Tres microcuentos de Ramón Díaz Eterovic

Ramón Díaz Eterovic, presente en el Encuentro Chileno de Minificción "Sea breve, por favor".

PARAÍSO
Adán llevaba siete años en ese lugar. Conocía al dedillo cada grieta de los muros que rodeaban los patios y caserones. Eva había llegado una semana atrás. Aún no se acostumbraba a los barrotes que dejaban entrar el sol a pedacitos en su habitación. Se enamoraron a primera vista y reían de buenas ganas cuando oían decir que el amor de ellos era una cosa de locos.

CAFÉ SANTOS
Por las tardes la veía entre vahos de café y bolitas de mantequilla. Algunas veces se sonreían y otras, no. Ella era la señora de Azpillaga. Él, Julito el garzón.

OSTRAS
Sola y cansada se recostó sobre una piedra. El día desfiló por su memoria como un carrusel. Desayunos, lavados, compras, una tediosa reunión de apoderados. Miró a unas algas que flotaban a su alrededor, y con un suspiro cercano a la queja, maldijo la ostra el mentado aburrimiento de sus congéneres.
***
Ramón Díaz Eterovic
Punta Arenas, 1956. Ha publicado los libros de cuentos: "Atrás sin golpe", “Obsesión de Año Nuevo” y "Ese viejo cuento de amar”, y las novelas: "La ciudad está triste", "Solo en la Oscuridad", "Nadie sabe más que los muertos", "Nunca enamores a un forastero" "Angeles y solitarios", "Correr tras el viento", "Los siete hijos de Simenon", “El ojo del alma”, “El hombre que pregunta”, “El color de la piel”, “A la sombra del dinero” y “El segundo deseo”. Es autor de la novela infantil: “R y M investigadores”.

Sus cuentos han sido incluidos en antologías publicadas en diferentes países y ha obtenido una treintena de premios, entre los que destacan el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1995) y el Premio Municipal de Santiago, género novela (los años 1996, 2002 y 2007). Recibió el Premio Anna Seghers de la Academia de Arte de Alemania (1987), y el Premio Las Dos Orillas del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (2000). El año 2003 participó como escritor invitado en el Taller de Traductores de la Fundación Grinzane Cavour, realizado en España. Sus novelas han sido publicadas en Portugal, España, Grecia, Francia, Holanda, Alemania, Croacia, Argentina e Italia. El año 2005, Televisión Nacional de Chile exhibió la serie “Heredia & Asociados” basada en sus novelas.

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Guatimozín

Guatimozín [1](1846), de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873).

Avellaneda usa los modelos de Walter Scott, Chateaubriand, Larra y Espronceda para escribir Guatimozín, último emperador de México. Sus fuentes son las cartas-relaciones de H. Cortés, Bernal Díaz del Castillo, abate Clavijero y otros. Lo más probable es que la autora haya leído Xicoténcatl (1826) atribuida a José María Heredia, escritor cubano-venezolano. Guatimozín –obra de ficción- se inserta en las preferencias literarias del Siglo XIX: relaciona el discurso histórico y el discurso novelesco donde se recrea el pasado. La historia es fuente de energía dramática para dar vida a la ficción, por esto la literatura se apropia del material histórico creando la Novela Histórica. Es interesante leer en el Apéndice de la novela la nota 1:

“Una novela histórica no es exactamente historia, sino algo parecido a la historia, donde los cambios operados en relación con la realidad son válidos siempre que no desvirtúen lo esencial.” (Avellaneda.1979:443).

La prosa de Avellaneda tiene una estructura episódica; el discurso es altisonante, pomposo, emotivo, sentimental, hiperbólico, propio de la época decimonónica. A pesar de que la autora narra la entrada de Cortés a México, con las fatales consecuencias que todos conocemos, su discurso es armónico, el mundo es explicado por otro dominio conceptual. Cortés viene como ‘embajador’, no como invasor o guerrero; el vocabulario utilizado proviene de la realeza europea: Los indios son príncipes, reyes, monarcas, que viven en la ‘corte’; las uniones entre indios tienen características del matrimonio occidental: los casa un sacerdote, en un templo; es “un feliz himeneo” (p.73). En suma, Avellaneda representa al indio utilizando el modelo burgués europeo.


Esto es fundamental para entender la fractura doble vincular de la novela. La autora rescata las fórmulas utilizadas en las cartas-relaciones, que para dar inteligibilidad a lo nuevo lo comparan con lo europeo u oriental (árabe). Tenochtitlán es semejante a la “antigua reina del Adriático” (Venecia), “…las cúpulas de sus innumerables templos…” (P.48), “los sacerdotes…vestidos con anchas túnicas negras, …airosos mantos, parecidos en la forma a los albornoces morunos.” (p.49). (Mi negrita).

Los retratos de Moctezuma y Cortés están construidos en paralelo y funcionan como un espejo: “La entrevista de Moctezuma con Hernán Cortés fue sostenida bajo un aspecto de perfecta igualdad” (p.49), dice la narradora que posteriormente evaluará lo histórico: “Nos aprovecharemos de él [Moctezuma] para manifestar al lector el origen que suponemos a todas aquellas notables profecías, de las que se muestran maravillados los historiadores españoles, exagerándolas y desfigurándolas a su placer”. (p.55).

El mundo mexicano está estructurado y organizado en torno a la figura de la república, del pueblo y su problemática, la tiranía y la obediencia. La oposición bárbaro-civilizado es ambigua, contradictoria. Moctezuma- bárbaro- es capaz de construir un imperio muy sofisticado [aquí la autora adopta el punto de vista del español]. Su sistema penal castiga delitos como “el robo sin necesidad probada, rebelión o desacato al emperador,…el adulterio, el asesinato y la embriaguez repetida.” (p.93). Este sistema es muy similar al europeo, como lo constata Cortés, aunque no existan leyes escritas.
[2]

La representación de Moctezuma se basa en un cruce de ciertos elementos religiosos, culturales y populares europeos. La inserción de un juglar o bufón (“mi ingenioso loco”. p.71) en la corte que cumple una función oracular se emparenta con el rey Lear de Shakespeare, pero también con Julio César que habiendo entrado victorioso a Roma, coronado de laureles, tiene un vasallo que le va diciendo verdades amargas: “Recuerda que eres mortal”. El loco de Moctezuma le dice. “Principia por vencer tu vanidad”. (p.71).

En la descripción del entorno, las costumbres y fiestas propias del universo indio, Avellaneda utiliza las figuras de la abundancia, lo maravilloso. Amplifica y rellena el tópico de lo inexpresado: “trescientos empleados (p.67), trescientos jóvenes (p.68), trescientos platos (p.69).

Tenochtitlan viene a sintetizar el deseo de la cultura europea de orden, belleza y progreso para sus ciudades: “estatuas de mármol”.…,“el palacio del pontífice, el gran seminario de nobles, un colegio o monasterio de sacerdotes…” (p.66). Las glorias a México y a Moctezuma tienen un carácter cósmico y universal, pero también están revestidas del exabrupto y el alarde, que significan una intención irónica, dada la victoria final del español y la destrucción del mundo mexicano.
En síntesis, Avellaneda reconstruye esta parte de la historia de México apoyándose en el imaginario europeo. Sus métodos de descripción y comparación se inscriben en la recombinación y en el remedo: persisten los elementos de orientalización, ligados al exotismo imperial; el universo político y la instauración del poder son cartesianos; las coloridas descripciones apuntan a la creación de un universo americano y de una identidad, a la búsqueda de un mito y de una utopía. Sin embargo, la autora, a pesar de lo que dice en el Apéndice, desvirtúa lo esencial: la imagen del indio.

[1] Gómez de Avellaneda, Gertrudis. Guatimozín.1979. La Habana,Cuba, Letras Cubanas.
[2] Con respecto a la “ciudad ordenada”, Rama señala que: [La] palabra escrita viviría en América como la única valedera, en oposición a la palabra hablada que pertenecía al reino de lo inseguro y lo precario.” Para Rama la palabra escrita pertenece al discurso ordenado. Ángel Rama. La ciudad letrada. 2004. Santiago de Chile, Tajamar. Pg.43.

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Encuentro chileno de minificción "Sea breve, por favor"

Diego Muñoz V.
Max Valdés A.
Lilian Elphick L.

Francisca Noguerol y Luisa Valenzuela

SEA BREVE, POR FAVOR
Encuentro Chileno de Minificción
Organiza: Corporación Letras de Chile
Auspician: Centro Cultural de España, Universidad de Playa Ancha, Consejo Nacional de la Cultura
Santiago, Chile
1 al 3 de Agosto en Santiago, en el Centro Cultural de España, Providencia 927
4 de Agosto en Valparaíso, Centro de Extensión Zócalo, Plaza Sotomayor 233
Entrada Liberada
Más información en
www.letrasdechile.cl , www.ccespana.cl


Algunas de las actividades para el día viernes 3 de agosto en el Centro Cultural de España

· 17:00-18:00 Poéticas del microcuento
o Diego Muñoz Valenzuela
o Carlos Iturra
o Lilian Elphick
o Luisa Valenzuela
o Max Valdés A

18:30 -19:00 Entrevista en público a Luisa Valenzuela hecha por Sandra Bianchi.

· 19:15-19:45 Presentaciones de libros
o Ni un rumor en la oscuridad, de Max Valdés A.
o Ojo travieso, de Lilian Elphick.
o De monstruos y bellezas, de Diego Muñoz V.

Programa completo en www.letrasdechile.cl


Datos bio-bibliográficos de algunos /as de los/as participantes:

Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires. En 1959 se radicó en París donde escribió su primera novela Hay que sonreír. Trabajó como periodista en el diario La Nación y en la revista Crisis, entre otras. Obtuvo en 1969 la beca Fullbright. De 1972 a 1974 vivió en México, París, Barcelona, con una breve permanencia en Nueva York, donde investigó aspectos de la literatura marginal norteamericana como becaria del Fondo Nacional de las Artes. En 1979 se trasladó a los Estados Unidos. Dictó durante diez años diversos seminarios y talleres de escritura en las universidades de Nueva York y Columbia. Fue profesora invitada del New York Institute for the Humanities, del Fund for Free Expression y miembro del Freedom to Write Comitee de PEN American Center. Trabajó con Amnisty International y con Americas Watch. Obtuvo la Beca Guggenheim en 1983.Su extensa obra comprende las novelas Hay que sonreír (1966), El gato eficaz (1972), Como en la Guerra (1977), Cola de lagartija (1983), Novela negra con argentinos (1990), Realidad nacional desde la cama (1990) y La travesía (2001); los libros de cuentos Los heréticos (1967), Aquí pasan cosas raras (1976), Libro que no muerde (1980) Donde viven las águilas (1983) Cambio de Armas (1982), Simetrías (1993), todos ellos reunidos en el volumen Cuentos completos y uno más (1999) y BREVS. microrrelatos completos hasta hoy (2004); un libro de compleja clasificación genérica Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de Nueva York (2001); y los libros de ensayos Acerca de Dios (o Aleja) (2007), Peligrosas Palabras (2001) y Escritura y Secreto (2002). Algunas de sus obras se reeditaron en El placer rebelde (2003), una antología general de su obra, Trilogía de los bajos fondos (2004) y Hay que Sonreír, en versión digital (2004).Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, francés, portugués, holandés, japonés y croata entre otros idiomas. Sus cuentos integran numerosas antologías, nacionales y extranjeras. Ha recibido premios, reconocimientos y distinciones, entre varios, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Knox, Illinois, y en 1997 recibió la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras. Reside en Buenos Aires desde 1989.

Francisca Noguerol Jiménez es Doctora en Filología Hispánica y Profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca. Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales y ha publicado artículos en revistas especializadas sobre poesía hispanoamericana (Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Pablo Antonio Cuadra), ensayo hispanoamericano (Francisco Ayala, Rafael Cansinos-Asséns), novela hispanoamericana (Jorge Edwards, Rafael Arévalo Martínez), cuento y minificción hispanoamericano (Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Juan José Arreola, Guillermo Samperio).

Bibliografía selecta de la autora:
"Micro-relato y posmodernidad: textos nuevos para un final de milenio". Revista Interamericana de Bibliografía. 46:1-4 (1996): 49-66.
"Evolución del micro-relato hispanoamericano (1960-1990)". Narrativa y poesía hispanoamericana (1964-1994). Lérida: Universidad de Lérida, 1996.

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956). Ha publicado los volúmenes de cuentos Nada ha terminado, Lugares secretos, Ángeles y verdugos, y Déjalo ser; y las novelas Todo el amor en sus ojos y Flores para un cyborg. Ha sido incluido en cuarenta antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, italiano, inglés y croata. Distinguido en diversos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. Más detalles en:
Diego Muñoz Valenzuela

Max Valdés Avilés (Santiago, Chile, 1963)
Ha publicado el volumen de cuentos infantiles Tres cuentos de ciudad. Editorial Recrea, 2007.
El ciervo herido, Novela, 2005
Mimí agoniza en la buhardilla de los bohemios, Cuentos, 2004
Una mañana de más, Novela, 2002
Ni un rumor en la oscuridad, Microcuentos, 2007.

Lilian Elphick Latorre (Santiago de Chile, 1959)
Ha publicado: La última canción de Maggie Alcázar (1990), El otro afuera (2002) y Ojo Travieso (2007). Con el conjunto de microcuentos Ojo Travieso la autora recibió la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 2006. Actualmente es directora de talleres literarios, directora de la Corporación Letras de Chile y editora de
www.letrasdechile.cl

Carlos Iturra nació en Santiago de Chile. Estudió derecho y filosofía. Pasó por los talleres de grandes escritores de nuestro país como: Enrique Lafourcade y José Donoso. Figura en numerosas antologías nacionales del cuento chileno y en algunas extranjeras. Ha publicado dos volúmenes de cuentos: “Otros cuentos”, Pehuén, 1989, y “Paisaje masculino”, Sudamericana, 1999. El volumen de aforismos “¿La convicción o la duda?”, Nuevo Extremo, 1998, y la novela “Por Arte de Magia”, Caos Ediciones, 1997. Este año lanzó “Pretérito presente”, su tercer libro de cuentos. Actualmente, trabaja en el Café Literario de Providencia.

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Erotismo, pornografía y obscenidad


Trivialis: erotismo, pornografía y obscenidad en la mirada fotográfica
Por Fabián Giménez

Un escritor –y yo entiendo por tal no al soporte de una función ni al sirviente de un arte, sino al sujeto de una práctica– debe tener la obcecación de un vigía que se encuentra en el entrecruzamiento de todos los demás discursos, en posición trivial con respecto a la pureza de las doctrinas (trivialis es el atributo etimológico de la prostituta que aguarda en la intersección de tres vías).
Roland Barthes


I
Erotismo, pornografía y obscenidad son tres posibles vías de acceso a la imagen fotográfica y a su relación con el cuerpo, el placer y el deseo. Las tres guardan, etimológicamente, una afortunada relación con la prostituta y su trivialidad; la intersección de estos tres regímenes de visibilidad configura el espacio de ciertas miradas fotográficas, miradas que producen no sólo imágenes del deseo sino, también, el deseo de imágenes. Podríamos decir, parafraseando a Godard, que nos enfrentamos, cuando la suerte nos sonríe, no a una imagen erótica sino al erotismo de una imagen. En este sentido, me gustaría continuar el gesto de Roland Barthes, proseguir el delirio etimológico unos instantes, recorrer cada una de estas tres vías, para encontrar en su intersección a la prostituta, no al vigía –el que ve y vigila–sino a ella, el objeto de la mirada, de todas las miradas.


El erotismo se vincula, principalmente, con la pulsión escópica, el deseo de ver nunca satisfecho del todo, el juego de la presencia y de la ausencia, de lo visible y de lo invisible. En cambio, en la pornografía opera una desaparición de la ausencia en la imagen: todo es visible, la imagen se ofrece, sin velos, a la voracidad de la mirada. Pornografía significaría entonces –si hemos de creer en la etimología– “escritos sobre las prostitutas”, una suerte de epíteto de grueso calibre que serviría para nombrar, no sin desprecio, aquellos textos que trazan los burdos contornos de una práctica sexual carente del glamour de lo erótico, de sus velos, elipsis y derivas. Ahora bien, la etimología de la palabra “prostituta” resulta bastante sugerente, parece provenir del latín prostituere, vocablo compuesto donde pro significa adelante y statuere significa estacionado, parado, colocado; entonces, prostituta sería quien se coloca adelante, a la vista (en la intersección de tres vías). La prostitución se vincularía, más que con el comercio sexual, con un régimen de signos fundados en una visibilidad exacerbada, la prostituta es aquella que se coloca frente a nuestras narices, quizá demasiado cerca para poder establecer una escena –la del voyeurista de la seducción y de la distancia–, siendo, en definitiva, obscena. Siguiendo con el tour etimológico, obsceno proviene del latín obscenus y significa de mal augurio. Tal vez este hado funesto tenga que ver con la crisis de la representación, con la clausura de la distancia escénica (ob-scena, significa, literalmente, lo que está fuera de escena), con la desaparición de la seducción y el abismamiento de la mirada en la obscenidad de las imágenes, demasiado cercanas siquiera para ser contempladas, como ha señalado Jean Baudrillard en infinidad de oportunidades.

Lo obsceno produciría imágenes sin mirada, es decir, carentes de la distancia necesaria para convertirse en objetos de representación, en objetos de deseo. Paradójicamente, estas imágenes obscenas han entrado en el espacio escénico y transfigurado las reglas del juego estético; lo pornográfico sería un buen ejemplo de esta fractura, de esta crisis de la dimensión estética de la imagen y no es casual que Baudrillard vincule, por momentos, la seducción con la imagen erótica y la obscenidad con la imagen pornográfica. Asimismo, Roland Barthes –quien fuera uno de los más entrañables maestros de Baudrillard– señala algo similar en sus notas sobre la fotografía: “el cuerpo pornográfico, compacto, se muestra, no se da, no hay ninguna generosidad en él”; es decir, la hipervisibilidad convierte al cuerpo en un monstruo sin deseo, la imagen no se nos entrega –en el sentido erótico de la expresión–, simplemente se nos muestra en una suerte de exhibicionismo monstruoso. No es raro que la palabra monstruo provenga del latín monstrum, aquel que se muestra, que no puede ocultarse de las miradas. De nuevo nos topamos con lo obsceno en términos de representación, el monstruo nos remite a unos signos excesivos, un zoom que hace del cuerpo un objeto demasiado visible, signos que Barthes asocia con un “erotismo pesado” –compacto e inmóvil– que deja poco espacio para la liviandad del deseo, su sutileza, su carácter evanescente que se dibuja sobre un fondo de ausencias, de fragmentos liberados de la aparatosidad de lo pornográfico.

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Vida, pasión y muerte de una imagen




Las imágenes que ustedes pueden apreciar en todo su fulgor y muerte pertenecen a JAM Montoya, fotógrafo español. La que más llama mi atención es la de Cristo erecto, iconografía pueril que no me mueve ni un solo pelo, por la sencilla razón que el conjunto global “Cristo en la cruz”, es decir, Cristo torturado con espinas en la cabeza, clavos enterrados en la carne, lanzazos en el cuerpo y su correspondiente derrame de sangre, es suficiente como imagen obscena y/o pornográfica. Y estamos hablando de LA IMAGEN, del ícono más recurrente del cristianismo, en donde el dolor es dolor y no hay nada más.

El pene enhiesto de Cristo viene a confirmar no el sacrilegio ni la pornografía, ni el intento de escandalizar, concitar la atención o criticar, sino que es simplemente una muestra de vida, algo parecido a Cristo resucitando al tercer día y ascendiendo a los cielos. Es decir, nada nuevo bajo el viejo sol que nos sigue alumbrando.

Si Montoya nos hubiera mostrado a un Cristo con el pene fláccido hubiera sido mucho más interesante: un Cristo desnudo, inerme, no único, sino uno más de los millones de torturados/as. Un muerto más, sin esperanza ninguna de resurrección. Ahí está el horror, el memento mori y la convicción de la maldad y del poder que ejercen unos sobre otros.

La muerte violenta, la tortura, la injusticia, siguen arando los terrenos de la obscenidad. Todas las imágenes de Auschwitz son inmensamente más poderosas que la última erección de Cristo, porque nos recuerdan cuán obsceno es el ser humano. Obsceno: fuera de escena, desplazado de una posible armonía.

Una imagen pornográfica no refiere sólo al divertimento de la carne, al refocilamiento de los cuerpos en su redundancia del detalle o close-up, sino también a la mutilación del cuerpo y, más aún, del cuerpo social. Por eso, las imágenes de Cristo en la cruz (hablamos de miles) son todas imágenes pornográficas. Entonces, ¿cuál es la propuesta de Montoya?; ¿sus detractores entienden realmente qué quiere decir? A mi modo de ver, no. Ni siquiera el señor Montoya sabe lo que quiere decir.

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Apuntes sobre el kitsch

“El Kitsch es baratija (Duden), una secreción artística originada por la venta de los productos de una sociedad en sus tiendas, que se transforman, junto con las estaciones, en verdaderos templos.” […] (Molles.1990:10).

Aquí, el mundo de los valores estéticos ya no se dicotomiza en lo “Bello” y lo “Feo”: entre el arte y el conformismo se extiende la vasta región del Kitsch. El Kitsch se muestra vigoroso durante la promoción de la cultura burguesa, en el momento en que esta cultura asume el carácter de opulenta, es decir, de exceso de los medios respecto de las necesidades, por lo tanto de una gratuidad limitada, y e cierto momento de ésta, cuando la burguesía impone sus normas a la producción artística.

El Kitsch es, pues, un fenómeno social universal, permanente, de gran envergadura, pero es un fenómeno latente en la conciencia de la lengua latina, por falta de término adecuado para definirlo […] (Ibíd.:10).

No es un fenómeno denotativo, semánticamente explícito; es un fenómeno connotativo, intuitivo y sutil; es uno de los tipos de relación que mantiene el hombre con las cosas, un modo de ser más que un objeto o aun un estilo. (Ibíd.:11).

Vida y Literatura del Kitsch

La mentalidad kitsch surge de una situación sociocultural de aspiración a la felicidad, condicionada por la prosperidad de una clase media que poco a poco dilata sus fronteras, para terminar englobando a la casi totalidad de la sociedad en la época contemporánea.

El amontonamiento, la sinestesia, la mediocridad ocasionalmente dorada, la ansiedad posesiva, la desproporción entre los medios y los fines, el romanticismo, un recuerdo del rococó, un toque del manierismo: éstos son los componentes del caldo kitsch. (Ibíd.:119).

La literatura kitsch es este arte de la clase media que habla de héroes nobles, de rubias evanescentes, de fuertes herreros, de novias vírgenes y de ancianos de barba blanca.

Se entrega a la búsqueda de ese absoluto que niega en la vida del buen sentido burgués.
El arte literario se dirige a la clase media que vive en el confort y se construye sobre estereotipos. Es un arte literario del estereotipo. (Ibíd.:121).

En: Abraham Moles. El Kitsch. Paidós: España, 1990.

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Acuérdate que te recuerdo



Acuérdate que te recuerdo.
Si no te acuerdas no importa mucho.
Siempre te veré caminando sobre los rieles
o buscando el durazno más maduro de la quinta.


Jorge Teillier

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Poemas hallados en un libro














Entre las páginas de un viejo diccionario de etimología encontré estos poemas escritos a mano. Los creía perdidos, pero siempre estuvieron conmigo, silenciosos, sumergidos en su mundo de papel. El más antiguo es Hierba, del año 1976. Tenía 16, y releerlo ahora, después de tantos años, me quiebra los ojos. Mejor no seguir escribiendo.


HIERBA

Cuando el viento sopla
todos queremos escuchar el silencio
y más de alguna vez
queremos ser hojas de otoño
Pero no somos más que la hierba
arraigada al árbol
que nunca muere.


1976
***


NO HAY FIN

No hay fin
para nuestro principio
he terminado diciéndote
No hay fin
para nuestras bocas
coloreadas de fresas
para el juego
detrás de los árboles del Forestal
No hay fin
ni final feliz
he terminado diciéndote
mientras me abrocho el vestido.


1978 (U.E.J)

***
REENCUENTRO

De tus últimas palabras
he guardado el silencio
más profundo
y un reencuentro insospechado
Por eso, ven,
ahora que las almendras
han caído a la tierra
para recogerlas tú y yo
una por una
Ahora que es tarde,
acércate,
dame tus frutos clandestinos
Ven,
gímeme al oído
que nadie nos mira
y el mundo estalla
detrás de la puerta.

21-12-78

***
útero
tumba
te desgarras
con una semana de adelanto
y te duele
no haber preparado nido de carnes suaves
una semana atrás
cuando el semen ya se convertía en coágulo
blanco
perdido en calzón
blanco
de mujer fértil
esta vez
el calendario se ha equivocado
y hay olor a sangre
entre mis piernas

cubo de rojo
volverás a ser
planta carnívora.

verano del 80

***
LA CALLE BROADWAY

Broadway es
singularmente
una calle
con árboles al medio
a los lados,
tiendas.
Pero esto no me importa,
yo quiero hablar
de cuando fui a la florería
y traje tumbas
de todos los colores:
Arcadia, Rosamela, Carmenza.
Verdeagua era la más bella
por eso la puse al sol
y a las demás
a la luna.
Luego, seguí mi camino.

1980, Nueva York

***
CAÍDA DE ÁRBOLES

Buscando ser el humus de los árboles
en el amor de la caída completamos
el ciclo de la muerte asesinada
Buscando ser amor en tierra fría
encontramos natural naturaleza y en
la espera nos desintegramos para ser
refugio de los pájaros sin nombre.
Encontramos finalmente soledad entera.

Hembras del alféizar, por escalera blanda
bajaremos, temblando en cada paso, bellas
que el viento recoge en trigo puro.
hembras de luna, corteza roja
seremos;torpe amor vaticinado
por el polvo de lo que fue erguido.

1983

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Más Círculos



Círculos, de Lilian Elphick, ahora en Palabras Diversas

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Apuntes sobre "El tiempo perdido", de José Donoso

En esta nouvelle lo que más llama la atención es la mostración de dos espacios físicos y socio-culturales y su evidente contraste. Por un lado, está París majestuoso, la cuna de la literatura, mundo perfecto desde el punto de vista de Héctor Muñoz de la Barra y sus amigos proustianos y, por otra parte, está Santiago, la isla, el espacio mezquino, arrogante, envidioso y lejano; el centro de la “aldea” con sus cabarets de medio pelo, la noche grotesca y laberíntica, donde los personajes peregrinan de un lugar a otro, borrachos y pendencieros, hasta terminar detenidos en una comisaría. En el Santiago provinciano y asfixiante, los proustianos intentan desenvolverse dentro de un espacio irreal, novelesco, usando sus máscaras de un modo inconsciente y hasta cínico. Se trata de esconder una realidad que no les gusta pero que sin embargo practican. Al conseguir la beca con el Agregado Cultural de Francia, el narrador pretende alejarse de la “presión virtual del espejo” para entrar en una realidad tangible: París. Está hastiado de vivir con sus padres, de compartir la pieza con su hermano, en un añadido que le han hecho al “bungalow” de la Plaza Egaña, el cual está pegado a la cocina y, por consiguiente, siempre hediondo a los vapores de la comida que prepara su madre, “inclinada sobre la consumación ferviente de la olla”.
El narrador, Héctor, desea ser el petit Marcel, añora vivir en París y convertirse en un gran escritor. Cuando ya ha logrado su meta, se da cuenta que está frente a una sociedad impenetrable, tribal, egoísta. Comparte una habitación con otros dos estudiantes latinoamericanos, no tiene dinero y vive “en un mundo habitado por ecos de ecos”, “insondable, tan insondable que terminé de hacer todo esfuerzo para relacionarme con él”. De aquí el epígrafe de Proust en Le temps retrouvé: …"Cualquier cosa que haya estado clara antes de nuestra intervención no es nuestra ni nos pertenece…”

En París no tiene con quién 'proustear’, sus citas literarias son anacrónicas, su acento francés es pésimo. Héctor vuelve sin haber terminado su tesis de doctorado sobre Proust, añorando a su familia y el famoso caldillo de congrio de su madre, que antes desdeñó casi con asco.

Si antes del viaje existía esa nostalgia por impregnarse de la cultura parisina, ahora en Héctor se genera una nostalgia por el terruño, por los amigos y la familia. Neruda y sus Odas Elementales, elemento importante de “la cosa nuestra”, también es aquel viajero que viaja con sus muchas vidas, yendo y viniendo en el propio viaje interno y de descubrimiento desilusionante del narrador. Al volver, todos sus amigos han cambiado, han dejado de ser “personajes, para ser horribles, aburridas personas”. Charlus es Roberto Alvarado y vende autos, Oriane está muerta y enterrada en Zapallar; Juanito Irisarri (ex Conde de Guermantes) se ha casado con la ex Mme Verdurin, la palestina Olga Fuad, cuyo marido –Nissim el industrial- se suicida. La casa de Irisarri ya no es la bombonera de Jouy celeste, hay posters con la paloma de Picasso, gredas de Quinchamalí, bordados folclóricos y cuadros que traslucen “la cosa nuestra”.

El grupo de amigos se disuelve y degrada. El Chuto Farías –Morel- muere seguramente de cirrosis; antes de su muerte, Oriane se separa de Guermantes para irse con el “roto de ojos verdes, roto malo” (dicho de Odette), un actor mucho más joven que ella. La Picha Páez –Odette- ya no trabaja en la obra Los bajos fondos, de Gorki; ha cambiado el color de su pelo y vive en Viña con un nuevo marido, corredor de la Bolsa, y asiste a tés –canasta y otras actividades de beneficiencia. No quiere por nada del mundo que le recuerden cómo era antes.

Ninguno de estos amigos ni la familia le preguntan a Héctor por su viaje, a nadie le interesa. Sólo Adriazola, el carabinero, y los otros policías de la comisaría de San Isidro, le preguntan por el viaje, las azafatas del avión, por la torre Eiffel, ávidos de alguna información que llene un poco sus vidas chatas. Además, son los únicos que creen en la capacidad escritural de Héctor.

La nouvelle de Donoso vendría a ser la antítesis del bildungsroman; el narrador en su intento de aprehender una dimensión cultural que lo satisfaga, se degrada, ingresando en un mundo de apariencia, mascarada y autoengaño. Los otros personajes caen en el mismo vórtice de degradación, o quizás siempre estuvieron ahí queriendo escapar, pero ya sin fuerzas para hacerlo. En este sentido, el más observador de todos los “observers” es precisamente Héctor, narrador y testigo de la historia. Observador y con una inquietud romántica, una especie de Quijote adorador de las novelas de caballería que ya han pasado de moda. De los amigos, el único que ha leído verdaderamente a Proust es Héctor, por tanto, el único que mantiene su ilusión de vivir un mundo al modo del escritor francés. Para Olga, leer los siete tomos de À la recherche… es “ puro tiempo perdido”. Guermantes jamás lo leyó, a pesar de ser “una figura fulgurante” en el ambiente juvenil del narrador. Una estrella que, sin embargo, pierde brillo constantemente y que, como los camaleones, se adapta con facilidad a las circunstancias que la sociedad le impone.
Oriane, la gran dama, la musa de piel mate y ojos azules, también es degradada por el mismo narrador al describirla como “una caricatura de una burguesa frustrada del barrio alto” que, en ese entonces (años ’40), era la Avda. Ricardo Lyon, del barrio Providencia. Cuando Héctor le toma la mano, sentados en aquel sillón tapizado con escenas pastoriles y bucólicas, ella estrena una carcajada “bondadosa, pero terrible” y que, en palabras de Héctor "define el destino mediocre de los antihéroes martirizados por sus propias sensibilidades exacerbadas…”. La carcajada de Oriane no es más que la burla ante la inclinación romántica y literatosa del narrador.

Tiempo después, Oriane y Héctor se encontrarán en Gath & Chávez revolviendo el mismo canasto de ganga, en busca de camisetas; almorzarán restos de la comida de la víspera anterior, y ella envidiará el futuro viaje de Héctor a la “ciudad luz”.

La nouvelle se construye a partir del contraste: en Buenos Aires existe el Luna Park; en Santiago, el teatro Caupolicán; en París está el Moulin Rouge; en Santiago, el Burlesque, con Gilda, la mulata de fuego; en París ya existe el metro; en Santiago, sólo el tranvía. Las grandes ciudades atiborradas de cultura e información, en comparación con la “isla autofagocitante pese a la nubarada de palabras nerudianas.”

"El tiempo perdido", de José Donoso (En Cuatro para Delfina, 1982).

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