Der Wind wird von ihnen eine Nacht lang abgehalten
Der ihnen zugedachte Schnee fällt auf die Straße
Aber die Welt wird dadurch nicht anders
Die Beziehungen zwischen den Menschen bessern sich dadurch nicht
Das Zeitalter der Ausbeutung wird dadurch nicht verkürzt.

Texto en alemán en:
Aragorn2002


Bertold Brecht (Alemania, 1898-1956)
Poeta, director teatral y dramaturgo alemán, cuyo tratamiento original y distanciado de los temas sociales y de los experimentos revolucionarios ha influido enormemente en la creación y en la producción teatrales modernas. Brecht nació el 10 de febrero de 1898 en Augsburgo (Baviera), y se formó en las universidades de Munich y Berlín. En 1924, aparece como autor teatral en el Berlín Deutsches Theater, bajo la dirección de Max Reinhardt. Sus primeras obras muestran la influencia del expresionismo, el principal movimiento dramático de la época. En 1928, escribió un drama musical, La ópera de los dos centavos (conocida en algunos países como tres peniques o tres centavos), con el compositor alemán Kurt Weill. Este musical, basado en The Beggar's Opera (1728) del dramaturgo inglés John Gay, era una cáustica sátira del capitalismo y se convirtió en el éxito teatral más importante de Brecht. Se estrenó en 1928 en Berlín. En 1924, había empezado Brecht a estudiar el marxismo, y, desde 1928 hasta la llegada de Hitler al poder, escribió y estrenó varios dramas didácticos musicales. La ópera Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny (1927-1929), también con música de Weill, volvía a criticar severamente el capitalismo. La preocupación por la justicia fue un tema fundamental en su obra. Durante este periodo inicial de su carrera, Brecht dirigía a los actores y empezó a desarrollar una teoría de técnica dramática conocida como teatro épico. Rechazando los métodos del teatro realista tradicional, prefería una forma narrativa más libre en la que usaba mecanismos de distanciamiento tales como los apartes y las máscaras para evitar que el espectador se identificara con los personajes de la escena. Brecht consideraba esta técnica de alienación, la -distanciación-, como esencial para el proceso de aprendizaje del público, dado que eso reducía su respuesta emocional y, por el contrario, le obligaba a pensar. Ejemplos, que incluía las obras La toma de medidas, La excepción y la regla, El que dice sí y el que dice no, es la expresión más radical del propósito socialista de Brecht. A causa de su oposición al gobierno de Hitler, Brecht se vio forzado a huir de Alemania en 1933, viviendo primero en Escandinavia y estableciéndose finalmente en California en 1941. Fue durante esos años de exilio cuando produjo algunas de sus mejores obras, como La vida de Galileo Galilei (1938-1939), Madre Coraje y sus hijos (1941), que consolidaron su reputación como importante dramaturgo, y El círculo de tiza caucasiano (1944-1945). Brecht se consideraba a sí mismo un hombre de teatro que se había liberado de las tendencias del teatro expresionista para experimentar con nuevas formas. Quería mostrar que ese cambio no sólo era posible sino que era necesario. Su versátil empleo de la lengua y de las formas poéticas -lenguaje clásico mezclado con el habla del hombre de la calle, versos libres e irregulares- lo dirigió a sacudir la conciencia del público y a llevarlo de una pasividad acrítica a la reflexión y, esperanzadamente, a la acción. En 1948, Brecht volvió a Alemania, se estableció en Berlín Este y fundó su propia compañía teatral, el Berliner Ensemble. Fue una figura controvertida en la Europa del Este, ya que su pesimismo moral chocaba con el ideal soviético del socialismo realista. A lo largo de su vida escribió también varias colecciones de poemas, que, con sus obras de teatro, lo sitúan entre los más grandes autores alemanes. Murió el 14 de agosto de 1956 en Berlín.

En:
El poder de la palabra

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El último Adán, de Homero Aridjis

Homero Aridjis nació en Contepec, Michoacán, México, en 1940. Su obra ha sido traducida a doce idiomas. Ha publicado 28 libros de poesía y prosa, entre ellos: Los ojos desdoblados (1960); La tumba de Filidor (1961); Antes del reino (1963); Perséfone (1967); Los espacios azules (1969); El poeta niño (1971); El encantador solitario (1973); Quemar las naves (1975) Espectáculo del año dos mil (1981); El último Adán (1986); Memorias del Nuevo Mundo (1988); Gran teatro del fin del mundo (1989); El poeta en peligro de extinción (1992); La leyenda de los soles (1993); Tiempo de ángeles (1994); Apocalipsis con figuras (1997); Ojos de otro mirar (1998) y La montaña de las mariposas (2000). Su obra ha recibido reconocimientos, entre ellos, el Premio Xavier Villaurrutia, en 1964. En 1997 recibió el Premio Roger Callois, por el conjunto de su obra poética y novelística. Dirigió los festivales internacionales de poesía de Michoacán, Morelia y Ciudad de México. Es presidente internacional del Pen Club. En 1985 fundó el Grupo de los Cien, del cual es presidente, integrado por artistas e intelectuales comprometidos en la lucha contra la contaminación y en favor del medio ambiente.
***
Nos enfrentamos a un texto abigarrado, ‘imbunchado’, copia de otras copias de un lenguaje fugado de sí mismo, parodia de la parodia (1). Existe la intención poética de abarcarlo todo desde múltiples ángulos y, en esa intención, la palabra se agota, produciéndose una hecatombe a nivel de imágenes, una suerte de batido indigerible. El tema apocalíptico -caída de la bomba nuclear y destrucción del planeta- está narrado con un lenguaje de similares características, que se apropia de otros lenguajes y los reutiliza, como el bíblico, el alquímico, el calderoniano y el dantesco, por ejemplo. También ingresan a este circuito, la ridiculización y la parodia de los países dominantes, representados en Bobwhite y Bobolink, Estados Unidos y Rusia, respectivamente. Quizás con la destrucción total de las ciudades y de otros espacios, el lenguaje también se pierde porque es parte de la fábrica humana y queda convertido en guiñapo lingüístico. A la cita de Oppenheimer recordando el Bhagavad Gita: “...I am become death, the shatterer of worlds”, puedo agregar que el narrador es también un “shatterer of worlds and words”, un destructor de mundos y de palabras, como si escribiera ‘desde’ la Muerte o fuera la Muerte, símbolo y arquetipo del cambio, la transformación, pero que en el texto de Aridjis funciona sólo como espejo sin reflejo alguno. El narrador-Muerte, antítesis del narrador-Vida del Génesis bíblico, revela que este último hombre, innominado aún y (…) “sin porvenir y sin historia, salió como pudo del pozo de podredumbre y desolación en el que estaba hundido (...) y empezó a andar.” (Aridjis.1986:9).

El encuentro con la mujer (2), su compañera, está representado por los conceptos opuestos de lascivia-virginidad: araña custodiadora de la mujer, maliciosa y viscosa; mujer “envuelta en una túnica amarilla semejante a la luz” , con capacidad de levitación, un ángel que, al modo de una Bella Durmiente, es despertada por el beso del hombre. Así comienzan su periplo por el espacio devastado, aunque se establece entre ambos una relación de sumisión y poder: “La mujer detrás del hombre, siguiéndolo con extraña obediencia.”(Ibíd.: 12) La ciudad -la que un día los cobijó y les dio un sentido de vida- ahora está en ruinas. Eros y Tánatos hacen su aparición: “dos esqueletos hacen el amor...parecen haberse ido en el momento del clímax” (Ibíd.:13), donde la petite morte se convierte irreversiblemente en muerte pura, corrupción, dentro de los restos de un automóvil, objeto creado por el homo faber.

Los cuerpos se disuelven, las voces vagan solas, separadas del aparato fónico, y la pareja humana insiste e intenta perpetuar lo que Cesare Pavese llamó la peor de las religiones: el amor. Pero, ¿de qué o cuál amor habla Aridjis cuando expone que “descarnados los cuerpos, sólo queda el amor”? Queda sólo el tiempo -otra construcción humana-, sin horas ya, “un tiempo uniforme” y dentro de este espacio agónico, el hombre comienza su búsqueda. ¿Busca a la mujer que ya no está o busca el tiempo que no puede medir? Errante, vagabundo, el hombre ha sido expulsado de su paraíso artificial (la ciudad) y busca no morir y para esto debe amar. Amor significa un no a la muerte. Sin embargo, la muerte como la vida son conceptos insertos en el tiempo, y el último Adán no acepta el cambio. Su búsqueda implica ansias de inmortalidad y su propia imagen humana se repetirá en su memoria. La aparición de seres como Corvus Albifrons (cuervo y águila, Mal y Bien), Godo Godofredo-Tomás de Torquemada-Satanás, Harpago y su harén de mujeres espectrales, la prostituta tentadora, son los restos históricos de Adán; esos personajes están en él, son su memoria maldita, su construcción [creación] y su destrucción. (3)

“La posibilidad de su fin, sin embargo, es su consolación...” “Percibe que se le olvida un gran número de palabras, aquellas que otros hombres pusieron en sus labios para que conociera el mundo.” (Ibíd.: 97) Al olvidar el lenguaje, Adán pierde su esencia, su humanidad y, por lo tanto, su destino. La fusión del tiempo le crea la última ilusión: tiene conciencia de su muerte al morir.

Notas

(1) [...] “la parodia supone un original y una copia deformada...” pg.11. (Enrique Giordano y Roberto Echavarren. Manuel Puig: montaje y alteridad del sujeto. Instituto Profesional del Pacífico, 1986.Santiago, Artimpres.)

(2)“Sin embargo, como en La divina comedia de Dante, en el ámbito infernal aún alienta el espíritu de la mujer, concebida por Aridjis como la proyección imaginaria de un falogocentrismo que se trasciende a sí mismo abandonando sus territorios parcelizados para retornar, a través de la imagen de lo femenino, a aquellas fuerzas cósmicas que ha intentado controlar en su afán civilizador.

Dentro de este contexto, el peregrinaje del protagonista de La ciudad sin nombre por el laberinto de cuartos y pasillos de una casa blanca y ovalada invadida por el calor y la bruma representa la resistencia de lo femenino en el espacio infernal de la destrucción. Mujeres de rostros descoloridos y marchitos, de labios exangües y piel desollada transitan allí como el rezago de una energía ancestral que ha sido artísticamente esculpida por la imaginación androcéntrica.

Sin embargo, el desastre apocalíptico ha producido la deformación de todas las figuras femeninas modelizadas, en el arte, como símbolo de la belleza y la trascendencia espiritual. Razón por la cual el protagonista se encuentra con varias Venus sin orejas ni labios y cubiertas de ceniza, ninfas de cara torcida, sirenas abatidas al borde de un estanque, vestales de nalgas negras y sílfides entre vapores purpúreos. Significativamente, en medio del aire fétido de carroña, sustancias químicas y cloaca, el peregrino ve a la Venus de Willendorf—símbolo de la fertilidad femenina “oscura, ancestral, milenaria”(p. 196)— como la tierra misma. Allí, en los baños laberínticos de la casa ovalada cuya forma se contrapone a la verticalidad de lo masculino,lo telúrico y femenino se resiste a morir en un último soplo de energía a punto de derrumbarse.” ( Lucía Guerra. “El último Adán: visión apocalíptica de la ciudad en la narrativa de Homero Aridjis”. Segunda etapa.Volumen 6, Nº 8. Año 2002. Pgs. 15-16)

(3) “El principio del Mal no es moral; es un principio de desequilibrio y de vértigo, un principio de complejidad y de extrañeza, un principio de seducción, un principio de incompatibilidad, de antagonismo y de irreductibilidad. No es un principio de muerte, sino, muy al contrario, un principio vital de desunión. Desde el paraíso, con el que ha terminado su advenimiento, es el principio del conocimiento. Si fuimos expulsados de él por culpa del conocimiento, aprovechemos por lo menos todos los beneficios. Cualquier intento de redención de la parte maldita, de redención del principio del Mal, sólo puede instaurar nuevos paraísos artificiales, los paraísos artificiales del consenso que sí son un auténtico principio de muerte” (Jean Baudrillard. La transparencia del Mal. Anagrama. Barcelona.1991. Pg.116).

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Lárica













El golpe de la voz en el barro
es una rama caída
la única marca
las hojas aplauden
invisibles.


El embudo del viento
no alcanzará a quebrar las huellas.

***
La Playa Chica está
llena de almejas
las siamesas
han sido separadas
los niños
en la arena
juegan al caracol
en el oído.

***
Esta flor de almendro
pasea por mis pezones:
lengua fragante
de amaro.

La mariposa vuela
entre tu duda
y la mía.

***
El fuego ya está prendido
ha pasado lo peor
amo este lugar
el silencio
los martillos
tanto perro vagabundo

que viene a verme.

***
Vuelvo
todo está igual
soy yo la que cambia:
lárica
tatuar la soledad
cerrar los ojos
sentir el viento
desnudarme
pisar musgo
oler nubes

***
Le silbo al eucalipto
y el perro
mueve la cola.

***
Los queltehues graznan
el vidrio está empañado
los oigo
bailar en el aire
Abajo, en la tierra húmeda,
habitan las lombrices.

Invierno del 2000
San Sebastián

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Revista Narrativas

Ya está en línea el número seis de Narrativas. Revista de narrativa contemporánea en castellano. Nuevamente en este ejemplar se dan cita excelentes narradores, críticos literarios, reseñistas, traductores y periodistas. Aquí pueden DESCARGAR EL NÚMERO.

El ÍNDICE es el siguiente:
«Ningún escritor es bueno hasta que no aprende a corregir.»
Enrique Vila-Matas.
Introducción al libro Si te comes un limón sin hacer muecas, de Sergi Pàmies.
ENSAYO
Algunos seres fabulosos y mitológicos en Don Quijote: un acercamiento simbológico, por Víctor Coral.
Bécquer, el hombre a través de sus rimas, por María Dubón.
Onetti refunda Santa María: cuando ya no importe, por Daniel Orizaba.
RELATO
“La intención del autor”, por Andrés Neuman.
“Mujer en tren”, por Miguel Barrero.
“El ajuste”, por Luis Calle.
“Es que verá que me duele la mano”, por Omar Piña.
“Liturgia de la sombra”, por Lilian Elphick L.
“Un cadáver sobre la cama”, por Pablo Lores Kanto.
“Nunca aprendí a escribir”, por Graciela Barrera.
“La muerta”, por Pablo Giordano.
“El espejo”, por Gabriel Amador.
“Crepúsculo del samurai, despertar del yo”, por Pedro Escudero.
“La pastelería de Juliana”, por Angélica Morales.
“Lo que pasa”, por Miguel Carcasona.
“Y no poder tocarla…”, por Nerea Marco Reus.
“Naif”, por Sergio Manganelli.
“Realidad y ficción del narrador (diario de la que escribe)”, por Dulce MaríaGonzález.
“Fatalidad de los espejos de la lluvia”, por Sergio Borao Llop.
“Con el rostro de Bogart”, por Jorge Gómez Jiménez.
“Mi habitación privada”, por Carlos Manzano.
“El compromiso”, por Rosa de Lera.
“La apostada”, por Julio Blanco García.
“Un hombre en la luna”, por Amelie Olaiz.
“Flores, señor…”, por Matías Candeira.
“En aquel entonces”, por Moisés Sandoval Calderón.
NARRADORES
En esta ocasión, este espacio está dedicado al escritor y poeta: Manuel Vilas.
EN OTRAS LENGUAS
“¿Qué pez es éste?”, por C.M. Mayo, traducción de Agustín Cadena.
ENTREVISTA
“Ignacio Echevarría, crítico literario y editor proletario”, por Blanca Vázquez
RESEÑAS
“Doña Jimena” de Magdalena Lasala, por Francisco Carrasquer Launed.
“88 Mill Lane” de Juan Jacinto Muñoz Rengel, por Quique Bermúdez.
“Todas las almas” de Javier Marías, por Cristina Núñez Pereira.
“Essencial” de Harold Pinter, por Juan Pablo Fuentes.
“Sin destino” de Imre Kertész, por Magda Díaz y Morales.
“El señor de los jardines negros” de André-Marcel Adamek, por Enrique Martín.
“La fortuna de Matilda Turpin” de Álvaro Pombo, por José María Ariño Colás.
MIRADAS
“Sybille Bedford: una vida libre, una mujer libre; una mujer de letras”, por María Aixa Sanz.
“Apología de la gordura”, Agustín Cadena.


En: Apostillas Literarias

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Apuntes sobre Herbert Marcuse

Por Lilian Elphick

1.-
Bio-bibliografía
Herbert Marcuse (1898-1979)
[1]

Nació en 1898 en Berlín. Estudió en la Universidad de Friburgo, donde se doctoró en Literatura en 1922. Seis años más tarde volvió a la Universidad para estudiar Filosofía con Martin Heidegger, que dirigió su tesis sobre Hegel. En 1933 se trasladó a Francfort, para trabajar en el Institut Sozialforschung, identificándose con los proyectos interdisciplinares del instituto, con el desarrollo de la teoría crítica, cerca de figuras como Horkheimer y Adorno. En 1934, su condición radical y el origen familiar judío le llevó a huir del nazismo, exiliándose en los Estados Unidos, donde se reencontraron los pensadores del Institut, dando vida en la Universidad de Columbia a la Escuela de Francfort. Allí, durante una década, trabajó en la divulgación del pensamiento dialéctico en los Estados Unidos, con una significativa influencia en el espacio académico.
Después de la Segunda Guerra Mundial trabajó en el Instituto de Investigaciones sobre Rusia, de la Universidad de Harvard. Regresó a la producción intelectual con la edición de Eros y Civilización (1955) y Marxismo Soviético (1958).

En 1958 comenzó a impartir docencia en la Brandeis University, que abandonó, en 1964, tras la publicación de El hombre unidimensional. Ingresa entonces en la californiana Universidad de Berkeley, que pasaba por ser la más liberal de los Estados Unidos. Allí se convierte en el referente ideológico de los movimientos estudiantiles.
En los últimos tiempos de su vida regresó a Alemania, donde falleció en Stamberg en 1979.

Sus principales libros: Reason and Revolution, Oxford University Press, New York, 1941; Eros and Civilization, Beacon Press, Boston, 1955; Soviet Marxism, Columbia University Press, New York, 1958; One Dimensional Man, Beacon Press, Boston, 1964; Negations, Beacon Press, Boston, 1968; An Essay on Liberation, Beacon Press, Boston, 1969; Counterrevolution and Revolt, Beacon Press, Boston, 1972; Studies in Critical Philosophy, Beacon Press, Boston, 1973; The Aesthetic Dimension, Beacon Press, Boston, 1978.

1.2.- Síntesis
a.- Las propuestas de Marcuse
[2] se enfocan en diseñar un camino hacia un futuro determinado. Esta guía para la acción plantea una convergencia entre el sicoanálisis y el marxismo.

b.- En el centro de su escritura está la felicidad humana como objetivo central. Este tema, sin embargo, trasciende el sicoanálisis y el marxismo.

c.- Los sentidos son un camino para la construcción de la significación. La estética es el campo de los sentidos. Marcuse busca invertir el orden autoritario-paterno.

d.- La estética -como teoría general sobre el arte- tiene que ver con un proceso formativo del ser humano.

Sobre Estética y cambio social. Conferencia dictada por H. Marcuse en la Universidad de Toronto, 1975. (Gentileza Prof. Manuel Jofré).

a.- Marcuse critica al capitalismo. Para él la catástrofe no es el cambio social sino la continuidad del orden actual. El capitalismo continúa fomentando la inequidad, la violencia y la destrucción.

b.- No hay progreso. Desaparecen los radicalismos, las posiciones avanzadas. Se incrementan los métodos que se usan para la dominación; incrementa la burocracia.

c.- La sociedad actual parece estable no siéndolo. El poder concentrado en una minoría otorga esta aparente estabilidad.

d.- Es trágico el hecho de que los valores del sistema social el individuo los considere como propios.

e.- Frente a esto se ha creado la visión de una sociedad desalienada, fundada en la solidaridad. Según Marcuse, esta imagen de la sociedad no es utópica porque los recursos para construir una sociedad así están disponibles.

f.-
1.- Así, el arte tendrá un rol revolucionario. El arte conserva valores que han sido suprimidos por el sistema social.

2.- El arte es el lugar en el cual afloran los deseos reprimidos, perdidos por el proceso de represión que el sistema ocasiona en el ser humano.

3.- El arte, en su esencia verdadera, supera el Real. Propone algo más válido que la propia realidad. Al alejarse de la realidad se convierte en instancia crítica.

4.- “El arte es la expresión de una lucha sin cansancio por la satisfacción integral”. En el arte es central la subversión.

5.- “La experiencia mutilada cae y da paso a una nueva visión.”

6.- “El siglo XX debe transformar el proceso tecnológico en progreso humano y esta es la visión del arte.

7.- El mayor valor del arte es el de ser reformador de la conciencia. Esto causa una ruptura con la jerarquía de los valores capitalistas.

1.3.- La nueva sensibilidad

"La nueva sensibilidad", capítulo II del libro Un ensayo sobre la liberación, publicado en 1969, es una incitación a la utopía desde una posición política y cultural, es, por esto mismo, una apertura hacia el futuro. El mundo sigue necesitando este ideario, sobre todo por la diversidad infinita de estrategias globales (neoliberales) que despojan al ser humano de la memoria, atrayéndolo hacia un presente amnésico y de goces inmediatos, pero efímeros. Esta realidad fracturada debe ser unida, la oposición imaginación- razón debe ser invalidada, para así dar paso a la creación de una nueva sensibilidad o ethos estético. Esta es la visión estética de Marcuse.

“Mayo del 68 y sus secuelas representan un parteaguas en las apreciaciones marcusianas, tan ligadas a la dinámica histórica. El entusiasmo de Marcuse por las convulsiones parisinas se tradujo en un extenso coloquio que mantuvo con su alumnado californiano de cara al acontecer en cuestión, interpretado como una campaña para trastocar estructuras académicas obsoletas que terminó por convertirse en un espontáneo movimiento de masas contra todo el establishment socio-cultural y bajo la ostensible conducción estudiantil. En su reexamen al concepto de revolución, Marcuse evocaría la importancia de tales episodios porque debilitaron al sindicalismo conciliador y permitieron forjar una nueva alianza con la clase obrera. Posteriormente, aquél confesará que el mayo francés vino a acreditar una hipótesis suya acerca de que el movimiento estudiantil no reflejaba un mero conflicto generacional sino que poseía ingredientes políticos más fuertes que los de cualquier otro sector social, al punto de inducir a la huelga a diez millones de trabajadores. En suma, que las jornadas del 68 simbolizaron una fecunda expresión en la disputa con el capitalismo, donde se conjugó a Marx y Breton, dándosele cabida a la razón estética y al socialismo como un modus vivendi cualitativamente diferenciado”.[3]

(La nueva sensibilidad) “se ha transformado en un factor político,…expresa la afirmación de los instintos de vida sobre la agresividad y la culpa, nutriría, en una escala social, la vital urgencia de la abolición de la injusticia y la miseria.” (Marcuse.1969:30).

La oposición pensamiento poético y pensamiento científico al invalidarse darían paso a lo que Marcuse llama un “nuevo principio de realidad”. Al configurar lo estético con una doble connotación (perteneciente a los sentidos y al arte), el autor define la Estética desde lo histórico, será la Forma de una sociedad libre, “que pueda convertirse en factor en la técnica de la producción (Ibíd.:33). Esta forma hará de ella una obra de arte como “fuerza productiva en la transformación a un tiempo material y cultural”. (Ibíd.:38).

La nueva sensibilidad también exige un nuevo lenguaje para comunicar los nuevos valores, un lenguaje desublimado (ejemplifica con el lenguaje afronorteamericano y el jazz) que de cuenta del carácter no-ilusorio del arte. Para Marcuse, el anti-arte sigue siendo Forma: La de-formación es Forma.

“La forma de la libertad no es meramente la autodeterminación y la autorrealización, sino más bien la determinación y realización de metas que engrandecen, protegen y unen la vida sobre la tierra.” (Ibíd.:51).

1.4.- “La dimensión estética” (Cap. IX, En Eros y Civilización)

Aquí, Marcuse plantea al individuo y la cultura (filogenético y ontogenético) en la dialéctica del progreso como instancia represora de las facultades bajas, (los instintos primarios, el principio de placer), bajo el dominio de las facultades altas (la razón, el intelecto, el principio de realidad).

“Puesto que fue la civilización misma la que le infirió al hombre moderno esta herida, sólo una nueva forma de civilización puede curarla. La herida es provocada por la relación antagónica entre las dos dimensiones polares de la existencia humana. (Marcuse.1981:174).

Esta dicotomía en la cultura y por ende en la estructura psicológica del individuo, produce un monopolio de la interpretación, la manipulación y la capacidad de alterar la realidad, de gobernar la memoria y el olvido, inclusive de definir lo que es la realidad y cómo debe ser usada y transformada, las otras funciones quedan relegadas a lo más profundo del inconsciente, así, libres del principio de la realidad, llegan a ser impotentes, inconsecuentes, irrealistas. Es decir, que la determinación de objetos, normas y valores del ego, es una tarea delegada al control del principio de realidad. La liberación del individuo se daría a través de la reconciliación de los impulsos antagónicos básicos, entre la sensualidad y el intelecto. Aquí es donde entra la Estética, que en su función y sentido original vendría a ser la comprobación de la relación interior entre el placer, la sensualidad, la belleza, la verdad, el arte y la libertad. Aspirando a preservar la verdad de los sentidos y reconciliar, en la realidad de la libertad, las facultades “inferiores” y “superiores”, sensualidad - intelecto, placer-razón.

Las ideas de Marcuse sobre la dimensión estética están fundadas en gran medida de las interpretaciones que éste hace sobre las Cartas sobre la educación estética del hombre, escritas por Schiller, inspiradas en su mayor parte bajo la influencia de la Crítica del juicio de Kant. Schiller aspira a rehacer la civilización mediante la fuerza liberadora de la función estética: esta es concebida conteniendo la posibilidad de un nuevo principio de realidad no represivo. En ese proceso el hombre sería objeto y sujeto de la historia, la personalidad devendría en ideología y el cuerpo como objetivación de la voluntad, herramienta o mecanismo de auto trascendencia.

“La desublimación de la razón es un proceso tan esencial en el surgimiento de una cultura libre como la sublimación personal de la sensualidad”. (Ibíd.:182).
***
[1] Datos extraídos en: http://www.infoamerica.org/
[2] Marcuse, Herbert. “La nueva sensibilidad”. En: Un ensayo sobre la liberación. México, D. F.: Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1969. “La dimensión estética”. En: Eros y civilización. Barcelona: Ariel, 1981.
[3] Biagini, Hugo. Marcuse y la generación de la protesta.

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Lincéame

Lenguaje bitacoral

He meditado acerca del propósito de las bitácoras y el infinito léxico cibernético que se ha generado, creando un nuevo e híbrido lenguaje. Pulse, pinche, clique, cliquee el siguiente link o enlace. L
inkéame, mientras tanto el programa Word va cambiando estas palabras que no reconoce: linkéame por lincéame. Es más linda la palabra lincéame, que tiene que ver con linces y otros grandes gatos eróticos, provistos con zarpas que desgarran hasta el alma y otras partes ‘pudendas’ del cuerpo.

La palabra mouse o ratón es horrible: clica con el botón secundario del ratón. Draguea con el maus, copia, e inserta el botón en tu blog. Y es preferible no seguir: en la noche tendré pesadillas con un mouse alien, cuya saliva es como el ácido sulfúrico y penetra, penetra, penetra.

Las bitácoras rebosan de “barbarismos”. El más delicioso es el cambio de la q por la k: te dije ke te fueras de mi bitákora; también están las abreviaciones: salu2 o slds. Ésta última propicia un mundo avocálico. En general, se trata de una velocidad esquizofrénica de las comunicaciones, donde el post es cada vez más corto e iterativo. A nadie le interesa las grandes parrafadas ni un concienzudo análisis. Las bitácoras no fueron hechas para las notas al pie de página ni para bibliografías citadas y consultadas. La cita, la alusión, brillan por su ausencia, y la información se traspasa de un lado a otro, sin autoría, y con posibilidad de cambio y recambio gracias al cortipega o cutpaste.

Resumen: El Autor ha muerto, como Dios, Marx, y otras entelequias.

El blog o bitácora es un modo de aullar: Akí stoy, y mi vida es única e indivisible. Sin embargo, la blogósfera conforma un gigantesco y deforme diario de vida, donde el yo es idéntico a los otros yoes. Por mucha diferenciación que haya, es inevitable tropezar con los tópicos que más inquietan a la humanidad: el amor, la muerte, el poder. Aunque en las bitácoras la temática redunda en el amor y sus variaciones. La pulsión sexual (cuerpos) atrae más que un estudio sobre ontogénesis. Pulsión de la imagen duplicada, sin referente inicial, que tiende al pastiche y al plurisignificado.

El ojo va a la imagen más que a la letra: es más fácil. Los escolares ya no leen Ana Karenina para realizar la tarea que les pide el profesor; ven Ana Karenina, mientras oyen música en sus mp3. Pero como decía mi abuela: “antes se llena el ojo que el cuajo”.

Pornografía internetaria

No seamos cínic@s: tod@s hemos visto pornografía en internet. La web nos atrapa en su tela pegajosa e idiotizante, navegamos en los sargazos del semen y otros fluidos, ahogándonos con tanta boca abierta, la de las chicas que se tragan el falo monstruoso 12 inches and more; la nuestra, babosa, que intenta el sortilegio de los espejos mientras el sistema computacional cae irremisiblemente. Esta araña calentona devora machos y hembras por igual, teje su red ilimitada y mastica lentamente y con fruición la materia gris de sus víctimas. En los porno-chats es indispensable tener webcam. Yo quise chatear sin el aparatito y fui expulsada de la sala (virtual, se entiende).

Lamentablemente, el hard-core porno en internet ya no es tan duro; al contrario, es blando y barroco. No hay sorpresa en ese carnaval de cuerpos lubricados, pronto nos acostumbramos a esas imágenes, abrimos página tras página buscando otros cuerpos, otros placeres, perdiéndonos en el laberinto mentiroso de tetas, culos y lenguas de vaca.

Este voyeurismo se convierte en tristeza. Frente a la pantalla nos tocamos y no encontramos nada, nuestros órganos son pequeñas protuberancias, tan distintos a esos otros órganos hiperdesarrollados, siliconeados y encerrados en la cárcel fotográfica o del dvd. Nos tocamos, digo, gimiendo un ay bajito para que no se escuche, rápido para que no nos vea nadie. Pero nuestro reflejo queda en la pantalla del computador, enlazado a todas las imágenes explosivas, delirantes y repetidas. Queda como un enlace más del anti erotismo. Vínculo de la ausencia: lloremos a Baudrillard.

Cliché

Todas las mujeres quisiéramos una gran patria que nos dejara mirando al sudeste, todas ensoñamos a Pete el Negro, ese personaje de nuestras revistas de infancia. En la maldad está el placer, en el racismo oculto. Sí, que venga Pete el Negro y nos parta en dos con su verga monumental y negra como la noche, morada de negra, pulsante de venas azules, y gritemos ándale, ándale, ándale, arriando así la fantasía del mástil delincuente. Pero la historieta ya desapareció, junto con Sussy, secretos del corazón y El Pingüino. ¿Dónde están nuestros referentes?, ¿tendremos que conformarnos con el hard-core porno?, ¿seguir zozobrando en ese concierto de orgasmos mudos, por tanto hoyo desencarnado por la misma carne?

Por este y otros motivos, por favor, lincéame.

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Todos los círculos







Círculos, de Lilian Elphick, ahora en Letralia

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Andando, corriendo, ladrando III

Galileo y los gorriones de cartulina

Contaré la historia de Galileo, el pointer que cazaba mariposas y no los habituales ratones que a veces bajaban del parrón a enfrentarse descaradamente conmigo y la escoba. Galileo llegó solo a casa. Otro perro perdido. De pelo muy corto, siempre la pasó mal en los fríos inviernos santiaguinos. Salía de su casa exclusivamente para beber agua y hacer sus necesidades. Su escudilla con comida caliente (no aceptaba los pellets) había que colocarla adentro de su habitáculo. Cuando terminaba la sopa de arroz y huesos, con la pata empujaba el plato hacia fuera y se ovillaba feliz, con la panza llena, a dormir y a soñar –supongo- con perras de suave pelaje. En las mañanas asomaba la punta de la nariz y olfateaba el aire. Si estaba tibio, salía, sin antes arquear el lomo y estirarse, siempre tiritando.

Era un perro muy fiel y bueno. De chica, Natalia jugó interminables horas con él. Ella se subía a su lomo y Galileo, sin chistar, la paseaba creyéndose un caballo enano. También cumplía funciones de acompañante en los muchos funerales que Natalia efectuó de sus mascotas: Lazo de Oro, el hamster que vivió dos años y tenía pelos blancos en el mentón; los peces del acuario, amortajados en una caja de fósforos pintada con crayones y con pétalos de flores pegados con cola fría. Cuando Natalia no estaba en casa y algún pez moría de modo natural o era devorado por otro, yo simplemente botaba los restos al W.C. y asunto arreglado. Hasta ahora ella no sabe esta verdad horrorosa porque yo volaba a la tienda de acuarios y compraba un pececito para la reposición. Nunca se dio cuenta.

Galileo, entonces, oficiaba de llorón, mientras Natalia cantaba unas letanías tristísimas a sus mascotas enterradas en el sector del limón y del gran agave. Cuando el jardín se sumía en el silencio, el perro obedecía a sus instintos milenarios: desenterraba a los muertos. No se los comía, sólo jugaba con ellos. Así encontré en el camino de piedra a Lazo de Oro, Lacito para los amigos, tieso y mordisqueado, con sus bigotes más blancos y más lejanos. Tomé al ratoncillo, lo envolví en papel, y no fui capaz de enterrarlo nuevamente. Reparé las pequeñas tumbas exhumadas, y boté a Lazo a la basura. Qué iba a hacer. Galileo me miraba con esos ojos divertidos que tenía, siempre riendo o burlándose. Tuve una seria conversación con él: lo exhorté a que no volviera a cometer esos actos de necrofilia. En caso contrario, tendría que comer los fríos y secos pellets.

A Galileo no le gustaban la noche ni las estrellas. Era un callejero de día. Gracias a su excelente olfato, salía todas las mañanas a ver a una afgana vecina y regresaba con unos tiritones de amor que ni la cazuela caliente le aliviaba. Suspiraba y entraba a su casa, callado y soñador.

Un día, Galileo fue a visitar a su amiga y no volvió. Lo buscamos por el barrio, pusimos carteles, Natalia y Paulina lo llamaban a viva voz por las noches: ¡Galileo, Galileo! A veces, Leo venía corriendo, preguntando lo de siempre: ¡¿Qué pasó, por qué me llaman?! Y las niñas respondían: “No te llamamos a ti, llamamos a Ga-li-leo, quizás nos escuche y vuelva”. Pero el perro no volvió y las chicas lo lloraron tanto: pena, penita, pena. Natalia escribió una oda magnífica de título “No volberás”, y le hizo una ceremonia en el sector del limón y el gran agave. Allí enterró su escudilla y su hueso de goma, junto al fantasma de Lazo de Oro y los escalares tropicales, los celosos beta, y otros peces cuyos nombres no recuerdo.

En esa misma época, perdimos a la pequeña Elisa, nuestra preciosa niña que no alcanzó a ver el mundo. Todos nos sumimos en un silencio de meses; quizás, años. No fueron necesarias las lágrimas para definir la tristeza y el vacío de la cuna forrada en género amarillo, de los zapatitos de lana, del móvil de gorriones de cartulina que yo le había hecho. Elisa vive en mi corazón, mínima y dulce, en su infancia eterna.

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Aviso de extravío

“Así que voy a hacer lo que creo mejor…”
Nota de Virginia Woolf


He perdido mi imagen, la palabra, ese amor feble y fugaz; he perdido lo que nunca perdí: la sombra y la luz. También se han extraviado algunos granos de arena que guardaba en mis zapatos.


A quien los encuentre, por favor, no los devuelva.

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Rayuela, Capítulo 7

"Y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar..."

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