Acuérdate que te recuerdo
Acuérdate que te recuerdo.
Si no te acuerdas no importa mucho.
Siempre te veré caminando sobre los rieles
o buscando el durazno más maduro de la quinta.
Jorge Teillier
Acuérdate que te recuerdo.
Si no te acuerdas no importa mucho.
Siempre te veré caminando sobre los rieles
o buscando el durazno más maduro de la quinta.
Jorge Teillier
En esta nouvelle lo que más llama la atención es la mostración de dos espacios físicos y socio-culturales y su evidente contraste. Por un lado, está París majestuoso, la cuna de la literatura, mundo perfecto desde el punto de vista de Héctor Muñoz de la Barra y sus amigos proustianos y, por otra parte, está Santiago, la isla, el espacio mezquino, arrogante, envidioso y lejano; el centro de la “aldea” con sus cabarets de medio pelo, la noche grotesca y laberíntica, donde los personajes peregrinan de un lugar a otro, borrachos y pendencieros, hasta terminar detenidos en una comisaría. En el Santiago provinciano y asfixiante, los proustianos intentan desenvolverse dentro de un espacio irreal, novelesco, usando sus máscaras de un modo inconsciente y hasta cínico. Se trata de esconder una realidad que no les gusta pero que sin embargo practican. Al conseguir la beca con el Agregado Cultural de Francia, el narrador pretende alejarse de la “presión virtual del espejo” para entrar en una realidad tangible: París. Está hastiado de vivir con sus padres, de compartir la pieza con su hermano, en un añadido que le han hecho al “bungalow” de la Plaza Egaña, el cual está pegado a la cocina y, por consiguiente, siempre hediondo a los vapores de la comida que prepara su madre, “inclinada sobre la consumación ferviente de la olla”.
SEA BREVE, POR FAVOR
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